10 cosas que dan más miedo que Halloween

Bienvenidos, amigos de lo terrorífico. Hoy vamos a hablar de una de nuestras festividades favoritas del calendario. Os daré algunas pistas; tiene que ver con calabazas, historias para no dormir y, en definitiva, con pasar mogollón de miedo. ¡Eso es! Hablamos de la Navidad.

… ¡QUE NO! De Halloween, hombre, de Halloween. 

Halloween da miedo. Cosica, como mínimo. En eso estaremos de acuerdo. Reflexionemos un momento sobre el concepto del miedo. ¿Ya? Sigamos, entonces.

El miedo puede despertar en nosotros por muchos motivos y volvernos irracionales en casi cualquier situación. Sin ir más lejos, hay una noche al año en la que vamos a por todas y nos disfrazamos de fantasmas, brujas, monstruos, o de cosas normales pero con la cara muy blanca –y, si hemos decidido currárnoslo un montón, quizás incluso una cicatriz falsa que nuestro/a compañero/a de piso correspondiente habrá tratado de colocarnos con esmero en alguna de nuestras extremidades–, y nos dedicamos a intentar pasar miedo. Sí, DE GRATIS. A ver qué pasa. Como si a nuestro día a día le faltaran emociones e intrigas. Y, pues mire usted, de eso quería yo hablarle.

El tema que hoy nos atañe es el terror que puede infundir la vida en sí misma los otros 364 días del año, 365 incluso si resulta ser bisiesto. Sin hacer muchos esfuerzos y sin ayuda de caretas ni efectos especiales. En numerosas ocasiones entre el júbilo de vivir se masca la tragedia y algo nos lo hace saber. ¿Cómo? Eso es lo de menos. Bueno no, en realidad no, que de eso precisamente va el artículo.

¿Creías que ver una peli de sustos con la luz apagada y una telaraña cubriendo la tele iba a ser lo más escalofriante que podría ocurrirte? ¡TE EQUIVOCABAS! O tal vez no. Dependerá de si la telaraña es de verdad y del tamaño del arácnido en cuestión. Pero bueno, sea como fuere, vamos allá.

1. Mirar tu saldo en cuenta después del fin de semana

Después de un fin de semana, después de una tarde de rebajas, después de salir de un restaurante con raciones más pequeñas de lo normal y la carta en otro idioma. Los golpes de tarjeta los carga el diablo y están en la tierra para descuadrarnos el presupuesto del mes. Por si no viniera lo suficientemente descuadrado de por sí.


2. La ausencia de papel higiénico

Si es en tu casa, es una faena. Si es en tu casa y estás solo, la cosa se va poniendo interesante. Pero si es en una casa ajena, ya estaríamos entrando en una nueva dimensión del pánico. En ese caso, lo más sensato es huir por la ventana más cercana, no mirar nunca atrás y adquirir una nueva identidad en la frontera de algún país vecino.


3. Ir a cortarse las puntitas ná’ más

Tienes el pelo largo, y te gustaría que siguiera siendo así. No obstante, en este momento no tiene una forma lógica. Sientes el miedo frenándote, pero te armas de valor, te diriges a la peluquería más cercana, tomas asiento en el sillón, y observas cautelosamente como la tijera viene y va y viene y va y viene va. El terror va en aumento. Y así sigue, viene y va, hasta que llega el momento en que te enseñan el resultado final ante el que reaccionas con una sonrisa y dices con lágrimas de dolor en los ojos “¡Me encanta! :_ )”. No siempre pasa, pero cuando pasa DUELE.


4. “Ok”

“Ok” el QUÉ. Probablemente la respuesta más ambigua y atemorizante de todas las respuestas posibles a un mensaje de texto. Detrás de un “ok” –así, sin un emoji, ni una gracia, ni nada– sólo puede haber una profunda indignación. O simplemente prisa. O absolutamente nada malo, también. Pero si barajamos estas opciones el “ok” pasa a no dar miedo y, por tanto, a no estar en esta lista. Paradojas aparte.


5. Muchas llamadas perdidas

En este caso, al igual que con el incidente del papel higiénico, la gravedad puede ir en aumento en función de quien sea el remitente de dichas llamadas.


6. La factura de la luz/gas de después del invierno

Hay una carta para ti. Ábrela, ábrela. Probablemente te quedes más calentito que en este par de meses de calefacción 24/7.


7. El aviso del portátil de “queda un 10% de batería restante”

No correrías tanto ni aunque el escuadrón de zombies más grande jamás imaginado fuera en manada a por ti. Desde aquí hago un llamamiento a quien corresponda para que la “búsqueda de cargador a contrarreloj” pase a ser deporte olímpico.


8. El transporte público

Quién no ha sentido un vuelco en el estómago al sospechar que su tren va en dirección opuesta a lo que pretendía. Es un momento mágico en la vida de todo ser humano, casi como un rito de transición a la madurez espiritual. En un primer momento te vendrán a la cabeza visiones de ti mismo perdido en un lugar recóndito, pero no te preocupes, con que  te bajes en la próxima parada y te cambies de andén será suficiente.


9. La extrema simpatía

Hay algo inexplicablemente inquietante en aquellos individuos que son muy, muy, muy, pero que MUY simpáticos.


10. Tu perro ladrando a la nada

Esto SÍ que da miedo.


Esto es todo. Bueno no, quiero decir, hay otras muchas cosas que dan miedo, pero había que hacer selección. Desde aquí os deseamos que lo paséis estupendamente en esta noche cargada de misterio, y que sea Halloween lo único por lo que tengáis que sentir miedo. ¡Hasta lue’! 😀

Carlos Dí­az

Redactor

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