Let me be your star! | Un año sin Smash

Tal dí­a como hoy, hace un año, asistí­amos a una reñidí­sima gala de los premios Tony en la que Bombshell y Hit List eran los claros favoritos para llevárselo todo. Así­ fue la 2hours series finale de Smash‘, serie musical de la NBC producida por Steven Spielberg en la que descubrí­amos los entresijos de Broadway de la mano de dos aspirantes a estrellas: Karen Cartwright, una primeriza en los musicales que se convierte en la nueva joven promesa de Broadway, y Ivy Lynn, una actriz con mala suerte que ve en Bombshell su gran oportunidad. A partir de este catfight por el éxito, descubrimos un mundo difí­cil tratado, no con excesiva crudeza, pero sí­ con una sensación de veracidad que, si bien no sabemos si la construcción de un musical es realmente así­, al menos, nos gustarí­a que lo fuera.

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‘Smash’ contó con dos temporadas muy distintas entre sí­. La primera giró completamente en torno a la creación de Bombshell, un musical sobre la vida de Marilyn Monroe creado por Tom Levitt y Julia Houston, encarnada por Debra Messing a la que veremos este otoño como Laura en el remake de la serie de TVE. A lo largo de quince episodios, asistimos al desarrollo del musical, desde el casting hasta los ensayos, pasando por problemas de producción (siempre al lí­mite, siempre fantástica Angelica Huston) y de dirección. Pero, aunque todo parece estar en contra, al final de temporada, Bombshell consigue alzar el telón y dejar a la audiencia con ganas de más, de una segunda entrega que aportara más canciones originales, más números musicales y, para qué negarnos, más drama porque, en ‘Smash’ hay un gusto por la tragedia que rí­ete tú de los griegos. Raro es que no acabara ningún personaje muerto… En esta temporada.

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No habí­a mucha confianza en el producto por parte de la cadena y eso se notó en una segunda temporada más floja, mal estructurada, que podí­a regalarnos episodios de sobresaliente como encadenar rachas de auténtico sopor que hicieron que la audiencia bajara y se mascara la tragedia (véis, tragedia). En cualquier caso, esta temporada fue la de Hit List, musical off-Broadway al que llega Karen tras Bombshell y en el que descubrimos a dos personajes nuevos: Jimmy Collins, probablemente el personaje más odioso (con permiso de Ellis), y Kyle Bishop, los dos jóvenes creadores de este nuevo musical. Los vertiginosos bajones de audiencia que se producí­an semana tras semana, provocaron cambios de dí­a y dieron lugar a diecisiete episodios apresurados en los que se desaprovecharon muchas oportunidades de hacer cosas bien pero en los que también se observó un salto cualitativo en cuanto al ámbito musical y de puesta en escena se refiere.

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Uno de los puntos fuertes de ‘Smash’ fue su intención de retratar dos mundos distintos en sus dos temporadas. Por un lado, en la primera, Bombshell nos introducí­a en una gran producción, un musical llamado a ser el éxito de la temporada que las pasaba canutas para conseguir su ansiado objetivo. Por otro lado, en la segunda, Hit list era todo lo contrario. Esta suerte de ‘Rent’ arrancaba como una obra pequeña en la que se podí­a hacer todo lo que en Bombshell era impensable, una bola de nieve que iba creciendo y creciendo hasta llegar a alcanzar un éxito del todo inesperado. Se enfrentaba así­ el teatro tradicional con el moderno en un último capí­tulo lleno de emociones que, aún con la tristeza de la despedida, dejó muy buen sabor de boca a los fans que no hubieran imaginado un desenlace mejor.

‘Smash’, denominada la hermana mayor de ‘Glee‘, se tomó muy en serio el cometido de convertirse en EL MUSICAL de la televisión y, si la audiencia hubiera correspondido y la cadena hubiera confiado, podrí­a haber llegado a serlo. En cualquier caso, aquellos que disfrutamos estas dos temporadas no olvidaremos todo lo bueno que vivimos. We don’t forget you, ‘Smash’.

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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