Vuelta al cole con Eurojunior

Llega septiembre y, con él, la vuelta al cole. Quien dice cole dice insituto, universidad o incluso trabajo. Muchos de vosotros empezaréis en un lugar totalmente nuevo y queréis causar buena impresión. Otros simplemente habréis sufrido una revelación interna en verano que os hará querer dejar claras vuestra posición respecto a la vida.

Por eso queremos ayudar a todos los 90’s kids (pero a los nacidos en los 90 de verdad) influenciados por grandes artistas como los de Eurojunior o SJK a dejar claro que el mamarracheo no ha muerto con estos looks para el inicio del nuevo curso.

Si no quieres cambiar tu forma de vestir porque eres un poquito influencer, siempre puedes entrar a la clase/oficina entonando estos temazos para deprimir a todo el mundo porque se ha acabado el verano (porque las canciones van de las vacaciones, no por que cantes mal, eso nunca).


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Pero si lo que te fascina realmente es la estética tan transgresora de la época, no te preocupes, que te traemos las claves de sus looks inspiradores para que sientas que estás en la academia de Sant Just Desvern en lugar de tu odiada mesa y silla de clase/trabajo, y te marques un 2000’s revival.


Los crop tops con estampado metalizado con pantalones campana o cargo

Esto es muy Avril Lavigne pero a lo español, lo que quiere decir un poco: cutre. Enseñar ombligo era lo más en los 2000, y mejoraba si tenías un piercing de colores flúor o con un un conejito de Playboy colgando. Y para acentuar lo de lucir barriga y compensar el estilo sexy de los crop tops, ¿qué mejor que combinarlo con pantalones cargo o campana de pana? Daba ese toque desenfadado y juvenil que a todos nos gusta, a la par que aportaba comodidad.

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Pantalones pirata

Si no llevabas un pantalón ancho o falda de volantes la opción que te quedaba era un pantalón pirata. Si te quedaba justo por debajo de la rodilla y lo llevabas con un blusón o falda encima, te coronabas como la reina del estilo. Y si encima añades moñetes como la de Ayamonte, tienes el look completo.

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Botas blancas de punta y tacón bajo

Daba igual lo que tuvieras que hacer, ir a clase, de fiesta, al súper, a la playa, a un concierto de Fran Dieli… Las botas blancas iban con todo. Y no te hacía falta ningún otro zapato para poder vivir. ¿Desde hace cuánto no ocurre eso con unos zapatos? ¡Qué prácticos eran los 2000!

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Pañuelos o cintas anchas para el pelo

Eran cómodos, si tenías el pelo sucio lo disimulaban, quedaba bien con cualquier largo y tipo de pelo –sobre todo con los ultrapicados que se llevaban que ni favorecían a todas ni eran fáciles de peinar–. Menos mal que ahora la gente está entrando en razón y están volviendo a aceptar socialmente las bandanas, porque esta tendencia era de lo mejorcito de la época.

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Y para los chicos…

Simple: si te quedaba grande, te quedaba bien. Mucho más práctico que las camisas vintage de botones, no hay color. Bueno, color sí había, y entre más y más dispares, mejor.32-grupo


Pero si aún así crees que estos estilismos no reflejan tu verdadera personalidad, siempre puedes marcarte un María Isabel, que los lunares nunca pasan de moda, e ir de todo menos sencilla.

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Cómo no dar vergüenza en el gimnasio: 7 cosas que deberías evitar.

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Septiembre significa muchas cosas: el comienzo del curso, la vuelta a la rutina, las primeras noches de frescor otoñal; pero hay lugares que en los meses de septiembre hacen su agosto particular: los gimnasios.

El gimnasio es ese local que ves de vez en cuando cuando bajas al chino a comprar cerveza y patatas y al que, incluso, te has acercado alguna vez a pedir información o a coger un folleto.

A finales de agosto los gimnasios se frotan las manos esperando a que cientos de personas lleguen de sus vacaciones desesperadas por bajar los excesos del verano.

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Como si del primer día de rebajas se tratara, podemos observar un crecimiento excepcional  entre un mes y otro. Normalmente puedes entrar a cualquier clase o utilizar la máquina que quieras y ahora te tendrás que pelear y usar tus mejores armas para llegar primero y que no te quiten el sitio.

Locura.

Has intentado evitarlo durante el resto del año, incluso te saltaste la operación bikini porque según tu abuela parecías un ángel de Victoria’s Secret, pero ahora no te quedan excusas, sólo barriga.

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Ha llegado la hora de apuntarte al gimnasio de tu barrio y, aparentando fuerza de voluntad, no dudas en planear todos los días que vas a ir y todos los retos que vas a superar. Hay muchos errores que puedes cometer y que pueden provocar que no quieras volver a pisar ese lugar.

Por eso mismo aquí te traigo 7 maneras de dar vergüenza en el gimnasio que deberías evitar:

Arrasar con la moda fitness. Vale, te has apuntado al gimnasio. Eso no significa que tengas que llenar tu armario incluso antes de empezar, con tops y mallas como si fueras una estrella del crossfit. Primero aguanta una semana, luego compra.

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Meterte en tu primera clase y creerte Beyoncé. No vayas paseando tu trasero con esas mallas que te has comprado. En tu primera clase vas a perder el ritmo como todo hijo de vecino.

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Caerte de la cinta. Cuando estás motivadísimo de la vida y empiezas a correr en la cinta como si fueras Forest Gump, cuidado. No serás ni la primera ni la última persona en caerse.

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Hacerte fotos o vídeos mientras entrenas. Completamente innecesario. Los espejos que hay en las paredes no son para posar, de verdad.

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Hablar con tu amiga Mari Carmen durante todo el entrenamiento. Todo el gimnasio se va a enterar de que el Johnny te ha engañado. Todo el mundo te odiará por hablar durante horas en vez de ir a hacer lo que tienes que hacer.

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Creerte Hulk y fallar. Desmayarte, vomitar o derivados. Si empiezas yendo al gimnasio 4 horas al día no vas a aguantar ni lo que dura una clase de spinning. No te hagas el entendido, tú y yo sabemos que no puedes con esas pesas.

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Saludar al buenorro o buenorra de turno y que no te devuelva el saludo. No, no te está mirando. Y si te está mirando es porque tienes la cara roja y empapada en sudor y estás a punto de caerte al suelo.

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En definitiva, haz un poco lo que te de la gana, pero siempre con precaución. No queremos que no vuelvas a pisar el gimnasio por vergüenza ni que te rompas un brazo en el intento.

 

 

 

¡Ya está aquí! La vuelta al cole en cómodos pasos

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El Corte Inglés lleva anunciándolo durante meses y en el calendario van pasando los días. Pero parece que tú todavía no estás preparado para la vuelta al cole.

Deja de llorar sobre la arena y de intentar parar el tiempo con trucos de bruja barata. Nada ni nadie te va a librar de esta.

Yo, que era de esas que esperaban ansiosas el comienzo de las clases, te diré que no es tan malo. Al cole, a la universidad o al trabajo, la vuelta a la rutina te espera con los brazos abiertos. Es mejor que no mires atrás porque no te va a servir de nada.

Como si de la pócima para crear a las Supernenas se tratara, lo mejor que puedes hacer es afrontarlo con positivismo y con azúcar y cosas bonitas.

Por supuesto, hay varias cosas que no debes olvidar para que esta vuelta al cole te salga redonda:

En primer lugar tienes que lucir el moreno (o al menos el color de persona con salud y vitaminas) que has adquirido durante las vacaciones. Paséate con gracia. Talón, punta, talón punta. El colorcito en la cara te sienta bien, este es tu reality de supermodelo particular.

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Enseña las fotos adecuadas. A nadie le interesan tus 400 fotos en Gandía (tu playa, tu alegría) o en la verbena de tu pueblo. A no ser que hayas estado en Tailandia o derivados, no te pases enseñando tus fotos del verano.

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Sin embargo, si has estado en Tailandia sí, tienes carta blanca para dar envidia y para restregarle a todo el mundo tu maravilloso verano. También puedes invitarme el año que viene para que ambos seamos felices.

Elige la ropa que vas a llevar. Este era un ritual típico de mis vueltas al cole; los días previos pensaba concienzudamente en lo que me iba a poner. Nunca sabes con quién te vas a encontrar en el ascensor, a lo mejor te descubre un agente y soluciona tu futuro. La noche anterior deja la ropa preparada como deberías haberlo hecho toda la vida con tu uniforme del colegio de monjas.

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Cárgate de tuppers. Si tienes que llevarte la comida – oh, mundo cruel – lo mejor es que empieces ya a preparar tus mejores platos y hagas hueco en el congelador. Cuando pasas las vacaciones con tu familia es una buena idea que dejes caer discretamente que al llegar a tu casa tendrás el frigorífico tan vacío como tu alma.

Con un poco de suerte te darán comida para entre 1 semana y 3 meses, depende de lo delgado que te hayan visto o la pena que les hayas dado.

¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!

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Plantéate metas. Este es el momento, cuando lo haces en Nochevieja ya es demasiado tarde. Septiembre es el comienzo del nuevo curso, que es mucho más importante. ¿Quieres apuntarte al gimnasio? ¿no vas a volver a dejar las cosas para última hora? ¿tienes en mente encontrar a tu amor verdadero?

Ya va siendo hora de que te centres, tía.

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Disfruta del recreo. Oh, el recreo, dulce motivador de las juventudes. Tanto si estudias como si trabajas, tienes que aprovechar esos pequeños descansos en los que te tomas un café, una pieza de fruta – qué sano, qué bueno -, o decides pasar de todo y robarle las galletas de chocolate a tus compañeros.

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Esto es importante: no te quejes. Has tenido que preparar todo, tienes sueño, se te ha caído el Cola Cao encima en el desayuno…BASTA. Está permitido que digas que tienes depresión postvacacional 1 vez, incluso 2. Pero de verdad, a nadie le importa.

Y no hay nada más horroroso que una persona quejándose continuamente.

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Ahora sí, cárgate la mochila a la espalda y sal por la puerta con la cabeza bien alta: La vuelta al cole no podrá contigo.

Vas a arrasar por la vida.

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¿Preparados para la vuelta al cole?

Se acaba el verano, y eso no nos hace especialmente felices. En contra de lo que pueda parecer, el hecho de que dedicarnos a examinar nuestras partes más sensibles con detenimiento y quietud, comer como si no hubiera un mañana e ir a la #playita hayan compuesto nuestra lista de responsabilidades en estos últimos meses en los que reinaba el estío –en caso de que ésta haya sido nuestra suerte–, no ha estado tan mal. Parecía que sí, pero al final quedamos en que no.

No obstante, toca bajarse de la nube y volver a nuestra terrenal rutina. Y, hete aquí la particularidad del asunto, esto tiene un millar de cosas aún mejores que no hacer absolutamente nada más que seguir los impulsos que te llevan al gozo más inmediato. Sí, sí, me refiero a cosas guays sobre hacer una y otra vez lo mismo hasta que llegue el viernes por la tarde para así poder reptar por tu dormitorio entre lamentos. Parece contradictorio, ¿verdad? Pues claro que lo parece, porque lo es.

¿Qué tiene de bueno volver al frenético ritmo habitual de nuestras vidas? Piuf, pues tendría que pensarlo. Y por eso estamos aquí hoy, para enumerar las maravillas de levantarse a las 7:00 am a diario, comerse un sandwich de camino a no sé dónde para llegar a no sé qué otra cosa y quedarse dormido en el metro en el camino de vuelta a casa con su consiguiente desvalijamiento y desconcierto posterior. Sí, sé que todo esto suena muy bien de por sí, pero hoy haremos por reforzarlo un pelín para que entréis con fuerza al nuevo curso que, por cierto, para muchos es el verdadero año nuevo. ¿A qué vas a dedicar este nuevo curso? ¿Empiezas en la universidad? ¿Acabas la carrera por fin? ¿Te has apuntado a un cursillo de enología avanzada? Muy bien. Ya nos contaréis.

Como os comentaba al principio del artículo, que se acabe el verano no nos hace especialmente felices, pero tampoco completamente infelices. En cualquier caso, con sudor y esfuerzo, hemos conseguido recopilar 5 motivos por los que «celebrar» el fin del verano. Vamos allá:

1. El entretiempo. Primero y probablemente más importante. POR FIN podemos volver a sacar del armario cosas no-cortas, como un abrigo finito o un palo de fregona telescópico. Se comenta que este verano se ha pasado calor. Es un decir, yo tampoco me atrevería a afirmar nada, pero es una opinión y ahí queda. Podremos volver a taparnos tímidamente para irnos a dormir, o sencillamente respirar con menos esfuerzo. Sólo por esto ya debería compensarnos.

2. El orden. La rutina es repetitiva y sistemática, por tanto, implica cierto orden. Sé que a muchos éste no les sonará como un punto a favor peeero nunca está de más saber a qué hora te despertarás al día siguiente, o si tomarás el almuerzo antes de la puesta de sol. Puede que al principio te cueste un poco, sobre todo con el tema del sueño. No me refiero al sueño que debes perseguir para alcanzar tus metas y, con ellas, la felicidad. Digo el sueño del que se te cierran los ojillos solos. Pasará a estar muy presente en tu vida, a todas horas. Excepto a la hora de irte a la cama. Justo en ese momento te dará una tregua, tregua que puedes aprovechar para un montón de cosas como os contaba en este artículo de hace ya algún tiempo.

3. El comienzo. La ilusión, hombre, la ilusión. Que empieza un nuevo año, nuevos proyectos, las nuevas temporadas de las series. Como decía antes, para muchos, septiembre es el verdadero comienzo de año nuevo. Piensa en todas las cosas que vienen, todas esas asignaturas, todos esos tomos de apuntes por recopilar para posteriormente estudiar. Qué guay, ¿verdad? Si es que de sólo pensarlo se me saltan las lágrimas :_ )

4. Mitigar el aburrimiento. Reconozcámoslo. Ya nos estábamos aburriendo, al menos un fisquito, de no hacer absolutamente nada. Que sí, que no hemos parado, que nos hemos tirado en paracaídas, leído 3 libros, visto el centenar de películas y series que nos habían recomendado, visto amanecer 4 veces e incluso completado un puzzle de 1000 piezas; pero llega un punto en el que echamos de menos tener la cabeza mínimamente ocupada… ¿No? :_ )

5. Las vueltas. Al igual que se vuelve a nuestra casa de siempre, también se ha de volver a nuestra casa de este momento. Si estudias fuera y has vuelto por vacaciones, te tocará volver de nuevo, y aunque puede sonar triste –y en muchas ocasiones da mucha, pero mucha penica– siempre es emocionante. Volver a ver a tus compañeros de clase, a los del piso, presumir de cierto bronceado por el que llevas luchando todo el verano (pero del que deberás decir: «pues esto nada, de pasear e ir de vez en cuando a la playa :)»)… También está el caso contrario, ver a los que vuelven. La ciudad se llena de nuevo, vuelve la afluencia de personas, y vuelves a no encontrar asiento en el bus. Como véis, casi, casi, CASI, todo ventajas.


¿Veis como tampoco iba a ser todo tan terrible? Espero haberos convencido (y a mí mismo, ya que estamos) y que, tras haber leído estas líneas, la respuesta a la pregunta del título haya cambiado. ¿Preparados para la vuelta al cole? 😀

Eh… bueno. En ese caso, esperamos que os gossséis los últimos días de calorcito y descanso. ¡Hastas prontor!

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