Orphan Black: larga vida a Tatiana Maslany

A veces, de forma casual, ocurre que regresas a una ciudad y descubres a un doble tuyo suicidándose. Así­, sin más, sin anestesia ni calmantes. Al menos, esto es lo que le pasa a Sarah Manning (Tatiana Maslany), y es el suceso que desencadena toda una serie de acontecimientos en Orphan Black, una de las grandes apuestas de la televisión actual.

Ahora bien, ¿por qué ha conseguido triunfar y enganchar a los espectadores y a la crí­tica? ¿Qué es lo que tiene la serie para que esté en boca de todos? Hoy, en BFace, te traemos algunas de las muchas claves de su éxito en un intento de que empieces a verla y compartas esta pasión que vive en nosotros.


La perfección de Tatiana Maslany. ¿El marido manitas que te arregla una puerta al igual que te prepara la comida o te limpia la casa? Bien, Tatiana Maslany es su equivalente en el mundo de las series: lo mismo te interpreta a una macarra que a la mujer perfecta que “todo” hombre desea; lo mismo es una zorra de turno que una loca esquizofrénica. Así­ es Tatiana Maslany, un diamante en bruto que no ha recibido ni una sola nominación a los Emmys durante las dos temporadas que lleva en emisión Orphan Black. No, el mundo no está contento con ello.

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Personajes perfectos que te dejan sin aliento. Si hace unas semanas dábamos con las claves para crear una serie perfecta, Orphan Black reúne todos y cada uno de los personajes ideales para lograrlo. Cada aspecto de cada uno está perfilado de tal forma que impide que lleguemos a sentir la necesidad de que alguno desaparezca –por mucho que deseemos que muera–. No existen personajes prescindibles ni innecesarios, sólo personajes principales y secundarios que dan sentido a una serie que no funcionarí­a tan bien sin ellos.

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Vestuario y maquillaje que hacen milagros. A nadie se le ocurre pensar que, a lo largo de la serie, estamos viendo a la misma actriz interpretando distintos personajes: rubias, morenas o pelirrojas; macarras, señoritas o locas esquizofrénicas. Cada personaje está caracterizado de una forma sublime y así­ no hay quien se acuerde de quién es Tatiana Maslany –no es excusa, señores encargados de las nominaciones de los Emmy–, que, con tanto cambio de vestuario, debe de haber hecho más ejercicio en dos años que en toda su vida. Señores de Tu cara me suena, cojan ejemplo.

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El trasfondo de la ciencia. La ciencia es importante, la ciencia nos permite evolucionar como especie y lucha para conseguir cosas extraordinarias, como lo que sucede en Orphan Black –evitemos los spoilers masivos–. Y, quizás, es esta caracterí­stica de la trama la que ha permitido que, más allá de la ficción, la serie consiga resultar, en mayor o menor medida, creí­ble y realista; al menos, si dejamos atrás elementos realmente fantásticos. “La ciencia es pura mierda”, dicen algunos. ¡Que se lo digan a los creadores de Orphan Black!

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Finales abiertos que te dejan muerto. Es así­ y no hay más vuelta de hoja. Lo confirman los seguidores que han visto las dos temporadas en una semana –un servidor se incluye–, las madrugadas viendo cinco capí­tulos seguidos y las expresiones como “Oh, Dios mí­o” o “WTF?” que se pueden leer por las redes sociales. Orphan Black se las arregla para que cada capí­tulo se convierta en una obra de arte que te obligue de forma involuntaria a seguir viéndola.

Los finales de temporada, directamente, te incitan a la bebida. Te vas a un bar, pides unas quince copas y te preguntas una y otra vez por qué ha tenido que pasar lo que ha pasado. Eso, o intentas convencer a un amigo para que vea la serie y así­ puedas compartir con él todas tus preguntas durante un año, hasta que vuelva la serie. La vida misma.

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Con todas estos puntos fuertes a sus espaldas, ¿será Orphan Black capaz de aguantar o, por el contrario, se hundirá poco a poco como le ha pasado a Glee? El tiempo dirá. Desde aquí­, sea como sea, sólo le deseamos una larga vida a la serie y, por favor, una nominación a Tatiana Maslany. Si ni siquiera pedimos que gane…

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Gabriel Garcher
Gabriel Garcher

musica@bfacemag.es

Canario, que no africano. Freelance a tiempo completo; escritor en mis ratos libres. Nunca sonrío en las fotos, y no pasa nada. La vida sigue.

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