Lista de cosas que hacer cuando estás de exámenes

Como ya os vení­amos advirtiendo en postes anterioreses, los exámenes están a la vuelta de la esquina. Sí­, sí­, mí­ralos, ahí­, qué frescos. La presión que sientes en tu espalda no es nada menos que el peso de tu conciencia atormentándote en forma de voces que dicen algo así­ como “no debiste saltarte esa clase tan importante”, “¿qué te costaba pasar los apuntes a limpio al llegar a casa cada dí­a?”, “¿has apagado la vitrocerámica esta mañana antes de salir de casa? ¿sí­? ¿seguro?”. Bueno, puede que no sea exactamente así­, pero ya sabéis por donde voy.

Sea como fuere, ha llegado la hora de desempolvar nuestras carpetas, de pedir apuntes y, sobre todo, de hacer un calendario de exámenes a todo color en el que distribuir de la forma menos realista posible nuestras horas de estudio por cada asignatura. Pese a que sabemos que tu cabeza ya está inmersa en el verano y que nada de lo que digamos puede devolverte a la realidad, debes ser consciente de que aún te queda un poco, un poco que no debes perder de vista si no quieres pasarte las más bellas tardes estivales compaginando el estudiar con darte cabezazos contra el mobiliario de tu casa.

Aún así­, el asunto que nos atañe hoy aquí­ no es recordar que tenemos que ir poniéndonos las pilitas. De lo que hablaremos hoy es de todo lo que tenemos por hacer antes de sentarnos a estudiar, y es que es por todos bien sabido que hay una serie de cosas que son absolutamente prioritarias. Hablamos de cosas realmente importantes, asuntos de vida o muerte. Para que no os despistéis os hemos hecho una lista de unas cuantas, para que no os falte entretenimiento con el que perder el tiempo que no tenéis. Coged papel y bolí­grafo, here we go:

 


–Limpiar TODA tu casa–

Varias veces, además. Es importantí­simo que el estudio se dé en un entorno meticulosamente ordenado, e incluso desinfectado. Puede que el resto del año hayas vivido rodeado de montones de basura, pero si ahora apetece safarrancho, ponte a ello, ¡si total!

 


 –Llamar a tu madre–

Si vives fuera de casa sabes de lo que hablo. Aprovecha que la tarde se ha quedado buena y que tienes un parcial pasado mañana para ponerte al dí­a con tu madre, que no se te quede ni un solo detalle en el tintero.

 


–Ordenar tu armario–

Ahora que ha llegado el buen tiempo habrá que cambiar el armario. Y ya que te pones a cambiarlo, ¿por qué no hacer redistribución de cajones? ¡Y ordenarlo por colores! ¡Y tallas! ¡Y por tejidos también! ¡Claro que sí­! Aprovecha ahora que tienes el dí­a libre, que luego es lo tí­pico que vas dejando y al final no haces nunca.


–Ver TODAS las series que tus amigos llevan meses recomendándote–

Esto también puede aplicarse a pelí­culas, libros…


 

–Pasear al perro–

Iba a sentarme a estudiar justo ahora, de verdad, pero mira con qué carita me mira el perrete. Lo mejor será que lo saque a dar un paseo de 3 horas y 20 minutos para que se airee.

 

 


 –Leerte Internet al completo–

De arriba a abajo y de un lado a otro, que no quede ni un solo rincón de Wikipedia sin visitar. Si tu sueño siempre ha sido ser experto en ornitologí­a, aprender a hacer cupcakes, o descubrir todo lo que uno debe saber sobre nuestra galaxia, éste es un buen momento.


–Ir a comprar subrayadores fosforito–

Madremí­a, no has parado en todo el dí­a, y realizar todas esas tareas tan tediosas como urgentes es algo realmente agotador. Lo mejor será que para despejarte salgas a recopilar todos aquellos enseres de papelerí­a que pudieran serte necesarios para el estudio. Todo de colores, eso sí­. Deja salir al artemaní­aco que llevas dentro.


 –Constiparte–

También es, sin lugar a duda, un buen momento para resfriarte. Como ya hemos dicho alguna vez, los exámenes hay que pasárselos en modo experto.

 


 –Iniciar nuevos proyectos inspiradores–

¿Llevabas meses pensando en ponerte a aprender un idioma? ¿Empezar un curso online? ¿Pintar tu habitación? ¿Apuntarte a un voluntariado? Puedes compaginarlo perfectamente. Ponte a ello.


  –Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo–

Ahora, aprovechando que tienes tiempo, puedes dedicarte en cuerpo y alma a la consecución de tus propósitos vitales.

 


 –Y, bueno, si te sobra tiempo, estudiar–

í‰ste es el quehacer menos importante, pero si te sobran, nada, unos minutejos, puedes volcarlos en mirarte por encimita esa pila de apuntes que tienes al lado y que casi roza el techo de tu habitación. Sí­, va a ser lo mejor. Es probable que las voces sigan ahí­, y no se irán hasta que empieces a ser mí­nimamente productivo, así­ que ya puedes ponerte al turrón. Esperamos que tengáis mucha suerte y que la sabidurí­a pose su dedo en vuestra frente. ¡ínimo! 😀

Carlos Dí­az

Redactor

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