No, no eras estilos@, yo del pasado (vol. I)

La vida no es un camino de rosas, o eso dicen. Tenemos que soportar el madrugar de los lunes, el taconeo de nuestra vecina de arriba, un viaje en metro en el que tus pulmones empiezan a ser víctimas de una opresión inimaginable, suspensos inmerecidos, amores no correspondidos, hedores aleatorios, recibos del gas que acechan con recelo tu cuenta bancaria… Definitivamente, la opinión pública no va mal encaminada en afirmar que somos gilipollas el Karma nos fastidia a base de bien.

En la moda, afortunadamente o no, también se sufre fuerte. A la vista está si abrimos el cajón de mierda, invocamos a los fantasmas del pasado y hacemos un #tbt. Ese momento en el que te arriesgabas a abrir tu Fotolog o Metroflog o Todoloqueacabeenflog con una mano en el pecho por si te daba una taquicardia. Eso era vivir al límite y lo demás son tonterías. Cuántos gatitos habrán muerto al ver esas fotos, cuántos.

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Y lo primero que piensas es que ese no eres tú, de ningún modo. Te niegas y reniegas, pero dentro de ti siempre está el Pepito Grillo que amablemente (no) te devuelve a la realidad. Sí, amig@, eres tú. Duele lo más grande, como la Pantoja, pero la circa que aparece hablando con mAyyUscUlAsH y $yGñ0$ extraños eres tú. Is it too late now to say sorry? Pues sí, lo es.

Hoy, en BFace, los redactores de Moda os traemos el primer volumen de aquellas prendas tan majas y bonicas que nos hacían creer los más estilosos en el pasado. Descubrirás que las miradas que te echaban en el instituto no eran por ser la más divina, sino por llevar encima un armario más cochambroso que el de Narnia.

Nuestro lado más oscuro

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Pulseras de pinchos, paleta de colores reducida al negro y al rojo, flequillos que daban la vuelta varias veces a tu cabeza y se convertían en un turbante permanente, piercingartificiales, calaveras rosas y lacitos en el pelo, e incluso lentillas blancas. Alguna de estas locuras (u otras, o todas juntas, quién sabe) aparece en nuestro salseoso archivo fotográfico. Sin duda, la culpa la tienen Avril Lavigne y su Girlfriend, y los éxitos de Evanescence y Tokio Hotel. Queríamos ser todos Darth Vader y ahí lo tenéis. Arte puro y duro, baby.

Imitaciones su(pe)rrealistas

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La esperanza de encontrar algo mínimamente respetable cuando, valiente, te dispones a ojear tus sesiones de fotos plagadas de contrapicados y flashes en el espejo muta a falsa ilusión cuando aparece alguno de estos lujosos complementos. Y es en ese momento en el que te replanteas tu vida seriamente y te sientes orgulloso de ti mism@ por haber despertado de esa pesadilla. De verdad, cuando sea mayor, solicitaré a Galería del Coleccionista un anuncio en la teletienda promocionando tales joyas. Me imagino el momento y me tiembla todo.

Las conchas del Bronx

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La perdición de todo niño adolescente con afán de hacerse el malote no tenía otra solución que los collares de conchas o incluso algunos de estética Bob Marley. No solo eso, sino que también tenías a conjunto la pulserita para tu linda muñeca y para tu esbelto tobillo. Más que el chungo del barrio parecías una mariscada andante. Qué daño hizo H2O, y cuán envidiados fueron Yahel y sus olas. Cuidaíto, que las niñas tampoco se salvaban y nos imitaban. Qué romántico, jo.

Lo choni, tu compañero fiel

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Si todo lo demás no había sido suficiente para caer en la cuenta de tu garrulismo adolescente, de este apartado no te vas a poder escapar. Los chicos se paseaban con un chándal Adidas, enseñando calzoncillos y arrastrando bambas anchas que pesaban mucho más que su cerebro (muerte a las DC Shoes). Pero las chicas contaban con un abanico de posibilidades infinitos: un día chándal de leopardo, otro día vestido de leopardo con diadema fucsia, y así todo. Nada mejor que un selfie con un kilo de maquillaje con hardcore, dembow o Fondo Flamenco de fondo. VIVA.


¿Todavía no te has sentido identificado con ninguna de estas obras de arte?
¡Espera ansioso al segundo volumen!

Iván Olmos
Iván Olmos

REDACTOR

Estudio periodismo en Barcelona, pero con la cabeza en Estados Unidos. La moda y la fotografía son mi cara o cruz. Hoy voy a decirlo: ¡Cómo me amo!

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