Cómo dormirse en Broadway

Sí­, dormirse en Broadway. Bueno, en Broadway y en cualquier otro sitio. No duermo mucho, pero sí­ tengo facilidad para dormirme muy rápido, qué le vamos a hacer. Puedo dormirme en cuestión de segundos si estoy cansado, mecido por el traqueteo de un viaje o viendo un espectáculo que no me atrae lo suficiente. Quizás sea un superpoder, deberí­a preguntarle al Profesor Xavier, no vaya a ser que tenga el gen X y no me haya dado cuenta.

Me encanta el teatro y respeto enormemente a todos los profesionales que se dedican a crear entretenimiento en vivo, pero hay veces en las que me visita Morfeo a mitad del show. Quizás sea que mi mente se rebela y no quiere ocupar unas ya de por sí­ escasas neuronas en algo que no le interesa. Mi dormidómetro no tiene piedad: si algo no atrae mi atención, hay muchas probabilidades de que dé alguna cabezada. Pues bien, durante mi última visita a Nueva York para ver musicales de Broadway, mi dormidómetro ha estado on fire. De cuatro espectáculos vistos, en tres me he quedado sopa. No está nada mal la media, pero es que ya al comprobar la cartelera y decidir qué show iba a ver algo me hací­a pensar que debí­a llevarme almohada y mantita. Exceptuando los clásicos populares que son valores seguros y donde nunca me he dormido (pero que no querí­a volver a ver (Wicked, The Lion King, Mamma Mí­a!…), poco habí­a que escoger entre un listado que pedí­a a gritos que lleguen los esperados nuevos estrenos de la temporada: If/Then con Idina Menzel, Hedwig and the Angry Inch por Neil Patrick Harris, Bullets over Broadway a partir de la pelí­cula de Woody Allen o el Aladdin de Disney, por nombrar solo unos pocos. Así­ que, hasta que estas esperanzas lleguen con la primavera, en este viaje me he tenido que conformar con los éxitos de temporadas anteriores. A priori parecí­a un buen plan, pero algo me decí­a que no eran unos tí­tulos que me fueran a emocionar especialmente… y así­ lo ha confirmado rotundamente mi dormidómetro. Pasemos sin más dilación (y antes de que me quede dormido) a reseñar cuáles han sido, de mayor a menor sopor, los shows en los que he tenido la oportunidad de soñar con los angelitos:

 

THE BOOK OF MORMON

Dormidómetro nivel sueño profundo

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Las altí­simas expectativas han hecho que esta sea la mayor decepción de todas. Un show que ha ganado 9 Premios Tony incluyendo el de Mejor Musical y que, con precios desorbitados, cuelga el cartel de sold out dí­a tras dí­a, te hace pensar que vas a disfrutar una experiencia religiosa… pero nada más lejos de la realidad. A pesar de una temática que hace humor irreverente sobre la fe mormona. Tras un gran comienzo (he de reconocer que esa escena en la que los mormones van tocando timbres expandiendo su mensaje por el mundo al grito de guerra de “Helloooo!” es hilarante), todo cae irremediablemente en picado. El musical es obra de los creadores de South Park y precisamente ahí­ está su talón de Aquiles. Quieren que este show sea aún más irreverente, blasfemo y descarado que el programa de televisión, pero en este caso la irreverencia, la blasfemia y el descaro gratuitos no funcionan. Chistes que no hacen gracia porque no están bien construidos y chistes que no hacen gracia porque hasta cierto punto hay una fina lí­nea de respeto en el humor… ¿chistes sobre la ablación de clí­toris? Chicos, lo podéis hacer mucho mejor. Gran decepción y grandes cabezadas.

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CINDERELLA

Dormidómetro nivel sueño apacible

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Un musical con un target de extremos: señoras octogenarias y niñas vestidas de rosa. Es innegable que los compositores Rodgers y Hammerstein son unas leyendas de Broadway pero todo es tan simple y antiguo al mismo tiempo que sólo interesa a la gente muy mayor o a las niñas que creen en princesas. Ahora quieren revitalizar el espectáculo incorporando a dos “˜estrellas’ en los papeles principales: Carly Jae Jepsen (la del Call Me Maybe) como Cenicienta y Fran Drescher (la protagonista de la serie de televisión La Niñera) como la Madrastra. Yo creo que precisamente sólo tendrán interés para el mismo target actual y como mucho atraerán a algún gay despistado, aunque por otra parte eso no es ningún mérito porque el colectivo ya forma parte per se del colchón de público de cualquier musical de Broadway. Eso sí­, los cambios de vestuario en medio del escenario son impresionantes y dignos de una actuación letona en Eurovisión. Ahora, cuando lo repiten ya varias veces no te queda más remedio que dormirte.

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PIPPIN

Dormidómetro nivel duermevela

Pippin

Es el tí­pico espectáculo que sabes que tiene calidad y que le gusta a un sector más intelectual pero que tú crees que debes ser medio tonto porque no te enteras absolutamente de nada de lo que está pasando en escena. El ganador del Premio Tony al Mejor Revival del pasado año es un show con una apuesta escénica de mucha personalidad que recrea un circo surrealista lleno de personajes estrambóticos. El opening number es impresionante cuando dejan caer las telas y se ve todo lo que está sucediendo en la carpa, pero a partir de ahí­ no sabes muy bien de qué va la historia. ¿Números acrobáticos sobrecogedores? Sí­ ¿Un cast con mucho talento? Sí­ ¿Una dramaturgia entendible? No. Resultado: alguna cabezadita esporádica tratando de no dormirme para evitar ser el tonto que no se entera de lo qué está pasando.

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KINKY BOOTS

Dormidómetro nivel not working

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¡Al fin! ¡Cuando todo parecí­a perdido y pensaba que iba a hacer cuatro de cuatro llega un show con energí­a que te crea esa sensación de feel good… y no me duermo ni un segundo! Basado en la pelí­cula británica del mismo nombre, la versión de Broadway cuenta con toda una leyenda para la composición de su banda sonora: Cyndi Lauper. La estrella del Girls Just Wanna Have Fun es un icono del pop, y se nota en sus creaciones, temas que llevan su sello, pero que además están muy bien adaptados a las necesidades de un musical. Sin duda alguna ella es gran parte del éxito del show (junto a su escritor Harvey Fierstein y su director y coreógrafo Jerry Mitchell, dos reconocidos y multipremiados profesionales de Broadway) pero hay otra gran parte que reside en su actor protagonista, Billy Porter. El intérprete da vida a Lola, una drag queen de carácter arrebatador que le valió un merecidí­simo Premio Tony al Mejor Actor y un espacio para su creación como uno de los personajes más carismáticos de la historia del teatro musical reciente. Impagables son también los Angels, seis drag queens que, aunque feas a rabiar, contagian alegrí­a y llenan de purpurina el ambiente.

Al final tuvo que ser un show sobre la conversión de una fabrica de zapatos convencional en una fábrica de botas para drags el que hiciera estallar el dormidómetro y me mantuviera cien por cien despierto y disfrutando todo el espectáculo. Será que más que el gen X tengo el gen de la purpurina. Quién sabe. En cualquier caso me voy a dormir, que parece que me está entrando sueño.

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Diego Rebollo
Diego Rebollo

Sonriendo por el camino de baldosas amarillas en dirección a la Ciudad Esmeralda. Y durante el viaje disfrutando de todo el teatro posible | @diego_rebollo

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