De Murder House a Cult. Analizamos American Horror Story

American Horror Story sigue de moda y por ello, debemos hablar de ella. A pesar de no dejarnos con el mismo sabor de boca de antes, no podemos despegarnos de la pantalla cada vez que vuelve a la parrilla. ¿Qué tiene American Horror Stoy que nos hipnotiza? Como el fenómeno fan reza: “vivimos en la casa del crimen, escapamos del psiquiátrico, protegimos el aquelarre, asistimos a la función del circo de los horrores, nos hospedamos en el hotel y sobrevivimos a la pesadilla Roanoke”. Y ahora, formaremos parte del culto.

Sarah Paulson y Evan Peters protagonizan la que ya es la séptima temporada de la antología. Una temporada de la que hemos sabido muy poco antes de su estreno y, por lo que parece, también tras él. A lo largo de sus escasos episodios emitidos, Cult avanza a paso lento y ofrece poca información de lo que se nos viene encima. ¿Temporada floja con poco que aportar y ritmo pausado o futura locura sin frenos?

La serie ya nos ha sorprendido en diversas ocasiones una vez pasados sus primeros episodios. Veremos como los payasos y su sectarimo, la crítica política a la América de Trump y las distintas versiones de fobias que existen, crecen o se quedan en el intento de brindarnos con un espectáculo espeluznante. Mientras tanto, hacemos un repaso, de peor a mejor, de aquellas temporadas que aparecieron antes que Cult.

 


6. AHS: Hotel (Quinta temporada)

Jessica Lange deja la serie. La estrella temporada tras temporada, nominada al Emmy por todos sus personajes y ganadora por dos de ellos, deja que la antología continúe sin ella. ¿Quién es la encargada de sustituir a la galardonada actriz? Nada más y nada menos que Lady Gaga.

No fue un anuncio sorprendente, en más de una ocasión la estrella del pop se ha visto rodeada en sus videoclips de una estética semblante a la de la serie. Pero eso no significaba que fuera capaz de conducir sobre sus hombros una temporada televisiva entera. Y, por lo que parece, Murphy no apostó cuanto era esperado por ella y le dejó desenvolverse en su zona de confort. Lady Gaga ni superaba las expectativas ni defraudaba. Sin embargo, no podemos decir lo mismo por parte de Hotel. 

Pudo pero no fue. No fue el éxito del que todos sus elementos querían hacer gala. Y es que Hotel tenía todo lo necesario para serlo. Una estética asfixiante, laberíntica, aterradora; vampiros con estilo para la moda, el arte y el degüello; asesinos en serie míticos de la historia de los Estados Unidos; fantasmas y adicción. Mucha, mucha adicción, el pilar fundamental que conduce la temporada.

Nunca fue más fallida la conjugación de elementos en la producción de Ryan Murphy. La narración dual entre el presente y el pasado falla en su empleo, provocando una enumeración de episodios extensos, vacuos y desafortunadamente inconexos. Hotel se anda por la ramas y pierde el potencial, tanto de sus personajes y sus elementos, como de sus actores. Lástima el desperdicio de algunos de los que podrían llegar haber sido de los mejores personajes de toda la serie. Hablamos de Hypodermic Sally (Sarah Paulson) y Liz Taylor (Denis O’Hare).

5. AHS: Freak Show (Cuarta temporada)

Es posible que el anuncio de Freak Show fuera el más vitoreado por el fenómeno fan que, a estas alturas, ya acompañaba a capa y espada a la serie. Por esta razón, y por un descenso cualitativo notorio, el circo de los horrores se convirtió en la primera gran decepción. Y lo entendemos, la expectativas estaban muy altas. Desde que se nos puso en la cabeza que payasos, contorsionistas y humanos con deformaciones iban a aterrorizar al público, esperamos la temporada con más ansias de las que hubiéramos deseado. El chasco fue gordo.

Y no es que la cuarta temporada sea un desastre. Tampoco la consideramos una mala temporada. Pero el descenso de calidad narrativa, intriga y clímax, deja mucho que desear. Jessica Lange, con acento alemán, volvía a repetir el mismo patrón que en sus temporadas anteriores; Twisty, el payaso, quien se proclamó como lo más terrorífico que había pasado por la serie, fue desaprovechado; y el desarrollo de la trama es tan sosegado y confuso que reta a mantener el ritmo. ¿A quién se le ocurrió convertir American Horror Story en Glee? Nunca imaginamos que David Bowie, Nirvana y Lana del Rey serían homenajeados en este ejercicio del horror.

Sin embargo, a pesar de un conjunto fallido, Freak Show nos dejó grandes objetos a estudiar. Sarah Paulson sorprendía con una actuación de dos cabezas; Finn Wittrock desató la locura y planteó los distintos caminos que llevan al desarrollo de un crimen; y el casting introdujo un reparto con cantidad de actores discapacitados que contribuyeron a visibilizar su mundo, un mundo colmado hasta las trancas de discriminación. Terror a lo desconocido. Y ésta fue la base de toda la temporada: la discriminación.

Freak Show fue una lección. Una lección de amor hacia unos mismo, de amor al prójimo sin importar sus diferencias. Aterrorizó, pero no por sus monstruos, sino por el mundo en el que ellos viven, por el mundo que los ha denominado así, por nosotros mismos cada vez que rechazamos lo diferente.

4. AHS: Coven (Tercera temporada)

Con Coven cambiaron las cosas, cambió American Horror Story tal y como lo conocíamos. Empezó a apostarse por otro estilo de terror, el sarcástico. En ocasiones el aquelarre se convierte en una comedia fantástica muy bizarra en la que cualquier perturbación tiene cabida. Fantástica, sobretodo, porque de todo el repertorio es la más fantasiosa. Hemos visto exorcismos, fantasmas, virus que provocan la inmortalidad: pero ahora hablamos de magia, hechizos y conjuros.

Las mujeres se hacen con el poder, las brujas pueden con todo. Coven lucha contra la opresión, tanto racial como la de cualquier otro colectivo. Pero además, disputa por la unión, la unión de un grupo femenino de fácil extinción a expensas de una nueva suprema. Es fascinante como esta tercera temporada consigue que sus puntos altos -porque también tiene sus bajos- sean muy altos. La noche de los zombies, la reyerta entre bandos de brujas, las muertes en la hoguera por traición, la caza de brujas y la carrera por encontrar la nueva reina de entre las reinas.

El aquelarre ofrece un mundo dispar con muchas posibilidades -entre ellas, reconstruir el hombre perfecto o resucitar de entre los muertos- pero eso no significa que salga gloriosa de todas sus contiendas. Coven no consigue un producto redondo en su armonización. El primer traspié de American Horror Story a la hora de intentar enlazar todas sus ideas de forma conexa y congruente. Como ya lo hizo en otras de sus producciones, Ryan Murphy se deja llevar por su ambición y pierde en su conjunto, aportando una temporada notable, pero con un pavimento irregular en su ejecución.

Sin embargo, Coven ha dejado imágenes que ya forman parte de la cultura popular. Es la temporada con más “memes”, la más referenciada y, por otra parte, la que menos nos hemos tomado en serio y, por ello, hemos disfrutado. Si el aquelarre fuera una película de terror de serie B con muy poco presupuesto, sería lo más “random” y maravilloso que veríamos nunca.

3. AHS: Roanoke (Sexta temporada)

Le costó lo suyo, pero American Horror Story se recuperó de sus traspiés y volvió a someternos a un espectáculo de puro terror. Y después de la decepcionante Hotel, regresó con una representación un tanto experimental. Desde su inicio, la sexta temporada se presentó como la temporada sorpresa. A base de signos de interrogación y clichés del género, Roanoke se publicitó sin nombre, sinopsis y temática. No fue hasta bien desarrollada la serie cuando nos dimos cuenta de que Ryan Murphy nos estaba burlando des de dentro.

Entramos en una típica trama espiritual y terrorífica al uso y nos dimos con un canto en los dientes. Roanoke era un experimento y, nosotros, su conejillo de indias. ¡Y funcionó! ¡Vaya que si funcionó! A American Horror Story nunca le habia sentado tan bien el juego del estupor. Giros, muchas sorpresas, un guión que evoluciona “in crescendo”, un thriller de puro horror gore y angustioso. ¿Cuánto tiempo hacía que la antología no daba tanto miedo? Podríamos estar ante una de las temporadas más espeluznantes. De las que te hacen cerrar los ojos, te arrepientes de ver a las tres de la mañana y te caga en los pantalones cuando sabes que va en serio el rótulo de “no recomenadada para  menores de 18 años”.

American Horror Story había pasado a ser otra cosa. Sin saber a qué atenernos, sin saber que nos están contando y sin conocer del todo a sus protagonistas, Roanoke te destroza cuando estás dentro y ya no puedes salir. Con cautela y sigilo nos abrió la puerta, y ya no pudimos escapar de la pesadilla. Con su sexta temporada volvió la fe y las ganas de una séptima, Ryan Murphy había vuelto a sorprendernos. Había roto las reglas del juego otra vez. ¡Qué le den a los vampiros y a los payasos! ¡Aquí lo que acojona es Kathy Bates de carnicera!

2. AHS: Murder House (Primera temporada)

Murder House llegó a nuestros televisores de forma un tanto inesperada. En medio apogeo del fenómeno “gleek”, creado por Ryan Murphy y Brad Falchuk, quién iba a imaginar que después de tanta purpurina y colores pastel, se renovarían con el género de terror. Y no un terror cualquiera. Un terror un tanto “creepy” e innovador al mismo tiempo.

Murphy cautivaba con su nueva fórmula bizarra aportando toques de su arraigada, y descarada, ironía y su impávida lucha por la igualdad, a base de sangre, sustos y mucha fantasía que roza muy de cerca la realidad. Una mansión habitada por fantasmas, una familia disfuncional y una vecina sospechosa. Tres elementos creaban el elenco principal de una trama que con cada nueva semana demostraban que todo, incluso el argumento más tratado, puede evolucionar y reinventarse. Y si a ello le sumas un romance adolescente al más puro estilo “emo”, es imposible fallar. ¿El concepto conductor de la trama? Infidelidad; engaños y manipulación.

Ya en sus comienzos, la producción ahondó en la sociología americana y trasladó mediante monstruos y fantasmas una crítica hacia todos aquellos que dificultan el progreso y la igualdad. Ryan Murphy nos aterrorizó de lleno, porque al igual que veríamos en todas y cada una de las siguientes temporadas, desenmascaró los verdaderos seres nacidos del demonio. Y no están en la pantalla, ni escondidos bajo la cama o dentro del armario, nos rodean con su conservadurismo e intolerancia allá por donde vamos.

American Horror Story venía para quedarse y, sobretodo, para asustar mediante psicología y originalidad, poniendo patas arriba los cánones establecidos por el género de terror. Murphy siempre necesita romper con todo.

1. AHS: Asylum (Segunda temporada)

Claro y escueto, para muchos la mejor temporada de la antología. “Desde Asylum ya no vuelve a ser lo mismo” es una de las críticas repetidas en redes sociales con cada nueva presentación de temporada. Puede que el hecho de que los creadores, Murphy y Falchuk, consiguieron engendrar Asylum es la razón por la que la audiencia sigue dando una oportunidad a la serie temporada tras temporada.

Si con su presentación en Murder House, apostaron por una casa embrujada, en esta ocasión tiraron la casa por la ventana. Un psiquiátrico religioso, entes satánicos, experimentos nazis, aliens -¿aliens? pues sí, seguimos sin entenderlo, pero funcionaron mejor que los vampiros y su temporada completa- y represión. ¡Cuánta represión! El hilo conductor de la segunda temporada fue la locura, el delirio, la dejadez. Si nos hacen creer que estamos locos y nos aplacan robando nuestra identidad, pueden hacer con nosotros lo que les plazca en nombre de Dios o de quién sea. American Horror Story se tomó la crítica como medio expresivo muy en serio, sin rodeo alguno.

Todo funciona. Des de la enrevesada historia y sus distintas subtramas, hasta los personajes. Cada uno de los actores de esta propuesta se salió por todo lo alto. Jessica Lange no desaprovechó el que podría ser su personaje más complejo de la serie; Sarah Paulson nos robó con la insuperable Lana Banana Winters; Lily Rabe se desató por completo con la satánica Mary Eunice desprendiendo erotismo, pavor y brutalidad; resucitamos de nuestra memoria a Jospeh Fiennes; James Cromwell consiguió llevarse a casa su merecido Emmy; y Evan Peters demostró que podía con todo lo que la perturbada mente de Ryan Murhpy le echaba encima.

Asylym contiene tanta información, y referencia tanto el género al que pertenece, que su visión debería ser obligatoria. Es cruda, reprensora y sobretodo, una locura muy bien formulada. Después de varios episodios escuchando el “Dominique, inique, inique s’en allait tout simplement”, no será extraño que termines como la hermana Jude cantando The Name Game, el mejor regalo que nos ha obsequiado la serie, por ahora.

Joan Folguera
Joan Folguera

Redactor

Hijo metáforico de Spielberg viviendo al compás de una banda sonora de John Williams. Mientras espero mi encuentro con Gene Kelly, mi vida solo tiene sentido a través de una pantalla.

2 Comentarios
  1. Uuuuffff! Que manera de redactar; claridad y precisión. Me ha encantado la reseña que has dado a cada temporada y el puesto que a cada Una has dado. Para muchos Murder House es la mejor, pero Asylum posee mucho de lo que al resto de las temporadas les ha faltado! AHS es mi serie favorita, temporada a temporada he estado pegado viendo sus capítulos y hasta tengo mi colección en DVD. Es cierto que ha llegado a “flojear” pero me parece que el toque que Murphy y Falchuk le han dado es único, no deja indiferente, no es la típica apuesta televisiva y al mismo tiempo le rinde tributo a lo clásico del género, al culto! Yo la clasificaría más como un Thriller Psicosexual lleno de drama real y actual con limpios toques de terror, horror y gore.

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