Libertad vigilada: el desmadre total

Libertad Vigilada fue la propuesta de Antena 3 para el verano de 2006. Y, ¡menudo despiporre de programa! Para que después nos escandalicemos con los chicos de Gandí­a Shore y sus momentazos de desenfreno y locura.

El programa dio una vuelta de tuerca a los realities en nuestro paí­s siguiendo la estela de Confianza Ciega. Un grupo de jóvenes de entre 19 y 24 años disfrutaron de sus últimas vacaciones en Formentera sin la tutela paterna y antes de independizarse. La excusa para embarcarse en esta aventura fue participar en un “concurso en Internet” para conseguir una vivienda y un sueldo durante un año. Pero, ¡habí­a truco! Lo que los chicos no sabí­an era que sus padres estarí­an espiándoles las veinticuatro horas del dí­a.

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¿Cuáles eran las reglas del juego? Siete chicos y siete chicas fueron los elegidos para participar en Libertad Vigilada. Encerrados en una mansión, cada dí­a debí­an superar pruebas y actividades mientras eran grabados por las cámaras. Los encargados de las nominaciones eran los padres, que los observaban sin ellos saberlo. Los expulsados eran decididos por sus propios compañeros alrededor de la piscina del hotel y obligados a volver al hogar paterno.

La maestra de ceremonias del reality fue la ahora archifamosa Toñi Moreno. La presentadora eran quien acompañaba a los padres, ubicados en instalaciones contiguas, que participaban del juego analizando y criticando la actitud de sus retoños. Fueron muy repetidas frases como “no reconozco a mi hija” o “siento vergí¼enza de mi hijo” desde el arranque del reality al ver cómo se las gastaban sus hijos sin su vigilancia. Pero ojo, que algunos por defender el honor de su pequeño eran capaces de negar lo evidente. Lo mejor era el careto de los hijos cuando descubrí­an el pastel.

libertad_vigilada

El éxito de Libertad Vigilada fue la desinhibición de sus protagonistas. Los jóvenes no se cortaron a la hora de emborrarse, disfrutar de la fiesta, ni de mantener relaciones sexuales, dando rienda suelta a sus instintos bajo la atenta mirada de unos padres atónitos. De hecho, presenciamos escenas muy reconocibles como la broma de la espuma de afeitar, el baile de la colita en la piscina o los toqueteos debajo de las toallas.

En televisión, el morbo se cotiza muy alto. Aunque aquellas chicas no eran tan exuberantes ni los chicos tan cuadrados como los protagonistas del programa de MTV, tení­an mucha ganas de marcha. Durante la emisión del programa hubo amor, engaño, juego, seducción, sexo y mucho, mucho alcohol. Quizás este tipo de programas no sean muy recomendados para una buena salud mental pero son todo un espectáculo.

¡Ay, qué duro es el camino a la independencia!

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Noelia Rúa
Noelia Rúa

Redactora

Comunicación Audiovisual. Seriéfila y socialholic. Pensando en pulgadas y escribiendo en caracteres.

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