Oh, gloriosa Britney Spears

It’s Britney, bitch.

Hay cosas en la vida que van y vienen constantemente. Al fin y al cabo, todo es cíclico; la vuelta el cole, la primavera en el Corte Inglés, las llamadas de atención de Aramis Fuster, los anuncios de Ferrero Rocher o los comebacks de Britney Spears.

Podríamos preguntarnos por qué a partir de cierta edad, cuando una artista mujer saca disco se le considera “comeback”, que viene a traducirse como retorno, regreso. Lo cual implica haberse ido a algún sitio. Eso nos daría para un artículo diferente, si no fuera curioso que la última vez que Britney no estuvo fuera en 2007. Todos sabemos por qué.

Desde aquel annus horribilis, han sido ya cinco álbumes los que han funcionado como testigo del estado mental, físico y anímico de Britney, una especie de UCI radiotelevisada que nos ha mantenido a todos en vilo, el mejor reality imaginable. Un magnetismo único, que nos recuerda que Britney Spears es el mayor ejemplo de “factor X” (llámalo “duende”, llámalo como quieras) viviente a día de hoy -junto a Rihanna-.

“All eyes on me on the center of the ring, just like a circus”

Y es que, pase lo que pase, jamás hemos podido dejar de mirar. Tanto en las caídas como en los buenos momentos. Si nos remontamos a su debut, Britney era la personificación del sueño americano, de unos ideales de pureza, virginidad y chica-de-al-ladismo propios de los mejores anuncios de Norit. Hasta que creció ante los ojos de todo el mundo, y se hizo, no un chica, pero tampoco una mujer.

Si hay algo que, lamentablemente, nos ha gustado a todos más que idealizar estrellas, es verlas caer. Ahí empezó el machaque, avivado por empezar a tomar agencia de su libertad sexual (“¡La inocente Britney Spears se corrompe!”), su villanización tras la ruptura con el “pobrecito” Justin Timberlake, y por ser un ideal de todo lo femenino en su máxima expresión; la chica de los pompones, el brilli brilli y el color rosa que le canta al amor.

La machacamos hasta romperla, y quizás por eso vivimos con un cargo de conciencia que, nueve años más tarde, nos hace hinchar por ella, querer verla superarse como a Forrest Gump corriendo desprendiéndose de los hierros de sus piernas, verla triunfar tras haber convertido a una humilde chica de lo más profundo de Estados Unidos en un reflejo de nosotros mismos y nuestra parte más terrible. Y porque aún mantenemos cierto morbo de volver a verle tropezar.

Y es por eso que nueve años más tarde la vemos hacer playback en unos VMA (bastante tibios, por cierto) y decepciona, pero nos conformamos con la seguridad que ha ganado en sí misma. Porque la vemos en el Carpool Karaoke cantando un poquitito, tímida, como si durante toda su carrera hubiese escuchado de todos que no sabe cantar (cosa que siendo o no cierta, estoy seguro de que afecta a la autoestima de cualquiera), y nos alegramos como si nos hubieran dicho que vuelven las Bellepop.


https://www.youtube.com/watch?v=


Por lo que respecta a la música, esta anomalía del pop llamada Britney Spears se encuentra en una posición especial por la que siempre va a tener un hueco en el pop, porque siempre tendremos interés en ver qué ofrece y cómo suena esa niña de las coletas a la que convertimos en calva rompiendo cristales con un paraguas en 2016, en 2020, o en 2030.

A partir de ese punto de inflexión que supone “Blackout”, quienes colaboran con ella saben que pueden hacer de Britney una vasija, un recipiente con el que experimentar, llevar el pop a extremos inimaginables jugando con su magnetismo, con el doble juego que da ver una figura tan femenina jugando con sonidos más estrambóticos (algo como lo que elevó a las Girls Aloud a una de las girlbands más interesantes de la historia), o simplemente jugando a cómo va a sonar hoy su voz, siendo un instrumento más.

“Britney Jean”, sin embargo, su cacareado proyecto más personal hasta la fecha (“¡ahora me vais a conocer de verdad!”) fue un álbum incoherente, hecho mal y rápido, y una muestra de que a Will.I.Am se le acabó el mojo. Nos lo jugábamos todo con este B9, y vaya si levantaron cabeza.

En “Glory”, Britney vuelve a hacer lo que hace mejor; remodelar cómo suena el pop en 2016 a su gusto (Just Luv Me o Better beben directamente de este pop tropical post-Bieber bajo el prisma que supone el distintivo sonido de la “voz” de Britney), experimentar más allá del dibujo (ese magnífico Coupure Electrique, o esa sanguijuela musical que es If I’m Dancing que no se te va a despegar jamás), realizar un monográfico  en primera persona sobre la figura del colonizador español de México Hernán Cortés (Change Your Mind [No Seas Cortés]) o revitalizar su propio sonido (Do You Wanna Come Over?). La única pega podría ser ese interesante pero fallido Private Show, un tema bastante interesante en su composición, pero en el que su voz suena francamente desagradable.

El que estando en 2016 se puedan escribir artículos tan largos (un abrazo y un Aquarius a todos los que hayáis aguantado hasta aquí) sobre Britney Spears es bastante indicador de que queda mucha princesa para rato. Y será interesante ver si seguiremos perdonando condescendientemente actuaciones mediocres (“¡Qué bien lo has hecho, Britney! ¡Toma! ¡Una pegatina!”), abuso del playback o falta de rigor en sus campañas de promoción, a cambio de seguir teniendo en nuestras vidas a alguien que ha trascendido la figura de “performer” para ser algo más allá. Porque resulta que cuando Britney alcanza la gloria, nosotros lo hacemos con ella, joder.

Cesar Ramos
Cesar Ramos

Redactor

Hijo de los 90 y defensor de la cultura pop como salvadora de almas. Tengo talento y cultura, manos bonitas y el francés lo dejé en la ESO. Diseñador gráfico en mis ratos libros, entrañable y pizpireto pesado de profesión.

3 Comentarios
  1. A mi me Gusto su presentacion Vma, salio muy Linda, me Gusto su baile, bueno su Playback es normal en ella, Pero Riana tambien hizo Playback y se equivoco y hizo cara de tragame Tierna, en fin creo que lo Unico que Le falto a la presentacion de britney.füe mas bailarines para llenar Tarima y mas tiempo por que las otras DOS les dieron todo y a britney solo un poquito cualquiera se desiluciona con lo injustos que fueron y Manda todo a la mierda

  2. amé tu reseña, al punto de que yo, un ermitaño virtual (hijo de los 90 también) que no usa redes sociales ni whatsapp decidió comentarla :3

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