PRISIONEROS: Yo por mi hija MA-TO

La famosa frase de Belén Esteban me sirve de punto de partida para hablaros de una de las mejores pelí­culas que se han estrenado los últimos años: Prisioneros. En ella, dos familias sufren la desaparición de una de sus hijas. El sospechoso es un joven que se encontraba en una caravana en las cercaní­as de la casa la tarde de la desaparición. Sin embargo, éste niega haberlo hecho. Además, cuenta con un importante problema mental que le imposibilitarí­a a hacerlo. Empieza así­ una búsqueda en paralelo: la del agente de policí­a encargado del caso y la de las familias y su particular modo de obtener información.

Aunque hemos podido ver en el tráiler cómo intentan conseguir la información, no quiero desvelárselo a aquellos que se quieran acercar a la pelí­cula sin saber nada, así­ que lo dejaré para el spoiler:

El padre de una de las familias secuestra a este joven y lo tortura hasta hacerlo hablar. Estas secuencias están rodadas con la intención de incomodar al público, es decir, llega un momento en que no podemos sino compadecernos de ese chaval que está siendo machacado y del que ni siquiera sabemos si ha sido culpable. Pero, ¿y si ha sido él? ¿Y si sí­ sabe el paradero de las niñas? ¿Y si nos ponemos en la piel de los padres?

El reparto es una de las grandes bazas de la pelí­cula. Hugh Jackman es el padre que más peso lleva de los cuatro involucrados en la trama pero, cuidado, eso no quiere decir que los otros sean unos desconocidos o no tengan su secuencia de gloria: Maria Bello es la mujer de Jackman, y el otro matrimonio está compuesto por Terrence Howard y Viola Davis. Evidentemente, era de esperar algo grandioso. Pero, aún tenemos un actor más que, para mi gusto, es el más oscarizable de todos los que intervienen: un Jake Gyllenhaal soberbio como detective de la policí­a. Su construcción del personaje es verdaderamente increí­ble, consiguiendo que nos lo creamos en todo momento.

jake

Si el reparto es una gran baza para la pelí­cula, el guión es otra. Muchos ya se han aventurado a decir que está a la altura de grandes obras como Seven o Zodiac. No podrí­a estar más de acuerdo. Sus casi dos horas y media nos mantienen pegados a la butaca pensando, sufriendo, dudando, intentando descubrir quién nos miente y quién nos dice la verdad. Todo está tan bien elaborado que, cuando llega la resolución, nos sorprende pero a la vez nos hace asentir, entendiendo que no podrí­a haber sido de otra manera.

Hay una cosa que me ha gustado especialmente de la pelí­cula y es la forma en que se presenta al joven de la caravana, un Paul Dano, una vez más, magistral: pasamos de tener nuestras más temibles sospechas hacia él a compadecernos con solo un plano de las manos asomando a través de unas cortinas. Esto es algo que, luego, se mantiene a lo largo de toda la pelí­cula.

En las secuencias de tortura, una vez es encerrado en la ducha, sólo vemos un ojo ensangrentado iluminado por un mí­nimo halo de luz: si para entonces no nos habí­amos compadecido de él, en ese momento, se nos encoge el corazón por completo.

Como habéis podido comprobar, no puedo estar más entusiasmado con esta pelí­cula. Me parece que tiene todo lo que se le puede pedir: un guión excepcional, interpretado magistralmente y dirigido con sutileza, manteniendo la atmósfera de tensión hasta el último momento. Yo de vosotros, no me la perdí­a.

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De la necesidad, la obsesión y el peligro

Ay, el cine – suspiro –

¿Por qué amamos el cine? ¿Por qué sentimos esa fascinación por el séptimo arte? Hay muchos motivos que podrí­amos señalar: desde su condición de medio de entretenimiento y evasión fácil y efectivo, hasta su potencial didáctico y cultural, pasando porque es el arte que más cerca ha estado de representar nuestros propios sueños.

Existe otro motivo, quizás menos citado y reconocido, que no viene dado por otra cosa que por esa innata caracterí­stica humana que nos hace ser, queramos o no, para bien o para mal, seres profundamente curiosos: cotillas, hablando en plata. Y es que el cine nos acerca a las vidas ajenas, al dolor y a las alegrí­as de personas que, por qué no, podrí­an ser nuestros vecinos. O nosotros mismos. Llámalo interés por el ser humano, llámalo morbo. Como quieras.

A lo largo de la dilatada historia de la cinematografí­a mundial ésta cualidad ha sido representada en pelí­culas tan importantes como: La Ventana Indiscreta, de Alfred Hitchcock, o la reciente, En La Casa, del francés Franí§ois Ozon. Pelí­culas que creaban un relato voyeurí­stico en el cual, una persona espiaba y disfrutaba espiando la vida ajena. Esa persona no es otra que el mismo espectador.

Y no hace falta buscar ejemplos tan directos. La representación del dolor, de las desgracias, de los desastres mundiales nos impiden alejar la mirada de la gran pantalla en un acto de ¿interés?, ¿necesidad? e incluso ¿de disfrute?.

Por ejemplo, en AmorMichael Haneke extraí­a la máxima belleza y la más poderosa lí­rica posible del duelo de la vejez, sin evitar un ápice de crudeza visual. Decí­amos que era una obra maestra.

A las pelí­culas anteriores se les une otra obra maestra, la obra maestra con la que inauguro esta sección. Una de las pelí­culas que más acertadamente ilustran algunas de las obsesiones más oscuras del ser humano. Estoy hablando de Terciopelo Azul, de David Lynch.

Terciopelo Azul es una pelí­cula de contrastes, de texturas. Texturas visuales, explí­citas, y narrativas, í­mplicitas: existe una parte tan ligera y suave como el terciopelo del tí­tulo, bella y oní­rica, que invita a dejarse llevar por el relato, pero también posee otra parte más dura, cruda, llena de aristas y obstáculos por esquivar que convierten el visionado de está pelí­cula en un incómodo viaje al fondo de las más inconfesables fantasí­as y deseos del ser humano.

Terciopelo Azul es un brillante, provocativo y perturbador ejercicio cinematográfico. Un valiente baile de máscaras, de falsas apariencias y un enrevesado cuento de hadas, en el que un caballero debe salvar a la princesa de las garras de un villano. O de ella misma.

En Terciopelo Azul nada resulta ser lo que parece, los personajes, perdidos en su propia vida, cambian su personalidad de manera camaleónica buscando un lugar dentro de su propia historia. De esta forma, Jeffrey Beaumont, el joven que se ve involucrado en una macabra trama de juegos eróticos y crí­menes al encontrar la posible prueba de uno de éstos, interpretado por Kyle MacLachlan, se coloca en el centro de un tablero cuyos lí­mites resultan inexplorados. Rodeandole, las dos mujeres de la historia: la doncella que desea salir de su burbuja de protección, desmelenarse, alejarse del ambiente de (sobre)amparo constante en el que vive, quizás, sometida: Una inocente Sandy Williams (Laura Dern) de tez pálida. Y, en el lado contrario, Dorothy Vallens, una salvaje Isabella Rosellini, cautiva de ella misma, del deseo, viviendo al lí­mite entre un club nocturno y su apartamento-jaula, oprimida y abducida por su captor. Dos mujeres esclavas de sus propios modelos de vida, de sus coartadas libertades y de un hombre; un triángulo ¿amoroso? que rota entre sí­ y en el que la obsesión se convierte en tangible peligro, y éste peligro, en una terrible necesidad. Tres personajes cuyo ser depende del riesgo, de la amenaza y del miedo. Tres personajes en busca de los lí­mites de ese tablero.

Y jugando, observando, controlando, y operando éste laberinto de pasiones cruzadas, esta placentera pesadilla: un terrorí­fico Dennis Hooper, de voz rasgada y mascarilla, poseí­do por el deseo, cuya vida se reduce a la necesidad (vital) del sexo, (o) de un retal de terciopelo azul. La perversidad y la perversión de un personaje desdichado, maligno, y completamente demente.

Terciopelo Azul es una obra sexual, magnética y caprichosa que aborda la moralidad de nosotros mismos, como espectadores ilusos (o no) al sentir, gracias a un sensorial conjunto de imágenes semi-oní­ricas, semi-reales, ese placer estético, que ya Aristóteles citaba como principal función de la literatura (y, de alguna manera, por ende, del cine), desde el dolor y la observación, nerviosa e incómoda, de unos crí­menes feroz-, feliz-, y maestra-mente realizados. Un thriller de intrigas de culebrón que arroja dicha maestrí­a desde sus poros de telefilm hasta la construcción de escenas mí­ticas: el hipnótico Blue Velvet de Isabella Rossellini es una de las escenas más bellas, tristes y emocionantes del cine contemporáneo (y, ojo, en otra obra, maestra, de Lynch, Mulholland Drive, nos encontramos ante una escena muy similar):

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Lynch realiza un largometraje poco convencional que causa extrañeza en el espectador por su fuerte impacto psicológico en el mismo, morboso por su explí­cito relato y sus oscuras imágenes, pero menos surrealista que otras obras del director. Siguiendo una narración de estructura más tradicional, apoyándose en un desconcierto creado, en gran parte, por su atmósfera y el contraste entre la forma en la que se recrea en los pequeños detalles de la aburrida rutina de un pueblo cualquiera, y la formación de un sombrí­o y particular mundo, alejado de los cánones de la realidad, alrededor de estos personajes, Lynch nos regala dos horas de inolvidable tensión, asfixiante narración y un in crescendo de locura. Una locura que, poco a poco, va tomando cada plano del largometraje, uno de los más aclamados del famoso director que esta semana se encuentra en la capital del paí­s (afortunados sois los madrileños), y, poco a poco, también se va apoderando del espectador.

Sublimando las imágenes y el sonido, las texturas, visuales y sonoras, de las que hablábamos un poco más arriba, los colores y la música, y con un relieve sensual, bravo, y salvaje, Terciopelo Azul se convierte en algo más que una de las mayores (y mejores) pelí­culas de culto que ha dado el cine. Es un viaje a lo más profundo de nosotros mismos, del cine; un lugar, un tan plácido y fascinante como irreal oasis en nuestra mente; y es un estado, un estado en el que se explotan nuestros sentidos, se descubren nuestras virtudes y se exaltan nuestros defectos. Un viaje, un lugar, un estado, una pelí­cula sin lugar para el pudor. Pero sobre todo: algo mágico.

Por cosas como ésta amamos el séptimo arte. Y entonces, volvemos al principio:

Ay, el cine. 

Y terminó San Sebastián

El pasado 28 de Septiembre daba por finalizado la 61 edición del Zinemaldia, el único festival internacional de cine de clase A (la primera división, por hablar en plata) que se celebra en España, más concretamente en San Sebastián. Pelo malo, de Mariana Rondón ha sido la pelí­cula galardonada con la Concha de Oro, una decisión más que discutida y cuestionada por la prensa especializada que no ha compartido la decisión del jurado que este año encabezaba el cineasta Todd Haynes.

Jim Broadbent ha sido el actor que ha recibido la Concha de Plata a la mejor interpretación masculina por su trabajo en Le-Weekend, una especie de cuarta entrega apócrifa del romance de Jesse y Celina firmado magistralmente por Richard Linklater y que Roger Mitchell, en la pelí­cula que nos concierne, no orquesta con el mismo tino. La española Marian ílvarez ha sido la merecidí­sima Concha de Plata a la mejor actriz, por La herida, dirigida por Fernando Franco, que también ha recibido una mención especial del jurado. Un trabajo, el de la actriz, indiscutible. Además ha habido premio para Club Sandwich (mejor director), Quiai d’Orsay (mejor guión) y la también española Caní­bal, de Manuel Martí­n Cuenca (mejor fotografí­a).

Una edición que, a pesar de saldarse con un palmarés discutido y manifiestamente mejorable, ha servido, entre otras muchas cosas, para sacar a la luz dos revelaciones muy importantes: la primera de ellas que Denis Villeneuve, director de Incendies, es probablemente uno de los directores más importantes a tener en cuenta en los años venideros, por su versatilidad y maestrí­a. Competí­a con la sugerente Enemy, y presentaba la proyección especial de Prisioneros, un thriller que corta la respiración que acaba de estrenarse en cines. Para Enemy tendremos que esperar al año que viene.

Y en segundo lugar que el cine español vive una época de esplendor: seis pelí­culas con capital español en la sección oficial del festival que han mostrado, cada una a su manera, que el cine español es tan capaz de hacer grandes productos para la taquilla como intimistas retratos de la soledad, el amor y la enfermedad; una versatilidad cinematográfica repleta de buenas historias, buenas interpretaciones y pocos complejos que, combinados con un nivel alejado de la excepcionalidad en esta sección, han hecho brillar aún más a nuestras representantes que preparan el camino para su estreno comercial.

Festival de San Sebastián BFace Mag

¿Que nos deparará San Sebastián el año que viene? Aún es pronto para hacer predicciones, mientras tanto, y una vez terminado, toca continuar con la celebración: Sitges, Valladolid, Sevilla o Gijón son algunos de los más inminentes. Sentémonos a descubrir cine, sentémonos a disfrutar.

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Entrevista a Natalia de Molina tras el Festival de San Sebastián

"˜En toda época de sombras, siempre acaba surgiendo la luz'

Hay actrices que tienen técnica, otras carisma, algunas talento natural y muy pocas un halo especial que las hace automáticamente diferentes al resto. Y, cada cierto tiempo, podemos ver a intérpretes que reúnen todo lo anterior, bestias pardas que se crecen delante de una cámara y que están destinadas a ser cabezas visibles de una nueva generación de actores y actrices. Natalia de Molina es, sin duda, una de ellas. La protagonista de la última pelí­cula de David Trueba, «˜Vivir es fácil con los ojos cerrados’, es uno de esos rostros nuevos destinados a quedarse en el cine español. Recién llegada de San Sebastián, donde ha presentado junto al director y sus compañeros de reparto, Javier Cámara y Francesc Colomer, la pelí­cula, hemos podido hablar con esta andaluza que respira cine, teatro, pasión y ganas de seguir contando historias a través de sus personajes.

 

P: El tí­tulo de «˜Vivir es fácil con los ojos cerrados’ alude a una de las estrofas de la canción «˜Strawberry fields forever’. Si tuvieras que elegir una estrofa de una canción para titular una pelí­cula ¿cuál serí­a?

R: Pues cualquiera de John Lennon, no he parado de oí­rle mientras rodaba la pelí­cula. Una de mis favoritas, y que más me emociona, es de «˜Imagine’: «˜you may say I am a dreamer, but I am not the only one’. Titularí­a a una pelí­cula así­.

P: Imagina que estás sola en casa y, de repente, suena «˜Strawberry fields forever’. Cierras los ojos ¿y qué se te viene a la cabeza?

R: Muchí­simos recuerdos, esa va a ser siempre una canción que forme parte de mi memoria y de mi vida. Si la escucho siento muchas cosas, muchas imágenes, desde que hice la prueba con David Trueba (y me caí­ por las escaleras haciéndola) hasta el dí­a en que conocí­ a Javi Cámara, el viaje a Almerí­a, el paisaje de allí­, la gente … se me vienen a la cabeza muchas cosas pero, sobre todo, muchos sueños cumplidos.

P: Interpretas a Belén en la pelí­cula de Trueba ¿quién es ella?

R: Es una chica de Málaga, de 21 años, que se queda embarazada y soltera en una época no demasiado fácil para ello, 1966. Eso la convierte en una descarriada pero vence los prejuicios y se escapa con el personaje de Javier Cámara hacia el sur, a Almerí­a. Ella es una luchadora, quiere decidir sobre su vida, tener voz, ser valiente … Es un personaje precioso, yo la veo como un homenaje a todas esas mujeres anónimas que lucharon por dar fuerza a las mujeres, consiguieron muchí­simo para las que vinieron después.

P: En medio de la peor crisis que ha vivido nuestro cine, logras un protagonista con David Trueba ¿cómo viviste esa llamada que te cambió la vida?

R: La recibí­ justo después de una función de «˜La mirilla’, el burlesque cabaret que interpretaba, junto a otras estupendas actrices, en Garaje Lumiére. No me lo creí­a, no se lo querí­a contar a nadie porque me costaba aceptarlo, pensaba que al dí­a siguiente me llamarí­an para decirme que todo habí­a sido un error. Pero desde ese momento empecé a obsesionarme con ser Belén, con hacerle justicia, con que era yo la persona perfecta para hacer ese personaje. Esa llamada me hizo darme cuenta de la suerte que habí­a tenido pero también lo vi algo justo, habí­a recibido tantos no en los últimos años que necesitaba ya un sí­. Y el sí­ para esta pelí­cula me hizo agradecer todos los no anteriores.

P: «˜Vivir es fácil con los ojos cerrados’ habla de un viaje, fí­sico y emocional. Pero para ti ¿cómo fue el viaje de rodar esta pelí­cula?

R: Fue un viaje muy, muy intenso, con mucho miedo. Pero tení­a tantí­sima ilusión que eso hací­a que, por momentos, el miedo desapareciera. Ahí­ me veí­a yo, rodeada de gente que llevaba toda la vida trabajando en el cine y yo era una novata muerta de nervios … pero entonces siempre vení­a David o Javi y me abrazaban, me daban ánimos, me decí­an «˜hasta las grandes tienen que hacer cuarenta tomas hasta que quede perfecta’. Me ayudaron muchí­simo, hicieron que este viaje fuera un crecimiento personal y artí­stico tremendo.

Natalia de Molina
Fotógrafo / Paco Anaya

R: Majestuosidad. Recuerdo estar en el Marí­a Cristina, antes de las entrevistas, y que todo me parecí­a surrealista, era como si lo viviera de fuera, a través de otra persona. Cuando llegué a Madrid pensé ¿ha pasado esto de verdad? Me vení­an a la mente los aplausos, el estreno, las crí­ticas tan buenas … ha sido maravilloso.

P: Vuestra pelí­cula ha puesto de acuerdo a la crí­tica más exigente y al público, todos la consideraban una de las mejores cintas del certamen. ¿Qué crees que tiene «˜Vivir es fácil con los ojos cerrados’ para lograr esa empatí­a, esa unanimidad?

R: Que se trata de una peli muy sencilla que cuenta cosas muy de verdad, que hace que den ganas de vivir, de cambiar las cosas, de ser mucho más positivos, de luchar por lo que crees, de seguir en pie ante todo. Te habla de que en épocas de oscuridad siempre acaba surgiendo la luz y eso, en la época que nos ha tocado vivir, es algo muy importante y que el espectador agradece mucho.

P: Ahora que llega el estreno, termina el viaje para ti pero empieza otro nuevo ¿Qué esperas ahora, después de la resaca de «˜Vivir es fácil con los ojos cerrados’?

R: Espero algo tan importante como es seguir trabajando, que me dejen contar historias y seguir creando personajes.

P: Fuiste parte muy activa de Garaje Lumiére, sala de teatro que ha sido una de las más perjudicadas por el nulo interés del Gobierno y la comunidad de Madrid en regular la normativa que afecta a las salas del circuito off. ¿Cómo viviste el cierre de este espacio ya emblemático?

Con mucha desesperanza porque veí­a que hay veces en que da igual que luces por algo bonito, útil, cultural, como lo hicieron mi hermana Celia de Molina y su equipo … hay ocasiones en que te dejas la piel por ello, por levantar un teatro, y hay gente que se empeña en obligarte a cerrar los ojos. Pero también fue precioso ver el apoyo de tantí­sima gente, todo el amor que nos dieron … Garaje fí­sicamente ha cerrado pero sigue dentro de todos, como una idea, un concepto, un recuerdo. Aprendimos todos de aquello, a seguir luchando, a no ser sumiso.

P: Si te ofrecieran un reparto soñado con el que compartir cartel ¿quiénes serí­an?

Sin dudarlo, Paul Newman, Marilyn Monroe y John Cassavetes.

P: Una escena de la historia del cine que a Natalia de Molina le hubiera encantado interpretar ella.

Ufffff… es que hay muchas, pero ya están maravillosamente interpretadas por quienes las hacen. Me maravilla todo lo que tenga que ver con Gena Rowlands y John Cassavetes, cualquier escena de ellos. O hubiera sido genial interpretar esa secuencia de «˜Bus Stop’ en que a Marilyn le intentan arrancar la falda y ella se vuelve … pero claro, luego pienso «˜si ellas están perfectas ¿para qué lo voy a hacer yo?’.

Fotografí­as de Paco Anaya

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Miss Gravity Bullock

¿QUí‰ PASA CON GRAVITY?

Año tras año, los pocos que todaví­a consideramos el cine como un bien de primera necesidad, asistimos a una feria ambulante de atracciones. Atracciones, en su mayorí­a, con una fórmula ya caducada. Lo que se nos ofrece no es nuevo, espectáculos reinventados con campañas de marketing hinchadas de dinero y un objetivo único: triplicar el dinero invertido. La primera parada es la taquilla de cine. O la cuarta. Hasta hace pocos años el marketing previo a las salas se limitaba a revistas de cine mensuales y trailers. Nada comparado con la actualidad, las redes sociales nos han hecho primeros protagonistas sedientos de información diaria. Lo que empezó como algo revolucionario, lo sigue siendo, pero el más avispado debe saber lo importante que es medir esa información que consume. Es aquí­ donde entra el HYPE, la bomba de relojerí­a que puede estallar en las manos sin que te des cuenta, y viene causado directamente por ese consumo tan bestial de noticias que conforman una campaña viral: web, poster, teaser, trailer, entrevistas, redes sociales, y el propio público consumidor. Con un protagonista esencial: el festival de cine. ¿Qué está pasando para que los grandes estudios decidan pasear sus pelí­culas, que aparentemente no tienen necesidad, por los festivales de cine clave?. Cannes, Toronto, Telluride, Venecia, San Sebastián. Precisamente, crear ese hype en el público. Si antes la información que llegaba desde los festivales se limitaba al crí­tico de cine de un periódico por una única ví­a, ahora el boom mediático que suponen las redes sociales agiliza toda esa información que no podrí­a ser posible de otra manera. Estamos ante una nueva forma de vivir el cine. Pero cuidado, puede ser peligrosa.

¡Odio el espacio!

 

Por eso, Gravity es la pelí­cula acontecimiento del año. Con un tour que incluye Venecia, Telluride, Toronto y San Sebastián,  el film de Alfonso Cuarón es ya historia del cine, y un fenómeno de masas. En su primer fin de semana, la recaudación USA superó los 55 millones de dólares, cuando la propia Warner no confiaba en las posibilidades. En dos semanas los millones amasados en todo el mundo llegaban a 200. Entonces, ¿qué tiene Gravity de especial?. Estamos ante la atracción que devuelve y consigue renacer la magia de ver cine en el cine. La atracción estrella, con un 3D sobrecogedor que te convierte en los ojos y sufrimiento de Sandra Bullock. No has leí­do mal, si vas al cine y ves Gravity en 3D te conviertes en Sandra Bullock, y sufres, sufres mucho. Dos astronautas tienen un accidente en un viaje espacial. El argumento podrí­a haber salido de un curso de verano de escritura creativa, o de un paseo por Tumblr. Con un George Clooney irónico convertido en Buzz Lightyear, acompañado de su mariliendre, Sandra Bullock. Pero el guión tan convencional es esencial para el conjunto de toda la pelí­cula, forma parte de la experiencia. El espacio te atrapa y el espectador, desde su butaca bien agarrada, se convierte en astronauta durante 90 minutos de auténtica locura. Una locura que hace que Gravity consiga ser un punto y a parte en el cine. Pero cuidado, esto no es el relevo de 2001: Una Odisea del Espacio (Stanley Kubrick – 1968). Que nadie caiga en esa trampa del falso cinéfilo. Gravity es la atracción estrella de la feria, 2001 es la feria. Y esa atracción es manejada por una bestia parda que lo da todo: Sandra Bullock.

¡Solo sabemos según Cuarón que vais a flipar!
¡Solo sabemos según Cuarón que vais a flipar!

 

¿Cí“MO HA LLEGADO SANDRA BULLOCK HASTA AQUí?

Gravity es la pelí­cula por la que Natalie Portman y Angelina Jolie rascan con las uñas las paredes de su casa. Un tropiezo no para ellas, sino para sus agentes. A Natalie alguien le dijo que ganar un Oscar te daba carta libre para ser madre y no salir de casa. Angelina considera eso un despropósito y vive en una tribu. Pero cuidado, juego arriesgado. La panadera de Renée Zellweger os podrí­a contar una historia muy triste de una clienta fracasada.

Hollywood se inventa sobre la marcha muchos cuentos de hadas, pero así­ como los inventa, los destruye, y esas alas de hada se transforman en cadenas para actrices que se creen estrellas más rápido de lo que merecen. Porque 10 años y un Oscar no perdonan una retirada temporal, o eso creí­a Julia Roberts, America’s Sweetheart y rival directa de Sandra en los 90′, que desde que se bañó en oro en el 2000 no levanta cabeza. En 2009 fue testigo de como la propia Bullock relanzaba su carrera de estrella, y su IMDb, con pelí­culas que ella misma habí­a rechazado: The Proposal y The Blind Side. Un drama, Julia.

Fue precisamente con The Blind Side cuando llegó la revolución: el Oscar de Sandra.  Por si fuera poco, a veces una peluca y un Oscar no son suficientes para conseguir el respeto de todos. El mundo esperaba todaví­a algo más de Miss New Jersey, y el sufrimiento siempre es una buena moneda de cambio para ser aceptada en esta sociedad. El público al fin consigue empatizar con Sandy. De todas maneras, Sandra Bullock lleva desde 1995 siendo la responsable de que las taquilleras de metro crean en el amor, y eso ya vale más que cualquier premio.

Primera prueba de vestuario: descartado

 

¿CUíLES SON SUS POSIBILIDADES?

Como maldita masterpiece y revolucionaria, Gravity está muy presente en la carrera, segunda frontrunner potente después de 12 Years a Slave de Steve McQueen, pero NO va a ganar el Oscar a Mejor Pelí­cula. Su género, aunque no es la ciencia-ficción como se quiere hacer creer (tiene más de terror que de ciencia-ficción), thriller dramático espacial, no coincide con el gusto general de la Academia. Si hacemos historia, ninguna pelí­cula comparable a Gravity ha ganado el Oscar a Mejor Pelí­cula. En cambio, si son altas las posibilidades de Director y, por razones obvias, arrasar en todas las categorí­as técnicas. Sandra Bullock ya es una nominada segura por Actriz Protagonista, aunque su polémico primer Oscar es muy reciente, y su rival directa Cate Blanchett, por Blue Jasmine de Woody Allen, pisa fuerte. De todas maneras, la gran baza de Gravity es su ya asegurada perdurabilidad en el tiempo y en la memoria de todos. El mayor premio para cualquier pelí­cula.

 

 

TOP6 SPOILER:

1. Sandra Bullock lleva peluca. El pelo en el espacio flota, el suyo no, es especial.

2. Lo que significa que habí­a presupuesto para mucha laca, o era de los chinos.

3. Chinos que no ayudan a Sandra en la estación espacial.

4. Además, Sandra Bullock no habla chino (ironí­a reservada exclusivamente en la V.O.)

5. Sandra no muere.

6. George Clooney sí­.

 

¿Qué hace David Lynch en Madrid?

La Escuela TAI ha acogido hoy la única clase magistral que ha impartido el prestigioso director norteamericano David Lynch en su primera visita a España, dentro del marco del Festival RIZOMA en su edición más -TRANS. La cita con el invitado especial del certamen ha tenido lugar a las 18:00h en la nueva sede de la Escuela TAI junto a la Puerta de Alcalá. Además presencia de David Lynch ha coincidido con la inauguración del inicio del curso en los grados artí­sticos en Cinematografí­a y Fotografí­a.

La presencia de Lynch ha provocado un furor masivo en redes y el boca a boca ha desencadenado en una clara presencia y fervor del fanatismo lynchiano. El director, que ha decidido dejar de hacer pelí­culas para dedicarse a las clases de meditación (sí­, como lo leéis), ha enamorado al público del nuevo espacio multifuncional del TAI con un speech ameno e inspirador. Los nuevos y futuros cineastas, medios y una ingente cantidad de invitados de gran relevancia como Daniel Sánchez Arévalo, Fresnadillo, Nacho Vigalondo, David Trueba o Ramón Salazar, han podido disfrutar de un café tras el coloquio del director en donde han compartido sus impresiones.

¡Chapó, Mr. Lynch!

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Recordando «El resplandor»

Puedo dar muchas razones que respondan a por qué he decidido inaugurar esta sección con una pelí­cula de Kubrick, pero de todas ellas la que más influencia ha ejercido en mi conciencia, y que por tanto considero más relevante, ha sido que este cineasta es la mejor razón que he tenido – y probablemente tendré – para dedicarme al cine. Empiezo con «El Resplandor« como podrí­a comenzar con «2001: Una odisea del espacio« o «Dr. Strangelove«; no soy una persona a la que le guste hacer demasiadas distinciones cuando las opciones que se barajan son de tanta envergadura. Con todo esto dicho, doy una cálida bienvenida a todos los nuevos lectores. Acomódense en sus sillas, porque en unos instantes viajarán a las entrañas del infierno, donde el terror y la locura bailan juntas de la mano en una danza macabra, todo ello bajo la presencia del misterioso y omnipotente número 237.

¿Pero por qué «El resplandor» tiene, después de treinta años, un aura tan resplandeciente? Quizá sea la continua necesidad del ser humano de escuchar o leer historias macabras, o el placer que provoca ver en pantalla escenas escabrosas. Puede ser que Jack Nicholson haciendo aspavientos durante horas infunde verdadero terror. O quizá sea el auténtico miedo en la mirada de Shelley Duvall después de repetir alguna toma más de cincuenta veces. Kubrick era así­. La esencia de sus pelí­culas depende de cada espectador. Oscar Wilde decí­a que la naturaleza del arte reside en la interpretación que cada uno de los espectadores da a la obra. Si hay algo en lo que estamos casi todos de acuerdo es que esta pelí­cula destaca por encima de la mayorí­a de las de su género. ¿Por qué? Probablemente por el detallismo paranoide que impone Kubrick en cada secuencia. Todos sus largometrajes destacan por tener una planificadí­sima puesta en escena y un exhaustivo desarrollo psicológico de los personajes.

sh_elevatorfromwendysviewA priori todo esto no es perceptible por el espectador medio, pero al igual que no vemos los 24 fotogramas por segundo del rollo de pelí­cula, tampoco detectamos a primera vista los detalles que completan el conjunto. Y en esto Kubrick era todo un experto. En cada plano juega con la profundidad de campo y añade pequeños detalles (una luz, una silla, una moqueta de un color llamativo) que quedan grabados en nuestro subconsciente. Con el paso del tiempo podemos olvidar cómo acababa la historia, si Jack Torrance morí­a congelado o si Wendy conseguí­a escapar o no, pero estoy seguro de que muy pocos han podido olvidar la habitación verde donde Jack encuentra a una mujer desnuda, los trávelins por los pasillos del Overlook Hotel, los baños anacrónicos del bar-restaurante, la sangre manando de los ascensores y los gritos de una mujer desesperada mientras su marido destroza la puerta con un hacha. Y es que, como mencionaba arriba, lo escabroso, extraño y atemporal siempre llama la atención, y precisamente el cine juega con nuestra percepción de la realidad y la deforma; cuanto más difiere ese mundo imaginario del nuestro y cuanto más excéntrico nos resulta, más nos llama la atención.

Sobre esta pelí­cula se han expuesto teorí­as y teorí­as. Si algún cinéfilo kubrickiano se decide a ver el documental «Room 237«, se encontrará de lleno con un auténtico manjar de ideas, en su mayorí­a interesantes aunque, todo sea dicho, ilegí­timas. Entre ellas se encuentra de todo; desde que una proyección de la pelí­cula desde el final hasta el principio puede resultar reveladora, hasta la inconcebible – por disparatada – coincidencia de un cúmulo de nubes que parecen formar el rostro del director en el cielo, todo ello pasando por numerosos detalles y guiños que Kubrick introduce sutilmente a lo largo del metraje.

Stanley Kubrick directs Jack Nicholson  (The Shining)

Sin duda, es una pelí­cula que ha dado mucho de qué hablar durante más de tres décadas. Aunque el dí­a de su estreno tanto Stephen King como la crí­tica la destrozaron, e incluso fue injustamente nominada a los innecesarios – refiriéndome a su existencia – Razzies, hoy en dí­a ha adquirido la notoriedad que se merece. Los fans de Kubrick no solo lo catalogamos como uno de los mejores cultos de terror, sino como una de las mejores pelí­culas de la historia del cine. ¿Cierto o no? Ahí­ ya entran ustedes. Les invito a que la vuelvan a ver, reflexionen sobre ella y expongan sus teorí­as.

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Must See Them (I): Octubre

Un Don Juan moderno, unos fantasmas cabreados y un pianista en apuros.

Bienvenidos a MUST SEE THEM, sección en la que os traeremos los estrenos más llamativos de los próximos meses, es decir, siempre a finales de cada mes os presentaremos las pelí­culas que se estrenarán en el mes posterior. ¡Comenzamos!

18 DE OCTUBRE:

– Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013): Tom Hanks protagoniza esta cinta de ritmo frenético, basada en hechos reales, sobre el ataque a un buque de carga estadounidense a manos de unos piratas somalí­es. Hanks da vida el capitán del barco en una interpretación que le podrí­a conceder una nueva nominación al Oscar, trece años después de Náufrago. Catherine Keener también se encuentra en el reparto como la mujer del capitán. [ver tráiler]

– Turbo (David Soren, 2013): Dreamworks nos trae esta cinta de animación sobre un caracol que sueña con participar en las más grandes carreras de coches. Una noche, tras una mágica transformación, consigue alcanzar velocidades increí­bles. Los creadores de Madagascar y Kun-Fu Panda son los responsables de esta nueva aventura. [ver tráiler]

– Una cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013): Rachel McAdams va camino de convertirse en la nueva reina de las pelí­culas románticas. A El diario de Noa y Todos los dí­as de mi vida, se le suma ahora esta comedia sobre un hombre (Domhnall Gleeson) que es capaz de viajar en el tiempo. Sin embargo, estos viajes tienen un doble rasero: si bien le permiten rehacer malas experiencias, también pueden ocasionar alteraciones en el curso normal de las cosas. Dirige Richard Curtis, responsable de Notting Hill y Love actually. Palabras mayores. [ver tráiler]

– El quinto poder (Bill Condon, 2013): Benedict Cumberbatch es Julian Assange, fundador de Wikileaks, en la adaptación al cine de la novela «Inside Wikileaks». Daniel Brí¼hl, Laura Linney y Stanley Tucci se encuentran también en el reparto. [ver tráiler]

 25 DE OCTUBRE:

– Insidious: Capí­tulo 2 (James Wan, 2013): Continuación de la notable cinta de terror que nos hizo gritar como locos en 2011, Insidious. La cinta arranca justo a continuación de lo sucedido al final de la primera. La familia ahora tratará de descubrir que es lo que pasó y por qué siguen conectados con el otro lado: el lado de los espí­ritus. Patrick Wilson y Rose Byrne regresan como el matrimonio Lambert, prometiendo terrorí­ficas experiencias. [ver tráiler]

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– Grand Piano (Eugenio Mira, 2013): El director de Agnosia regresa con una historia angustiosa en la que Elijah Wood se convierte en un pianista amenazado de muerte: o interpreta a la perfección la pieza o él y su mujer morirán. Tras la amenaza, John Cusack. [ver tráiler]

– La vida de Adele (Abdel Kechiche, 2013): Ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes. Se trata de la adaptación a la gran pantalla de la novela gráfica homónima, en la que una joven, que hasta ahora habí­a sentido atracción por los chicos, de repente, se descubre enamorada de Emma, una chica de pelo azul. Grandes alabanzas para esta cinta protagonizada por Léa Seydoux y Adí¨le Exarchopoulos. [ver tráiler]

31 DE OCTUBRE:

– Sólo Dios perdona (Nicolas Winding Refn, 2013): Tras la maravillosa Drive, su director nos trae esta nueva historia de violencia, de nuevo con Ryan Gosling, en la que interpreta a Julian, el propietario de un local de boxeo tailandés en Bangkok que recibe la visita de su madre tras el asesinato de su hermano. Ella quiere venganza y le pedirá a Julian la cabeza de los asesinos de su hijo. Aunque no ha recibido todas las buenas crí­ticas que se esperaban, el tráiler nos deja con muchas ganas de verla. [ver tráiler]

– Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013): Joseph Gordon-Levitt dirige y protagoniza esta adaptación moderna del Don Juan, en la que encarna a un mujeriego adicto al sexo, y sobre todo, al porno, que se enamora por primera vez de una chica (Scarlett Johansson) e intenta cambiar. Las crí­ticas no hacen más que alabar al debut tras las cámaras del actor que además realiza una de sus mejores interpretaciones. También en el reparto Julianne Moore. [ver tráiler]

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– Thor. El mundo oscuro (Alan Taylor, 2013): Una nueva fuerza amenaza con sumir al universo en la oscuridad. El poder del enemigo es tal que Thor tendrá que pedir ayuda a hermano, Loki, villano de la entrega anterior. Chris Hemsworth vuelve a enfundarse el traje de superhéroe en esta secuela en la que también regresan Natalie Portman y Tom Hiddleston. [ver tráiler]

– Pacto de silencio (Robert Redford, 2012): Robert Redford se ha rodeado de un reparto cinco estrellas para su regreso tras las cámaras, tres años después de La conspiración. En esta nueva cinta, de nuevo de trama polí­tica, Shia LaBeouf es Ben Shepard, un periodista que investiga el atraco a un banco acontecido hace treinta años a manos de unos activistas. Algunos de ellos fueron enviados a prisión pero otros se encuentran en libertad, escondidos. Jim Grant (Redford) es uno de ellos y ve como su vida da un vuelco cuando Shepard revela su paradero al FBI. Adaptación de la novela The company you keep de Neil Gordon que cuenta además en el reparto con Nick NolteSusan SarandonAnna KendrickBrendan Gleeson y Terrence Howard, entre otros. [ver tráiler]

– Vivir es difí­cil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013): En 1966, un profesor enseña inglés a través de las canciones de The Beatles. Cuando se entera de que John Lennon se encuentra en España, decide embarcarse en un viaje para encontrarse con su í­dolo. Excelentes crí­ticas en San Sebastián. Encabeza el reparto Javier Cámara. [ver tráiler]

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