¿Merecemos un Reencuentro de Operación Triunfo 2?

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Que sí, que entiendo que todavía seguimos todos con la resaca de esta maravillosa explosión de nostalgia, emoción y euforia que ha sido el Reencuentro de Operación Triunfo. Pero somos seres avariciosos y, una vez acabó, no pudimos sino preguntarnos: ¿y si repetimos el año que viene?

La absoluta protagonista del Reencuentro, y actual reina de España; Maria Laura «Chenoa» Corradini

Evidentemente no hubo nunca una edición como la primera. Por su magia, su naiveté, su impacto cultural o su absoluto y perfecto casting (demostrado con creces quince años más tarde), pero podríamos argumentar que, su sucesora, mantuvo e, incluso elevó en algunos aspectos, el listón.

Quedaríamos más que satisfechos si este Reencuentro tan sólo se hiciera de la edición original, pero creemos que la edición de 2002 (junto a la edición «resurrección» de 2005 -la de Soraya y Edurne-, y la «edición Sálvame» de 2008 -la de Virginia vs la chupipandi-) tienen la suficiente miga y magia como para suscitar un interés acerca del qué fue de ellos quince años más tarde, y os vamos a contar por qué.

Esos píxeles son los 16 concursantes de OT2

OT2 fue la hermana moderna de su predecesora. La nostalgia y el sincero cariño que le tenemos a el programa original, nos hace obviar ese cierto toque cutre que tiene, sobre todo en lo que a contenido musical se refiere. Las primeras galas, sobre todo, estuvieron plagadas de latinadas y performances de orquesta Expresiones más que respetables (y que no cambiaríamos por nada), pero con cierta entrañable caspita que, si bien también hicieron acto de presencia en esta segunda generación, se solventaron en gran parte a un elenco de concursantes de estilos mucho más amplios, y a un catálogo de canciones que incluyó desde a Lauryn Hill, a The Police, Alanis Morrissette o Jimi Hendrix o en lenguas como el italiano o el catalán. Había que evolucionar, y eso les dio manga ancha y seguridad en la experimentación, y el programa ganó enteros en calidad y variedad.

Catorce años más tarde, nos damos cuenta que OT2 además es la edición con el ratio mayor de concursantes con éxito comercial y crítico, con Manuel Carrasco, Vega, Elena Gadel, Beth, Nika y, la gran sorpresa, Mai Meneses, siendo nombres importantes en la actualidad, pero hay otros muchos alicientes para un posible Reencuentro.

 

El caso Mai Meneses

En caso de darse el Reencuentro, nos interesaría mucho la entrevista a la primera expulsada de la edición (sin contar los candidatos a entrar, que vamos a obviarlos porque no creemos ni que lo tengan apuntado en su LinkedIn). Mai es una completa rara avis, que, quizás no encajó en su edición -o no tuvo un Risto que pudiera guiar un perfil distinto como el suyo- y que, como todos sabemos, cuatro años más tarde dio el campanazo con Nena Daconte, convirtiéndose en uno de los grupos referentes del pop español.


 

Mujer Contra Mujer

Si el mayor aliciente de este Reencuentro ha sido, sin duda, el Escondidos de David Bisbal y Chenoa, en el de OT2 sería el Mujer Contra Mujer de Ainhoa y Vega. Las dos concursantes no se llevaban bien y fueron protagonistas de la mayor rivalidad de la historia del reality -de la que el mismo programa exprimió, haciéndolas cantar dos veces juntas, siendo la más icónica, e irónica, el tema de Mecano. ¿Cómo de fuerte puede ser esta actuación quince años más tarde?


 

Vega, la de OT

Y, siguiendo con Vega, su relación con el reality años después no ha sido la mejor. Su generación fue la que verdaderamente vivió el lado oscuro de ser un triunfito, el «lastre» o la mancha en su «autenticidad» como artistas. Porque el cinismo, el prejuicio y las cejas fruncidas entorno a la música comercial siempre fue el verdadero problema. Vega se quiso desligar rápido de la etiqueta, razonable por un lado, pero por otro suponiendo dar la imagen de avergonzarse de dónde venía, y darle cierto aire de superioridad, de estar «por encima de». Ante todo, está siempre en todo su derecho, más cuando ha demostrado con creces ser una de las artistas más interesantes, complejas y de más calidad de toda la cantera de triunfitos. Vega es una joya, pero su relación con el programa es, como poco, complicada, así que no nos podríamos perder cómo sería su implicación en un Reencuentro.


 

Tony Santos, OT y la maldición de los canarios

Tony Santos fue otra anomalía del programa musical. Encantador, muy canario, con una sonrisa que te derretía, una voz particular, pero que con los nervios fallaba mucho, y que se ganó el favor del público, siendo favorito cinco veces, cuatro de ellas consecutivas, para a continuación quedarse a las puertas de la final¿Os suena la historia?

Fue algo muy sonado, las acusaciones de tongo ensombrecieron la final, muchos juraron no volver a ver el programa,… lo de siempre, vaya. Pero es curioso que la historia se repitiera dos ediciones más tarde, y sería muy interesante saber su opinión tras tantos años. Además, le agradecemos el que se creyera el Usher canario, por ser la oportunidad de introducir el R&B al programa.


 

Hugo y Nika – la historia de amor

No podría ser un Operación Triunfo sin una pareja de tortolitos oficial. Esta edición también hubo otra, la de los jovencísimos Danni Úbeda y Marey, pero que se vio eclipsada por la versión Física o Química del Sensación de Vivir que fueron Chenoa y Bisbal. Hugo y Nika eran jóvenes, eran edgy, eran guapos a rabiar, ella rockera con los ojos siempre pintados, él un galán sevillano que tenía a media España chorreandito. Su relación fue contenido de carpetas durante meses, siendo una pareja omnipresente, e incluso imagen de Fórmula Joven (la marca de ropa). A pesar de que la intensidad de su relación no llegó a cotas de la de sus antecesores, y sin rupturas en chándal de por medio, puede ser un reencuentro precioso, porque nos dejó momentazos para el recuerdo.


 

La escalera

Y teniendo aún a Nika presente, la segunda generación del programa se vio marcada por los accidentes. El cólico nefrítico de Enrique Anaut que aplazó la primera expulsión ya fue más heavy que la gripe de Mireia, pero como en las secuelas todo tiene que ser más aparatoso, en los ensayos de la cuarta gala hubo un accidente, viniéndose abajo unas escaleras en las que estaban los concursantes. Y el susto nos dejó una imagen icónica; Nika postrada en collarín. Nika y Tessa no pudieron asistir a la gala, así que el jurado tuvo que juzgar sus ensayos generales, algo único en toda la historia del programa.


 

Los singles

Otra de las novedades de la edición, bastante interesante en su formato, fue el que, a parte del contrato discográfico automático de los tres finalistas, todos los concursantes tendrían la oportunidad de sacar un single (con su videoclip lowcost respectivo), con la promesa de poder grabar un disco si lograban vender 200,000 copias. Ventas falseadas de por medio o no, esta novedad desmontaba la idea de que a los concursantes que no fueran finalistas se les dejaba a su suerte -su destino se dejaba en manos del público y del interés que suscitaran-. Así, Miguel Nández, Hugo, Tony Santos, Nika, Vega, Joan Tena y Danni Úbeda consiguieron la meta y su disco prometido. Pero los verdaderos ganadores en la vida, y de estos singles, fueron dos concursantes.


Tessa por sacar un absoluto pepino pop superinfravalorado, y que fue versionado por una artista chilena, causando tremendos conflictos internacionales en los comentarios de YouTube no vistos desde los dramas sobre el doblaje de los Simpson.


Y, por otro lado, el incomparable, el único, el legendario Enrique Anaut. Enrique era un poco un remedo de Àlex Casademunt, un bocas, completamente excesivo. Y cómo no, su single se convirtió en icónico, y un must en un Reencuentro. María José, María José, a un paso de ti y tú no me ves.

 

Las reinas del verano

Si el verano anterior, la vida nos bendijo con las coreografías de Fórmula Abierta, el verano de 2003, los astros y el universo se alinearon para traernos a la vida a una de las mejores cosas que le ha podido pasar al pop de este país; Lunae. Marey, Tessa, y Elena Gadel se juntaron para convertirse en una girlband de muy corta duración, pero legendaria en su impacto, gracias a un pepino producido por los mismísimos Xenomanía, que estuvo en todas partes, sobre todo gracias a un anuncio de Pringles. Y pese a que se separaron rápido, y ahora, sobre todo Elena disfruta de una maravillosa carrera en solitario, un remember de Hipnotizadas podría solventar los problemas políticos del país.


 

Y Ainhoa sobrevivió

En cada edición hay actuaciones icónicas. Noches de Bohemia, Sueña, el Lorenazo, Las de la Intuición,… pero en esta generación sucedió algo que cambió el curso y el palmarés del reality. Ainhoa, la pobre, pasaba semana tras semana por las puntas de su flequillo abertzale. Tenía una de esas voces peculiares, con cierto descontrol que la llevó a estar nominada cuatro veces. Remontó a mitad del concurso, llegó a la final, pero aún así todo el mundo daba por hecho que el premio estaba entre Manuel Carrasco y Miguel Nández. Hasta que llegó la Gala 13, y los Reyes Magos reencarnados en Noemí Galera le dieron el regalo de su vida: «Esta semana te toca Sobreviviré, de Mónica Naranjo». Y, desgarrándose, algo en su vida cambió. Se marcó una actuación absolutamente icónica que, ya históricamente, le dejó el premio en bandeja a sólo una semana de la final. Un jaque mate como nunca se había visto en un programa.

Volvieron a haber, incluso, acusaciones de tongo, de supuestos hilos con el gobierno vasco, teléfonos gratuitos y votaciones en masa, sobre todo ante la sorpresa de ver a un gran favorito como fue Miguel Nández quedar cuarto, (marcándose un nuevo «Bustamante deja a Chenoa cuarta»), pero lo que es indudable es que Ainhoa se marcó una de las mejores actuaciones de la historia del programa, que merecerían ser resucitadas quince años más tarde.


 

Beth a Eurovisión

Y la otra gran sorpresa que nos dejó OT2 fue la elección del representante a Eurovisión. En la predecesora, coincidió que tanto la ganadora del programa como de la elección a representar a España fueron nuestra Rosa de España, pero en la secuela, mientras que Ainhoa se alzaba con el triunfo, Beth, la tercera finalista fue la escogida para representarnos en el festival, con ese icónico temazo que es Dime, con el cual Beth inventó la Sagrada Familia, el combinar su pelo, su tono de piel y su ropa, y los gallos en Eurovisión.

Beth fue una magnífica concursante que aportó un soplo de aire fresquísimo al programa con su perroflautismo y su curiosa voz, y también nos dejó ese recuerdo agridulce de cuando la dirección del programa no le permitió hablar en catalán con su familia, promoviendo esa campaña en la que una mosca de Freedom for Catalonia acompañaba las emisiones del programa.


 

Generación OT

¿Y qué mejor manera de enlazar un supuesto segundo reencuentro con el original, que de la misma manera que enlazaron las primeras ediciones? Se sacaron de la manga una Gala Generación OT con el único objetivo de sacar más cuartos juntar a los concursantes de las dos ediciones, y supuso un verdadero orgasmo extático del fan de OT. Todos los concursantes juntos de nuevo, los viejos y los de ahora, cantando juntos, LOCUROTE. Si ya fue un sueño hecho realidad entonces, ¿qué os parecería un nuevo concierto de Generación OT? Ambas ediciones históricas, unidas de nuevo años más tarde. Aunque sea sólo como excusa para recordar una de las actuaciones más icónicas, históricas y transgeneracionales del programa.


En resumidas cuentas, está claro que no es que sea estrictamente necesario un segundo Reencuentro, pero OT2 fue una edición suficientemente mágica como para suscitarnos interés en volver a verles juntos.

En saber qué ha sido de las vidas de sus concursantes, en hacer ese ejercicio de «vuelta a casa» a músicos de éxito en este país como son Manuel Carrasco o Vega, en volver a ver a Hugo y Nika juntos (cualquier excusa para ver a Nika es válida), al salero de Cristie, a Mai Meneses post-Nena Daconte, a Miguel Ángel Silva hablando de su relación con Mireia de OT1, en devolver a la palestra a ese galán y magnífico artista que es Miguel Nández,… pero, sobre todo, a volverles a ver juntos, y cantando. Porque en esas dos primeras ediciones consiguieron magia.

Cesar Ramos
Cesar Ramos

Redactor

Hijo de los 90 y defensor de la cultura pop como salvadora de almas. Tengo talento y cultura, manos bonitas y el francés lo dejé en la ESO. Diseñador gráfico en mis ratos libros, entrañable y pizpireto pesado de profesión.

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