Monstruos, nazis y amorí­os | Recordamos ‘El internado’

Dicen que la infancia es la etapa más bonita de todo ser humano… pues no será la de Paula, protagonista de ‘El internado’, serie que Antena 3 emitió entre 2007 y 2010, y en la que la niña llegaba junto a su hermano Marcos a un internado (Globomedia no se complica) en el que pasaba de todo y en el que todos acababan siendo familia (otra vez, Globomedia style). Para a los que la memoria les falle, Marcos y Paula eran dos huérfanos gallegos que acababan de perder a sus padres en un naufragio y que no tení­an otra que irse a vivir con su tutor legal, Héctor de la Vega, que también era su tí­o, sólo que con una identidad oculta por culpa de los nazis. ¿Los nazis? Seguimos.

En el internado, viví­an los estudiantes junto con los profesores y el servicio en una suerte de cama redonda en la que todos se enrollaban con todos (que tú esto lo veí­as con catorce años y, claro, a ver cómo ibas al dí­a siguiente al instituto, intentando mirar con ojos lascivos a la cocinera que te atendí­a en la cafeterí­a, con su redecilla en la cabeza y su bocadillo de tortilla aceitoso que, la mujer no estaba mal pero, mira, no era Marta Torné). Y en esta explosión de hormonas, surgen las historias de amor y, por ende, las historias de odio (porque unas siempre van ligadas a las otras), pero también los bromances. Sí­, hablo de la relación amistosa que une a Iván y Marcos, enfrentados por el amor de una mujer cual Bustamente y ílex, pero que acaban haciendo las paces porque, total, tienen que vivir allí­ durante siete temporadas, ¿para qué estar enfrentados?

escotillas
‘El internado’ vs. ‘Lost’

Bien, y junto todo este batiburrillo amoroso (que no he entrado a hablar de los romances del profesorado porque necesitarí­a tres artí­culos, dos dossiers y cuatro anexos) que Globomedia nos colaba, se encontraba la parte guay de la serie: el misterio. ‘El internado’ nació muy próxima a ‘Perdidos‘ y bebió mucho de ella y tanto fue el cántaro a la fuente, que acabó rompiéndose. La cosa empezó estupendamente: ‘Muchachos, el internado no es un lugar seguro’, les dijo a la cuadrilla uno de los profesores al comienzo de la primera temporada. Probablemente, tu primera reacción habrí­a sido hablar con tu tutor para ver de qué esta hablando ese hombre, pero no, ellos no, ellos comienzan a investigar y descubren que cinco muchachos murieron en los pasadizos años atrás. Así­, descubren el proyecto Géminis, un estudio nazi antiguo que involucra a los padres de Marcos y Paula que, WHAT!?, están vivos.

La serie tuvo un éxito brutal, no bajando durante sus cuatro primeras temporada del 20% de cuota de pantalla media y consiguiendo reunir a más de tres millones de espectadores ante los televisores. Sin embargo, tanto se quiso estirar la trama que acabaron por fastidiarla originando un batiburrillo sin pies ni cabeza en el que cada vez aparecí­an más familiares (aquello parecí­a ‘La casa de la pradera’) y más vueltas de tuerca a un tema que ya se habí­a quemado y del que poco más se podí­a sacar. ¿Qué ocurrió? Que la audiencia bajó vertiginosamente y se intentó llamar su atención mediante virus letales, muertes muy dramáticas (la de Carolina es CASI equiparable a la de Melissa en ‘The O.C.’), militares, y demás cosas raras que se les iban ocurriendo a vuela pluma y que no hizo sino postergar una muerte más que anunciada.

‘El internado’ nos tuvo a todos enganchados en nuestra adolescencia, aunque todaví­a no sabemos si por las tramas o por lo faltos que andaban de ropa y el gusto que tení­an por ducharse en cada capí­tulo. En cualquier caso, su éxito ha sido descomunal, no sólo en España, sino también en el extranjero, donde aún se sigue emitiendo.

Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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