10 cosas guays que hacen los gatos

Bienvenidos y bienvenidas, amigos y amigas. Hoy, como de costumbre, vengo a hablaros. ¿De qué? Pues veréis, el tema de hoy concierne a esos pequeños seres que desde tiempos inmemoriales (tiempos inmemoriales = no sé cuánto tiempo exactamente) acompañan al ser humano, y que a día de hoy se han convertido en uno de los iconos de nuestra generación: los gatos.

Creo que si hay algo que mola en este mundo, ese algo son los gatos. Da igual de qué color sean, cómo tengan el carácter, o si sueltan o no mucho pelo. Miles y miles de vídeos protagonizados por estos felinos inundan a diario nuestro timeline en las distintas redes sociales, y muchos de nosotros no dudamos en lanzarnos a abrazarlos, acariciarlos y observarlos en cuanto uno de ellos se cruza en nuestro camino. Y si es posible todo a la vez y constantemente, mejor que mejor.

Lejos de hacer una confesión así gratuitamente, existe un motivo para sacar a relucir nuestro gusto por los gatos, y es que hace unas semanas empecé a convivir con una gatita, y desde entonces todo cambió. Empezaron a pasar cosas. Y cuando digo cosas, me refiero a todo tipo de cosas. Pero de coger papel y lápiz y apuntarlas para reflexionar posteriormente sobre ellas. Hablo de nada más y nada menos que todo lo que ocurre cuando un gato llega a tu casa. Ya veréis, ya.

Asípuesinmásdilación, vamos a dar paso al listado de algunas de las cientos de cosas geniales que un gato hace por el mero hecho de ser un gato. Si compartís hogar con uno, seguro que más de una os suena. Vamos allá:

1. El ronquido desde dentro

De primero de gatedad. Es algo así: rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Pero con muchas más “r”, un montón de rato. Hablo de lo que se conoce como el ronroneo. Internet me ha dado a entender –corregidme si me equivoco– que no se sabe por qué lo hacen exactamente. Es un misterio. En cualquier caso es curioso y, quién sabe, si tu gato practica con tesón puede que termine convirtiéndose en músico. A él le ocurrió.


2. Redecoración

Ésta es una de las más apasionantes. En ocasiones, si algo interfiere en su camino, lo apartarán del medio. Así, sin contemplar su masa ni su densidad. Ni su precio, eso tampoco. Es un espectáculo digno de contemplar, como cuando ves caer a un amigo tuyo y gritas “¡NO!”, pero en tu interior piensas “jeje”. Entonces, si presientes que algo puede molestarles, anticípate y apártalo tú mismo. O déjalo hacer, quedará para las risas.


3. Mantener conversaciones en una lengua desconocida por el ser humano

Otra de ruidos gatunos guays. A veces los gatos hablan, y resulta muy perturbador y fascinante a la vez. Por aquí os dejo un vídeo donde podéis comprobarlo.


4. El acecho a la ventana

Los gatos, como sabemos, son muy curiosetes. Y les apasionan las ventanas, así como el mundo que hay tras ellas. Esperarán agazapados el momento justo para escaparse, y eso a nosotros como tutores del animalillo no debería hacernos ninguna gracia, así que más vale prestar atención y no darles muchas oportunidades. En cualquier caso, es divertido observarles mientras calculan en sus cabezas ángulos, distancias y fuerzas necesarias para dar el salto certero que les lleve al mundo exterior.


5. Escondites en lugares insospechados

Si os da una cosica cuando os tocáis en el bolsillo y no palpáis vuestro móvil, estad preparados para cuando busquéis al gato y no esté por ninguna parte. Máxime cuando se junte con el anterior. Gato desaparecido + ventana abierta = histeria y pánico generalizado. Luego salen de un cajón aleatorio de un mueble que a penas recordabas tener, y entre que te enfadas, te alegras, y te preguntas cómo demonios ha conseguido entrar ahí, se te pasa.


6. Saltar ante la adversidad

Da igual de dónde venga el estímulo. Quizá sea una agradable sorpresa, quizá un ser maligno. Yo salto muy alto por si a caso y ya luego compruebo.


7. El sofá para mí, para mis cosas

Lo primero que debes saber sobre compartir hogar con un gato es que la casa pasa a ser suya. En concreto, acapararán el sofá ensayando las posturas más excéntricas. Sólo por ver el espectáculo merece la pena cederles el sitio.


8. Cuidao’ que voy

Ponérsete encima. No importa dónde, cuándo, cómo, ni por qué. Da igual el orden, es inexplicable de cualquier forma. “Oh, con que estás escribiendo en el ordenador. Lo mejor será que me pasee por tu escritorio y lo destruya todo a mi paso”. Eso es exactamente lo que piensa. En mi cabeza, al menos.


9. El nombre

No es algo que ellos hagan, pero tiene que ver con ellos y es divertido igualmente. Cuando llega un gato a una casa, hay que ponerle un nombre. Puedes recurrir a los clásicos como “Manchita” o “Calcetines”, pensar en los nombres de personajes que te gusten o admires, o aventurarte en el mar sinfín de nombres freaks que se te puedan ocurrir. Pon todos los esfuerzos que sean necesarios, aunque seguramente terminarás llamándole gato, gata, gati, marramiau, o derivados.


10. Apreciarte un montonazo

Los gatos son seres curiosos, muy suyos. No obstante, dejo para lo último –y por ello, lo más importante– todo el bien que hacen a una casa, a una persona, o a cualquier cosa que les rodee. Excepto a un sofá o a unas cortinas. A esas cosas no les suele sentar muy bien su presencia. El caso es que siempre dan alegría, cosilla. ¡Y nunca te juzgan! Como mucho, mucho –muchísimo–, te miran fijamente mostrando indiferencia ante tus maldades, fechorías, o ataques a la nevera de madrugada. 

Y aquí concluye mi pequeño homenaje a estos peculiares cuadrúpedos. Desde aquí os animamo a que, si os es posible y tenéis ganas, acojáis o adoptéis a un gatete (recordando siempre que, citando al Tío Ben, un gran gato conlleva una gran responsabilidad. Bueno, no era así exactamente, pero os podéis figurar el mensaje). Es algo muy bonico y estaréis echando un gran cable al animalillo en cuestión y a toda la gente que desinteresadamente desde protectoras o por su cuenta velan por su bienestar, que es un montón. ¡Hasta pronto! 😀

Carlos Dí­az

Redactor

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