DATES: Amar en tiempos modernos

El mundo de las citas da mucho juego y la serie inglesa ‘Dates‘ ha sabido aprovecharlo. Durante nueve capí­tulos, el creador de ‘Skins‘ nos presenta a una serie de personajes que se entrecruzan gracias a una página web de citas, de tal manera que cada encuentro constituye un episodio. Podrí­a parecer una idea aburrida: ¿por qué me tiene que interesar a mi la cita entre dos personajes que puede que no vuelvan a verse en la vida (ficticia)? Sin embargo, es una absoluta genialidad.

Si ‘Dates’ nos atrapa por completo es por un primer episodio absolutamente brillante. Quizás si hubiera empezado por otro (el del encuentro en el restaurante chino, detestable), no hubiéramos caí­do tan fácilmente atrapados en sus redes. La primera cita es entre David, un hombre que, desde un primer momento, nos damos cuenta de que no está acostumbrado a este tipo de citas a ciegas y Mia que es una auténtica delicia… y de la que es mejor no adelantar mucho más porque uno de los puntos fuertes de la serie es el de sorprender con la espontaneidad y la forma de ser de unos personajes muy humanos, que hacen de cada capí­tulo un trocito de una realidad totalmente posible.

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De entre todos los actores y actrices que forman parte de la plantilla de ‘Dates’, hay que destacar, sin lugar a dudas, a Oona Chaplin, que interpreta al personaje femenino anteriormente mencionado. Chaplin tiene la capacidad de iluminar la pantalla en cada aparición. Da igual que sea con una sonrisa o con una mueca de enfado, desde el momento en que aparece, nos tiene encandilados. Además, su trama y sus citas son mis preferidas, algo que no es totalmente cosa suya: tanto el ya mencionado David como Stephen forman un contrapunto perfecto con ella.

Hay que decir que la serie no es perfecta. Hacia la mitad, o bien porque queremos seguir sabiendo de Mia, o bien porque realmente los capí­tulos son algo más flojos, la serie decae visiblemente. Sin embargo, quitando el ya mencionado en el restaurante chino, todos los capí­tulos tienen algo de encanto que nos hace querer seguir visionando la serie. Además, la duración de los capí­tulos impide que llegues a aburrirte, lo cual es un gran acierto.

Totalmente recomendable, os invitamos a que le deis una oportunidad porque rompe con ese modelo de serie de veinte minutos cómica para dar lugar a una auténtica joya llena de personajes empáticos de los que os enamoraréis sin lugar a dudas.

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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