Descubre cómo es según su helado preferido

Llega el buen tiempo, las alergias, las copas al aire libre, las terrazas atestadas de gente y, por supuesto, los helados. No hay que dejar de comer helados por mucho frí­o que haga, del mismo modo que nadie deja de beber copazos de gintonic con bien de hielo sólo porque sea invierno.

Pero sea como sea, el sol es la excusa perfecta para tomarse un helado y enfrentarte a la mayor diatriba de todos los tiempos: ¿tarrina o cucurucho? Y es que, amigos, la temporada primavera-verano es la mejor por razones obvias, la más evidente de todas es porque puedes disfrutar de ver una barba poblada manchada de espuma de cerveza y de helado en la misma tarde. Nada puede ser mejor que esto.

En BFace, además de amar los helados por encima de muchas cosas, hemos querido aprovechar para analizar al personal según el tipo de helados que come. Sin ser psicólogos nosotros ni nada de eso. Así­ es que, si estás pensando en una cita que incluya paseí­to y por casualidad decidí­s tomar un helado, esto es lo que puedes esperarte de la persona en cuestión según el que pida.

Nata: le falta un neón fluorescente en la frente que rece soseras. Es así­. Podrás contar anécdotas divertidas, recrear aquella vez que metiste el pie en un charco prácticamente congelado o descuartizarle el final de la serie que esté viendo. No se va a inmutar. Se tocará el pelo discretamente, moverá los dedos de forma arrí­tmica y en algún momento afortunado verás que esboza una tí­mida sonrisa que terminará siendo lo que disimule un bostezo. Estás ante ese tipo de gente cuyo director de cabecera podrí­a ser José Luis Garci.

Fresa: probablemente se trate de alguien adorable que no ha conseguido salir de su propia infancia. Repetimos: se trata de alguien adorable en cualquier caso, amará Pixar y llevará calcetines con dibujos geniales, pero lo mismo te cansas pronto de alguien que tiene como primera opción el helado que tú elegirí­as cuando no queda ningún otro.

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Limón: es el indie de los helados. Un poco ácido, un poco dulce y con un frí­o que se derrite pronto. Puede encerrar cualquier tipo de misterio. Puede ser el mismo Satán con una mirada irresistible o puede ser una especie de Hagrid, alquien que a simple vista podrí­a hostiarte con un solo dedo pero con un corazón tremendo. Está ahí­, en tierra de nadie. Atreverte a descubrirlo puede conducirte a dos polos opuestos, aunque quizás sólo te quedes en el medio porque resulte ser poco sorprendente.

Chocolate: a todo el mundo le gusta el chocolate en mayor o menor medida. Es un criterio por el que es difí­cil juzgar. Asústate mejor si, a la hora de decidir, no se plantea elegir el chocolate, aunque sea como complemento de otro sabor. Entonces estarí­as ante un caso excepcional. Para bien o para mal, la primera sorpresa que te lleves no será la de que haya obviado el sabor del chocolate. Como te lo quieras tomar luego y los problemas que eso arrastre es ya cosa tuya. Yo sólo te advierto de que Esperanza Aguirre tiene pinta de ser la tí­pica persona que no toma chocolate.

Vainilla: otra buena persona. El mundo, aunque a menudo pensemos que no, está lleno de ellas. De esas y de las convencionales, como la vainilla. Puede que dentro lleve al espí­ritu de la Beat Generation, puede que lleve al mismí­simo Ronald Reagan, eso qué más da. Lo que te conviene (y cuanto antes) es descubrir si también en la cama es también poco amante del riesgo. Si eso es así­ y decides quedarte con esa persona, la única explicación coherente es que quieras explicárselo a tus amigos para que te den palmaditas en el hombro mientras te lamentas. No será que no te lo dijimos.

Dulce de leche: es de Argentina o lleva a un argentino o argentina dentro. No sé quién es ni a quién reza, pero te va a empalagar.

Stracciatella: fí­jate muy bien en que no pida uno de estratachela. Si eso sucede, regálale un volumen actualizado del Marí­a Moliner, unas clases de dicción y luego ya plantéate si quieres darle una segunda oportunidad tomando un café. Plantéate bien lo de salir con esa persona porque es más que probable que si no tomas medidas termines desarrollando una pedanterí­a extrema corrigiendo cada una de las palabras que dirá mal. Un simple helado de stracciatella te convertirá en una persona detestable, tus familiares te mirarán raro en las comidas de Navidad y en el trabajo estarán esperando a que te saltes una coma para avasallarte. Ojo con estas cosas.

Helados sabores BFace Magazine

Menta-chocolate: Los After Eight desencadenaron esta catástrofe y nadie ha hecho nada por frenarla. Es desesperanzador que nadie impidiese que Juan Rulfo dejase de publicar novelas y que este helado sea algo socialmente aceptado. Si tiene la osadí­a de pedir este helado, la única certeza que vas a tener va a ser que muy probablemente el aliento le huela bien si os besáis. Y cuando digo la única es la única. Bueno, esa y que si decidí­s iros a vivir juntos, cuando vayáis a Ikea va a montar en cólera, tu paciencia se va a desmoronar y adiós relación. Estás ante la tí­pica persona fabricada para desestabilizarte y llegarás a creer que sin ella no puedes vivir, por muy mal que estéis, rollo la relación Pe-Bardem en Vicky Cristina Barcelona. Allá tú con tus movidas, pero el padre de mi amiga Blanca es un psicólogo cojonudo al que probablemente termines visitando.

Tutti-Frutti: no sabe lo que quiere. Ya te lo digo. Lo que esta mañana le parecí­a bien esta tarde le parecerá mal, y así­ con todo. Pedirás cita en un francés elegante y a la hora de sentaros dirá que matarí­a por una hamburguesa y que detesta todo lo que hay en la carta. Puede que incluso te meta la cabeza en el barril de mantequilla salada que os han servido mientras esperáis los entrantes. Puede que en la cama te pida sexo anal y que cuando os dispongáis a hacerlo desate toda su furia y diga que se niega (a penetrar o a que le penetres). Una montaña rusa de emociones. ¿Recuerdas el corto del doble check? Pues a su lado resultarí­a ser una pelí­cula de Capra.

Pistacho: El Annie Hall de los helados. No te molestes en intentar analizar mucho más, porque sea como sea esa persona va a terminar rompiendo tus esquemas. Te puede gustar más o menos, pero no vas a poder negar que es una persona diseñada para perder la cabeza por ella y no encontrarla, bien sea quitándole la ropa o intentando comprender su forma de actuar-pensar, por coherente que sea. El pistacho es esa parte de ti mismo que desconocí­as hasta el punto de tener que encontrarla en la otra persona. Si pide pistacho, prepárate a vivirlo todo muy intensamente y ve mirando estudios luminosos donde quepan los trastos y la ropa de los dos.

Gazpacho, paella, macarrones o boquerones en vinagre: huye. Es una persona que no le harí­a ascos a un pedazo de carne humana a la piedra. Repito: huye con la excusa más vaga que encuentres.

Si tu cita pide un helado cuyo sabor no esté recogido aquí­, cuéntanos la experiencia y de manera anónima la incluiremos en el volumen dos del artí­culo.

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Estefaní­a Ramos
Estefaní­a Ramos

LIFESTYLE

Ojeroso espécimen extremeño varado en Madrid por tiempo indefinido. La prueba más evidente de que la Selección Natural de Darwin tení­a flecos sueltos. | @EstefaniaRamosC

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