10 cosas que puedes hacer sin prestar demasiada atención

Oye, últimamente os noto distraídos. Sí, sí, como que no estáis a lo que estáis. Mirando a las musarañas, pensando en pájaros preñados. Por formas de decirlo que no quede. Que si las entregas finales, que si qué le regalo a mi madre el domingo, que si por qué no me escribe, que si el cumpleaños de mi primo era el día 2 o el 3, que si parece que esa ventana por la que sale humo es la de mi casa… Vamos, una pila de cosas por las que preocuparse y un solo cerebro para afrontarlas. Y a veces, como es mi caso, ni eso. Jé.

Muchas son las presiones que asedian nuestra tranquilidad a diario, las mismas que requieren grandes cantidades de la poquitérrima capacidad de concentración que nos queda, como cuando estás escribiendo a lápiz y sin saber por qué sacas la lengüita. El ser humano no está diseñado para el día a día que nos está tocando vivir, tan lleno de tantas cosas, y es por eso que de vez en cuando necesitamos un respiro. Una hiperventilación, más bien. Con su desmayo y consiguiente caída por las escaleras, y todo. Por eso, como no podemos forzar la mente (ni sufrir accidentes) todo el rato, hemos diseñado una lista de cosas que pueden hacerse sin apenas prestar atención, sin hacer pesas con la materia gris. Aquí van:

 

1. Respirar. En principio no se plantea como una tarea especialmente laboriosa, a menos que se den ciertas circunstancias como, por ejemplo, estar bajo el agua.

 


 

2. Andar. Debemos reconocer que antes era más sencillo, ahora con lo de los móviles con internet puede ocurrir que vayas por la calle mirando un vídeo de un gato en Facebook o revisando Instagram y de repente te des una hostia gótica contra una farola. Aún así, merece estar en el top de cosas facilongas.

 


 

3. Cuidar de un cáctus. MUY mal se te tiene que dar para acabar con la vida de un pobre cáctus. En general, un cáctus de los sencillitos es como uno de esos baños públicos que cuando terminas de usarlo se autolimpian. Él se lo guisa, y él se lo come. Tú tan sólo tienes que limitarte a observarlo y tener cuidado de no pincharte (por difícil que resulte en ocasiones)

 


 

4. Hacer scroll (escrawl). Es sencillo. Para abajo con el dedo. Y cuando ya no quede más abajo, para arriba. Y luego, si procede, otra vez para abajo. Así pasamos nosotros las tardes, aprovechando ahora que hace buen tiempo.

 


 

5. Ver una película o programa facilito. Hay días en los que apetece ver algo enriquecedor, y otros días sencillamente no tanto. Para estos momentos también recomendamos algunos libros de lectura ligera, como esa colección en la que un niño llamado Teo va a distintos sitios.

 


 

6. Freír un huevo. Es broma. Freír un huevo es una hazaña para la que se necesita poner en ello todos los sentidos que tengamos.

 


 

7. Escoger un emoji. Cuidado con esto, es necesario comedirse. Elegir un emoticono que acompañe a nuestro mensaje o nota al pie de una foto no debería llevarnos mucho tiempo, pero cuando lo hacemos a lo loco generamos sinsentidos que confunden al resto. Es aconsejable por eso contar con ciertos iconos recurrentes, como la ya mítica caca con sonrisa condescendiente.

 


 

8. Ducharse. Sobre todo si lo haces nada más despertar de tus 4 horas y media de sueño reparador. Muy probablemente para cuando sea la hora de comer ni recordarás haberte duchado. Ni tampoco tu segundo apellido.

 


 

9. Pestañear. Puede que ahora te pase, irónicamente, que al advertir la facilidad de pestañear empieces a ser consciente de lo que es el pestañeo en sí y empieces a hacerlo a propósito. Es parecido a cuando dices una palabra muchas veces seguidas y empieza a sonar rara. No te preocupes, en un rato se habrá pasado.

 


 

10. Hacer transbordo. Al principio, cuando aún no te sabes el recorrido de memoria, puede llegar a ser complicado. Sin embargo, cuando ya te conoces los recovecos de la estación de Avenida de América mejor que la palma de tu mano, puedes aprovechar estos minutos (u horas) de recorrido por sus pasillos para poner el piloto automático y pensar en tus cosas.

 

 


 

¿A que ahora te sientes mejor? Un par de estos un par de veces por semana y pronto empezarás a notar las ventajas de apagar la vocecita de tu cabeza de vez en cuando, que son muchas, ya lo verás. Y, si nada funciona, también puedes dormir. Eso nuuunca falla. ¡A pasar buen puente! 🙂

Carlos Dí­az

Redactor

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