10 cosas que hacer cuando llegas perjudicado a casa

Hay un ratito, entre que llegas a casa después de una noche de copas y entre que te acuestas, en el que todo puede pasar. La magia sencillamente sucede. Tus capacidades se quintuplican –en negativo– y dan lugar a situaciones tan fascinantes como perturbadoras. No nos sentimos orgullosos de todas, claramente, pero alguna son dignas de recordar. Aunque sólo sea por echarnos unas risas.

Si crees que este artículo va de cómo mantener la decencia en esos momentos –duros en su mayoría–, lamento decepcionarte. Es prácticamente imposible. Lo más cercano a la elegancia que experimentarás entrando por la puerta de casa en mitad de la madrugada y habiendo rebasado cómodamente el consumo recomendado de bebidas espirituosas puede ser… no sé, que alguien haya olvidado unos zapatos muy caros en el recibidor. Con los que, por cierto, tropezarás inmediatamente. Pero eso es algo de lo que hablaremos más tarde.

Aunque probablemente ya no sorprenda a nadie; sí, hoy vamos a hacer una to do list para asegurarnos de que esa recta final hacia la cama, protagonizada entre otras cosas por la embriaguez o el cansancio extremo, se nos haga entretenida. Y dice así:

1.- Tardar en torno a una década en atinar con la llave en la cerradura. Deja que el ruido del acero arañando sutilmente la madera sea como el coro de trompetas que anuncian tu llegada.

2.- Golpearte con absolutamente todo. Hay una parte involuntaria del proceso durante la cual tu subconsciente se fija en todo aquello que resuena más alto para luego embestirlo con fuerza. Ahora, si al intentar dejar las llaves en el mueble del recibidor éstas se caen al suelo, y al intentar agacharte golpeas un perchero que cae también, no sin antes golpear a esa otra lámpara que irá a parar a un paragüero de aluminio que jurarías no haber visto nunca antes, ya sabes a qué se debe.

3.- Hacer muchísimo ruido. Ya me entendéis. Una cosa lleva a la otra.

4.- Responder a preguntas de aquellos que están despiertos. Tradicionalmente, si cuando llegas a casa muy tarde hay alguien despierto, esta persona te somete a un interrogatorio que se extenderá ampliamente en el tiempo. Más o menos tanto como hayas tardado tú en abrir la puerta. “¿Dónde has estado? ¿Con quién? ¿Y qué tal estuvo? ¿Y salió Fulanito? ¿Y se vio a Meganito? ¿Y entonces? ¿Y tuvisteis que pagar entrada? ¿Y cuánto os salió? ¿Mañana no tenías que estudiar?”. Y un largo, larguísimo etcétera.

5.- Comer. Como un sabañón. Como si acabaras de llegar de una expedición por el desierto. Nunca es suficiente. La coherencia no es un requisito indispensable. Dedícate a ingerir y a rezar porque tu estómago esté de acuerdo con tus decisiones. El resto déjalo a tu imaginación.

6.- Poner la tele y dejarte llevar. ¿Quién no se ha visto alguna vez a las 6 de la mañana fijando toda su atención en las numerosas virtudes técnicas que brinda ese prodigio de la tecnología también denominado cortador de verduras con palanquita de la teletienda?… ¿No? ¿Nadie?.

7.- Mirarte durante un rato al espejo y hacerte preguntas que ahora mismo no puedes responder. Sobre tu futuro, sobre tu presente, sobre qué pensaría de ti el adolescente que un día fuiste si te viera en esa situación –un tanto lamentable, todo hay que decirlo–. Ese tipo de cosas. Lectura ligera para antes de dormir.

8.- Escoger el atuendo con el que vas a dormir. Existen dos opciones entre las cuales se elige dependiendo del grado de perjuicio del sujeto en cuestión: la ropa con la que viene de la calle, y el pijama. De franela, seguramente. Desde aquí recomendamos encarecidamente dedicar unos instantes al cambio de ropa.

9.- Volverte imparable con tu smartphone. Es muy probable que revises todas tus redes, las aplicaciones de ligar, la evolución de los mercados financieros, o el tiempo que hace tal día como ese en Birmania. También, es de espera que de repente te conviertas en el ser más sociable del universo observable y le envíes un mensaje a toda tu lista de contactos. Excepto a tu amigo el que te dijo “envíame un mensaje cuando estés en casa para saber que has llegado bien”. A ese ni caso. 

10.- Ponerte una alarma muy poco realista para el día siguiente. Tal como [introduzca aquí el nombre de la persona que le esperaba despierto] te recordaba hace un momento, mañana tienes que estudiar. Por tanto, justo antes de irte a dormir, debes ponerte un despertador del todo inverosímil. Por ejemplo, si son las 9… a las 10. Es importante que la programes con una expresión muy seria en el rostro, como de persona plenamente convencida de lo que hace. En cualquier caso, mucha suerte. La vas a necesitar.

Carlos Dí­az

Redactor

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