5 planes para hacer contigo mismo

Por fin. Por fin ha llegado el calorcito. Por fin los bares han sacado las mesas a sus terrazas. Por fin has acabado los exámenes, o quizás hayas pillado vacaciones, y tienes todo el tiempo libre del mundo. Pero todo. Un montón, además. Demasiado, incluso. Montañas de tiempo libre para dios sabe qué.

Es bien sabido por todos que —sin tratar de sonar simplista— cuando no tenemos tiempo queremos hacer todo lo factible. Y lo que no, también. En cambio, en el preciso instante  en el que se nos permite tirar nuestras agendas a la basura, se esfuma de nuestras cabezas todo lo que en su día parecía ser una idea estupenda. El libro que te ibas a leer ya no parece tan interesante, y aquel curso de bricolaje avanzado por correspondencia ha cubierto el cupo de plazas. Y no podemos permitirlo. Tal vez podamos encontrar uno de jardinería que también esté bien. Never give up.

Existen remedios contra el no hacer nada, como por ejemplo, hacer cosas. Hasta aquí, todo fenomenal. El tema se complica cuando intentamos responder a cuestiones más complejas, como qué hacer, o con quién. Tal vez la última sea la que más complicaciones trae consigo. Con quién :_ ) Pues a veces, ¡con nadie! Que eso no sea un freno. Ése es el quid de la cuestión, lo que nos congrega hoy alrededor de esta humilde y pequeña hoguera que es Internet.

Lo hemos visto en nuestras películas y series favoritas, también a personas en la vida real que parecían estar pasando un rato agradable, peeero eso de salir solos parece que no termina de convencernos. No obstante, como para todo hay una primera vez, os vamos a proponer un puñado de cosas que hacer en soledad, corriendo el riesgo de que, eso sí, de vez en cuando irrumpa en nuestras cabezas alguna estrofa del archiconocido “All By Myself”. Pero es el precio a pagar. Después ya todo mejora por momentos. Vamos, entonces, a enumerar unas cuantas, y a ver qué pasa.

—Ir al cine—

Empezamos, as usual, con un clásico. A menudo, a tus amigos puede no apetecerles ver una película que a ti en cambio sí. Entonces, te toca ir solo, ¡pero no pasa nada! Si por lo que sea esto ocurriera, es fácil; llegas a la taquilla, te plantas frente al mostrador y, decididamente, dices bien alto y claro, “una para la de las 17:00h”. CLARO QUE SÍ. Lo importante es la confianza en uno mismo, como cuando te encuentras con un dinosaurio en mitad del bosque. O en la selva. Quizás el desierto. No sabría decirte. Bueno, el caso es que los trabajadores de taquilla huelen el miedo y, si pides tu entrada por lo bajini, farfullando y mirando al suelo, pueden empezar a preguntarte en voz alta: “Disculpe, ¿una? ¿Ha dicho UNA? ¿Quiere decir PARA USTED SOLO?”, como cuando vas a la farmacia a comprar un medicamento para la indisposición intestinal y terminas todas las frases con un “bueno, usted ya me entiende”. Pues sí, me ha oído usted bien. Ahora, deme mi entrada para la reposición de “Lassie”. También, si esto te supone un apuro mayor, siempre puedes comprar dos entradas y ver la película tumbado de un modo peculiar.


—Ir a un concierto—

Los conciertos en soledad tienen su no sé qué. Como en el caso del cine, no siempre puede triunfar en tu grupo de amigos la propuesta de ir a ver en directo al nuevo grupo que lo está petando en alguna región de algún país muy lejano, pero a ti puede apetecerte, porque tú eres muy así. De nuevo, vuelta a empezar. Lo realmente interesante de ir solo a un concierto es que se conoce a mucha gente. Es algo así como irte de Erasmus.


—Desayuno, comida, merienda y/o cena—

Ir a comer solo te convierte automáticamente en alguien aún más interesante. Te sientas en una mesa, pides, comes, reflexionas, tarareas, te atragantas pero recuperas la compostura enseguida con un leve carraspeo de garganta… Todo esto con rostro de templanza y serenidad. Y ya si encima sacas un artilugio del tipo ordenador portátil o periódico, puede que incluso tu pelo empiece a ondear al ritmo de la agradable brisa estival. Bueno, y dejando un poco de lado la cara más sofisticada de la hazaña, lo que también está muy bien de comer solo es que te puedes poner perdido sin que haya nadie a tu alrededor a quien le importe. Y eso es un valor añadido, clarísimamente.


—Las compras—

Lo que más te guste. Libros, películas, ropa, accesorios de filatelia. Incluso la compra del mes en el supermercado. Todo ello con la calma, tranquilito para allí y para allá. Piénsalo, piénsalo. 


—Plan comodín—

Como el del público del 50×15. Consiste fundamentalmente en llevar a cabo todos aquellos planes en los que la presencia de otro acompañante no sea necesaria. Véase paseaaar, sentarte a leer en no sé dóoonde, escucharte un diiisco, montar en monociclo o jugar al solitario. Todo ese tipo de cosas.


Bueno, pues esto ha sido todo, ¡aunque podrían haber sido listadas muchas más cosas! La conclusión es que hay cosas que están hechas para el disfrute en compañía, y otras que no tienen por qué. Si conseguimos sacar de nuestras cabezas todo ese miedo a ser juzgado por gente que no tiene ningún interés en juzgarnos, enseguida empezaríamos a vislumbrar las virtudes de pasar más tiempo con uno mismo. Que son muchas. Un montón. ¡Hasta pronto! 😀

Carlos Dí­az

Redactor

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