Cómo NO poner una lavadora

Hoy os va a explicar a poner una lavadora una persona que no tiene muy claro cómo se pone una lavadora. Y ése soy yo.

Podría decir que las mayores desventuras a las que me he enfrentado han tenido que ver con uno de estos artefactos que expulsan jabón mientras centrifugan a toda velocidad. Las lavadoras, vamos. Su funcionamiento es tan absurdamente simple que utilizarlo puede acabar suponiendo un reto intelectual incluso a las personas más inteligentes. Y a mí, también.

La cosa va así: todo comienza con ropa sucia. Te la has puesto, has impregnado en ella tus olores y tus cosas de humano y, oye, llega un punto en que conviene dejarla en manos de la tecnología para que, como se suele decir, no eche a andar sola. Luego, la metes en lo que se denomina el “tambor” —que no hace ni música ni nada, no te vayas tú a pensar—, añades jabón, suavizante, eliges el programa, le das a inicio y… ¡voilà! Ropa limpia. Bueno, voilà, voilà, lo que se dice vualá, pues tampoco. En medio pasan cosas –un montón de cosas–, pero como las desconozco prefiero dejarlas a la imaginación de cada uno.

Parece súper fácil, parece que la más avanzada tecnología ha acudido de nuevo al rescate del ser humano que no sabe hacer nada por sí mismo, ¿verdad? ¿VERDAD? Pues mira, sí. Pero también es presuntamente fácil coger bien una rotonda y míranos a todos. Por eso, asumiendo mi condición de eterno aprendiz, he pensado que lo único valioso que podría aportar en este arte que es lavar la ropa no es cómo poner una lavadora, sino cómo NO ponerla. Vamos allá.

1. No vuelvas sobre tus pasos cuando lleves el montón de ropa sucia desde su lugar de origen hasta la lavadora. Los 37,4 calcetines que se te hayan caído por el camino, ¡no pasa nada! Ya volverás a ponerlos en la cesta para lavarlos dentro de una semana y no volver a emparejarlo jamás con el otro calcetín que sí que lavaste ese día. ¡O ya se lo llevará el gato para su colección de debajo del sofá!

2. Nunca repases si se te ha olvidado meter algo antes de darle a “start”. Jamás, bajo ningún concepto. Mejor espérate a que la lavadora empiece a funcionar, cuando ya no puedas abrirla. Sólo entonces acuérdate del pantalón que tenías en el perchero detrás de la puerta, o del pijama que llevas puesto justo en ese momento y que lleva contigo toda esta semana y la anterior. Total, ¡no hay vida en Marte, se va a crear ahora en tu ropa de dormir!

Me intriga poderosamente la existencia de este GIF

3. No eches suavizante. Si total, con lo que huele el jabón a limpio. Además, las cosas no hay que suavizarlas, que luego de tanto vivir entre algodones cuando salgas a la vida real te encontrarás con una realidad muy distinta de camisetas que raspan y rebecas que hacen pelotilla.

4. Jamás separes la ropa blanca de la de color. El desteñido es tendencia en ningún lugar nunca.

5. Elige el programa al tuntún. Si eres de los que “tejidos delicados” o “lana” no te dice nada, pon ahí lo primero que gustes. Lo importante es que dé vueltas. Luego ya que la ropa salga entera es otro cantar.

Y la de este, también

6. Deja la ropa dentro de la lavadora muchas horas después de que termine. Pero MUCHAS. Si pueden ser días, mejor. Puede que tengas incluso la suerte de que el musgo empiece a recubrir tus prendas, de modo que tu ropa se convierta en una opción perfecta para esos días en los que te apetece camuflarte entre matorrales y setos.

7. Pétala hasta límites insospechados. No hay dolor. Ni límites en el peso, tampoco. Pueden pasar dos cosas; que te la cargues, o que la ropa no se lave en absoluto. Vamos, lo que en los países anglosajones se conoce como un win-win.

8. No tengas en cuenta la temperatura de lavado. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que tu ropa acabe sirviéndole al hamster? ¡Pues eso que se lleva el animalillo!

9. Y, para terminar, ¿qué hay de los tiempos, Mike?. ¡Me alegra que me hagas esa pregunta! Pues mira, lo que vaya surgiendo. Ponerle 15 minutos a todas tus camisetas en pleno verano… ¿error o acierto? Para contestar a esta pregunta contaremos con un invitado especial: ¡la insalubridad!


Bien. Finiquitao’. Espero que estos consejos que nunca debéis seguir bajo ningún concepto os hayan servido para lo que sirven, es decir, absolutamente nada. El entretenimiento, como la naturaleza, se abre camino en los lugares más insospechados, de modo que esta vez, al igual que el musgo, lo ha hecho con una lavadora de por medio. ¡Hasta pronto! 🙂

Carlos Dí­az

Redactor

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