Mudanza de fin de curso: paso a paso

Lo mejor de las mudanzas es, sin duda, absolutamente nada. Tal cual. Lo único que podría darme más pereza que mudarme, sería mudarme dos veces. Y no saco este tema tan desagradable sin venir a cuento. Todo tiene una explicación. Todo menos la gente que madruga los domingos, claro. Esos son superhéroes. O quizá simplemente gente que está de mudanza. Ya veis por donde van los tiros.

Se acerca el final del curso y muchos de los estudiantes que viven fuera de casa abandonarán pronto sus pisos de alquiler. Puede que a alguien le pueda parecer divertido, porque hay gente para todo, pero nada más lejos de la realidad. Cualquiera que se encuentre en esta situación debe saber que una mudanza es un percal curioso. Un proceso largo que pasa por distintas fases, a cada cual más difícil y tortuosa. Como en el Crash Bandicoot.

Todo comienza el día en que tomas conciencia de que tienes que mudarte. Echas un vistazo a tu alrededor, suspiras, te limpias las lágrimas que podría haberte ocasionado el mero hecho de imaginarte cargando con tu equipo de música en brazos, y decides trazar un plan maestro: “Vale, de acuerdo. Tengo que sacar mis bártulos de aquí”.

Lo primero es hacer limpieza. LIMPIEZA. Sacar el género a relucir, hacer un inventario de todo lo que has acumulado en tu madriguera con el paso del tiempo. Existe una norma universal, conocida como la Ley Fundamental de la Mudanza, que determina lo siguiente: “el número de años vividos en una casa es directamente proporcional a la cantidad de objetos de dudosa relevancia acumulados (y con los que, por tanto, tendrás que cargar)”. Tiene sentido: más tiempo pasa, más Happy Meals me compro, más gafas de Hello Kitty acumulo en mi estantería. 

El siguiente paso es decidir a dónde va cada cosa. Antes de seguir me gustaría diferenciar diferentes niveles de mudanza, para que nos podamos hacer una idea: mudanza en la misma ciudad, mudanza a otra ciudad y mudanza a otro lugar al que sólo se puede llegar en avión. En función de cual sea tu caso, tus pertenencias tendrán un valor u otro. ¿Merece la pena enviar una caja a miles de kilómetros de aquí que contenga mi colección de alfombras de ducha? Pues, mire usted, igual no. Pero eso ya es una cuestión de las prioridades de cada uno. La cuestión es organizar bien el tinglao’ y decidir con celeridad qué vas a hacer con esa gran pila de cosas que son tus posesiones.

Una vez completado este paso, vamos directamente con el embalaje. El packaging, que lo llaman ahora. Para que tus cosas sean transportadas tienen que ir en un algo que las contenga. Normalmente son cajas, y pasa algo curioso con las cajas, que es que vemos una y nos lanzamos a llenarla hasta los topes y sin piedad. Además, de cosas pesadas. Si tuviéramos en casa una colección de yunques, probablemente los guardaríamos en cajas de cartón. Y eso es un error. Hay un truco para la correcta gestión del espacio en contenedores y es que, cada vez que rellenes una caja, te imagines a ti mismo cargando con esa caja hasta su destino. Entonces, por ejemplo, ¿una caja con 30 libros, o dos cajas con 15 libros cada una? ¡LO QUE MÁS PESE, CLARAMENTE! Pues no, contra todo pronóstico, todo lo contrario.

Y bien, llegados a este punto sólo nos quedaría envolverlo todo en mucho plástico de burbujas, sellar bien las cajas con metros y metros de cinta aislante, y pasar a la última de las fases; la fase del TRANSPORTE (-orte, -orte, -orte…).

Nos adentramos así en la última etapa, que consiste en llevar las cosas de aquí para allá y que es, sin lugar a duda, la más apasionante de todas. El time of your life. Para explicarla, vamos de nuevo a distinguir los distintos tipos de mudanza pero, esta vez, en función del medio de transporte que utilicemos:

• Mudanza Premium. Es aquella en la que nuestras pertenencias son transportadas en un vehículo motorizado (camión, furgoneta, coche…)

• Mudanza en taxi. Sé que entraría en la categoría anterior, pero me parece lo suficientemente característica como para convertirla en una categoría en sí misma.

• Mudanza en transporte público. Ésta es un clásico. De hecho, la Odisea en realidad narraba las trepidantes aventuras de un universitario llamado Ulises durante su  mudanza en metro. Probablemente la más dura, pero también de la que más se aprende.

• Mudanza a distancia. Es aquella en la que necesitaremos contar con los servicios de una empresa de paquetería o Correos. Épica y gestión del tiempo a partes iguales  y en estado puro.

Así, una vez habiendo identificado qué nos vamos a llevar, cómo lo vamos a organizar y cómo nos lo vamos a llevar, sólo quedaría llevarlo todo a cabo hasta llegar al proceso de desembalaje en la casa de destino. Pero ése es otro tema. Otro tema que también se las trae, para qué nos vamos a engañar. Y a estas alturas, el único consejo que podemos daros en caso de que perdáis los nervios es… que os desprendáis de todo lo material y huyáis despavoridos.

O bueno, claro, otra opción es que os lo toméis con calma, que como opción siempre está siempre está ahí. Ya sabéis lo que dicen: “la mudanza no se hizo en un día”. Bueno, o algo así.

Carlos Dí­az

Redactor

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