Rufus T. Firefly: es imposible parar su luz

Rufus T. Firefly Ochoymedio

¿Sabéis ese momento en que todo comienza a funcionar, y no hay marcha atrás? ¿Conocéis esa sensación de vértigo cuando consigues todo lo siempre peleaste? Es una mezcla de miedo, satisfacción y alegría brutal. Duelen hasta los huesos, y una vez llegados a este punto, no podemos correr hacia atrás. La carrera de Rufus T. Firefly ha sido un carrera de fondo. Hace díez años que persiguen el sueño de ser reconocidos dentro del panorama independiente nacional, y no fue hasta la publicación de «Nueve» (2014), su tercer álbum de estudio, que han logrado estar en boca de todos. 

Hace algo más de una semana, en la Sala Ochoymedio ponían el broche a un año de éxito. Con unos audiovisuales acordes a la psicodelia del grupo y un cuidado setilist que repasaba toda su carrera. No se olvidaron de rescatar un considerable número de temas de su anterior LP, Ø (Conjunto Vacío, 2012), e incluso algunos amigos se subieron al escenario, como Charlie Bautista en Somos el enemigo, corte de temática social que define muy bien el sonido del grupo.

Nueve se ha convertido en un número mágico para todos los componentes de Rufus T. Firefly. «Todo empezó por hacer un pequeño homenaje a John Lennon. Él pensaba que el nueve era un número mágico y que todas las cosas importantes de su vida estaban relacionadas con ese número. Al final la broma se nos fue de las manos, el disco acabó teniendo nueve canciones, durando la última nueve minutos exactos (Canción infinita) y nos dimos cuenta de que cumplíamos nueve años como banda«, nos contaba Víctor Cabezuelo, vocalista y guitarrista de la banda.

La carrera que les llevó a una abarrotada OchoyMedio ha tenido varias paradas significativas. Momentos que marcan el éxito actual en el que se encuentran. La primera fue el veintiocho de febrero en la Sala Caracol, presentación oficial del disco en Madrid, y donde colgaron un ‘Sold Out’ merecido. «Fue precioso, lloré en el escenario. Nos costó muchísimo dinero, esfuerzo y energía vital poder sacar adelante este disco, y al ver lo que pasó en esa presentación me derrumbé. Era como si de repente el karma nos diera lo que no nos había dado durante tantos años«.

Al final, nos ha enseñado que todo esto es una cuestión de esfuerzo honesto. Si peleas de verdad, algún día, llega.

Algo parecido sucedió en la Plaza del Trigo, durante el Festival Sonorama Ribera. Un momento que marcó no sólo el empuje necesario que les faltaba para aparecer, esperemos, el próximo año en todos los carteles de festivales; sino que fue un momento muy emotivo para todos los que les seguimos y apoyamos desde hace años. Me voy a reservar el derecho de hablar en primera persona, y reconocer que, lejos de mi faceta de periodiodista, en ese concierto, fui fan. Y lloré a grito de «¡Escenario principal!», en una masa de gente rendida ante el espectáculo que ofrecen en directo.

«Cuando publicamos Ø escribí a todos los festivales del país ofreciéndonos a tocar gratis, a la hora y en las condiciones que fueran. Nadie me contestó. De repente, estar en aquella plaza del Trigo abarrotada, con miles de personas cantando y pidiendo el escenario principal nos emocionó muchísimo. Teníamos muchas emociones contenidas que ese día pudieron salir. Es difícil de explicar con palabras…«.

Pero es que el talento de la banda no sólo ha sido reconocido por seguidores y promotores. Compañeros de carretera con innegable éxito como son Vetusta Morla, los invitaron para abrir varios de los conciertos más importantes de su última gira.

«Una mañana me llamaron por teléfono para preguntarme qué nos parecería tocar con ellos en tres conciertos. Les dije muy tranquilo que sería un placer y en cuanto colgué me puse a gritar y a correr por toda la casa. Estamos muy agradecidos«.

Ha sido increíble poder ver todo lo que significa una gira de Vetusta. Son todo un ejemplo de profesionalidad y trabajo bien hecho.

Rufus T. Firefly @ Ochoymedio Club
Rufus T. Firefly @ Ochoymedio Club

Volviendo al Ochoymedio, todos los presentes asistieron con notable cariño a la banda. Hubo sonrisas de complicidad, despedidas (cuánto vamos a echar de menos a Alberto, el ya ex-teclista de la banda), alguna lágrima cuánto me duele esa Canción Infinita y agradecimiento por todo lo vivido. Ahora es tiempo de frenar, salir a flote y respirar. Como si hubiera llegado a la meta de una larga maratón, Víctor Cabezuelo cayó rendido sobre los teclados al final del recital.

«Lo que vamos a hacer los próximos 6 meses es trabajar a saco en el nuevo disco. Hay ideas y mucho trabajo por hacer. Estamos probando cosas nuevas, experimentando con sonidos y con formas diferentes de hacer las canciones. Nos lo estamos pasando muy bien. A ver qué queda al final«.

Aún les quedan muchas carreras, esperamos que no de obstáculos, sino más bien de velocidad, y que en cada una de ellas ganen las canciones. Y la magia, porque si hay que morir, preferimos morir de magia.

Fotografías: Desirée Fina

De «Romeo y Julieta» a Julieta 21

Julieta 21 no es una figura femenina, Julieta 21 es José Pérez, un compositor que viene con ganas de comerse el mundo en solitario y que la pasada semana presentó en Siroco ‘Azul Marina’ su último trabajo en solitario con el que más de uno, os vais a enamorar.

Vamos a conocerte un poquito. ¿Quién es Julieta 21 y de dónde viene?

Julieta 21 es un proyecto, un proyecto de pop, rock… Y yo soy la cara visible o quien lo organiza todo. Vengo de Almansa, mi ciudad natal, donde he tocado con muchas otras bandas y aquí estoy con primer álbum “Equilibrio”, un segundo “Azul Marina”, y un tercero que está por llegar.

¿De dónde nacen sus influencias?

Escucho todo tipo de música, aunque considero que tengo unas referencias muy marcadas del pop y el rock, quizás del pop de todos los tiempos como el de los Beatles me quedo con las melodías; y con los arreglos, estructuras y fuerza del rock para vestir mis canciones.

¿Por qué Julieta?

Lo de Julieta viene por la obra de Shakespeare Romeo y Julieta, por una historia que viví con una chica.

¿Qué tiene en común con José Pérez?

Todo, José Pérez Y Julieta 21 es lo mismo, sólo que este proyecto no lleva mi nombre de pila, pero podría llevarlo.

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Acabas de presentar en Madrid tu nuevo trabajo, «Azul Marina», ¿qué podemos encontrar dentro de él?

Un viaje al mar. “Azul marina” es un disco lleno de medios tiempos con letras muy marítimas. Adelanto que será mucho más bailable y para disfrutar mucho en los conciertos. Quedáis todos invitados.

«Azul Marina» vio la luz en mayo, ¿cómo está funcionando?

Realizamos una gira de presentación del mismo en mayo que nos llevó por muchas ciudades y la lectura fue muy positiva. Podríamos haber continuado sacando más singles y haberle alargado la vida a este disco, pero de repente algo me hizo clic en la cabeza y he decidido darle un giro a mi música, sobre todo a lo que en cuanto producción se refiere. Daremos una muestra de esto con tres nuevas canciones el miércoles y espero que no muy tarde os podamos ofrecer un nuevo largo.

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A tus 30 años decidiste comenzar tu carrera en solitario, ¿por qué y cómo ha influido en estos inicios In Stereo?

Bonita pregunta; In Stereo es una banda que tuvo un recorrido de 10 años, en la cual me formé y compartí cosas muy bonitas con mis compañeros/amigos. Aprendí el concepto de tener una banda y a emocionarme con las canciones que creábamos. Fue muy bonito, pero, claro, éramos mucho más jóvenes y punks. Nunca olvidaré aquella etapa.

¿Qué significa para ti la música?

Absolutamente todo, no concibo esto sin música, ¿a qué dedicaría mi vida? Ni idea…

¿Cómo es Julieta 21 fuera de los escenarios?

Me considero un tipo positivo y en constante búsqueda de la buena energía, lo que a veces no es tarea fácil en esta profesión… me gusta salir con mis amigos, fumar mis cigarrillos y odio el fútbol; un tío normal, vamos.

¿Hacia dónde mira Julieta 21?

Hacia delante. Si el que habla es Julieta 21, lo mejor musicalmente está por venir, así debe ser siempre, ¿no?

Rayden llena La Riviera sin complejos

En una de sus letras, Rayden afirma «que no hay imposibles, solo improbables». Con tal declaración de intenciones, cualquiera le para los pies a este madrileño que la pasada noche de sábado colgaba el sold out en la mítica sala La Riviera de Madrid. Algo que sólo llegan a conseguir unos pocos.

A veces nos empeñamos en poner etiquetas, los periodistas los primeros, y qué bonito es cuando vienen a desmontártelas de un plumazo. Ya nos lo contaba la semana pasada, Rayden no hace rap, él hace Música, en mayúscula y sin complejos.

Apenas a la media hora de recital, nuestra querida Carmen Boza salía al escenario para acompañar al artista sobre el escenario. Anunciaron que tienen algo entre manos, y cambiaron las bases por la guitarra acústica. Tranquilos lo haters de las guitarras, como se reía David sobre las tablas, tan sólo se trataba de la versión acústica del tema que han compuesto juntos, Veneno. Una delicia.

Rayden La Riviera
Rayden La Riviera junto Diego Ojeda

Boza no fue la única invitada que pasaba por allí. También lo hicieron Swan, que acompañaba al rapero en Mi primera palabra. Mäbu (qué bonita voz tiene esta chica) lo hacía en Viviendo en gerundio; y, por último, un dúo de poetas: Diego Ojeda primero, con Cosquilleo, y Marwan se unía después en una magnífica En mi cabeza, que anunciaba el desenlace de una noche de emociones, reivindicación y cariño. Porque si algo no faltó, fue el cariño de un público entregado.

El rap es un medio de reivindicación, y Rayden aprovechó la ocasión para defender el derecho de los menores a disfrutar de los conciertos, algo que una absurda Ley les prohíbe (Ley que esta misma semana ha sido derogada en la Comunidad de Madrid). También agradeció que el público estuviera más pendiente de lo que ocurría en el escenario que en la pantalla de sus móviles.  Pero no sólo de reivinidcación iba la cosa, y es que para el final de la noche guardaba una de sus mejores composiciones.

Te comería a versos pero me tragaría mis palabras, por eso mejor dejarnos sin habla

Matemática de la carne cerraba la noche en que el rap hacía historia en España, dando el salto a los grandes recintos. 

BIME Live!, el festival que me hizo creer en la magia

Hace poco leía a David Byrne en su libro Cómo funciona la música, que ésta ha ido evolucionando a medida que han cambiado los espacios de escucha. Que hay canciones compuestas -aunque de manera, muchas veces, inconsciente- teniendo en cuenta el lugar donde van a ser interpretadas. No me podía sacar esto de la cabeza en el momento en que Benjamin Clementine se presentaba sobre el escenario y comenzaba a golpear las teclas de su piano de cola en un recogido teatro improvisado por la organización del BIME Live! dentro de la vorágine de pabellones que es el BEC! (Bilbao Exibition Center). Qué jodida suerte poder verle en un espacio así, donde las canciones son capaces de transformarse en trucos de magia.

Y me sentí afortunada, de estar ahí y creer que la música va más allá de una grabación. Que cuando hablamos de música, hablamos de sentimientos, y que un concierto es un momento único espacio-temporal. Como para no creer en la magia después de la interpretación del inglés (mitad francés) que más que un concierto ofreció una show, mitad música, mitad teatro. Una sucesión de temas, con un delicado juego de luces, y una estudiada coordinación con el batería. Esto sucedía momentos después de que un joven Darwin Deez, con una sorprendente frescura, nos diera la bienvenida al último festival de la temporada; el BIME Live!

Bendito BIME, y bendito teatro. Ganas no me faltaron de montar una tienda de campaña y quedarme a vivir en ese escenario. Siempre con las suficientes escapadas a la zona #LiveAccessBIME que Heineken® se montó entre los dos escenarios principales, y que me permitieron ver a Richard Ashcroft desde lo más alto. Pero no adelantemos acontecimientos.

BIME LIVE!
Benjamin Clementine BIME Live!

Con un nudo en las entrañas, aprovechamos para llenar los estómagos al ritmo de Los Planetas y su largo repertorio lleno de himnos. Una pena abandonar a los de Granada sin escuchar una de mis canciones favoritas: Qué puedo hacer. Pero la app móvil empezó a vibrar para recordarme que en 15 minutos comenzaba uno de mis imperdibles del festival: Iron&Wine.

Nos acomodamos de nuevo en el teatro y disfrutamos de un recital Solo&Acoustic de Sam Beam, quien, aprovechando la intimidad de ese pequeño escenario, accedió a (casi) todas las peticiones del público, brindando así la oportunidad a los fans de configurar el repertorio. Y, joder, otra vez la magia. De verdad. Cuando salimos de ese pequeño trance de poco más de una hora en la que a cada rasgueo de guitarra, Sam me arañaba más y más dentro; Stereophonics ya llevaban algo más de media hora tocando en el escenario principal. Una pena.

Stereophonics siempre me ha parecido una banda que hace música de estadio, pero que no llena estadios, y es algo que no me puedo explicar. El sonido del que disfrutaron en el BIME Live! fue de excepción, y a pesar del frío público que no nos habíamos estudiado el último álbum de la banda, «Keep The Village Alive«, salieron airosos reservando para el final Maybe Tomorrow y su archiconocida Dakota.

Crystal Fighters BIME Live!
Crystal Fighters BIME Live!

No sé cómo lo hice, pero tras un intento fallido de abandonar el recinto e irme a dormir -demasiadas horas de carretera en el cuerpo, y una semana de muerte en el trabajo-, saqué fuerzas de no-sé-dónde y acabé dándolo todo con los bonitos de Crystal Fighters. Es precioso cómo, cuando apenas ha pasado un año de la muerte de su batería, han resurgido con más fuerza que nunca.

Villagers BIME Live!
Villagers BIME Live!

El sábado, tras una jornada intensa de turismo por la ciudad, y muchos pintxos, alargamos algo más nuestra llegada al recinto. Una pena porque de verdad que me moría de ganas de ver a Nodozurdo. Sabiendo lo bonito que fue la jornada del viernes en el escenario Teatro, no pude resistirme a la tentación de pasarme a escuchar a Villagers, con la esperanza de que me diera tiempo ver -aunque poco- a mis queridos Supersubmarina. Pero mira, que no, que el maldito teatro me pudo, y la voz de Conor O’Brien me atrapó. Una vez más sentí estar en el momento y lugar adecuados, y BUM! volvió a suceder la magia y me quedé atrapada por la apuesta minimalista y delicada de la banda de Dublín.

No sé si aún por el temblor que te provoca conocer a un artista en directo y que te vuele la cabeza, por el cansancio acumulado, o porque mira, allí la bebida era más barata, decidimos ver a Richard Ashcroft desde la zona VIP, y disfrutar desde lo alto del que fuera vocalista de la mítica banda The Verve. Aún se me ponen los pelos de punta al recordar la masa de gente que arropó al artista, que se presentó sin banda y tan sólo acompañado de una guitarra, con el himno Bitter Sweet Symphony.

Pero para baño de masas el que disfrutaron los cabeza de cartel de la noche: Imagine Dragons. Os prometo que desde arriba se escuchaba más al público que a Dan, así que, al final, decidimos bajar y disfrutar de los de Las Vegas desde donde mejor se vive un concierto. Entre la gente. La verdad es que la energía que tienen en el escenario es apabullante. Y a ver quién es capaz de quitarse después de la cabeza la Radioactive y el confettti maldito.

Imagine Dragons BIME Live!
Imagine Dragons BIME Live!

A pesar de que la gente apenas se movió del escenario principal, yo corrí como buena frikifan para ganarme una bonita segunda fila para ver a L.A. Quien me conoce bienbien sabe mi amor por esta banda, pero es que difícil no empatizar con un grupo que tiene una canción para cada momento de tu vida. Que sus canciones hablan de mi, vamos. Sin embargo, no vimos el concierto terminar y a la mitad huímos de nuevo al escenario Teatro, donde las chicas de Sallie Ford parecía que se habían propuesto tirar las gradas abajo. Qué energía y qué voz. Para que luego digan que el rock es sólo cosa de hombres.

Llega un momento en todo festival en el que ya no hay dolor. Dolor fue cuando a la mañana siguiente mi compañero de habitación abrió la ventana a las 8 AM y mira, que yo ya no podía más, pero con Kakkmaddafakka o bailas o luego se te aparecen muchos fantasmas rubios en el espejo, o algo así. Vamos, que los noruegos pusieron el festival patas arriba, y a pesar de los continuos problemas de sonido, disfrutamos tanto nosotros como ellos.

Aún quedaban !!! (chck,chck,chck) en el cartel. Pero mis pies pedían tregua, y al día siguiente unas cuantas horas de carretera de vuelta a la realidad. Gracias, Heineken®, una vez más, por la experiencia #LiveAccessBIME. ¿Nos vemos el año que viene?

Fotografías: BIME Live!
© MusicSnapper

Nosotros también fuimos cómplices de Mahou

La semana pasada tuvo lugar el ciclo de Cómplices de Mahou. A través de 5 conciertos en un ambiente muy especial por las salas más reconocidas de la capital, Mahou nos invita a zambullirnos en la autenticidad del directo. El artista y su público en la más estricta intimidad.


Rebeca y Lucía, hermas y cómplices

En la noche del martes, las protagonistas jugaban con ventaja. Es fácil tener complicidad si has nacido y crecido de la mano de tu compañera de escenario. Tampoco les costó nada a Rebeca y Lucía Jiménez conseguir complicidad con un público que llenó la sala Galileo Galilei y escuchaba atento. Con un silencio del que pocas veces se disfruta en la capital y, oye, qué gusto.

Es curioso ver cómo ambas hermanas se complementan en actitud y voz. Desgranaron canciones propias y se marcaron alguna versión de lujo, como La llorona de Chavela Vargas, que sonó deliciosa a piano y doble voz.

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Se turnaron sobre las tablas para no acaparar ninguna más que otra el protagonismo, a pesar de que la carrera de Lucía Jiménez se centre más en la interpretación. La noche era de ambas, y supieron jugar a la perfección. Ninguna destacó por encima de la otra, haciendo gala de esa complicidad de la que ya os hablaba.

Tras una ronda de preguntas en las que el público fue el protagonista de la velada, cerraron la noche con Despertarme contigo, tema que levantó el ánimo de la sala, y «despertó» del trance a muchos de los presentes, ensimismados en la magia que se creó en el segundo concierto sin cobertura de la semana.

Redactora cómplice: Paloma de la Fuente


El universo paralelo de Drexler

Eco fue el tema elegido por el uruguayo para abrir los cómplices del miércoles en el Teatro Barceló. Hizo un viaje por los temas más importantes de su carrera, desde Soledad, Mi guitarra y vos, Disneylandia, Sea, hasta algunos de su último trabajo como La luna de Rasquí o Bolivia.

Desde el principio la magia inundó la sala acompañada de un silencio que asombró al artista. Su guitarra y él, no precisamos nada más, sólo fue necesario abandonarse al compás de ese breve sonido. Y es que Drexler tiene ese don que pocos poseen, esa facilidad para hablar de emociones y transmitirlas de una manera tan fácil y directa. Si además todo esto sucede en un entorno íntimo, lleno de complicidad, después de casi dos horas vuelves a casa como Heidi, feliz en una nube.

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Esa magia estuvo presente hasta el final, porque incluso la ronda de preguntas trajo más de una sorpresa. No todos los cantautores pueden presumir de que el título de una de sus composiciones esté grabado en los anillos de unos recién casados. Flipando se quedó el marido de Leonor Watling cuando la parejita en cuestión le contó la hazaña.

A pesar de su faringitis, Jorge Drexler lo dio todo ante un público totalmente volcado que hizo al artista volver a rasgar las 6 cuerdas después de la despedida.

Redactora cómplice: Irene Mora


El deshielo cómplice

Todo empezó con una dulce Zahara que, al contrario que las princesas Disney, de frágil tiene poco. Con su habitual espontaneidad y desparpajo arrancó más risas que el presentador Micky Nadal, el cual tampoco tuvo mucha opción al competir con el ansia de conseguir una Mahou antes de que Copérnico se viniera abajo arriba.

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Y así, sola y con su guitarra se plantó despechada ante un público mayoritariamente impaciente por ver al ex pirata. Bueno, o eso creíamos. Porque si sumas talento solidario, puro e inocente consigues que desaparezcan las sombras y los astros se alumbren mútuamente. Y así fue. Tras La Gracia de la andaluza junto al recurrente Martín (Mucho), llegó Ferreiro creando a su paso una fantástica Pareja Tóxica.

En un set list con protagonismos bien medidos era momento de Iván, pero claro, los Ferreiro son como los petit suisse, van de dos en dos. Así que se sumó el gran Amaro, y entre salidas y entradas al minúsculo -pero bien aprovechado- escenario nos deleitaron con duetos, tríos y cuartetos de temas como El equilibrio es imposible o Absolución, llegando al éxtasis en repetidas ocasiones. Ferreiro anonadado por el nulo conocimiento del público de las letras de The Cure -es que hacer cantar a españoles en inglés, Iván, reconoce que ahí te pasaste- mientras coreaban las suyas a grito pelao, o el bueno de Amaro chivándole acordes entre sonrisas a Martín como si estuvieran en el local de ensayo, fueron demostraciones de lo cómplices que llegan a ser los íntimos conciertos sin cobertura de Mahou.   

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Las banderolas decorando la sala, las mesas expresamente colocadas para disfrutar del espectáculo con buenas vistas y -por qué no decirlo- el culo bien cómodo. Una ocasión que Iván aprovechó para tocar un nuevo tema junto a la Santa, una de esas letras interminables que nos costará Dios y ayuda memorizar, pero que con ritmillo pegadizo, básicamente, decía […] MUCHAS cosas […] y pienso en ti. Complicidad que Iván se tomó muy en serio cambiando la letra de El Deshielo mientras Zahara pensaba ‘ojalá me hubiese traído a Yola’ o cuando miraba con delicadeza a la Mandarina pasearse desenchufada por la sala.

Pero todo tiene un fin -menos la cola del nuevo Primark- y este regalo para los sentidos tuvo el mejor. Después de que su movimiento nos llevara a otro lugar, arrancó una jam session con la excusa de it’s only rock & roll but I like it que se transformó en cualquier cosa, hasta que digievolucionó por fin en lo que todos esperábamos: Turnedo. Y ahora sí, será mejor que dejemos que corra el aire y digámonos adiós.

Redactora cómplice: Nerea Alberdi

5 cosas de los festivales que nos sacan de quicio

En este florecimiento de festivales indie pordoquier, que levantas una piedra y aparece Chino, sabemos que igual que a nosotros, hay algunos detalles que no sacan de quicio. Y aunque caemos una y otra vez, porque para el verdadero indie, ya sabéis que nunca hay número suficiente de pulseras en la muñeca, queremos reivindicar nuestro derecho a quejarnos. Con amor, tampoco vamos a ser ahora unos trolls.

El caso es que, haya más festivales indies que provincias en España, sabemos que  tu quieres montar el tuyo. Por-qué-no. En el pueblo, la playa o la montaña, qué-más-da. Lo importante es que no caigas en los errores de los demás. Así que te lo ponemos fácil. Te damos 5 consejos para triunfar. O bueno, al menos, intentarlo, yo-qué-sé, tampoco es que tengamos la piedra filosofal mierda, ahora tengo ganas de leer Harry Potter, pero si que hay algunas cosicas que nos sacan de quicio, y mira, que basta.

Stop festival indie

1- No repitas el mismo cartel que el resto

‘Nosotros vamos a chillar… que no queremos más a Izal…’

A ver, que no corra la sangre, aún. Que nosotros a Izal los queremos mucho (unos más que otros en la redacción, todo hay que decirlo), pero lo que sí que es cierto que lo poco gusta, y lo mucho cansa. Basta de carteles clones y saturarnos con los mimos grupos una y otra vez.

2- La cerveza no es sangre de unicornio

Basta de precios abusivos en las bebidas. Sobrevivir a un festival es toda una aventura, y a veces se nos pone un poco difícil aguantar horas y horas dentro de un recinto sin beber o sin dejarnos el sueldo de becario en las cañas de cerveza a 3€. Y para qué contar de las botellas de agua también a precio de sangre de unicornio ¿Sabéis que en Holanda poner agua gratis es una obligación?

3- Los ‘tokens’ no molan nada. Evítalos.

Colas interminables, llegar a casa con ‘monedas’ que jamás te van a servir. Basta. Algunos festivales han empezado a intruducir las pulseras inteligentes con las que pagar en las barras, y a nosotros nos parecen lo más.

4- Cualquier sitio no vale para montar un camping.

 Que sabemos que una tormenta no se puede evitar. Que un camping se convierta en una piscina, quizás si. Por fa, un poco más de miramiento de dónde mandáis a la gente montar su tienda. Basta de campings mugrientos y sin los recursos básicos.

5- Pulseras de tela, por favor

Las pulseras son un MUST de todo el festival. Pero basta de cutreces. No queremos pulseras de plástico, y menos de papel, del Parque de Atracciones.

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Ahora sólo nos queda la esperanza de que los festivales tomen nota, y conseguir ese festival ideal para todos: con camping 5 estrellas, bebidas a precios asequibles, con un cartel atractivo para todos, y sin colas interminables para consumir. Tan difícil no es lo que estamos pidiendo, ¿no? ¿no?

Y entonces llegó Boza

Rodeada de su banda, enfundada en su sombrero y con «La Mansión de los Espejos» como protagonista. Carmen Boza no es una artista más, Carmen es una cantautora nata que gracias al efecto dominó producido por el 2.0 ha llegado a los rincones más recónditos de la Península.

Primero fue YouTube, luego el crowdfunding, su primer disco, la Sala Sol por partida doble y muchos miles de kilómetros lo que le han llevado a ser una de la citas ineludibles del 15 aniversario del Ocho y Medio Club. Una sala But casi hasta los topes que rebosaba de ganas de ver, de disfrutar y de fundirse al unísono con su diosa.

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«La Mansión de los Espejos» ha vuelto un año después con más cuerpo y fortaleza pero con la misma frescura e integridad. Una reedición necesaria para que la gaditana pudiera salir del cascarón sin complejos. Y vaya si lo hizo.

Subida en tacones y con juego de guitarras en mano, Boza fue desgranando uno a uno todos los temas del disco, haciendo de cada uno de ellos la banda sonora de muchos. Sin Salida y precedida de un Mayordomo que más bien merece Culpa y Castigo que protagonismo, pasando por Amante Religiosa hasta llegar a ser Fieras junto a un Rayden más que intenso.

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Y así es como ella consiguió lamernos a todos el karma con todas sus ganas y miedo a fallar a través de su música, sus composiciones y su espectacular conexión recíproca con el público. Una Carmen Boza que va ofreciendo Salpicaduras de un diamante que se está puliendo a la velocidad de la luz para colarse en el Olimpo patrio de la voz fémina y en castellano, por fin.

No sabemos lo que pueden llegar a soportar las cuatro patas de su cama pero de lo que sí estamos más que seguros es de que esto no se ha terminado aquí y volveremos a vernos en los escenarios.

Nosotros también #queremosentrar

#Queremosentrar es un grupo de trabajo que busca generar un movimiento capaz de modificar la normativa autonómica que restringe el acceso de los menores a la música en vivo. Se trata de un grupo de jóvenes y adultos con un objetivo en común: que las personas menores de 18 años puedan entrar y actuar en las salas de conciertos y otros locales con música en directo.

¿Qué lógica tiene que un joven de dieciséis años pueda entrar con sus padres a cualquier bar, pero no pueda entrar en aquellos que ofrecen un concierto y donde se venden, igual que en el resto, bebidas alcohólicas? ¿Qué lógica tiene prohibir a una persona poder acceder a la cultura? Este movimiento nace en la capital, pero no es un problema que se dé solo en la Comunidad de Madrid.

En #BFace Magazine nos unimos a esta iniciativa porque somos conscientes de que la música es un derecho que debe estar al alcance de todos, sin restricciones. Como apoyo, queremos compartir con el mundo no sin morir un poquito de vergüenza nuestros primeros conciertos, porque para cada uno de los redactores estar ahí significó y cambió más o menos nuestra manera de entender la música. Que se prohiba a alguien poder disfrutar de esa experiencia casi religiosa nos parece una aberración, porque nosotros no seríamos los mismos si no hubiéramos vivido ese primer concierto. 

Quien firma estas líneas pagó su primer concierto con 13 años. Quienes se subieron al monumental escenario de Las Ventas fueron El Canto Del Loco. Y no sólo fue importante por ver al grupo de mi adolescencia. Fue compartirlo con personas que con el tiempo se hicieron Amigas. Com mayúsculas. Y que nos unía una pasión en común.

Con 13, 14, 15 o 16 años vives todo tan intensamente que un concierto es capaz de cambiar tu vida. ¿Por qué poner barreras?

Después de aquel concierto vinieron muchos más, pero también llantos y berrinches en las puertas de las salas. Alguna vez me colé, cierto. Y otras tantas ni siquiera lo intenté. Me quedé sin ver a muchos grupos internacionales que sólo tocaban en recintos en los que se me prohibía la entrada. Y nunca comprendí por qué. ¿Tan difícil era ponerme una pulsera que me identificara como menor para que en la barra no me pudieran vender alcohol?

Aquí van el resto de experiencias. ¿te apuntas a compartir con nosotros tu primer concierto y así sumar con nosotros apoyo a #queremosentrar?


«Mi primer concierto fue de Alejandro Sanz en el 97, si no me equivoco, así que tenía 6 años, ¡y lo recuerdo brutalmente brutal! Fui con mi madre y sus amigas (están todas locas), así que imaginad cómo me lo pasé. ¡Recuerdo hasta con qué canción empezó el concierto y cómo gritamos todas!».

Antonia izquierdo, redactora de ‘FashiON’, Moda


«Mi primer concierto fue el de Pignoise en la época de Los Hombres de Paco. Fue tan emocionante que de los saltos me rompí el pantalón. Hoy lo recuerdo con mucho cariño, ya que fue mi madre la que me llevó (y coló)».

David Marañón, redactor de ‘El Súper’, Televisión


«Mi primer concierto fue uno de RBD. Lo recuerdo con mucha ilusión porque, como buen canario, estaba enganchado a la novela y tenía muchas ganas de verlos en directo y berrear con ellos. Ah, y porque, aunque suene poco creíble, allí conocí a la que, meses después, sería mi primera novia. Años más tarde me convertí en una bella mariposa».

Gabriel Garcher, redactor jefe de Música y redactor de ‘OnTV’, Televisión
(y ser sin vergüenza alguna)


«Mi primer concierto fue de El Canto del Loco, creo que tenía unos 14/15 años y fue increíble. Tanta gente tan fans, todos cantando y sabiéndose las letras… ¡Al final acabé llorando y todo! Quién me iba a decir que en unos años «la madre de José» no me iba a volver loco precisamente…».

Gaspar Blaya, redactor de ‘Duro de Pelar’, Música


«Mi primer concierto fue de El canto del loco + Hombres G. Lloraba cuando oí cantar a Dani y David Summer juntos. Fue un concierto esperando 6 horas de cola que las viví súper a gusto. Solo por oír en directo las canciones que cantaba en mi habitación cada sábado. Lo mejor: poder vivirlo en compañía con tus amigas recordando e intentando grabar en tu mente cada instante. Porque en esa época no tenía ni móvil ni cuenta de Instagram para subir un vídeo».

Inma, redactora de Lifestyle


«Mi primer concierto fue el de Supersubmarina. Antes no me gustaba nada la idea de concentrarme para escuchar a alguien en directo, me parecía bastante claustrofóbico. Pero como siempre, la percepción que tenía era la equivocada, así que concierto que sé que hace un grupo que me gusta, de cabeza que voy. Vamos, que mi primer concierto fue este verano con 21 años».

Jaime Viure, redactor de Lifestyle


«Yo el primer concierto que recuerdo es el de El Canto del Loco en Valdemorillo. No sé qué edad tendría, pero «obligué» a mi padre a llevarme hasta allí (más de una hora de viaje desde donde vivo). Tenía tanta emoción que la amiga que me acompañaba me tuvo que pedir que cantara un poco más bajo porque no escuchaba al cantante».

Jonathan, redactor jefe de Cine y redactor de ‘OnTv’, Televisión


«Mi primer concierto fue el de Beyoncé. Jamás había pagado por ir a escuchar a un artista en directo (quitando los conciertos en fiestas) y salí de allí enamorado de la que es ahora mismo mi cantante favorita».

Juanmi, responsable de Comunicación de BFace Magazine


«Mi primer concierto saliendo de las murallas de mi minúsculo pueblo Azkoitia fue el de Franz Ferdinand con Mando Diao de teloneros en La Casilla, Bilbao. Recién cumplidos los 18 y comenzada la carrera de Publicidad. Las cartas ya estaban echadas para orientar mi leit motiv hacia el hipsterismo, por aquel entonces llamado moderneo».

Nerea Alberdi, redactora de Lifestyle


«Mi primer concierto fue UPA Dance (jajaja). Tenía como 16 años y fue muy emocionante. Estuve 16 horas en la cola pero en ese momento se me pasaron volando».

Sergio, director de BFace Magazine

Diario de una festivalera dicharachera

Yeah! Esa soy yo, o eso os hago creer. Mi duda ahora es, ¿cómo consigo meter el mejor verano de mi vida en un artículo? O lo que es más dramático, ¿cómo consigo recordarlo todo cuando el maldito Jäger me ha acompañado en cada una de las paradas festivaleras? Ay, qué nostalgia. Aquellos maravillosos días de finales de abril que acechaban un comienzo de verano con un SOS a la vuelta de la esquina y ya estamos aquí, con los shorts al borde la muerte y las bufandas asomando cabecita.

Ser festivalera, amigos, no es fácil aunque a simple vista lo pueda parecer. Saber en octubre que ya tienes 3 citas musicales inamovibles en verano no suele ser viable a la hora de pedir vacaciones en la oficina pero, oye, quien no arriesga no gana y antes nos compramos un abono por lo que pueda pasar que resignarnos. Y hablando de riesgos el que sufre la cuenta corriente, porque aquí una servidora ama los festivales por encima de todas las cosas de la misma forma que odio los campings, eso es así.

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¿Pareja? ¿Qué? Permítame que me ría. Olvidaros, no es factible compaginar una relación si queréis pasaros el verano, más bien casi todo el año, recorriendo España en coches de alquiler para no perderte un Copacabana a tiempo y, cómo no, esa Tormenta de Arena siempre inoportuna. De verdad que yo os quería Dorian, pero… uff. ¡Ojo! Todo puede ser que tu novio sea más freak que tú y se sepa el cartel del Primavera de pe a pe, reconoced que no os sabéis ni la mitad, pero si se dedica al mundo de la ciencia, orfidensen.

Todo comenzó en Murcia, 400 kms después y con el primer baño del año hecho nos plantamos en el SOS 4.8 para corear el If you wanna de The Vaccines por todos los vientos y que murcianos y no murcianos se enterasen de que el verano estaba aquí y entraba con fuerza. La música nos llevó hasta Valencia, la primera edición de Lest Arts teníamos que probarla y bien sabéis que lo hicimos, lo de hacer entrevistas de empalmada mejor no os lo cuento. Y aquí sí, playa, valenbisi y diversión, mucha diversión a través de Lori Meyers, Izal y la zona VIP, ejem ejem.

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Pero el interior también tiene derecho y en dos fines de semana fuimos tanto oscenses como riojanos. Mentira y lo sabéis, yo soy riojana siempre, pero a lo que íbamos. El final de junio nos llevó al Barbastro, al Polifonik Sound y, oye, vivir un festival como si de unas fiestas de pueblo se tratase es lo mejor que a una provinciana le puede pasar. Algo así nos pasa con Fárdelej, un festival pequeñito pero que nos pone el calimotxo y la longaniza a un precio becario que mola mil, tanto o más que Yola Berrocal. (Escuchad Crash, haced el favor).

Pero la parada estelar sin duda era Benicassim. Ay, guiris míos, no os voy a decir a dónde os mandaba yo. Sólo un consejo, jamás os alojéis en Marid’Or, ciudad de vacaciones porque es de todo menos eso. Eso sí, ver en tres días a Florence, Blur, Noel, Vetusta y Los Planetas es algo que muy poquitos pueden ofrecer.

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Un agosto de relax, sí, a veces también tengo vida fuera de los escenarios, para coger con ganas un septiembre que venía cargadito. Nuestro amado Festival Gigante por los siglos de los siglos, con la última actuación de Jero Romero y la consagración de Full alentaba un mes de sorpresas.

Sorpresa nos llevamos con el DCODE y sus cancelaciones de acreditaciones y artistas, pero a mí no me gusta hacer sangre porque debemos reconocer que no podemos pasarnos el año entre Costello, El Sol y La Palma para que luego nos monten un festival en la capi y no ir, no es de ley.

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Pero si algo tengo que destacar de estos cuatro meses de música y carretera, es, sin duda la última parada. Gracias, Granada Sound, por darnos este festival. De verdad, a Antonio Romero le debería poner un monumento al lado de la Alhambra por hacer que un festival provinciano sea tan perfecto.

Y así, con la presentación de lo nuevo de Izal, los fuegos artificiales de Supersubmarina, el arte de Zahara y la maravillosa actuación de The Kooks, despedimos un verano que ha tenido como protagonista esa cosa que nos mueve y muchos no valoran, la música.

Mamá: ¡yo también quiero ser indie!

Indie. Del término independiente1. adj. Que no tiene dependencia, que no depende de otro. 2. adj. autónomo. 3. adj. Dicho de una persona: Que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena. (Añadimos a la RAE) 4. s. Persona perteneciente a la subcultura indie, que apoya y disfruta todas aquellas propuestas culturales y musicales que se ubican fuera de lo comercial o mainstream. 

Ser indie es una forma de vida. Asumámoslo. Como cualquier tribu urbana, los llamados indies siguen unos códigos de conducta, de vestimenta e incluso de pensamiento. No pasa nada por aceptarlo, no te van a retirar tu carné. Ese que tantas tardes empollándote Pitchfork de arriba abajo, pulseras de festival, noches en el Ochoymedio (o Razz), y mañanas de ibuprofeno, te ha costado.

Ser indie es una tarea complicada. No vale con conocer a los grupos que están de moda. Hay que estar al día de los grupos que lo van a petar el año que viene, incluso de los que aún no se han formado. Una movida muy gorda. Suman puntos indies por las camisetas de grupos que no los conoce ni su madre que tengas en tu armario, por las canciones de Los Planetas que consigas descifrar, y por el número de grupos que consigas ver sin que se solapen en el Primavera Sound. Toda una aventura para indies nivel pro.

Pero si lo que quieres es adentrarte en el universo indie, empezando desde cero, te aconsejamos que tomes nota de sus normas.


Guia indie

1. Amarás Radio3 sobre todas las cosas

Aunque si te preguntan, nunca te acordarás de su frecuencia.
Es que nunca la he buscado… Siempre está sintonizada. Sí, ya, claro.

2. No dirás el nombre de Kakkmaddafakka en vano

Y odiarás a todo aquel que lo escriba mal.
Aunque tu siempre consultes Google.

3. Santificarás el verano y la temporada de festivales

Y llorarás mucho y muy fuerte después del Granada Sound.

4. Honrarás los primeros discos de todos los grupos

Y en la maqueta Izal sonaba mejor.
Porque tu los conocías antes que todos.

5. No cortarás las pulseras que decoran tus muñecas

Hasta que un día durmiendo el plástico
te corte la circulación y acabes en Urgencias.

6. No bailarás Ylenia en ninguna fiesta

Es un acto impuro.

7. No robarás tokens*

O sí.

8. No confesarás jamás que tú escuchabas a Bisbal

O que en tu adolescencia fuiste a un concierto de UPA Dance.
Eso nunca sucedió.

9º No tendrás pensamientos impuros con Pablo Alborán

Sí están permitidos los pensamientos impuros con Yannis Philippakis.
No, tampoco lo has buscado en Google

10º Envidiarás a quien haya ido a más festivales que tú

Y odiarás a muerte a quien consiga ir
alguna vez en la vida al Coachella.


* Token = moneda con la que se paga en los festivales.

** Yannis Philippakis = cantante buenorro de Foals.

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