Los pintxos no han muerto

Los que nos denominamos “gente de palabra” en realidad nos referimos a que sabemos usarlas muy bien, especialmente si es a nuestro favor. Yo, en esta ocasión, soy una mujer de, en concreto, cinco palabras: “Donde dije digo, digo Diego,” que es una frase que no tiene sentido ninguno pero que viene al pelo para este artí­culo.

Porque lo mismo te digo que los pintxos han muerto, que te digo que me he enamorado de un sitio de pintxos. Así­ somos los gordis foodies del siglo XXI: cosmopolitas, que viven con el ansia de pisar todos y cada uno de los locales de comida de su ciudad, aunque eso suponga cambiar de principios cada fin de semana.

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Esto es lo que me llevó a Eguinoa, que está en las inmediaciones de la que es mi (enésima) calle favorita de Madrid, la calle de Monte Esquinza, que la verdad es que es muy bonita pero adolecí­a de sitios en los que tomarse un algo. Seguro que Carmen Lomana, vecina ilustre del barrio, al que podrí­amos llamar “el otro Salamanca” (por estar separado del original por la Castellana) estará de acuerdo conmigo.
Ojo que es posible que os confundáis, como me consta que le ha pasado a alguna gente (a mí­), pero Eguinoa está, realmente, en la calle Zurbarán, 18 y leedme bien, deletreo: Z-U-R-B-A-Rí-N, no Zurbano, están cerca pero, por extraño que parezca, no son lo mismo. Bastará con ir una vez y no lo olvidaréis nunca.
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Ni la calle, ni su maravillosa tortilla ni, desde luego, sus hamburguesitas de buey. Tras probarlas varias veces creo que es justo decir que vienen directas del mismí­simo cielo. Y así­, mirando al cielo, descubres que el local, de un cuidado diseño moderno (ojo a su zona con sofás y chimenea virtual, si la encontráis ocupada seguramente sea por mí­, aunque puedo haceros sitio) también sabe ser tradicional sorprendiéndote con toda una variada colección de platos de cerámica sujetos al techo.
Pero aquí­ no hemos venido a hablar de decoración, sino de tapas. Eguinoa tiene cocina abierta y varios ambientes; de hecho, me consta que su zona de restaurante es más que recomendable pero yo solo puedo hablar por la boquita que ha probado sus delicias en miniatura, en la parte superior, agarrada a un mojito como si le fuera la vida en ello.
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Como os decí­a, la tortilla y las hamburguesitas son de otro planeta, así­ como sus gigantescas croquetas (con tanta categorí­a ni os atreváis a decir cocretas) o su sandwich Eguinoa, que viene acompañado de unas patatitas paja con huevo a baja temperatura que harí­an que todos los coaches de La Voz, incluido Melendi, que afortunadamente ya no está, se diesen la vuelta al primer bocado. La carta va cambiando según se van afinando los gustos de la clientela así­ que, más allá de eso, dejáos llevar.
Y hacedlo sin miedo, porque si lo primero que echa para atrás cuando uno oye hablar de cocina hecha con esmero es precio, confiad en mí­: no hará falta ir con la extra recién ingresada, incluso a mediados de mes podréis consumir tranquilamente…
Araceli Ocaña
Araceli Ocaña

Periodista. Economista. Community Manager. Blogger. Miss. Me dijeron que cuantas más profesiones tuvieses más molabas y me lo creí... Siempre fui muy inocente. Cuando me dedico a VIVIR me encontrarás de bares y comprando, en cualquier ciudad a un avión de distancia. | @aribradshaw

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