Manifiesto de una ‘hater’ declarada

Me dicen que soy una hater. Que no hay comentario sarcástico que me sepa callar. Que a veces sólo con mi presencia y mi gesto ya hago un manifiesto hater. Que sólo me salen las sonrisas que llevan un 50% de ironía y un 50% de gracia. Pero esa gracia que hace ver un programa de vídeos de gente que se cae. Aunque yo no le veo la gracia a esos programas. Porque soy una hater.

¿Pero cómo no voy a ser una hater si la vida moderna está llena de experiencias traumáticas consecuencia de la ineptitud ? Por favor… que entre Vueling, la oficina de Correos, ir al banco y las salas de espera de los médicos voy a perder mi juventud. ¿Nadie se da cuenta de la gravedad del asunto?

Pero, sin duda, hay algo que despierta a todos mis demonios (y a la vez me encanta): la televisión. ¿Por qué hay tantos anuncios de buscadores de hoteles? ¿Por qué un erizo me recomienda un seguro? Señora, no me importa si usted ha conseguido quitar las manchas de tomate en menos de 10 minutos. ¿De verdad otra vez este capítulo de Los Simpson? ¿Qué rinoceronte ciego ha elegido a Mario Vaquerizo y Rebeca para anunciar ruedas de coche? No es necesario que volváis a emitir la película Twister por tercera vez este año, gracias.

Ya me he desahogado. No penséis que todo me da igual en esta vida y que me dedico a criticar. Simplemente tengo claro lo que me gusta y lo que no. ¿Y qué me gusta? El pan de ajo con queso de Domino’s Pizza, el olor a hierba mojada (así, para parecer emocional y romántica), la música (pero la de verdad, no esos gustos musicales raros que tenéis ahora todos), y mi afición: poner sonrisas sarcásticas.

Pero yo no soy una de esas haters que creen que por escribir con mayúsculas van a conseguir tener más razón. NO SEÑOR. No soy de esas que se esconden detrás de una red social. Yo soy hater de las de antes, de las que entra en la sala acompañada por un viento helado de indiferencia y actitud crítica. De las que dice frases típicas y vacías con un tono de voz monótono y sonrisa de teletienda.

¿Te estoy dando envidia? ¿Quieres ser un hater de manual? Tres consejitos:

Entrénate en el cine

Cada vez que alguien cerca de ti coja el móvil e ilumine un 5% la sala fulmínalo con la mirada. Si la gente de tu alrededor ha montado una orquesta comiendo palomitas, fulmínalos con la mirada. Si alguien aplaude al final de la película, fulmínalo con la mirada. La clave, sí, está en fulminar, pero siempre justificado. Un hater nunca se mete en peleas ni le dice a la gente que sus decisiones son propias de un mono. Pero lo piensa. Así, con cariño.

Un hater sabe cuándo serlo

La situación óptima es cuando estás con esos amigos que ya te quieren por cómo eres y les haces hasta gracia. No mola hacer comentarios sarcásticos sin que nadie los aprecie, ni mola acabar siendo un ermitaño porque te has cargado todas las relaciones vitales a golpe de aplausos irónicos.

Utiliza diminutivos y palabras como ‘cuqui’, pero no muevas ni un milímetro tu cara

Que sea súper desconcertante todo. Y luego déjate llevar y ríete un poco si eso. Es como usar gifs todo el rato, o decir “jajaja” con una cara de haber comido un pepinillo caducado. ¿Tu objetivo vital? Tener el ingenio de Matías Prats y poner los ojos en blanco infinitamente.

Pero tú quéjate. Quéjate sin fin. Que no te frene nada, que hace falta ironía crítica en esta vida. Quéjate de que las 100 pesetas han pasado a ser 1 euro, aunque tú tuvieses 12 años cuando se hizo el cambio de moneda. Quéjate de que los Sugus de antes eran más cuadrados y tenían papelito blanco, y los de ahora son un fraude. Quéjate del calor. Quéjate del frío. Quéjate de que en tu clase de Body Combat hay una chica que se maquilla más que tú en fin de año. Quéjate de la gente que habla por teléfono gritando en el tren. Quéjate de la gente que habla. Quéjate de la gente.

Aunque, pensándolo mejor, todos estos temas son míos. Búscate tus propios temas para quejarte, que son gratis y me ha costado muchos años construirme mi reputación. Y no tengo tiempo para pensar unos nuevos. (←Esto de que no tengo tiempo es quejarse también, sí)

Ana Picado
Ana Picado

REDACTORA

Melomanía extrema, morriña constante y gestora de "¿tomamos algo?" profesional. Mi afición es tener aficiones. Y trabajar de ellas.

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