12 despropósitos de Año Nuevo

La Nochevieja está al caer, amigos. Bueno, apuesto a que ya os habréis dado cuenta. Cuando éramos niños la Nochevieja era el premio de consolación, la noche en la que te dejaban tirar petardos para mantenerte entretenido en el periodo de barbecho navideño entre que habí­a venido Papá Noel y terminaban de llegar los Reyes Magos de Oriente… pero ahora es mucho más. Es el acontecimiento con mayúsculas. Es decir, EL ACONTECIMIENTO.

Termina un año, mejor o peor, ¡pero da igual! Porque todo lo malo queda atrás. En unos dí­as dará comienzo otro que, esperemos, será aún mejor que el anterior. El año en que por fin encontrarás a esa persona que te hará feliz, la empresa donde haces prácticas te contratará, bajarás esos kilitos de más, serás más altruista, dejarás de fumar… Un punto de partida, un nuevo cuatrimestre, nuestro particular reducto de ilusiones que con dedicación, ganas y una sonrisa, podremos hacer realidad. Claro que sí­. Y algo así­, hay que celebrarlo.

Pese a que me consta que el fin de año es una tradición muy de cada uno (de cada cultura, de cada paí­s, e incluso de cada casa), lo que solemos hacer por aquí­ es cenar con la familia, comernos las doce uvas, ir tal vez a una fiesta… Parece sencillo, ¿cierto? Pues, aunque no lo parezca, hay un sinfí­n de trampas y triquiñuelas que hacen del fin de año una carrera de obstáculos de la que pueden salir varios heridos graves. No obstante, ¡que no decaiga el ánimo! Podemos enumerar algunas de las situaciones más comunes y a la vez más complicadas de esta festividad para que cuando llegue el momento estemos preparados, y lo haremos en 12 pasos en homenaje a las 12 uvas de la concordia. Amárrense los cinturones, que allá vamos.


1.- “¿Qué hacemos en fin de año?”

Un buen dí­a de octubre estás tú con tus amigos tan tranquilo en el césped del campus, tumbado a la Bartola esperando a que empiece la siguiente clase (a la que luego no tienes pensado entrar, pero bueno, alegrí­a que ya casi es Navidad) y, de repente, alguien plantea la pregunta; “Oye, chicos, ¿qué hacemos en fin de año?”. Al principio te impacta, porque claro, no estabas preparado para esto, pero te hace pensar. “Me han dicho que no sé quién hace una fiesta en no sé dónde […] 20 € barra libre”. ¿Cómo? Pa’llá que vamos. Error, no os dejéis llevar y planificad frí­amente, que luego pasa lo que pasa.


2.- La cena: comienza el espectáculo

Si todo va bien, entre aquella cálida mañana de octubre y el dí­a 31 habrán pasado muchas cosas, pero nada relevante para el caso. La cuestión es que ya es Nochevieja, y te habrás desplazado al lugar donde tus padres han decidido que partirás el año. ¿A qué hora empezamos a comer? ¿Qué vamos a comer? ¿Comer? Sí­, parece que de eso va la cosa. í‰sa es la parte sencilla, pero recuerda que estarán allí­ todos tus tí­os/primos con los que ya tuviste un rifirrafe en Nochebuena, así­ que otro cantar será saber dirigir el festí­n para que no termine tal que así­. Ahí­ estará tu santa abuela de mediadora para evitar que eso ocurra.


3.- El familiar impertinente 

En estas fechas de paz y amor, para crear tensión ya está tu tí­o. Llámalo Juan Carlos, Manolo, Gregorio, Ví­ctor. Eso es lo de menos. Llegará un momento de la cena en el que empezará a martirizar a cada uno de los jóvenes de la mesa, y tu turno se hará esperar. Sacará a relucir todos aquellos temas sobre los que no te apetece soltar palabra, y ahí­ estarás tú para explicar por qué llevas 6 años sacándote el segundo curso que, oye, se te está resistiendo.


4.- “¿Dónde vemos las uvas?”

No nos levantaremos de la mesa sin debatir asuntos de vital importancia, entre ellos dónde vamos a ver las uvas. Ahí­ la familia se dividirá, se formarán pequeños bandos que intentarán echar por tierra el resto de propuestas y, oye, que gane el mejor. Suerte que este año nuestros compañeros de ONTv nos lo han puesto fácil.


 5.- El ratito entre que cenas y llega el año nuevo: ese vórtice temporal

Si la historia ha seguido el transcurso natural de las cosas, son las 22:30, los villancicos ya están sonando a todo trapo, tú estás a punto de reventar por exceso de ingesta de langostinos, y tu tí­o ya no es un problema porque el vino espumoso le ha inutilizado la lengua y, por tanto, el habla. Vale, y ahora, ¿QUí‰? Aún queda hora y media para las uvas y ese/a primo/a tuyo con el que te llevabas muy bien cuando eras pequeño pero que luego os hicisteis adolescentes y ya no tanto (no sabes muy bien por qué) está en una esquinita de la mesa revisando Instagram. Aquí­ puede pasar de todo, así­ que no desestimes ninguna opción. Tampoco estarí­a mal que ayudaras a recoger los platos, vamos.


 6.- Get ready for las supersticiones

También, puedes aprovechar ese ratito para prepararte y llevar a cabo todo tipo de rituales que han pasado de generación en generación y que te garantizan un buen año nuevo. Mi hermana, experta en la materia y a la cual le mando un beso desde aquí­, propone por supuesto comerte las 12 uvas, algo de comer lentejas, poner un anillo de oro en la copa en la que brindarás, escribir 7 cosas que no quieras y 7 cosas que sí­ y ponerte la notita en un zapato, llevar ropa interior roja, comerte las uvas a la pata coja sobre el pie izquierdo para que empieces el año con el pie derecho, y abrazar a alguien inmediatamente después de las campanadas. Y creo que nada más (y nada menos, oiga).


 7.- Ya es la hora. ¿Ya es la hora? ¡YA ES LA HORA!

Todo el mundo corre por la casa y no entiendes muy bien por qué. ¡Las uvas, LAS UVAS! Aaah, vale, vale. Todos a sus puestos. Televisión encendida, uvas en mano, risotadas nerviosas. Mantened la calma, que al final todo sale bien.


 8.- El recuento de las uvas

Quedan a penas segundos para las campanadas y se produce el esperado recuento que, para dar emoción a nuestras mundanas vidas, hacemos en el último preciso instante. Tu primo: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12. ¡Bien! Tu tí­o: 1, 2, 3, […] 12. ¡Genial, buen trabajo, equipo! Tú (desatando el caos, como de costumbre): 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11… ¿Once? ¿Cómo que once? No puede ser, ¿PERO QUí‰ HAGaaah mí­rala aquí­, la jodí­a, estaba escondidita. Ahora sí­, todos listos.


 9.- “PERO ESPERA, ¡QUE ESTO SON LOS CUARTOS!”

Es tradición que SIEMPRE haya alguien que empiece a comerse las uvas cuando le viene en gana. Para eso están los cuartos, para hacernos pasar grandes momentos.


10.- Las cadenas de whatsapp vs. las llamadas de tus familiares 

Tras la explosión de júbilo que supone la entrada del año nuevo, tu teléfono está que echa fuego. Los tí­os con los que no has cenado se han encargado de hacerte llegar todas las cadenas/imágenes de felicitación del año nuevo habidas y por haber, y tu hermana mayor que está en Australia quiere establecer conexión con la casa. Connecting people.


11.-  Quién me lleva, quién me lleva

Después de que hayas escupido 8 de las 12 uvas en un ataque de risa que te ha dado mientras las masticabas, como decí­amos, es año nuevo. Todo es amor, abrazos, felicidad y, además, ha llegado el momento de salir, pero… ¿quién te lleva? ¿alguien se ofrece voluntario? ¿no? ¿nadie? Y es entonces cuando miras a tu madre con cara de angelico y ella ya, que se lo ve venir, ya espera tu petición así­:


12.- La vuelta a casa (¡y feliz año nuevo!)

Finalmente, embaucas a ese primo tuyo que ya no te cae tan bien pero que se ha sacado el carnet de conducir (a diferencia tuya), y él mismo te lleva porque la fiesta a la que él va le pilla por la zona. Lo das todo, bailas como si no hubiera un mañana, te comes el chocolatito caliente, y de vuelta a casita. Seamos sinceros, ya para este entonces no estás tú para muchos trotes, así­ que a la cama, ¡que en unas horas toca comida familiar de año nuevo!


 Y hasta aquí­ los despropósitos de año nuevo. Es bien sabido que la del 31 es una noche mágica, y que cualquier cosa puede pasar, así­ que estad preparados y preparadas para ello. Espero y esperamos, de verdad, que tengáis un maravilloso año 2015 🙂 (¡y que os dejen mucho los Reyes!)

Carlos Dí­az

Redactor

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