La mejor comida es la que llega gratis

Llevamos años equivocados: las mejores croquetas no son las de una madre. Ni siquiera la tortilla de patatas. Incluso me atreverí­a a decir que tampoco podrí­amos señalar, sin ninguna duda, la paella de los domingos que hace tu padre con sarmientos, arroz de Calasparra y todo el amor del mundo. Vale, ahí­ me he pasado.

Pero sirva esto como introducción para un concepto que va más allá del sabor o el amor: la comida gratis. Y por gratis me refiero a que te la dan con la consumición, así­ que, de lo que vengo a hablar no es de mi libro sino de una pasión que llevo por dentro y por fuera y que no me da ninguna vergí¼enza: me apasionan los lugares que, junto a tu cervecita o refresco te ponen un platito o platazo de pura grasa.

Misteriosamente, nunca he ido a Granada en busca del montadito perdido, como me consta que habéis hecho muchos de vosotros (y luego, ya si eso, vamos a ver la Alhambra). Ay, bandidos, que nos conocemos…

Por esto mismo, sé que no estoy sola: en Madrid, como dicen los turistas, hay de todo, y ya somos potencia mundial en cuanto a bares con tapa gratis. Tras la fiebre por el pintxo vasco, que aún perdura en algunos rincones de la Latina y nuestros doloridos corazones (por el sablazo de la última vez), llega algo más adaptado a nuestros tiempos y bolsillos: no nos importa la calidad, nos importa, y mucho, la cantidad, y sobre todo poder pagar con uno de los nuevos billetes de cinco euros, que total, parecen de mentira.

Lo sentimos para los Instagramers, que aquí­ están perdidos, pero ya no hay un barrio sin su local abarrotado: hasta el mismí­simo Barrio de Salamanca se ha puesto las pilas, y el último local de moda en la ciudad es Entre Cáceres y Badajoz (Don Ramón de la Cruz, 109), en el que, junto a la bebida, puedes encontrarte un plato variado de paella, salpicón y salmorejo (todo junto). Además merece la pena rascarse el bolsillo, sacar otro billete de esos de broma y pedirse un “canapé”, con el que cena toda una familia numerosa y que te da derecho a postre. Gratis, claro.

Algo que no tienen tan controlado (ni falta que les hace), los dueños de El Tigre, que se dice en singular, pero que tiene ya varias sucursales por todo Chueca (la más famosa, y abarrotada, en Infantas, 30). Elegir algo de su escasa carta sale caro, aunque no será necesario ya que su salsa brava, ya mí­tica, viene repartida en sus platos gratuitos de patatas, canapés, albóndigas y bolitas de queso. A veces tendrás que pelear con una americana para que no se quede tu ración, y solo por eso habrá merecido la pena cualquier grasa ingerida: es lo más internacional y castizo que ha visto este siglo XXI.

Si lo que prefieres es elegir tu tapa, como un señorito (pobre), Madrid también ha pensado en ti. Está el desconocido y céntrico ejemplo de índalo Tapas (Perez Galdós, 7), donde lo mismo te puedes pedir un bocata de calamares que un kebab y todo está igual de bueno (porque todo es igual de gratis). Y si quieres alejarte del bullicio del centro para sumergirte en el bullicio sin más, un poco más lejos pero sin que te tengas que poner el ‘look’ esquiador para ir a Sierra Nevada, en La pequeña Granada (Embajadores, 124) tienen una carta variada, con cazón en adobo incluido, para que elijas junto a tu bebida.

Muy cerca de este local, a una calle de distancia, está la Taberna La Pepa (Paseo de las Delicias, 60), un local que parecen haber descubierto antes que nosotros los pocos estudiantes de Erasmus que quedan y al que no dejan de ir, bien porque sus sándwiches mixtos son adictivos o bien porque no han entendido que el camarero es antipático con todos ellos. Según aumentan las consumiciones, mejora la calidad de la tapa (contradiciendo cualquier regla de marketing barato que dice que es mejor servir lo peor al final, cuando ya todo sabe igual).

En fin, que Madrid no es la ciudad cara que todos tenemos en mente. O sí­, dependiendo de si te pilla a final de mes o con la extra en el bolsillo, pero no hay lugar a dudas: la mejor comida es la que viene gratis y si vais a la Alhambra es porque ya no os queda un edificio en esta ciudad al que hacerle un Instagram. Que tenemos mucho vicio…

Araceli Ocaña
Araceli Ocaña

Periodista. Economista. Community Manager. Blogger. Miss. Me dijeron que cuantas más profesiones tuvieses más molabas y me lo creí... Siempre fui muy inocente. Cuando me dedico a VIVIR me encontrarás de bares y comprando, en cualquier ciudad a un avión de distancia. | @aribradshaw

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