Y tú, ¿practicas slowfood? Sí, lo has hecho

Con esto de practicar el slowfood ocurre lo mismo que con lo de procrastinar: si le preguntas a alguien si lo practica, al instante te lo negará enérgica y rotundamente. Obviamente, desconociendo su significado y basándose sólo en la sonoridad del palabro: suena a práctica sucia y degenerada ¿o no? “¿Yo procrastinar? Jamás de la vida. Y practicar slowfood menos todavía”.

practicas slowfood

Pues te digo que probablemente más de una vez en tu vida has practicado slowfood. Y tranqui, no te avergüences, que es algo bueno. Más deberíamos practicarlo.

Pero ¿qué es slowfood?. Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico. Slowfood significa literalmente ‘comida lenta’ y en torno a ello surgió en los años 90 todo un movimiento internacional que se opone al ‘fast-food’ y que aboga por una gastronomía consciente.

[Tweet “Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico.”]

Resumiendo mucho, ‘slowfood’ busca recuperar el placer tranquilo de saborear y apreciar los alimentos en la mesa, de cocinar y consumir con consciencia acudiendo a ingredientes locales y ecológicos; en definitiva, de combatir la vida apresurada de nuestro tiempo, que nos obliga a nutrirnos con ‘fast-food’.

practicas slowfood

Que no seas un acérrimo seguidor de este movimiento no quiere decir que no lo hayas practicado alguna vez en la vida. Más de las que piensas. Y aquí tengo las pruebas.

6 situaciones en las que has practicado slowfood:

Cuando de pequeño tardabas hora y media en acabarte el primer plato. Que parecía que ingerías los granos de arroz uno a uno. Tu madre te amenazaba con guardártelo para merendar, llegabas tarde al cole y tus primos te odiaban por tener que esperar a que acabaras para ir a compraros el helado. Ignorantes, estabas practicando slowfood.

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Cuando tocaba acelgas. Te crecían en el plato. Se enfriaban en el plato. Y de nuevo tu madre atacaba con guardártelas para merendar. Estabas practicando slowfood.

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Cada vez que estiras el bocadillo de jamón ibérico/volcán de chocolate/maki de sushi porque no quieres que se acabe nunca. Te propones saborear hasta el nirvana esos últimos instantes de placer que se desvanecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Slowfood de manual, amigo.

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Cuando, en las cenas de amigos, tras devorar con ansia las raciones compartidas de bravas, puntillas, sepia a la plancha, calamares a la romana, tabla de ibéricos y la mitad de tu Hamburguesa Especial, aminoras sospechosamente el ritmo porque vas a reventar y luego no habrá gintonic que suba te apetece practicar slowfood.

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Cuando tus suegros te invitan a comer y ella ha preparado su especialidad: sopa de pescado con picatostes remojados y blandos hasta la arcada. Entre alabanzas y sorbos sonoros, todos la apuran en un minuto. Tú sigues practicando slowfood.

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Cuando viajas a Tailandia y todos tus compañeros de viaje se chupan los dedos con el escorpión empanado, mientras tú buscas en la carta cualquier cosa que te suene medio familiar. Y es que tú, como buen feligrés de la religión Slowfood, “consumes local”.

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Y ahora ¿te atreves a reconocer que practicas slowfood?

Clara Cucalón
Clara Cucalón

REDACTORA

Cósmicasalvajefrutal. A veces canto, a veces blogueo, a veces intento cambiar el mundo.

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