Acusados: el implacable brazo de la justicia

Algo tienen las series con personajes femeninos fuertes a la cabeza que nos encantan. Y más si tienen la piel, los gestos y la voz de Blanca Portillo. En ‘Acusados’, serie de Telecinco emitida entre 2009 y 2010, ella era Rosa Ballester, una jueza de armas tomar que se hace cargo del caso Metrópolis, un incendio provocado en una discoteca con aviesas intenciones. El principal sospechoso es Joaquí­n de la Torre, un polí­tico sin escrúpulos (interpretado por José Coronado, ahí­ es nada) que tiene mucho que esconder. Y diréis: “Esto pinta estupendamente”; pues sí­, pero esto no es más que la punta de un iceberg lleno de secretos y mentiras. 

La serie comienza con un flashforward (sí­, lo que leéis) en el que una muchacha ensangrentada sujeta un cuchillo ensangrentado en un piso ensangrentado. Todo sangre. ¿Nos suena? Sí­, un poco. Y es que ‘Acusados’, desde su comienzo, fue tildada de plagio por una estructura demasiado parecida a la de ‘Damages (Daños y perjuicios)’, serie protagonizada por la no menos maravillosa Glenn Close y que, no nos engañemos, tení­a bastantes similitudes con la que hoy nos atañe. Pero, en cualquier caso, ‘Acusados’ tomaba un parecido punto de partida para luego alejarse e introducirse en un laberinto de secuestros y suicidios que dieron lugar a mucho drama (nos encanta el drama) y a una interpretación (en su primera temporada) que sorprendió a todos: la de Alberto Amarilla como ílex de la Torre, hijo ficticio de Coronado y maestro robaescenas (también hace lo propio en ‘Fuga de cerebros’).

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La audiencia respondió bien en los últimos dos capí­tulos de esta primera temporada, alcanzando casi los tres millones y permitiendo su continuación por otros doce capí­tulos. Sin embargo, Telecinco empezó a jugar con ella, a moverla de lugar, a ponerla a horas intempestivas y la audiencia bajó. En un alarde de infinita inteligencia, los responsables de la cadena decidieron detener las emisiones para emitir especiales de ‘Gran hermano 11’. Un desastre. En cualquier caso, la serie finalizó como pudo ante el enfado de los fans (o igual sólo me enfadé yo… quién sabe).

Pero, ¿qué pasaba en esta segunda temporada? De nuevo el misterio se cerní­a sobre un asesinato, esta vez, el de un periodista que tení­a mucho que contar. Con aires de ‘íšnico testigo’, la única persona capaz de esclarecer el caso era la hija del periodista, una niña que desaparece y a la que intentan encontrar durante varios capí­tulos de la temporada.

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Aunque me llaméis macabro, lo que más molaba de ‘Acusados’ era que nadie estaba a salvo. Sí­, es cierto que serí­a raro que Portillo o Coronado murieran pero, el resto estaban en el punto de mira. De hecho, dos de los personajes principales de la primera temporada (¿lo digo, no lo digo? ¿Lo digo, no lo digo?), los interpretados por Alberto Amarilla y Silvia Abascal, morí­an en el último momento dejándonos con la boca abierta.

‘Acusados’ fue un drama notable que podrí­a haber corrido muchí­sima mejor suerte si la cadena hubiera confiado en ella. Con tramas sólidas y personajes potentes (y actores para interpretarlos), la serie es una de las mejores que se han emitido en estos últimos años. Una lástima.

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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