Los juguetes de mi vida

Es tiempo de que el taller de Santa rinda a la máxima potencia para atender todos los pedidos en forma de regalos o juguetes que queremos para Navidad. Los niños se enloquecen, El Corte Inglés ya no sabe dónde ni cómo meternos el catálogo de juguetes y yo ya paso de escribir a Santa cuando Amazon es quien me da todo (¡hasta lo más extraño y estrambótico que mi caprichosa personalidad desee!).

Hace unos días subí a la buhardilla, donde están todos mis juguetes de cuando era pequeña (pongamos que hablo de aquellos maravillosos 90), con la firme intención de compartir lo que a mí en su día me hizo feliz con los niños de hoy. Al abrir una y otra caja, ver aquellos juguetes tan ‘analógicos’ viendo el nivel de interactividad que anuncian en la tele, primero no quieres desprenderte de ellos, es así; y luego me asalta la duda si los nenes de hoy jugarían con ellos o los verían tan sofisticados como nosotros.
Como soy firme defensora de que a todas luces los 90s fue la mejor década del anterior milenio, esta es mi pequeña lista de aquellos juguetes por los que nuestros hermanos, primos, amigos, vecinos… eran capaces de dejar todo y fueron el inicio de lo que hoy somos.

El Tamagotchi

Tamagotchi muerto

¿Quién no recuerda a este bicho que venía a sustituir tu empeño por tener un perro? Era el término medio que aceptaron tus padres por no escucharte más. ¡El mío era rosa! Sí, lo reconozco, yo también quise un perro y me quede en este juguete con la excusa de aprender sobre responsabilidad. Así conseguí que me lo compraran pero pasado un tiempo aburría tanto que la diversión residía en que se cagara y muriera de mierda o por malnutrición.

Dream Phone

Dream Phone

Aquello maravillosos años de ‘Salvados por la Campana’. Lo asocio siempre a esa serie adolescente porque tenía ese look de los noventa y molaba porque en tu casa no había un teléfono inalámbrico y este juguete era lo más aproximado… El teléfono venía programado con voces de chicos quienes te orientaban a encontrar a tu admirador secreto. En realidad hoy sería el Tinder pero a cara descubierta, sin ese aura de ‘admirador secreto’.

Mall Madness

Shopping

Queríamos ser mayores y en los 90 alguien imaginó que viviríamos en un mundo tan consumista que jugar a las cocinitas era perder el tiempo pudiendo interiorizar desde pequeños que seríamos unas compradoras impulsivas. Vamos, efectivamente, desde pequeñas éramos entrenadas para comprar con este mini shopping que incluía tarjetas de crédito.

Diseña la Moda

Diseña la moda

Tras gastarte millones y millones en comprar en Mall Madness, llega el día en que descubres que ser diseñadora y crearte tus propios trapos es infinitamente mejor. Te hacían sentir TAN TAN chic y cool que era lo más. Sobre todo porque podías diseñar para tus Barbies (lo más, de lo más). Cuando te das cuenta de que era rodillo de carboncillo pa arriba y pa abajo o las posibles combinaciones tocaban su techo, perdía su encanto entre todos los juguetes.

Koosh Ball (o la bola absurda)

Lo quiero

De estos juguetes absurdos que ni sabías qué era ni para qué coño servía, pero como todas tus amigas tenían uno, tú lo querías también rai nau. Al parecer tenía un olor sintético bastante adictivo. El siguiente escalón a tu adicción al pegamento en preescolar.

Skip-it

Salta salta

Hay un canal en Youtube (Kids React) que graba la reacción de niños ante anuncios de juguetes del año de la polca o el trastear con ellos. Simplemente voy a dejaros la reacción a este suplicio para los gorditos porque seguro que más de un padre lo compró pensando que la vida sedentaria de su hijo finalizaría.

Mi pequeño pony

Ponies

Mi pequeño pony multicolor, con un pelo largo y sedoso (también multicolor) e infinita purpurina allá por donde se pasara (también, multicolor). Con este juguete mi madre supo que la purpurina nunca se acabaría en mi casa hasta el siglo que viene.

Polly Pocket

Yo nunca tuve uno, pero mi prima era una viciada a coleccionarlos y siempre me decía lo mismo: ‘¿existe algo más guay que poder llevar un palacio, una mansión de la playa o un parque acuático en tu bolsillo?’ Chica, repetimos, el tamaño importa y las miniaturas sobran.

Polly pocket, jueguetes 90

Pitagorín

Pitagorin

Este fue mi (y nuestro) primer ordenador. Visto con perspectiva, un engaño más que absoluto para que aprendieras mientras jugabas pero podías sentirte como esa ejecutiva profesional en la que algún día te convertirías. Queríamos jugar a ser nativos digitales pero los medios de entonces no son ni una quinta parte de lo que son ahora.

¿Cuál era tu preferido? ¿Incluirías alguno más?

Pilar Martí­nez
Pilar Martí­nez

REDACTORA

Enganchada al Smartphone y tonteando con la Tablet (y otros gadgets). Mucho más en BMobile! | @pilarmr

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