La locura desatada por Kakkmaddafakka

Hay nombres difí­ciles de pronunciar, y luego está el caso de estos noruegos con pinta de haber venido a pasar el verano en camiseta de tirantes, sandalias y calcetines en cualquiera de nuestras playas. El caso es que nunca aprenderás a escribir su nombre bien, pero al menos sabrás reconocerlos si alguna vez te dejaste caer por alguno de los escenarios de los festivales que han apostado por la energí­a de estos chavales: Kak-ma-da-fa-ka. Aunque tan sólo lo ‘chapurrés’, la gente te entenderá: al fin y al cabo, el amor que han despertado estos chicos por nuestro paí­s es recí­proco.

Apurando las últimas fechas de su gira española, la pasada noche del 13 Noviembre saltaron al escenario del Circo Price de Madrid. Y no he elegido la palabra ‘saltar’ al azar.

Kakkmaddafakka Circo Price

Con casi la totalidad de las localidades vendidas y un precalentamiento previo de la mano de los dj’s residentes del Ochoymedio Club, comenzó la clase de aérobic más divertida de todos los presentes. Y es que si algo caracteriza los conciertos de Kakkmaddafakka son las coreografí­as que acompañan a cada canción. Pero no coreografí­as al más puro estilo boyband, lo de los noruegos es otra cosa. Algo más de orquesta -pero no de orquesta cutre de pueblo-. Sus canciones son pop, pero beben ritmos reggue, R&B, mucho rock e incluso algo de electrónica se intuye entre estribillos pegadizos y los coros de los gemelos Sande. Porque si, en Kakkmaddafakka hay coristas.

Estamos aquí­ para divertirnos” nos dijo Axel, uno de los múltiples vocalistas de la banda. Y durante más de noventa minutos -nada largos a pesar de tan sólo tener dos discos de estudio publicados- mantuvieron las carjadas, los aplausos, los bailes, las sonrisas de complicidad entre el público y el escenario.

Se sucedieron canciones de Hest (2011) y su, cuanto menos curioso, Six Months is a long time (2013). Desataron la locura disparando sin descanso éxito tras éxito. De Touching a Restless -con la que anunciaban un final que, sin embargo, tardó en llegar- se sucedieron Your Girl, Young, Is She, Someone New, y la cómica Bill Clinton. Cabe destacar la rave improvisada que logran con Heidelberg en la que durante más de cinco minutos cada músico se deja llevar casi a la improvisación con su instrumento. El momento de éxtasis en sus caras es tal que el público es incapaz de no entrar en comunión con ese estado en el que da igual que sea miércoles, que las calles estén llenas de basura, o que aún a estas alturas haga calor.

Lo que tienen estos chicos, aparte de el dúo de coristas cómicos, es que disfrutan tocando. Disfrutan el escenario -incluso cuando es pequeño para los ocho-.

Cerraron el show con una divertida versión de Bailando -uno de los pocos momentos en que les pudimos escuchar en español, y no estuvo nada mal-, la coreada Foverer Alone, y finalmente se despidieron de Madrid con Drí¸ sí¸Esto es noruego, ¿verdad?“, preguntó un chico a su pareja a mi lado. La música no entiende de idiomas porque la pista a nuestros pies ya era una completa sala de baile sin ganas de abandonar a estos noruegos entrañables.

Paloma de la Fuente
Paloma de la Fuente

PRODUCCIÓN produccion@bfacemag.es

Graduada en Comunicación Audiovisual. Le quiere devolver a la música todo lo que le da en forma de fotografías. Es fácil de encontrar en las salas de conciertos de la capital | @prockcorn

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