Guía de supervivencia: El Metro

Las rosas son rojas. Las violetas azules. Y viajar en metro, pues qué os voy a contar. Puede ser todo lo que tú quieras que sea, desde que compras el billete hasta que te bajas en la siguiente parada a donde lo has cogido porque te das cuenta de que te has equivocado de dirección. Porque está claro que eso puede pasarle a cualquiera. Incluso 7 veces en el mismo mes porque alguien es nuevo en la ciudad y no está desayunando como es debido, como jamás me ha ocurrido a mí, por ejemplo.

Reconozco que montar en metro puede parecer más bien sencillo, pero no. Parece que sí, pero luego no. Llegas, te compras un billete, cruzas la entrada, buscas qué línea te viene mejor, esperas en el andén y, cuando llega, te subes, entras, lo coges… o bueno, lo que te apetezca. La cuestión es que termine desplazándote, de un modo u otro. De lo que hoy vamos a hablar es de cuáles son las buenas prácticas y recomendaciones de uso de este medio de transporte para no caer en la incertidumbre, el pánico, o al suelo en el peor de los casos (que también puede ocurrir), para así poder incluso, por qué no decirlo, DISFRUTAR el viaje. Y dice así:

Deja salir antes de entrar. Siempre se ha dicho, e incluso juraría que en alguna ocasión he visto carteles que lo aconsejaban. No obstante, no terminamos de interiorizarlo. Y, claro, luego pasa lo que pasa.


– Intenta respirar hacia adentro. Sé que puede resultar complicado por el hecho de que de tu interior no es que emane gran cantidad de oxígeno, pero la otra opción es acudir al festival de olores (e incluso sabores) de todas las mañanas en el vagón, consecuencia de eso de que vamos apretados, que ha empezado el caloret y que algunos somos más de ducharnos por la noche. 


– No mires fijamente a nada ni nadie. Puede que en tu cabeza estés haciendo ojitos con ese chico o chica de ahí, pero tampoco deberías descartar la posibilidad de que la mirada de la otra persona sólo exprese el desconcierto que le provoca que lleves cinco minutos mirándole fijamente. Tampoco es aconsejable, por ejemplo, ponerse a leer el periódico de quien va sentado a tu lado en un arrebato de aburrimiento, porque parece que no se nota, pero sí.


– No participes en peleas por un asiento. En esto de viajar en metro existen una serie de leyes no escritas, como la de que hay que esperar prudentemente unos segundos desde que un asiento se queda libre hasta que te lanzas a por él, pudiéndose complementar dicha espera con un rastreo disimulado y veloz para detectar a otros posibles candidatos que quieran optar al puesto. Si todo va bien, el sitio es tuyo. Si algo no va tan bien, déjalo ir. No merece la pena. 


– Pégate a la rendija, que ahí da el airecito. Ya que mencionábamos antes el tema del calor infernal que ha invadido las ciudades de nuestro país en las últimas semanas, habría que decir también que ahora, con el verano, ir en metro se convierte en una aventura aún más interesante. PERO, hay un truquillo. ¿Ves esa rendija de ahí? Pégate a ella. Te proporcionará frescor. Si está el aire encendido, claro.


Cuidado con los acelerones finales. En ocasiones, cuando oímos el sonido del tren llegando a nuestro andén –estando nosotros al otro lado de la estación– nos venimos arriba y nos marcamos como objetivo (más o menos realista) llegar. Pillarlo. No dejar que se nos escape. Porque esos vagones contienen nuestros sueños y vamos a luchar por ello, y cosas así, muy locas. La cuestión es que tal hazaña no siempre encuentra final feliz, y es que normalmente terminan contigo echando una mirada de decepción a los viajeros, que te devuelven una sonrisa condescendiente donde casi puede leerse “no te preocupes, lo importante es participar”. Eso si no terminas dándote un leñazo contra la puerta, que ésa es otra. 


Estación en curva. Al salir, tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén”. Creo que la frase habla por sí misma. Éste es, probablemente, el conjunto de palabras mejor escogidas de nuestra era. Prestad atención a donde pisáis, truhanes.


Memoriza en qué vagón subirte para pararte justo en frente de tu salida. Éste es un consejo de nivel experto, característico de alguien que ya sabe lo que hay. También es una de las expresiones más bellas de la pereza humana. Optimización del tiempo, que lo llaman en Europa. 


Carlos Dí­az

Redactor

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