Crí­tica: Marina & The Diamonds – ‘FROOT’

Con la idea de poner a la venta una canción al mes a modo de countdown, estrategia bajo el nombre de “Froot of the month”, el lanzamiento de “FROOT se presentaba apetecible en un panorama musical que pedí­a a gritos la vuelta de Marina. Seis canciones, en seis meses, que harí­an las delicias de los fans hasta la salida oficial de su tercer trabajo discográfico.

La aventura comenzaba, casi de sorpresa, con la descarada y divertida Froot, corte poppy lleno de sintetizadores y con una estructura muy loca. Primer buzz-single y todos en el bolsillo. Le acompañaron después Happy e Immortal. Con la primera nos avisaba de que habí­a cambiado, que ahora era feliz y que las letras autodestructivas y condescendientes de “Electra Heart habí­an quedado en el pasado. La aflicción vino en forma de temazo con el último “froot of the month” hasta la fecha (I’m A Ruin), que baila, nunca mejor dicho, entre la defensa propia y la confesión de culpabilidad en una relación a la que tuvo que ponerle fin. ¿Alguien dijo que la felicidad podí­a existir sin su pequeña dosis de drama? No para Marina.

Gracias a su nueva discográfica, se ha puesto la chaqueta de productora y, por primera vez en su carrera, ha compuesto y producido la totalidad de los temas. A pesar de que la temática del disco es bastante heterogénea, podrí­amos decir que la mitad del mismo nos habla sobre ese remordimiento por el ex-amante rechazado, de ese final amargo del que en ocasiones nos arrepentimos y en ocasiones no. Muestra de ello es Blue, divertida, irónica, con pinceladas de disco y electro-indie, y muy, pero que muy, adictiva; y Weeds, donde Marina se deja acompañar por un solo de guitarra eléctrica en la que posiblemente sea la canción más vulnerable, y bonita, del proyecto. La búsqueda del equilibrio emocional y la autoestima quedan latentes en las rockeras Forget y Better Than That –esta última con reminiscencias a The Cardigans–, y la ya mencionada Happy, que comienza casi acapella y continúa in crescendo hasta convertirse en una de las baladas más inteligentes de la intérprete. Incluso nos encontramos pinceladas de feminismo en Can’t Pin Me Down, donde, adoptando un sonido al más puro estilo Foster The People, juega con la idea de los estereotipos y se define como una mujer feminista que también disfruta haciéndole la cena a su marido. Punto para Marina.

Y es que todos los cortes de este colorido y divertido, pero a su vez desenfadado, trabajo agradan a la primera escucha. La artista británica deja de lado la inexperiencia de “The Family Jewels, el pop más bailable y las pelucas de “Electra Heart”, y –resultando algo así­ como la evolución natural del primero– presenta un disco que actúa como el arma que mata al personaje y el pincel que termina de dibujar a la artista. Doce canciones en un todo en el que nada falta ni nada sobra, un disco cohesionado, sólido, y muy directo. Sin pretensiones ni florituras, pero que, de una forma u otra, acaba resultando una bestial declaración de intenciones.

Highlights: Blue, Happy, I’m A Ruin, Froots, Weeds

Nota: ★★★★☆

Juanka Campos
Juanka Campos

Redactor

Quiero pensar que hay alguien por ahí­ recopilando la banda sonora de nuestras vidas. Y, si no... bueno, voy a necesitar más gigas.

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