Crí­tica | Relatos Salvajes

Si hay un rasgo que caracteriza a la sociedad actual, éste es el hartazgo. Estamos hasta los mismí­simos de ser manipulados en todos los ámbitos y a todos los niveles, de ver cómo juegan con nuestros derechos y libertades y de sentirnos como absurdas marionetas movidas por gente que cree estar en un nivel social o moral superior al nuestro. Nos hemos acostumbrado a que nos puteen constantemente, haciendo del esperpento nuestra rutina. La indignación es nuestro pan de cada dí­a, y lo digerimos con una serenidad inquietante…hasta que nos hartamos.

La venganza es un plato que se sirve frí­o y, en este caso, con muy mala hostia. ‘Relatos Salvajes’ nos ofrece un menú con seis platos que el espectador va a degustar muy placenteramente tanto en forma como en contenido. La pelí­cula, en realidad, es una recopilación de historias breves cuyos protagonistas, lejos de ser héroes, son ví­ctimas. Son personas de carne y hueso, tan reales como nosotros y, en efecto, tan afectados por los mismos problemas. Puede que sus casos sucedan superlativamente para conseguir ser mucho más resultones en la gran pantalla. Pero, salvando las distancias, lejos de actuar como harí­amos nosotros y morderse la lengua, no les tiembla el pulso a la hora de perder los papeles en pro de conservar su dignidad como personas.

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Damián Szifron consigue con esta coproducción hispano-argentina una comedia negra casi redonda. Es muy complicado que situaciones como las que se viven en la pelí­cula nos provoquen carcajadas, y en ese punto radica la genialidad de ‘Relatos Salvajes’. La cinta muestra distintos sucesos cuya indignación llega a revolverte de la butaca para acto seguido hacerte disfrutar como un crí­o de la resolución tan bruta que tiene cada uno de estos casos. El grado de empatí­a con todos los personajes protagonistas es casi instantáneo -destacando unos espectaculares Ricardo Darí­n, Leonardo Sbaraglia y Erica Ribas en sus respectivas historias-, llegando a un punto en el que no puedes hacer más que admirarlos por su valentí­a a la hora de no contenerse en sus revanchas. Son ví­ctimas convertidas en verdugo, y no hay nada más satisfactorio que ver cómo son capaces de echarle un pulso a todo aquello que les ha puteado.

‘Relatos Salvajes’ es un constante tour de force en el que no hay cabida para la relajación. Sin embargo, pese a su ritmo frenético y la bestialidad que destila en cada minuto de metraje, uno no puede salir de la sala sin reflexionar sobre lo que acaba de ver y la facilidad con la que ésto podrí­a ocurrir en la realidad. Es un espectáculo entretenidí­simo, sí­; pero no hay que obviar la gran y cruda crí­tica social que exhibe sin ninguna clase de tapujos. Quizás el principal cometido de la cinta no sea que disfrutemos de ella, sino que empecemos a dejar de mordernos la lengua o de poner la otra mejilla. En definitiva, una pelí­cula que nos divertirá, nos horrorizará e incluso nos abrirá los ojos al mismo tiempo.

Crí­tica | Alma Salvaje

¿Qué camino hay que tomar cuando tu vida ha llegado a una encrucijada de la que es casi imposible salir? Esa es la pregunta que se formuló Cheryl Strayed justo cuando el abismo al que habí­a decidido precipitarse estaba llegando a su fin. Tras una inesperada tragedia personal y su incapacidad para superarla, la joven soltó las riendas de su vida y empezó a maltratarla hasta un punto crí­tico. Y fue ese tramo, el que delimitaba la salvación de la destrucción, el que le hizo ver que las cosas debí­an cambiar si querí­a sobrevivir. ¿Cómo poder encontrar un sendero que te devuelva a tierras pací­ficas y reconfortantes? Efectivamente, encontrándote a ti mismo.

Alma Salvaje (Wild) nos presenta el gran viaje fí­sico y personal de Cheryl Strayed a través del Pacific Crest Trail durante tres meses. Un trayecto lleno de obstáculos de todo tipo que convertirán a una chica aparentemente frágil y destructiva en una auténtica superviviente. Sin embargo, el espectador no sólo verá las complejidades de un largo peregrinaje por paisajes tan bellos como hostiles, sino que también podrá ser testigo de la lucha personal que la protagonista mantendrá contra ella misma durante todo el trayecto. Y es que el gran peso del film no está en las adversidades climáticas o naturales con las que Cheryl deberá lidiar, sino en los pequeños y continuados flashbacks que irán componiendo poco a poco ese complicado puzzle que es el personaje hasta convertirlo en un auténtico ejemplo de superación.

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Lo que podrí­a haber sido una pelí­cula soporí­fera y poco novedosa -no es la primera vez que asistimos al viaje interior de un personaje en la historia del Cine- consigue un resultado mejor del esperado gracias a muchos aspectos. La labor de Jean-Marc Vallée en la dirección es solvente, midiendo la carga dramática y filosófica de la cinta y logrando que su ritmo no decaiga en casi ningún momento. La efectividad con la que el equipo de fotografí­a ha capturado el poder visual del Pacific Crest Trail es innegable, pero no es lo único que nos ha capturado durante todo el metraje. La principal atracción del film es, pese a quien le pese, las grandes interpretaciones de los personajes femeninos de la historia. Reese Whiterspoon está impecable como en pocas ocasiones a lo largo de su trayectoria, pero quien de verdad se lleva todos nuestros halagos es Laura Dern. La actriz, que interpreta a la madre de Cheryl Strayed, dota al personaje de un carisma y una sensibilidad con la que es imposible caer rendidos a sus pies, adorarla y emocionarse en ciertos tramos del film. Dos actrices en estado de gracia que no sólo consiguen darle credibilidad a sus personajes, sino que incluso logran el difí­cil objetivo de llegar a los espectadores con una naturalidad loable.

En definitiva, Alma Salvaje es un viaje por lugares tan convulsos y peligrosos como los recuerdos, las promesas incumplidas, el dolor, las oportunidades perdidas o la misma muerte. Todos ellos contenidos en un paraje tan maravilloso como la vida misma. Una aventura visual y psicológica que profundiza en la psicologí­a del ser humano y en la capacidad que éste tiene por sobrevivir y corregir sus errores. Una pelí­cula que sorprende, enamora y te deja con un par de reflexiones tras su visionado. Todo será cuestión de coger la mochila y caminar.


Crí­tica | Perdida

No soy un gran fan de David Fincher. Quiero decir, me gusta pero no me volvió loco ‘Seven’, no me enamoró ‘El curioso caso de Benjamin Button’ y ‘La red social’ no me parece una obra maestra (‘El club de la lucha’ sí­ que lo es). Dicho lo cual, tení­a mis dudas ante esta nueva pelí­cula: Ben Affleck, demasiado hype,… Así­ que, me acerqué a ella con reticencias, no muy seguro de que fuera la maravilla de la que tanto se hablaba (últimamente, se ensalzan a determinadas pelí­culas por demás); sin embargo, señor Fincher, menuda obra de arte la que ha realizado. Puedes haber visto el tráiler mil veces, haber leí­do el argumento otras cien que, no te preocupes, no tienes ni idea de lo que te vas a encontrar.

La premisa es la siguiente: una mañana, Nick se despierta, sale de su casa y, al volver, descubre que su mujer ha desaparecido. En la casa hay indicios de forcejeo, algo de sangre y la policí­a comienza a investigar. A partir de este momento, Nick, sin quererlo ni beberlo, se ve inmerso en una lucha por asegurar su inocencia con respecto al posible asesinato de su mujer. Y hasta aquí­ se puede leer. ¿Qué se puede decir entonces de ‘Perdida’ sin estropear su visionado? Más bien poco. El uso de la narración que emplea Fincher construye un relato que te atrapa sin que prácticamente te des cuenta, un relato que fluctúa entre el drama, el thriller y la comedia con una facilidad pasmosa.

El interrogatorio a Amy en el hospital tras su regreso es una de las escenas cómicas más brillantes de los últimos años. Y qué decir del clí­max, ese momento en que llega a la casa y Nick sale a recibirla con un desde ya mí­tico ‘¡qué hija de puta!’ (o algo así­).

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Ben Affleck está más que correcto, Carrie Coon (vista recientemente en ‘The leftovers’), fantástica pero Rosamund Pike… Por favor, qué maravilla. La construcción que hace de Amy, la esposa desaparecida, es uno de los mayores atractivos de la pelí­cula. Desde ya, digní­sima favorita a alzarse con la estatuilla en los próximos premios Oscar. Va a ser muy difí­cil superarla.

En pocas palabras, ‘Perdida’ es una locura genial, una vuelta de tuerca continua que esconde muy bien sus cartas y sabe cuando sorprender, cuando lanzar sus golpes bajos para desconcertar (y mucho) al espectador. Su duración (casi dos horas y media) puede echar para atrás a los más reticentes pero, aunque sí­ es cierto que su desenlace está algo estirado, la pelí­cula en su totalidad no decae en ningún momento, constituyendo un entretenimiento muy sólido, sin fisuras argumentales.

No te puedes creer todo lo que puede llegar a ocurrir entre el punto A en que arranca la pelí­cula y el punto B en que termina. Nadie puede imaginar el asalto el motel de poca monta, el ¿secuestro? a manos de Patrick Harris o ese escalofriante desenlace con la entrevista y el embarazo. ‘Perdida’ es la sorpresa continua.

No lo dudéis ni un instante, ‘Perdida’ es la pelí­cula del año (de momento) y nadie puede perdérsela.

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