Motivos personales: Todos tenemos un pasado

Es 1 de febrero de 2005 y España no se espera lo que va a encontrar. Lydia Bosch aparece ante millones de televidentes como Natalia Nadal, presentadora del telediario, y cierra el noticiero. Acto seguido, un plano secuencia por la redacción, cabecera y asistimos a una fiesta en unos laboratorios: una tal Virginia habla demasiado cariñosa con el marido de Natalia, Concha Velasco está muy seria y el presidente da un discurso entrecortado por la llegada inesperada de un ser querido poco querido (valga la redundancia). Todo esto para que, de repente, una gota de sangre caiga en una copa de champán y todos miren al cielo: Mara Yimou, secretaria del presidente, esta muerta, estampada contra el acristalado techo. Así­ empezaba, ‘Motivos personales’.

La serie, de dos temporada de duración, contaba con un reparto espectacular para narrar el drama que comienza a surgir en la familia Acosta, dueños de los laboratorios, cuando se inculpa a Arturo Acosta, marido de Natalia, del asesinato de Yimou. Con este arranque, comienza a tejerse una red de mentiras y secretos cargada de sangre y muertes que nos llevan al pasado y a una venganza que tiene nombre propio: Victoria Castellanos; pero, ¿quién es ella? Durante la primera temporada, esa fue la gran incógnita que mantuvo a la audiencia enganchadí­sima ante los televisores gracias a los mejores trece capí­tulos de la Historia de España reciente (no exagero: estaba muy guay).

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Sin embargo, al término de éstos, se descubrió el pastel y los espectadores ya sabí­an cuál era la verdadera identidad de Victoria Castellanos (que no era otra que Virginia, ¡spoiler!); pero, entonces, ¿de qué iba la segunda temporada? Los guionistas quisieron en los siguientes capí­tulos elaborar un juego del ratón y el gato entre Natalia, que no sabí­a que Virginia era la mala malí­sima, y ésta, dando lugar a unos no menos espectaculares catorce episodios en los que salieron a la luz hijos perdidos, se “resucitaron” maridos muertos y se amenazó con soltar un virus mortal (sí­, y aún con toda esta locura, la serie molaba mucho), para desembocar en un gran final de traca en el Palacio de Vistalegre donde todo se desvelaba y España se quedaba sin un pelo.

Tras saberse la identidad de Victoria en el final de la primera temporada, hubo un descenso (inexplicable) de la audiencia que provocó que Telecinco dejará de confiar en su producto y que, aún teniendo preparada su continuación, acabara siendo cancelada al finalizar la segunda temporada. Con todo, ‘Motivos personales’, a dí­a de hoy, sigue siendo considerada una de las mejores (si no la mejor) serie española de los últimos años. Señores de Mediaset, aún están a tiempo, resucitémosla ahora que la Bosch vuelve a estar de moda y la Velasco sin trabajo. Es el momento, es Vodaf-.

Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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