El indie tiene la culpa de mis expectativas en el amor (Vol. II)

Es un hecho que mis desgracias venden. El indie es mi síndrome de Estocolmo, definitivamente; él tiene la culpa de mis expectativas en el amor. Os suena esta historia, ¿verdad?

Os presento un volumen II de un cuento que se perfila interminable. ¿Por qué tropiezo siempre con la misma piedra si me la sé de memoria? Supongo que soy masoquista, que me gusta, que lo veo venir, pero me hago la loca.


Hace unos días me han ofrecido ser parte de una exposición de la que no quiero dar muchos datos. Yago, el creador de todo, va a escribir un libro sobre historias de amor, o de desamor. Expondrá objetos sobre esas historias, y las contará en el libro. Esto, muy a grandes rasgos, para resumir bastante. Espero que él no quiera matarme por simplificar tanto su obra maesta.

Pues, bueno, un vinilo de Stereophonics formará parte de este proyecto. Uno que yo le iba a regalar a una persona especial que, bueno, es como si nunca hubiera visto. Cada vez que suena Dakota es como si él estuviera apoyado en mi espalda. Tantos años que ya ni lo recuerdo.

A Stereophonics no he conseguido verlos todavía, es una de esas bandas que se me resisten. Siempre pasan por Madrid, y siempre a mí me pilla muy lejos. Tarde o temprano los veré, pero lo que me dicen las malas lenguas: acabaré decepcionada con su concierto. Nada, que lo comprobaré yo misma y ya os contaré la experiencia religiosa.


Hace poco que ando haciendo la imbécil en un asunto. La imbécil, como siempre. Un lío de esos de falda y pantalones que tanto me dan la vida. Dentro de poco estaré viviendo mi fin de semana favorito del año en el Primavera Sound. Es el imperdible del año, sin duda alguna, el fin de semana en el que se ofician más bodas por metro cuadrado.

El Fòrum se convierte en una capilla gigantesca, llena de música y amor, mucho amor. Yo suelo oficiar alguna de esas bodas y, cómo no, protagonizarlas. El chico en cuestión es el culpable de que mis playlist estén aumentado últimamente. Si además de encantarle la cerveza, tiene un gusto musical genial, ¿qué puedo hacer yo ante esto? A Retirada! me los ha descubierto él; la nuestra, quizás, sea mi primera boda programada del PS. Que si, que ya tengo 30 y tengo que asentar la cabeza.

Retirada! son uno de mis nuevos vicios, de ellos os hablaré más a fondo en otro post. Por ahora catadlo, suavecito y sin prisas; disfrutadlos bien fuerte.


Antes de seguir, espero que nadie se enfade conmigo. Voy a meter a Foo Fighters en el saco indie… ¡a la hoguera con ella! No seáis tiquismiquis, a lo largo del día se cometen muchas más atrocidades a nivel musical; si no, escuchad Los 40.

He de decir que mi vuelta de Barcelona a Elche fue jodida en algunos aspectos. A pesar de que encontré el trabajo que lo encarriló todo, en cuanto a salseo la cosa estaba complicada. Acostumbrada a una ciudad que veía y callaba (casi siempre), volví a otra muy distinta que proclamaba a los cuatro vientos lo que en ella sucedía. Con él fue algo distinto. Empezamos a hablar, supongo que por casualidad; así suelen sucederme las cosas. Sin darme cuenta estábamos viéndonos un par de veces por semana. Me escapaba unos 60km a en su dirección, pasábamos el tiempo que podíamos y volvía a casa con ganas de quedarnos junto toda la noche.

Antes de que todo se terminase, creo que por mi culpa, me grabó un CD para el coche. Una de las primeras canciones era Walk, de Foo Fighters. Cada vez que la escucho, cada vez, viene a mi cabeza la certeza de que metí la pata por completo. Dejando el drama sentimental, paso al drama festivalero. Eso de que los Foo estén programados para el jueves del Mad Cool, eso sí que es un drama. Me voy a quedar compuesta y sin concierto, ¡viva las responsabilidades!


Radiohead me recuerda a varios chicos por motivos muy algo diferentes. Una de las imágenes que me viene a la cabeza es bastante menos dramática que todo lo que os he narrado. Sucedió en un ático de Barcelona y es el motivo por el que una parte de mí adora a los italianos. Si suena 15 Stepsse me ríen los huesos, es una canción que evoca al sexo en mi vida, y hasta aquí puedo leer.

La parte más ñoña de todo esto se protagonizó una madrugrada de marzo. En esa época la corriente era la que empujaba a las casualidades. En esta historia no hubo amor, supongo que ahora lo hay, pero no de la manera que todos pensáis. Una de esas charlas que te abren los ojos y te hacen pasar página. Eso se encarga de recordarme No Surprises, de Radiohead.


Y, claro, no hace falta que os diga que la historia no se acaba aquí. Seguramente pueda hacer más entregas hablando sobre el indie y mis expectativas en el amor. Casi tantas como festivales de música hay en España. Bueno, tanto no, que algún día encontraré el true love. 

Carla Sifer
Carla Sifer

Redactora

Psicóloga, Social Media y Blogger. Vivo en una canción de Arcade Fire y me enamoro con cada estación del año. No te fies de alguien que no tenga cosquillas. Futura señora Philippakis, bien de rizos.

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