Cómo conquistar a tus suegros

¿Qué hay que hacer para caerle bien a los suegros? A los padres de él, a los de ella. Es un misterio. Una ecuación irresoluble que puede desembocar en tantos embrollos como se nos puedan ocurrir. No existe una fórmula exacta, a priori, que nos indique cuáles son los pasos a seguir para que una comida familiar cualquiera o un simple encuentro casual en el centro comercial no termine en desastre. Y por eso estamos aquí hoy. Por eso, y porque hay más grados en la calle de los que un ser humano podría soportar. Pero no nos desviemos del tema.

Aunque no siempre esté justiciado el calificar el asunto suegros como una odisea –todo depende, lo cierto es que decir correctamente “nuera” y “yerno” en lugar de los socorridos “nuero” y “yerna” no es la única dificultad que puede presentarse. Y, ya que me sacáis el tema, es importante señalar que hay nueras y yernos de toda clase. Los hay dotados de una facilidad innata para conquistar a los padres de su pareja con una sonrisa encantadora y un poco de parloteo, y a otros a los que, en cambio, se les hace un poco más cuesta arriba. Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que, cuando una pareja empieza a consolidarse, la relación con los suegros se convierte en un elemento altamente decisivo y, si eres del sector un poco más torpón, estás en el lugar correcto.

Para la elaboración de este artículo, mi equipo de investigación (yo) ha escogido una muestra lo suficientemente amplia para que resultara representativa (nada menos que 3 personas), a la que han sometido a un cuestionario concienzudamente elaborado (“¿Qué piensas de esto?”) utilizando los métodos de recogida de datos más sofisticados (la aplicación de notitas del móvil) para poner sobre la mesa los puntos más importantes de este proceso y acotar, por fin, las claves del éxito en el camino del buen entendimiento con las torres de tu familia política. Durante el curso de tal laborioso procedimiento, mi equipo de yoes y yo nos hemos encontrado con perlas de todo tipo. Desde el contundente “lo primero, que sea una persona educada” que nos regalaba mi santa madre con la meridiana claridad que la caracteriza, hasta el holgado “¡EMBORRÁCHALES!” proveniente de la grada más juvenil. No obstante, hemos logrado condensar la gran nube de sabiduría generada por las respuestas en los siguientes guiones. Coged papel y lápiz, que esto empieza.

–Sé el perfecto hijo que en tu casa nunca fuiste– 

Consiste, a grandes rasgos, en mostrar un comportamiento impecable reaccionando en el momento justo de la manera adecuada (aunque no acostumbremos a ello). ¿Termináis de comer? Complementa esa charla informal donde te has encargado de desplegar todas tus virtudes entre sonrisa y sonrisa con el gesto de levantarte, recoger los platos, dirigirte a la pila y lavarlos. Un combo infalible. ¿Te ofrecen una bebida? Pon un posavasos debajo. Detalles así son los que marcan la diferencia.


–No seas excesivamente condescendiente–

Ése no es el camino. Ser agradable sí, pero sin pasarse, por Dios. Parafraseando a Emilio de Aquí No Hay Quien Viva, decirle a la madre que está muy joven y reírle al padre todos los chistes está bien para un rato, pero a la larga canta un montón. No olvides que cuando tú vas, ellos vuelven. Y que, para cuando os crucéis por el camino, es posible que ya muestren un gesto de rechazo, que bocetado queda más o menos así: ¬¬. No dejes que eso ocurra.


–Lleva algo bonito– 

Que se te vea el detalle, hombre, que sois casi familia. Si vas a conocer a tus suegros, ¿qué te cuesta llevar un vinito que bajo ningún concepto se asemeje al de cocinar? Unas florecillas, unos pastelitos, una gracia, un YO QUÉ SÉ. Calíbralo en función de sus gustos. A mi madre, por ejemplo, bastaría con enviarle algunas vidas del Candy Crush.


–Come–

¿Que en tu casa no te acercarías a una coliflor ni para utilizarla como escudo ante un posible objeto arrojadizo? En casa de tus suegros sí. Además, MU’ RICA.


 –Sé graciosete–

Un par de chistes o bromas nunca van mal. Nunca mal van excepto que cruces algunas barreras, claro. Al principio no tendrás muy claro por dónde ir, y es por eso que debes prestar mucha atención a la reacción que provocan tus chascarrillos y demases. Date tiempo y trata de afinar el tiro. Al final lo conseguirás. Vamos, digo yo.


–Evita los terrenos escabrosos–

Del mismo modo –en el sentido contrario, claro–, si prevés que hay determinados temas de cuyo tratamiento pudieran derivar tensiones, evítalo a toda cosa, aún no estás preparado para manejar la que puede montarse. Encuentra el punto justo entre las trivialidades que pudieran hacerte parecer inmaduro y los asuntos excesivamente trascendentales. Desde aquí te deseamos mucha (pero MUCHA) suerte.


–Encuentra un tema que les guste y documéntate– 

En respuesta al punto anterior, es posible que tus suegros sean especialmente aficionados a algo y eso, amigos míos, es una oportunidad como un templo. 


–Aparenta cierta normalidad–

No cabe duda de que serán tus peculiaridades las que terminen por conquistar a tus suegros, pero en las primeras tomas de contacto no conviene jugársela demasiado. Es decir, que si por casualidad tuvieras una apasionante colección de insectos disecados, quizás éste no sea el momento de sacarlo a relucir. O por ejemplo, esa frase que en tu cabeza suena estupendamente; plantéate si tal vez convendría darle otra vuelta antes de enunciarla. Por si las moscas.


–Conviértete en su cómplice– 

Hay un punto mágico en toda relación suegro-yerno/nuera que empieza a florecer con pequeños detalles como una conversación de tipo: 

–Suegra (a su hijo/a): ¡Ponte a estudiar que tienes los finales ahí!

–Tú: Sí, ya llevo un par de semanas diciéndoselo. Al final siempre le pilla el toro…

–Suegra: Ya, qué me vas a contar. Siempre se lo digo pero pasa de todo.

–Tú: ¡Luego se agobia! ¡Normal!

Ahí surgen la chispa. La LLAMA. Pequeños intercambios como el ejemplificado te situarán en la cresta de la ola en poco tiempo.


Ya concluyendo, amigos míos, conocer a los suegros siempre es una experiencia cargada de emoción que desde aquí recomendamos a todo el mundo. No tengas miedo, que no todos muerden. Ármate de valor, escoge la camiseta menos desgastada que tengas, y plántate allí donde estén con alguna otra cosa que no sea una regleta y tu mejor sonrisa. ¡Confiamos en ti! 😀

Carlos Dí­az

Redactor

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