Estela Reynolds: “Fernando Esteso me chupó un pezón”

Nos reí­amos nosotros de Diez Minutos por publicar una entrevista imaginaria con la reina Letizia, ¡nos reí­amos! Pero ya lo dicen las abuelas, que “nunca digamos nunca”, y qué razón tienen. Y es que, hace unos dí­as, en cualquier cafeterí­a de cualquier ciudad, nos reunimos de forma imaginaria con Estela Reynolds para hablar un poco sobre su vida y su carrera…


Hola, Estela, ¡perdón por llegar tarde!

¡Pero bueno! ¿Qué es esto de tener a una dama como yo esperando en este lugar inhóspito? ¡Ni que fueras Brad Pitt, coño! ¡Pero tú, pedorro, quién te ha creí­do que eres! ¡Hacerme esperar a mí­, como si fuera una jubilada impedida y marchita esperando al tato ecuatoriano para que la saque a que le dé el aire! Y en vaya zulo me habéis colocado, que parezco Dracul, el voivoda de Valaquia.

Ay, Paca Pacheco, ¡qué diva y qué poco te quieren! 

¿Que me quieren poco? ¡Yo protagonicé Desembraga a Fondo! ¡A mí­ Fernando Esteso me chupó un pezón!

Sin embargo, lo dejaste todo por tu hija. 

¿Y qué te crees, que no me habrí­a sido más fácil tirarla en un contenedor rodeada de detritus y a merced de gatos desnutridos? O que alguno de mis numerosos amantes me hubiera pagado un billete de avión a Londres para sacarla de mis entrañas y luego irme de compras tan ricamente por la Quinta Avenida.

Ella ahora se queja de tu papel como madre…

Tiene toda la razón, he sido un desastre de madre. Me preñaron muy joven, ¡no estaba preparada! Me pasó como a Britney Spears. Me perdí­ su infancia vagabundeando de plató en plató ganándome un jornal para poder mantenerla, me entregué de forma egoí­sta a los placeres de la carne, y esos hombres sólo consiguieron hacerme sentir más vací­a.

Han pasado muchos años desde esos platós y, más aún, de Desembraga a Fondo. ¿Por qué no has vuelto a aparecer en otras pelí­culas? ¿No te han llamado?

Oh, sí­, ¡gracias por clavarme un puñal en el corazón y echar la última palada de arena sobre mi tumba artí­stica! “Aquí­ yace Estela Reynolds, Gabriel Garcher la enterró y escupió sobre sus restos”. Recuerda esta fecha, porque hoy, en esta cafeterí­a, ha muerto una artista, Estela Reynolds. Ya sólo queda el triste envoltorio de Paca Pacheco, deambulando marchita por la vida, sin rumbo, sin esperanza…

No era mi intención, Estela. Pero, dinos, ¿no ha surgido ningún nuevo proyecto?

Amenábar me querí­a de protagonista para Los Otros, pero no me gustó el guion. ¡Ojo! Y yo le dije: “Alejandro, esto va a ser un pelotazo”. Y lo fue, pero no me lo creo, esa mujer viviendo en ese caserón victoriano nebuloso lleno de mierda, claro, que para limpiar tanta habitación con esos niños que no les podí­a dar el Sol… ¿Y por qué tení­a un maniquí­ de Zara en el trastero? Y todaví­a le extrañaba que su marido no volviera de la guerra. ¿Quién va a volver a esa casa con esa familia demente? Nah, yo soy más de drama cotidiano.

¿Y ahora?

El “chow bisnes” es como una gran caca pintada de purpurina: de lejos te deslumbra, pero te acercas, apesta y te entran ganas de vomitar. Eso sí­, la zorra vaga de mi representante por fin me ha conseguido un casting. Es de una vieja decrépita que se va meando por los rincones. ¿Qué tiene que ver conmigo? ¡Nada! Pero es una gran oportunidad para mostrar mis infinitos registros como actriz…

Estela Reynolds - BFace Magazine

Entonces, ¿te sonrí­e la vida?

Pues no. Me has citado en un zulo morroñoso, que me dan ganas de llamar a mi abuela al pueblo para que traiga una rama de fresno y le dé de varazos para deshacer las pelotas de lana y miraguano que me están triturando los riñones. ¿Y estas galletas? ¡Qué asco de galletas! Es como masticar un cartón de bingo. Y la hamburguesa… Vale, me la como. ¡Pero si mañana no me despierto porque esta grasa me ha taponado la arteria coronaria estomática y me ha generado una cardiopatí­a periférica, será culpa tuya!

Así­ que estás en la edad de empezar a cuidarte más de lo normal…

Otro que me llama vieja. Estela Reynolds no tiene por qué aguantar esto; Estela Reynolds se va por esta puerta para no volver. ¡Maldigo el dí­a en que puse un pie en esta cafeterí­a!

¡Si estás muy bien! Dinos, ¿qué haces para matar el tiempo? A veces, te hemos podido ver de pitonisa en la televisión.

¿Matar el tiempo? ¡Qué vulgaridad! El tiempo hay que vivirlo intensamente, exprimirlo como un pomelo maduro para sacarle todo el mejunje. ¿Y qué pasa con la pitonisa? ¡La Pitonisa Reynolds en directo para toda España! Siempre digo la verdad, aunque duela. Todaví­a me acuerdo de Virtudes, mi profesora de Lengua. ¡Valiente zorra!

Nunca se ha vuelto a saber nada de tus famosos romances… ¿Te has vuelto a enamorar?

Siempre he sido una mujer independiente y lo pienso seguir siendo. Necesito libertad, volar como una hoja arrancada con su peciolo por el viento fresco que precede a las primeras lluvias otoñales… Pero, a veces lo pienso y… ¡qué sola estoy! ¡Qué sola! Me gustarí­a volver a ser madre. Hay quienes se rí­en, pero algún dí­a tendrán que retirar sus crueles palabras acusándome de vieja reseca osteoporósica, ¡ellos y esos medicuchos siniestros a los que tendrí­an que retirar de la ginecologí­a por el bien de la humanidad!

Sin querer faltar el respeto… ¿No es un poco tarde? 

¿Me estás llamando vieja reseca otra vez? Mi útero es un vergel, soy una diosa de la fertilidad. Si viviese en la Selva Amazónica, los indí­genas bailarí­an alrededor de mi cuerpo desnudo cada primavera para garantizar sus cosechas de bananos. Mi abuela engendró a mi madre con 58 años. ¡La Reynolds nunca se rinde! Vosotros sí­, y qué triste. Sois el ejemplo de una generación egoí­sta y malcriada que ha renegado de perpetuar la especie, ¡que es el acto de amor más bello y más puro que el ser humano puede hacer! Yo me entrego al milagro de la vida.

Así­ que todaví­a tienes opciones. ¿Cómo lo haces?

¡A ti te lo voy a decir! Una mujer fascinante debe tener secretos inconfesables. Yo creo que somos una minúscula mota de polvo en el desierto de la existencia y, sin embargo, nos creemos el centro de la creación. ¡Ego exacerbado de la raza humana, merecemos la extinción! ¿Tú crees que estamos solos en el universo?

Bueno, Estela, creo que hemos sabido mucho sobre ti en esta entrevista.

¿Qué insinúas? ¿Que eso es un pasatiempo de nonagenaria artrí­tica a la que hay que entretener entre papilla y papilla? Ya querrás preguntarme cosas cuando fallezca, que, con estos disgustos y estas cenas colesteroladas, no creo que falte mucho. ¡Pero entonces ya será tarde! ¡Lo que vas a llorar!

Antes de decir adiós, ¿una foto para tus seguidores?

No.

¡Quedará muy bien en la portada!

Me da igual, yo no voy a sacarme fotos para que me vea un niñato que querrá ponerme en pelotas para reventar los kioscos.

Recibirás bastante dinero, y seguro que viene bastante bien.

Oh, ¡qué ataque más gratuito! ¡Y ahora me remata llamándome muerta de hambre! ¡No soporto más dolor! ¡Hombre, por favor! Tratar a esta artista como si fuera un desecho, una piltrafa, una pordiosera, una menesterosa, ¡una cochambre! No os basta con humillarme y ningunearme, ahora encima queréis ahogarme bajo las cataratas del Iguazú. ¡Esteso casi se ahoga! Me voy… ¡Estela Reynolds se va para no volver!


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Gabriel Garcher
Gabriel Garcher

musica@bfacemag.es

Canario, que no africano. Freelance a tiempo completo; escritor en mis ratos libres. Nunca sonrío en las fotos, y no pasa nada. La vida sigue.

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