Razones para perdonar a alguien impuntual

La puntualidad es un concepto abstracto, flexible, relativo. ¿Qué es ser puntual? ¿Y tú me lo preguntas? Pues, depende. Según se vea. En teoría “ser puntual” es estar presente en el lugar donde has quedado a la hora a la que has quedado. En la práctica, es que la persona con la que has quedado llegue más tarde que tú. Aunque sea un poquito. Podríamos decir, entonces, que el mundo se divide en dos clases de personas: los que llegan siempre a tiempo, y los que van acumulando sobre sus espaldas el rencor de sus allegados. De ellos vamos a hablar hoy.

El ser impuntual es aquel por quien los planetas se alinean para que dé siempre la causalidad de que se le escape el autobús en la cara, o que su padre se meta en el baño justo cuando él se disponía a ducharse. Los más reincidentes sabréis de lo que os estoy hablando, y estaréis ya acostumbrados a llevaros broncas de vuestros amigos. Y con razón. Puede que incluso ya hayan ideado algunas técnicas para evitar las esperas prolongadas, como decirte que han quedado media hora antes de la hora real, por ejemplo. O no quedar contigo, directamente. La cuestión es que, como impuntual experimentado que he resultado ser en numerosas ocasiones, voy a romper una lanza en favor de los enemigos del reloj. ¿Por qué? Pues porque son quienes lo necesitan, hombre. Esto y un reloj atómico, pero se me iba un poco del presupuesto.

Así pues, sin más dilación, para cuando ni si quiera la excusa mejor planteada de la historia ablande el corazón de quien espera impaciente, aquí tenéis algunos motivos por los que hacer la vista gorda:

–El tiempo de espera bien invertido–

La espera por el impuntual puede enfocarse de modo que resulte una pérdida de tiempo, pero también como un ratito de reflexión impagable. Quién sabe, quizá algún día mientras esperas a alguien sentado por fuera de una parada de metro de repente se te venga a la cabeza una idea fantástica en base a la que escribir un libro que en el futuro resulte un éxito en ventas y te lance al estrellato literario. De hecho, lo más probable es que ocurra. Seguramente, vamos.


–¿Y si tu amigo te está preparando una fiesta sorpresa?–

Imagina lo mal que te vas a sentir si después de escribir ese mensaje de texto acusatorio resulta que tu amigo se ha retrasado porque estaba empleando toda su capacidad pulmonar en llenar de aire los últimos globos de tu fiesta sorpresa de cumpleaños. Nunca se sabe. Mejor ahorrarnos el disgusto.


–Lo entretenidas que son sus excusas–

Debes reconocer que más de una vez has disfrutado viendo cómo tu amigo improvisa una excusa imposible para disculpar su retraso. A cada cual más enrevesada. Se suda la gota gorda cuando se da rienda a la imaginación y bajo tanta presión, todo hay que decirlo. Y algunas están muy, pero que muy curradas.


–Nadie es perfecto–

No todos podemos llegar siempre puntuales. En ocasiones pues, no sé, surgen cosas. Además, todos hemos jugado alguna vez a tirarnos el pisto y decir “¿Cómo no me voy a enfadar? ¡Si es que llegas media hora tarde!”, cuando en realidad hemos llegado hace 5 minutos. ¿Eh, truhanes?. De los tentáculos de la impuntualidad, amigos, nadie se libra.


–Podrías convertirte en uno de ellos–

Muchas veces, hay quien se cansa de tanto esperar y acaba llegando a horas intempestivas respaldándose en que “es que siempre llego el primero y me aburro esperando”. Así se empieza. No dejes que la tentación te arrastre.


–Te deja en posición de ventaja–

¿Que la otra persona ha llegado tarde? ¡Mira el lado positivo! Ahora eres tú quien eliges donde cenar, o qué película ver, porque “encima que llevo tres cuartos de hora aquí ESPERANDO POR TI”.


–Te hacen quedar bien–

Si no tuvieras ningún amigo impuntual que hiciera contraste, tu puntualidad no saldría a relucir como el superpoder que es realmente. ¿Te das cuen’?


–Participan en tu crecimiento personal–

Los que te dicen “¡ya estoy aquí! ¿dónde estás?”. Hombre, tú estás donde habíais quedado. Él o ella, seguramente, en la ducha. Seguir sintiendo aprecio por alguien tras algo así te convalida, como mínimo, primero y segundo de Jedi.


Puede que ninguno de estos motivos haya logrado convencerte. No te culpo. Sin embargo, siempre habrá lazos afectivos que nos mantengan unidos a personas que sobrevaloren su capacidad de gestión del tiempo, o lo que es lo mismo, que crean que en 5 minutos uno puede darse una ducha, acicalarse, y recorrer 23,5 km. en transporte público. ¿Cambiarán? Pues no sabría decirte, de modo que mientras el sujeto en cuestión no muestre síntomas de mejoría, lo mejor para nuestra salud mental será tomárnoslo con humor. O buscarnos otros amigos. Eso ya cada uno que haga balance. ¡Hasta pronto! 🙂

Carlos Dí­az

Redactor

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