La otra cara del SOS 4.8

La semana pasada comenzó oficialmente la temporada veraniega de festivales con el SOS 4.8 (¿sabe alguien a estas alturas lo que significa el nombre?)

Con toda la ilusión, preparamos nuestro kit de supervivencia en el que para algunos solo hay unas gafas de sol y para otros -los más preparados- hay de todo; tapones para los oí­dos, chaqueta (por si refresca) y chicles de menta (por si cae la breva). Pero esa ilusión infantil casi se estrella contra el muro de coches que cualquiera que viniese de más allá de Albacete se encontró camino a la capital del Segura los dí­as previos al festival.

Al final, superado el apocalipsis zombie -y con unos miguelitos de La Roda bajo el brazo- llegamos a Murcia. La capital se ha ido modernizando no solo a golpe de su moderno festival, sino de las rotondas (a cuál más variopinta), sus centros comerciales (y en unos años parques de atracciones) y sus transportes públicos. En uno de esos autobuses ecológicos (que funcionan a gas) llegamos el viernes por la tarde al recinto de conciertos. O, para qué mentir, al parking del supermercado que está a su lado. Convertido éste en el centro neurálgico del botellón murciano en tiempos de SOS 4.8 y pasarela de moda de lo que se vestirá este verano.

La primera jornada del festival era, a nuestro parecer, más floja en lo musical. Y nos da la razón el hecho de que mucha gente pasó más tiempo en el parking que cerca de un escenario. Aún así­, entre los coches aparcados la gente tarareaba las canciones más famosas de La Habitación Roja y de Izal, dos de las propuestas nacionales más fuertes del viernes.

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Nosotros decidimos comprobar en persona el directo de The Strypes, un grupo zagales (chicos) que con sus solos de guitarra y sus armónicas dieron el concierto más rockanrolero y bailable de todo el fin de semana. Más tarde, sobre el Estrella de Levante, The Kooks tiraron de su clásico repertorio pop para volver a ganarse a un público (el español) que ya tienen conquistado de sobra (¿en qué gran festival no han tocado?)

El cabeza del cartel del dí­a era Prodigy y, los más bajitos, solo vimos eso; cabezas y más cabezas. Se hizo notar el récord de asistencia al festival (cifrado en 35000 personas). Tampoco ayudó una realización televisiva que solo proyectaba imágenes abstractas en las pantallas y nada de lo que ocurrí­a en el escenario. Sabemos que Prodigy tocó todos sus temazos pero no pudimos comprobar si el grupo estaba en el escenario, o no. La jornada la cerrarí­an Eron Alkan y The Bloody Beetroots.pedazo temazo

Llegó el sábado con un sol de escándalo. Algunos aprovecharon la mañana para visitar las playas murcianas, otros se quedaron durmiendo la mona, mientras que el resto se pasó por la Plaza de las Flores para ver conciertos como los de Nunatak o León Benavente.

Al atardecer, los más veteranos de la audiencia entraron al recinto del festival para ver a la figura con más renombre del festival; Damon Albarn (lí­der de Blur y Gorillaz). El inglés no defraudó: los temas de su nuevo y pausado disco ganaron puntos sobre el escenario y aderezó el repertorio con temas como “El Mañana”, “Kid with Guns”, “Out of Time” y “Tender”, con la que cerró (acompañado de un coro gospel) su recital.

La propuesta musical llegaba más tarde a su clí­max con los franceses Phoenix, que empezaron tan arrebatadores que -casi todos- pensamos que su set no tení­a más remedio que flojear. Y, a pesar de que bajaron el ritmo a mitad de concierto, supieron terminar igual que empezaron: haciendo al público saltar sin parar. No faltaron “Litzstomania”, “1904”, “If I Ever Feel Better” o “Entertainment”, entre muchos otros temazos.

Los otros cabeza de cartel eran los Pet Shop Boys, que ofrecieron lo que se esperaba de ellos: un espectáculo visual a base de proyecciones, coreografí­as, parafernalia y un arsenal de conocidos temas que sobrepasa en una generación a la mayorí­a del público que allí­ estaba. La jornada la cerrarí­an Alaska (con Fangoria), Mario (con las Nancys en la zona VIP), y la electrónica elegante de Gold Panda y TEED.

Aunque echamos de menos la programación dentro del Auditorio (donde han tocado Patti Smith o PJ Harvey) y más baños (cuyas colas nos recordaron a los atascos del dí­a anterior), la séptima edición se salda con un récord de asistencia, con una segunda jornada musical memorable, y un público que se va con la buena experiencia de todos los años: pedazo temazo.

 

Martí­n Martí­nez

Asesor musical para TV, creador radiofónico y DJ. Cada mes, lanzo El Gancho para pescar los mejores temas de Internet I @desapercibidos

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