Juego de Tronos: ganas o mueres

«Escuchad mis palabras, sed testigos de mi juramento. La noche se avecina, ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el dí­a de mi muerte. No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada en la oscuridad. Soy el vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frí­o, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres. Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir».

Cada mes de abril, Juego de Tronos regresa dispuesta a conquistar a sus seguidores, adictos e incapaces de esperar con tranquilidad. Sin embargo, la espera es necesaria para crear expectativas, para ganar, porque en Juego de Tronos, o ganas o mueres.

El pasado 6 de abril, una nueva temporada llegaba a la pequeña pantalla después de un sorprendente final de la tercera– recordad la Boda Roja y todo lo que en ella sucedió- que no dejó indiferente a nadie. Y después de un capí­tulo de la cuarta temporada, la HBO (Looking, True Blood, Mad Men…) confirmaba dos temporadas más de la serie basada en la novela del escritor estadounidense George R. R. Martin.

A grandes rasgos, Juego de Tronos se configura como una gran balanza: maldad, interés y amor. Es el interés propio el que determina la actitud de cada uno de los personajes antes las distintas situaciones y ninguno llega a definirse con un perfil exacto. En Invernalia, Desembarco del Rey o Roca Casterly no se es bueno o malo; se intenta sobrevivir.

Y es que todo se desenvuelve en un entorno diseñado para convertir a los personajes en un punto medio entre ser despiadado o mostrar compasión. No se habla de ética ni de principios, porque no existen, y se vuelve a confirmar tras dos capí­tulos emitidos de esta nueva temporada, desde el insufrible Joffrey Baratheon hasta la pasiva Sansa Stark. Ni siquiera Daenerys Targaryen, bajo su determinante ley de respeto y libertad, está libre de pecados.

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Ahora bien, ¿qué esperar de esta nueva temporada? Aquellos que sean fieles seguidores de la saga y, por tanto, hayan leí­do los libros, lo sabrán. Los que no, deben comenzar a aceptar que solo hay algo claro en Juego de Tronos, y es que las sorpresas están hechas para todos. George R. R. Martin ya ha demostrado su capacidad innata para hacer sufrir al espectador a través de giros nada esperados; y ha vuelto a confirmarlo tras el segundo capí­tulo, The Lion and the Rose.

En medio de un mundo de sexo, traición, venganza, amor y magia negra, un total de 5.179 personajes, principales y secundarios –consejo: no sientas ni el más mí­nimo aprecio por ninguno–, han muerto a lo largo de tres temporadas sin que al escritor parezca importarle. Y si esto es así­, todo apunta a que quedan muchas más por llegar, para bien o para mal.

Nuevos personajes llegan esta temporada a una de las tramas más salvajes e impactantes de los últimos años en televisión, nuevas casas de Poniente llegan con un único objetivo: luchar por el poder. Por lo pronto, parece ser que se acerca una época de bastantes cambios que, sin duda alguna, nos acercan a la gran pregunta: ¿quién conseguirá ocupar el Trono de Hierro? La noche es oscura y alberga horrores… y nadie está a salvo. Suerte.

 

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