Yo he sobrevivido al voto por correo

Todo ha acabado. Adiós, elecciones. Ya se han terminado las campañas electorales, los himnos versionados y las largas colas para tramitar el voto por correo. Que vaya colas. En algunos momentos llegué a pensar que cuando sonaba tu número en la maquinita de Correos no llegaba tu turno, sino que te daban un premio. O así lo he vivido yo al menos.

Como ya se lo he contado a todo mi vecindario, pero todavía no me he quedado tranquila: aquí va mi proceso de voto con algunos de los momentos críticos vividos. Una odisea. (Spoiler: al final he votado. No han dicho “Ana Picado, vota”, que me habría hecho una ilusión tremenda porque me encantan ese tipo de detalles; pero bueno, el hombre de Correos me regaló un “todo listo, toma el recibo”. Y me fui a mi casa cansada, confundida y sin sentir que estuviese votando de forma decisiva. Pero con un tiquet de Correos para sentirme una ciudadana de bien.)

El antes (así en puntitos para que quede mejor explicado):
  • Resulta que primero tienes que pedir unos papeles para enviar tu solicitud. Esta es la cola número 1 y una vez que los tienes huyes para no hacer más colas.
  • Cubro estos papeles (no sin dudar hasta de cómo me llamo) y vuelvo a la oficina a hacer la cola número 2 para entregarlos. Enhorabuena, he solicitado que un cartero venga a traerme la papeleta para hacer la cola número 3.
  • Me llegó la papeleta a la oficina (porque yo no engaño a Correos y cuando me preguntan que dónde vivo, pues digo que en la oficina).
  • Aquí las dudas llegaron a abrumarme. “¿Qué es el Senado?” Me recuerdo a mí misma en cada domingo de elecciones preguntándole a mi padre que cuál es exactamente la función del Senado. Lo que no recuerdo nunca es su respuesta. Vaya por dios.

  • Se terminan los días para votar por correo y yo sin entregar mi voto. Y claro, me va el riesgo y me voy a un Correos de Diagonal con Balmes (llenito de oficinas, vamos) y parece que habíamos quedado todos allí al salir de trabajar para votar juntos. Qué ejercicio de asimilación-paciencia-frustración-lloro-risa nerviosa al ver que quedan 60 números por delante de mi.
El durante
  • Estoy en Correos. Todo preparado. Llevo más de una hora de cola. Ya no hay vuelta atrás. Sólo quedan 30 números. El DNI lo tengo listo para lanzárselo al funcionario en cuanto me toque. Quedan 5 números. Significa que quedan unos 6-7 minutos (con mucha suerte) pero escucho el tictac del reloj como si fuese en mi corazón. “Ve calentando, Ana, que sales al ruedo. Y deja de hiperventilar, coño.”

  • Ya dudo mientras hago la cola. Me replanteo mi existencia por completo. “¿Soy falangista? ¿Qué papeleta he metido? Dios mío, ¿he votado bien para el Senado?” Me doy una bofetada imaginaria para espabilarme, porque en la pantalla pone mi número. A un lado, mundo, que es mi momento.
  • Vale. Alto. ¿Por qué están pesando mi sobre? Yo ya sé que mi criterio pesa mucho más que el de muchos. No hay más que ver que no protagonizo ningún reality, no he lanzado ninguna “canción” del verano, ni me he comprado la cazadora amarilla de Zara. “Súmele ahí un par de gramos, señor de Correos, que mi voto tiene que valer más.”
  • Papelitos por aquí, papelitos por allá, y he votado. Hasta sé cuánto pesa mi papeleta. Llevo tanto tiempo dentro de Correos haciendo cola que me siento emocionada y el cuerpo me pide dar un discurso de agradecimiento. Pero miro para atrás y veo como las venas de la gente están a punto de explotar porque sí, ellos obviamente también llevan más de una hora esperando.
El después

Desde que me he desprendido de ese voto a manos de un hombre que me dice “musha grasiah, ale, que ya ehtá”, siento una extraña duda. Es falta de confianza, creo. Nadie me podía asegurar que no fuesen a aparecer unos bandidos a mitad de camino a saquear el camión que lleva mi voto. O que el voto por correo sea tanta jauja como dicen que es y el mío lo usen para calzar la mesa. Y me puse a pensar que qué disgusto como la diferencia hubiese sido de 1 voto, ¿eh? ACTUALIZACIÓN (27/06): ahora viendo el resultado… me da que mi voto, con su peso en gramos y su sobre perfectamente cerrado, no debe haber llegado. Igual se les ha colado por alguna rendija.

Yo solo digo que seguro que más de uno se ha replanteado en el último momento su voto. En el último, en el primero y en cualquier momento, que fue un rato largo de espera. ¿Deberíamos repetir las elecciones? Avisadme con tiempo, que me cojo un avión y voy a Galicia. Que el suelo de la oficina de Correos está frío, la alfombra pica en las piernas, y me fío menos de la eficiencia/eficacia de este proceso que de que el Senado realmente exista.

Conclusiones

Varias horas de vida perdidas, un nuevo tic en el ojo, y un triunfo personal por no haberme puesto a coordinar la oficina de Correos como si fuese un guardia de tráfico. Por momentos llegué a pensar que no iba a poder. Casi saco el silbato y todo.

¿Mandar un papelito no es fácil? Creo que toda la gente que se va a las sedes cuando salen los resultados de las elecciones a gritar “sí se puede” se refiere a votar por correo.

Pero, como dijo un tal Rajoy y que describe a la perfección mi experiencia de voto por correo:

No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma, ha sido una etapa muy difícil.

Ana Picado
Ana Picado

REDACTORA

Melomanía extrema, morriña constante y gestora de "¿tomamos algo?" profesional. Mi afición es tener aficiones. Y trabajar de ellas.

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