Crónica de un Room Escape anunciado

“Bienvenidas. Tenéis una hora para salir de esta habitación. Cada pista os llevará hasta la siguiente, y recordad que algo que puede no servir para nada, es posible que tenga sentido después. Suerte”. Y se cierra la puerta detrás de nosotras, metidas en una habitación de 4 x 4. En ese momento las seis empezamos a separarnos y a buscar por la habitación cualquier cosa que pueda encajar con la historia que nos han contado. No voy a hacer spoiler, cada uno que haga su Room Escape; pero sólo os diré que la temática de este Room Escape era un 30% creepy. Lo que significa que para mí, que si alguien estornuda cuando estoy muy concentrada me da un microinfarto, era un 70% de miedo.

Ahora es cuando hago un inciso para dar contexto: en la oficina queríamos hacer un Room Escape. La idea inicial era ir a uno tipo Saw que al parecer está muy bien hecho, allí a temer por nuestras vidas “y pasárnoslo bien” intentando no morir (ni de miedo ni de verdad). Y yo era pensarlo y notar cómo me daba el tick del ojo. Menos mal que al final nos dividimos en dos grupos: los valientes/masoquistas, y las que van a hacer un Room Escape “así más de ingenio” al lado de la oficina.

Y allí estamos. Seis chicas pensando en alto, diciendo “esto tiene que servir para algo”, y haciendo cálculos. Cinco chicas buscando de forma productiva, y yo disimulando mis sustos cada vez que se apagaba la luz. Y ahí es cuando el instinto despierta y nos metemos cada vez más en el juego. Primera pista superada y satisfacción colectiva. Nos venimos arriba y sale el Sherlock Holmes que tenemos dentro. Ahí, en esos momentos tensos, es donde se ve cómo es realmente cada una: la que analiza todo, todo y todo buscando coherencia en la historia; la que se aferra a que una pieza en concreto tiene que ser la clave de todo y no la suelta ni p’atrás, que casi se la lleva a casa y todo; la que cree que todo es el Código Da Vinci y se monta una película tremenda; o la que sigue cagada cada vez que se apagan las luces y piensa “es sólo parte de la ambientación, en realidad hay una persona controlando todo y viéndote por esa cámara. Hola señora”.

Primera media hora superada, primeras pistas descifradas, y primer ataque de risa nerviosa en un momento de susto (me cago en el payaso). Qué tensión. “Ya te suelto el brazo, sí”. Vamos siguiendo las pistas y buscando por la segunda habitación. Es como estar en Gran Hermano y ser ladrón a la vez: sé que me están observando por una cámara, y estoy revolviendo toda la habitación en busca de algo que no sé qué es. Y mientras tanto mis compañeras se ponen en las posturas más insospechadas para ver si una nueva perspectiva les da pistas. Eso sí que es dedicación, oiga.

Cuenta atrás. Estamos a punto de descifrar el último código para abrir la puerta y salir. Quedan 3 minutos y estamos muy onfire probando combinaciones. 6 mentes en paralelo, corazones a tope, productividad al 200%. Momento Squirtle de “vamos a calmarno” para frenar pulsaciones y abrir la maldita puerta, por dios.

Y ahí vamos, y ahí salimos. Eh, pero íbamos sobradas. Aquí ya ni miedo ni nada, de la adrenalina que llevaba encima. En cuanto se abrió la puerta lo celebramos como si hubiésemos representado a España en Eurovisión y hubiésemos quedado entre los 10 primeros. Un éxito, vaya. ¿He dicho que íbamos sobradas? Sobradas por 18 segundos que quedaban hasta que se cumpliese la hora. ¿Y qué fue lo primero que preguntamos? Que si había mucha gente que no lo conseguía. Y sí, que más o menos la mitad de la gente no abría la puerta a tiempo. Y entonces fue cuando sentimos un orgullo como el de, directamente, haber ganado Eurovisión.

¿Qué he aprendido de esta experiencia? Que me hago adulta como para hablar de declaración de la renta, irpf y el sistema electoral, pero es aparecer un payaso maligno y me agarro al primer brazo que encuentre. Que los de Gran Hermano tienen que flipar, porque yo después de una hora ahí metida ya no sabía ni qué día era en el mundo exterior. Que o tienes mucha suerte con tu compañía (como tuve yo) o cualquier momento sacas al primitivo que llevas dentro y puedes acabar agrediendo a un mal compañero de Room Escape. Y que en ese día, todo te parecerán pistas y códigos ocultos para salir del taxi, o para llegar a casa. Que empiece el juego.

Ana Picado
Ana Picado

REDACTORA

Melomanía extrema, morriña constante y gestora de "¿tomamos algo?" profesional. Mi afición es tener aficiones. Y trabajar de ellas.

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