Cuando el móvil no te deja cortar

Móviles de última generación, conexión a todas horas y en todas partes para ver, decir y saber, capacidad superlativa de almacenaje de recuerdos, apps que cada dí­a hilan más fino y cubren toda carencia… ¿Pero qué podemos hacer cuando simplemente queremos que ese aparato, cada vez más grande y cada vez más plano, tan sólo sea un teléfono o una cámara o una radio? Nadie nos dio a leer la letra pequeña…

¿Qué hacer cuando cada gesto te recuerda a quien no te queda otro remedio que olvidar? La clave de desbloqueo es vuestra fecha de aniversarioel fondo de pantalla la última sonrisa juntos, la galerí­a de imágenes es un saco de momentos que ahora queman, la aplicación donde quizá le conociste parece palpitar entre el resto, las redes sociales en que todaví­a sois amigos son enemigas voraces… ¿Qué hacer cuando tus sentimientos se prolongan en el móvil y te da tirones en el alma? ¿Cuando sabes que has de cortar con todo y no puedes apagar el teléfono porque trabajas con él o hay más personas a las que no puedes hacer callar? ¿Dónde hay que reclamar cuando tu móvil no te deja cortar?

Nos habrá pasado a todos en mayor o menor medida y, doy fe, es una auténtica pesadilla. Quien dijo que la tecnologí­a anularí­a los sentimientos se equivocaba de lleno. Cuando el corazón se te desgarra, es cuando de verdad desearí­as que ese listillo agorero tuviera razón y fuéramos máquinas sin emoción para empezar de cero.

Consejos infalibles de ‘wikiabuelas’

Tengo una buena noticia, la solución no estaba muy lejos. Cuando estás perdido, por mucho que nos rodee e invada la tecnologí­a, las respuestas están en la versión antigua de la sabidurí­a, la wikipedia de nuestras abuelas con traducción actualizada:

  • “Respira hondo”

Esto no lo puede hacer un móvil por ti, es universal y mecánico.

  • “¡Aléjate!”

O sea, no llames, no mires, no busques. Necesitamos distancia y si en el plano fí­sico hay que desaparecer, en el plano virtual, también. No puedes anular su existencia pero sí­ intentar saber llevarla. En un futuro, aunque tarde, tendrás que poder ver que sonrí­e, que comparte un selfie con su nuevo amor o le dedica un estado en clave como hizo contigo.

  • “No es tu amigo, cariño”. No es tu friend, no te follow más

Si para ti no es tu amigo/a, permitir que siga formando parte de tu cí­rculo o permanecer tú en el suyo no es sano. El dí­a que por fin sientas que ya no sientes, ya hablaremos. Así­ que sal, borra, cancela, elimina, deja de ser visible y entiende de una vez que el desamor es parte de lo que ha de pasarte y hace años, no tantos, habí­a quien simplemente desaparecí­a y la desesperación radicaba en la desinformación. Ahora morir de amor es todo lo contrario, el exceso de información. Pero podemos caparla. Aunque cueste dar el paso, cuando sabes que no puedes esperar un mensaje o ser etiquetado en una foto, algo se apacigua por dentro. Y no, no es la pena, es la ansiedad.

  • “No te engañes” 

Dejáos de cábalas, de creer que si le bloqueas o desapareces, esa persona lo notará, lo pasará mal, te echará de menos. No pensemos más en hacer las cosas para provocar reacciones. Sólo debe importarnos avanzar. No busques más excusas ni planees más estrategias. Lo demás es ficción tecnológica y autoengaño mental. Ayer y hoy, en la calle y en un móvil, con o sin novedosas tecnologí­as eso tiene un nombre y es despecho.

  • “Ya vendrá, ya”. O no.

Pero un dí­a dejará de importarte. Es tan posible encontrar a esa persona al girar la esquina un dí­a, quién sabe si lejano, como mencionado en un tuit o en una foto de un contacto común. De alguna manera aparecerá, puede que hasta como un recuerdo amable y sin hacer nada.

  • “¿De qué te sirve que fulanita sepa?”

Las redes sociales nos lo ponen difí­cil para decir adiós, de acuerdo, pero el masoquismo de cada quien viene de fábrica. Quien hoy stalkea ayer sólo espiaba, quien guarda fotos en un pen maldito antaño las guardaba impresas en cajas en un altillo y quien las borra, las quemaba.Pedir que te cuenten o te enseñen lo que otros sí­ ven antes era cotillear sin más.

  • “Hay más peces”

Te obligas a pensar cuando no tienes ni ganas de oí­r hablar de pescar. Pero es sabidurí­a popular y verdad verdadera.

  • “Todos somos iguales”

En realidad nada ha cambiado, tan sólo nos hemos permitido creernos más fuertes con máquinas en los bolsillos. Pero la verdad es que si alguien quiere recuperarte sabrá llegar a tu portal y si acepta caer en el olvido, es que no estamos tan lejos de la máquina de escribir de Benedetti o siquiera la pluma a la luz de la vela de Bécquer, quienes, por cierto, nunca imaginaron que llegarí­amos a derramar lágrimas por wifi.

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Pepa Gómez
Pepa Gómez

Soy periodista, politóloga, morena y gafapasta. Escribir y respirar son mis perfectos siónimos | @PulgarcitaPe

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