Guí­a de supervivencia a un piso compartido

Hoy visitamos la casa de… ¡un montón de chavalada! El apasionante mundo (a veces incluso con ecosistema propio) de los pisos compartidos. Y, ¿qué decir de estos reductos de interrelación humana? Haberlos, haylos más grandes, más pequeños, interiores, exteriores, con ventanas, sin ventanas, amueblados, con cocina equipada, y así­ hasta enumerar todas las pestañitas de Idealista. Y compañeros de piso, pues también los hay de muchos tipos. Tantos como lentejas o revisores de parquí­metro hay en el mundo.

Compartir piso en sí­ es una de esas experiencias que te cambian la vida. Podrí­a decirse que es la mili de nuestro tiempo. Creces como persona, te vuelves más tolerante, e incluso exploras por vez primera algunas de tus facetas más recónditas. Todo eso está fenomenal, qué duda cabe. Peeero también puede pasar que la cosa se tuerza y, en ocasiones, se vuelva pelí­n escalofriante. Aterradora, casi. Como desvarar los sacos donde los seres humanos guardamos la paciencia.

No os vamos a engañar, pocos son los que pueden permitirse un bonito apartamento diáfano-minimalista en el centro, así­ que es muy probable que termines compartiendo piso. Para hacer la odisea más llevadera, aquí­ os dejamos con algunas recomendaciones a tener en cuenta para garantizar el bienestar común de vuestro dulce hogar:


1.- Escoge bien a tus compañeros de piso

Te lo vi’ a desí­ en sinco palabra; fun-da-men-tal. Bueno, eso serí­an cuatro, pero no estamos para atender nimiedades. El proceso de casting puede que sea el más importante. Evidentemente no puedes saberlo todo de una persona a primera vista (a no ser que seas un experto psicólogo, o una suegra), pero debes tener en cuenta que será con esa persona con la que compartirás prácticamente todo los próximos meses, años, tal vez décadas (esto casi nunca ocurre, pero who knows). Da oportunidades y sé cauto a partes iguales. 


 2.- Las normas básicas:

Hay una serie de cuestiones que son de sentido común, como dejar agua caliente para el que vaya a ducharse después que tú, no armar escándalo por las noches, o no dejar animales feroces procedentes de la selva amazónica sueltos por la casa. Como veis, son bastante fáciles de recordar. También es de vital importancia que escojáis vuestro sofá, os organicéis con el baño por las mañanas… Piuf, de tan sólo pensarlo se me cansa el cerebro.


 

3.- Marca los lí­mites desde el origen de los tiempos

Todos tenemos maní­as, unos mases y otros ménoses, pero ahí­ están. No tiene nada de malo dejar caer como quien no quiere la cosa que no soportas que la vajilla se acumule en el fregadero, que no te apetece que venga gente a casa cuando estás de exámenes, o que los mantelitos de la mesa deben estar ordenados por colores y masa molecular (además de correctamente alineados formando un hexágono perfecto). 


 4.- No te guardes las cosas, que luego ¡PUMBA!

Los que ya seáis veteranos en esto de compartir piso sabréis de lo que os hablo. Sucede más o menos así­:

–Oye, ¿podrí­as bajar la basura?

–Eh, eh, menos exigencias. El 4 de febrero de hace unos cuantos años Tíš no bajaste la basura y no recuerdo haberme puesto hecho un basilisco.

No amigo, no se vale. Las molestias hay que expresarlas a su debido momento, o acabarás convirtiéndote en un ser lleno de rencor capaz de esputar un puñal en forma de frase en cualquier momento. Y no queremos eso para ti :_ )


5.- Ahórrate las sutilezas

Tampoco vale ir dejando por cada rincón de la casa un poquito de tu resquemor acumulado. Hablamos de aquellos gestos aparentemente inocentes que tenemos para hacer saber a la otra persona que estamos enfadados por algo. Por ejemplo, un post-it pidiendo POR FAVOR que quienquieraquehayasido no vuelva a olvidarse la calefacción puesta al salir de casa (un CLASICAZO), actitudes ligeramente molestas como no dar los buenos dí­as o poner la música a todo trapo un domingo a las 9:23 de la mañana porque, “oye, estoy limpiando y sin música no es lo mismo. ¿No querí­as que limpiara? Pues en eso estoy :)”. í‰se no es el sendero hacia al paz, queridos hermanos.


6.- Haced cosas en comunidad

Apuntaros al gimnaaasio, hacer la cooompra, preparar la ceeena… Cualquier acción cotidiana es una buena oportunidad para arrimaros un poco más.


7.- Enganchaos a un reality show

Si hay algo que une a las personas por una causa común, eso es un reality show. Tienes donde escoger. Muchos de los momentos más memorables de una convivencia acontecen durante la expulsión de algún concursante de Gran Hermano. Que lo que una la televisión no lo separe el hombre.


 

8.- Si hurtas comida, reponla

Es probable que tu compañero de piso vaya a echar de menos esa lata de atún y los 500 gr. de espaguetis que le quedan para subsistir los 23 dí­as restantes del mes. Si se te antojan, corre inmediatamente después a reponerlo. Cuando la comida desaparece empiezan una serie de intrigas cocineras que pueden terminar con varios heridos graves.


 9.- La casa siempre (medianamente) decente

Nunca se sabe cuándo va a aparecer el casero por sorpresa, o cuándo vais a LIGAR. En cualquier caso, tener la casa echa una porquerí­a no juega a tu favor. Hay gente que hace turnos de limpieza a todo color, full HD, dolby surround, con fotos de carné y número de identificación fiscal de cada habitante de la casa. Otros simplemente dicen “pa’ ti el baño, pa’ mi la cocina, y el salón cada uno una semana”. Usa la técnica que mejor te venga, muy probablemente le harás caso omiso así­ que, al menos, pásatelo bien coloreando.


 10.- Apoyaros los unos a los otros como yo os he apoyado

Si tu compañero de piso llega con mala a cara a casa, ve corriendo al “Alimentación y Frutos Secos” más cercano, compra alguna guarrerí­a revitalizante y que te cuente. Al final ésas son las cosas que más valoras de alguien con quien vives. Mézclate, espárcete, diviértete y haz de tu humilde morada un fuerte imperturbable.


Pese a los rifirrafes que puedan surgir del dí­a a dí­a, vivir en un piso compartido tiene su noséqué y su quéséyo que hacen de la convivencia algo entrañable. Algunas seguramente más que otras, pero de todas se aprenden muchas cosas, y a eso hemos venido. Esperamos que esta guí­a contribuya a que en vuestros hogares y hogaras reine la paz, y a que saquéis el máximo partido a esa maravillosa experiencia que es compartir un sólo baño con 3 personas. ¡Aió!

Carlos Dí­az

Redactor

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