Ventajas de ser una metro y poco más

Dicen que los pequeños detalles pueden marcar la diferencia, ¿no? Pues yo no puedo estar más a favor de tal afirmación. No te dejes influenciar por los “Paus Gasols” de la vida que tratarán de hacerte la vida imposible poniéndote los vasos en lo más alto de la estantería, o que se apoyarán en tu cabeza diciéndote lo cómoda y útil que eres. ¡BASTA! Esto es un llamamiento a tod@s los que dicen con orgullo: “Sí, mido un metro y poco más, ¿qué pasa?”.

Mi abuela siempre ha sabido subirme la moral en este aspecto. Aunque siempre he pensado que no era yo la bajita, sino que la gente con la que me rodeo atracó el banco de centímetros en su día, las típicas frases de abuela que te quiere siempre ayudan: “En el pote pequeño está la buena confitura” o que “las mejores colonias siempre van en frascos pequeños”. Dejemos de auto-convencernos con frases hechas que cualquiera puede tirarte  por tierra con un “y el veneno también” o similares. Traigo pruebas reales y contrastadas, vividas en primera persona, que demuestran que ser bajita tiene muchas ventajas. Tantas que se podría hacer una trilogía con secuela incluida. 

  • Puedes comprar en la sección KIDS. Y acabas ahorrando, lo que siempre es un puntazo. Un saludo para todos los que tienen que pedir la talla 89 de zapato a China, besos. 
  • El suelo está más cerca. Por lo que la caída, tanto tuya como de tu móvil, siempre será menor. Un rasguño, cura sana y que la vida siga.
  • Y el techo está más lejos. No tendrás que agacharte prácticamente ni para hacer el limbo improvisado en la discoteca. Nunca existirá una puerta  – ni siquiera la del Imaginarium –  una valla o un árbol más bajo que tu. Y no, un bonsai no cuenta, que debería considerarse casi un animal de compañía o como mucho un tamagotchi vegetal.
  • Cabes en cualquier sitio. Lo que es muy útil cuando viajas en Vueling y tu amigo, que mide 1,90m y tiene cero habilidades contorsionistas, no sabe si cortarse las piernas o ir directamente al trono VIP del baño. Nos cuelgan las piernas en la silla, sí,  pero a ellos les cuelgan en la cama que es mucho peor, mientras que para nosotros todas las camas son de matrimonio.
  • El centro de gravedad lo tenemos más abajo. Esto se traduce claramente en que nos podemos mover más fácilmente o, como mínimo, haciendo menos ruido. Somos como las motos en un atasco en medio de la ciudad, nos podemos colar fácilmente y con eso nos ahorramos muchos disgustos. Estrés, chúpate esa.
  • Siempre salimos en las fotos. Tanto en el momento selfie – que posiblemente seas tu la encargada de hacerlo – como en las de formación de fútbol, estás siempre en primer plano. Y oye, cuando dentro de 10 años quieras recordar las vacaciones en Cantabria, o aquel fin de semana en aquel pueblo donde no había ni señal de vida WIFI, te reirás del que presumía de alto y que se le ve solo la oreja.
  • Siempre te piden el DNI. Y eso te mantiene eternamente joven. Y te sube la moral. De hecho, el otro día volví a ser adolescente cuando el dependiente de la tienda del barrio me quitó 7 años por la cara. Me rió yo de los liftings y corporaciones dermoestéticas. ¡JÁ!.
  • Mientras el resto nos mira con buenos ojos, nosotros solo podemos mirarlos con una buena papada. Siempre he estado en contra de los contrapicados, lo siento. Así, el mundo siempre nos va a ver con nuestra belleza en todo su esplendor y podremos encontrar novio más fácilmente. Un bonus extra en toda regla, ya que el único que no cumple el filtro “quiero a alguien más alto que yo” es Yoda, y la verdad es que no tengo ninguna intención de formar una familia con él.
  • Desarrollamos poderes sobrenaturales. Sí, sí, una amiga – bajita también por supuesto – tiene una teoría que ni la NASA podría rechazar. Habilidades tales como un oído exquisito, a base de todos aquellos conciertos en los que la única vista que tienes es una espalda sudada; flexibilidad PRO a base de los estiramientos de cuello tratando de encontrar algo de oxígeno; y fuerza extrema creando una barrera con los codos para no morir aplastada.

Enanos, tapones, renacuajos, retacos, liliputienses, etc. Pueden llamarnos de muchas formas pero no nos engañemos, lo único que podemos llamarles a ellos es EN-VI-DIO-SOS.
Att: Una metro y poco más orgullosa de ser una metro y poco más

María Vidal
María Vidal

REDACTORA

Érase una aragonesa tamaño bolsillo, tranquilamente intranquila y de las de la risa floja. Firme defensora de los planes improvisados y con hobbies para dar y regalar. TO BE CONTINUED

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