«Crónicas Marcianas», el experto de la medianoche

Desde que el popular late show presentado por Javier Sardá desapareciese de la televisión, la medianoche no ha vuelto a cruzarse con otro fenómeno que traspase esos estratosféricos datos de audiencia. El gallinero que conformaban Boris Izaguirre, Rocí­o Madrid, Coto Matamoros o un recién salido del horno Kiko Hernández, amenizaban la franja nocturna empapando al público de los lí­os amorosos entre famosillos y famosos.

Desde que el programa de entretenimiento, obra de Gestmusic Endemol, saltase del planeta Marte a nuestra tierra en septiembre de 1997, muchos han sido los cambios y revueltas sucedidas alrededor de la escalinata que hací­a de mesa central en «Crónicas Marcianas». El programa presentado por un juvenil Javier Sardá (ahora muy dado al politiqueo y protestas verbales en platós de televisión), empezó siendo icono de un humor blando y familiar, de risas blancas y de actualidad pasada por el filtro de la comedia con un Boris Izaguirre que ya apuntaba maneras con sus extravagantes desnudos y transformismos, un Martí­ Galindo como sello inconfundible del programa o los reportajes caracterí­sticos de Javier Cárdenas junto a las imitaciones de Carlos Latre.

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El formato que se convertirí­a, tras ocho años de existencia, en el programa nocturno más longevo de la televisión, salió a la luz como competencia directa del entonces exitoso «La sonrisa del pelí­cano» de Pepe Navarro en Antena 3. Poco después de su estreno, el show de Telecinco ganó la batalla de la medianoche y el programa de la competencia tuvo que ser cancelado. Fue algo más tarde cuando la cadena de Atresmedia colocó a Andreu Buenafuente con similar programa pero con temática radicalmente opuesta, y se iniciase de nuevo la pelea por la franja de late night.

Con picos del 35% y 37% de cuota de pantalla, el revuelo nocturno de las «Crónicas marcianas» se hací­a dueño y señor del momento. Fue en ese momento cuando el programa de la cadena de Fuencarral emprendió su camino hacia el amarillismo, el cotilleo puro, y los interminables debates entre famosillos ansiosos de televisión tales como Kiko Hernández, Marta López, Dinio, Tamara-ímbar-Yurena, Marí­a José Galera o la entonces pareja formada por Raquel y Noemí­. La galaxia de Sardá era el escaparate perfecto para unos novatos reality shows como «Operación triunfo», «Hotel Glam» (del que nuestro compañero Vicente Berná hizo alusión en Realities que deberí­an volver a la TV) o «Gran hermano», donde, al no existir entonces un programa debate propio, usaban «Crónicas» para lavar trapos sucios y manchar los ya limpiados.

Un sinfí­n de caras televisivas que en la actualidad siguen siendo reclamo del público tales como Kiko Matamoros, Mila Ximénez, Jimmy Jiménez Arnau, Paz Padilla, Manel Fuentes, Alessandro Lequio o el Mocito Feliz, eran entonces los encargados de ocupar las envidiadas sillas de la galáctica mesa gobernada por Sardá y Galindo.

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Pero desde que un verano de 2005 Telecinco anunciase el fin de «Crónicas marcianas», a pesar de seguir siendo lí­der indiscutible de audiencia con un amplio 30% de share, la franja favorita de los trasnochadores se quedó huérfana hasta la actualidad de nuestros dí­as. Muchos han sido los intentos de las dos principales cadenas privadas por reflotar dichos formatos; el mismí­simo Buenafuente desde una recién bautizada laSexta, Yolanda Flores con «TNT» o «Noche Hache» con la idolatrada Eva Hache han sido los productos que mejor han sabido acercarse al éxito que un dí­a tuvo el extinguido espacio de Sardá, el cual a dí­a de hoy sigue siendo extrañado por la audiencia, tal y como analizó Tuteledigital.es.

Actualmente, parece ser que tanto Atresmedia como Mediaset España están poniendo todo su empeño en rescatar el fenómeno de la medianoche con formatos como «En el aire», de Andreu Buenafuente, y «Se enciende la noche», con Jordi González. Ciertamente, es el programa de Telecinco el que más ramalazos tiene de «Crónicas marcianas» gracias a su rebeldí­a informal a la hora de informar y dirigirse a su público o a los deslenguados contertulios que acuden cada semana al late show. Por su parte, el humorista de laSexta prefiere recurrir al humor blanco e irónico y a las entrevistas menos ‘frikis’, lo que hace recordar la etapa inicial del homenajeado programa «Crónicas marcianas».

La comedia de nuestra televisión tiene ‘7 vidas’… y una más

Quién le iba a decir a una de las comedias más importantes de la historia de la televisión que llevaba escrito en su nombre su propia fecha de muerte. Siete exitosos años bastaron para hacer escuela a otras ficciones venideras, pero sobre todo, para ser trampolí­n de la que morirá siendo la actual serie de humor más longeva de la televisión: «Aí­da».

Telecinco parió «7 vidas» un enero de 1999 y, siete años después, dejó de palpitar. La producción de Globomedia, ganadora de merecidos premios, fue considerada como la serie más duradera de la televisión hasta que «Hospital central» le arrebató el puesto. Otra medalla que acaba de perder, y por su propio retoño, ha sido el de ficción cómica más antigua de la televisión, que ahora recae en la ya moribunda «Aí­da».

De las 15 temporadas que aguantaron latiendo las «7 vidas» del simbólico gato más popular de principios del milenio, son muy caracterí­sticas las apariciones estelares de un sinfí­n de actores con cortas secuencias capitulares y, sobre todo, el alma de su elenco protagonista. Quién no recuerda a la impulsiva Amparo Baró, más conocida como Sole y sus mí­ticas «collejas» antes de convertirse en una dramática y sombrí­a ama de llaves de un internado; a un Javier Cámara (Paco) cuya tortura era su madre y su desequilibrada vida; a una jovencí­sima Blanca Portillo (Carlota), ahora convertida en una importantí­sima actriz tras haber roto de risa a media España; o a Gonzalo de Castro, que ya sabéis que tuvo el gran honor de llevar el mismo nombre de pila.

Pero por los confines de ese mí­tico y ameno bar, entre el salón-comedor de Carlota, que comunicaba amigablemente con la emblemática casa de Sole por el balcón, pasaron otras caras que no fueron menos importantes como Toni Cantó (David), antes de convertirse a la polí­tica y poner zancadillas a la cultura de la que él participaba; una Paz Vega (Laura) que ahora está volcada en el cine; Santi Millán (Sergio) que pasó de rebelde a reconocido terapeuta televisivo; una dicharachera Anabel Alonso (Diana) cuyos dotes de humor aún siguen siendo su éxito; Santi Rodrí­guez, un frutero que se ha dado a los monólogos y las imitaciones; un Florentino Fernández (Félix) que ya apuntaba maneras en aquello de hacer gracia con solo mirarle a la cara; y ,por supuesto, Carmen Machi, la deslenguada Aí­da que escribió otra etapa en el mundo de las series de televisión.

La corrección mezclada con el atrevimiento fue otro de los puntos fuertes para esta primera sitcom española; recuerden que su hilo argumental nací­a de la historia de David contando su dí­a a dí­a tras despertar de un coma hací­a 18 años, y que continuó centrándose en disparatadas relaciones y aventuras de amor tan progresistas que hasta tocó el tema lésbico (Diana y Nieves). Como todo producto televisivo tení­a que adaptarse a la actualidad, pero sobre todo, tení­a que ser aceptada por la población, algo que en un principio le costó pero que finalmente consiguió hasta convertirse en referente.

Para muchos, «7 vidas» continúa siendo una serie histórica, irrepetible y ,por supuesto, única. Coqueteó bastante con la producción de ficción americana cómica y supo regalar a España su propia versión del dí­a a dí­a de unas familias de lo más campechanas, algo en lo que EE.UU son más que expertos. Es por ello que la ficción de Telecinco es estudiada en las universidades del paí­s, o que haya servido de guí­a para otras que, posteriormente, tomarí­an el relevo.

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Carmen Machi, Anabel Alonso, y Gonzalo de Castro en una escena de «7 vidas»

Humor desenfadado, cercano, humilde y, sobre todo, viable para todos los públicos. «7 vidas» desapareció de forma dramática para los fieles seguidores, pero no por ello dejó de lado la risa y el buen ritmo; tras celebrar en directo el capí­tulo 200, donde se convirtió en la comedia más longeva de la tele, y tras cuatro capí­tulos más, desaparecí­a para siempre (abril de 2006) una de las ficciones más puras y brillantes que ha vomitado la televisión.

Pero resucitó. Y lo hizo de forma brusca, anticipada, y sobre todo, exitosa. «Aí­da» tomó el relevo de «7 vidas» tan solo unos meses antes de que la mí­tica comedia diese el último suspiro. Carmen Machi se convirtió en la protagonista del primer Spin-off vivido por nuestra televisión, y del cual ahora nos encontramos en su agoní­a tras confirmarse su adiós. La que ahora es la comedia más longeva de la tele se despedirá tras nueve años siendo un sí­mbolo de las noches dominicales, un icono del humor en España, y sobre todo, la vida que despertó a la queridí­sima «7 vidas».

Actualmente, los creadores de estas dos joyas de la comedia española se encuentran en proyecto de una nueva producción de humor, ¿la historia se repite?

«Si me das lo que perdí­, te daré lo que me pidas… que soy la llave de tu puerta, y tengo siete vidas»

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«El Súper», historias de todos los dí­as

Hay que remontarse hasta mediados del año 1996 para encontrarnos con la primera producción diaria en nuestro paí­s. El tenso retrato que encabeza este artí­culo es, sin duda, el sello personal que caracterizó durante tres ininterrumpidos años la ficción pionera «El Súper».

Emitida por Telecinco en la franja en la que hoy dí­a se mantiene el rosco de «Pasapalabra», la producción de Zeppelin TV y Diagonal TV, o lo que es lo mismo, los creadores de la actual «Amar es para siempre» y «Gran hermano», sacaron a la luz la primera serie diaria que rompí­a con la presencia del culebrón sudamericano en la programación vespertina de las cadenas de nuestro paí­s. Además, «El Súper» fue la primera ficción que debutó en horario de máxima audiencia, doblando su duración habitual, para, posteriormente, ser programada a las ocho de la tarde.

La intrigante y dramática historia de Julia Ponce, papel perfectamente encajado en la piel de Natalia Millán, enganchaba a más de tres millones de telespectadores en cada episodio en los que Paca Gabaldón, Andrés Resino o Mónica Estarreado ayudaban a desvelar que la que fuese cajera de una importante cadena de supermercados, iba a convertirse en la jefa principal. Mentiras, reconciliaciones, muertes, celos, o secuestros eran el pan de cada dí­a en esta realista y pionera ficción que, durante tres años y con unos 20 minutos de duración por capí­tulo, cautivaba al público español.

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Resulta difí­cil olvidar a una joven Natalia Millán en la vida de Julia que a punto estuvo de ser asesinada tras husmear en su pasado y descubrir que la poderosa familia Bernal era su verdadera familia. Lujo y poder mezclados con infelicidad y mentiras era lo que nos transmití­an los personajes de Maika (Paca Gabaldón), Leticia (Mónica Estarreado) o el malo malí­simo de Alfonso (Andrés Resino) cuyo objetivo como mafioso era desestabilizar y obstaculizar la vida de las hermanas Bernal.

Pero no era oro todo lo que relucí­a. A pesar de comenzar como una de las series más vistas en la tarde de Telecinco, con unos envidiables datos de audiencia en aquellos entonces, la constante pérdida de espectadores provocó un cambio de rumbo en el serial vespertino. A falta de un año para el inesperado y  poco acertado final de «El súper» en plena Nochevieja, la cadena decidió anestesiar el drama y thriller con el que se caracterizaba la ficción, para inyectarle dosis de perfiles juveniles más adecuados a su target comercial.

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Paca Gabaldón y Mónica Estarreado en «El súper»

A pesar del desgaste, Telecinco consiguió sorprender nuevamente con su recién descubierta estrategia de programar un capí­tulo de mayor duración en pleno prime time como  final de serie, aunque este fuera un cierre de temporada. Con el final de la penúltima de las etapas de «El súper», el mí­tico secuestro de Mercedes, el serial alcanzó uno de los mayores récord de su historia además de estar considerado como el mejor capí­tulo de los 738 que emitió.

El polémico supermercado pasó por caja infinitas caras que actualmente arrasan en producciones de la actualidad: como olvidar a la simpática Teté Delgado, ahora estrella del rock español, como compañera de trabajo de Millán; a un jonvencí­simo Juan Y Medio, ahora sello inconfundible de Canal Sur TV; al malo malí­simo de «Yo soy Bea», Miguel Hermoso; y por supuesto a las ya citadas Paca Gabaldón, en el papel de la elegante Maika; y Mónica Estarreado («Yo soy Bea», «Hospital central») como hermanastra de Julia Ponce.

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Las 10 pruebas más recordadas de «El Grand Prix del verano»

El abuelo y el niño se quedaron sin programa desde que el primer canal de televisión española decidiese, en 2005, cortar de raí­z la vida del exitoso «Grand Prix del verano». Once años ininterrumpidos de culetazos, caí­das al agua y cornadas de vaquilla en las noches veraniegas.

Seguramente nada más mencionar el nombre del programa, que arrancó en 1995 un jovencí­simo Ramón Garcí­a, todo el mundo comienza a tararear la mí­tica melodí­a de la cabecera, así­ como las voces en off del presentador en los mí­ticos ví­deos de repetición de las pruebas.

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También recordaréis el sinfí­n de pruebas a las que el programa de Europroducciones enfrentaba cada semana a pueblos de cuyos nombres no quiero acordarme, de lo rebuscados que eran. Municipios de menos de 5000 habitantes que se tintaban de azul o amarillo y que debí­an enfundarse los inconfundibles disfraces que daban sentido a las gincanas y pruebas del concurso de TVE.

¿Quién pudo olvidarse de la patata caliente? Un clásico en el que alcaldes y padrinos intentaban dar con la respuesta correcta en el menor tiempo posible para evitar que un globo-patata, que iba aumentando de tamaño, estallara en sus caras.

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Y para cara de patata, la que se les quedaba a los ‘pueblerinos’ de Los Troncos Locos de los porrazos que se pegaban cuando pretendí­an pasar los improvisados cilindros móviles, al tiempo que el pueblo enemigo los giraba para que no consiguieran reunir objetos tí­picos del verano.

Y un verano sin Los Aguadores no era un verano. Esa prueba en la que el agua perdí­a su transparencia y se afanaba al amarillo y azul acuarela, y que tras derramarse la mitad de su contenido en el inmenso plató del «Grand Prix», algunos hasta conseguí­an rellenar el enorme contenedor que completaba el resbaladizo recorrido.

Grand Prix

Y cómo olvidar a la emblemática vaquilla. El sello inconfundible de la casa «Grand Prix» con ruedo incluido, en el que se realizaban pruebas como la construcción de Arcos, El Ciempiés, o la ilustración de La Caperucita y el Lobo. Una vaquilla con más hambre que Ramón Garcí­a en las uvas de Fin de Año, cuya misión era cornear a todo el que se le poní­a por delante. Mí­tico momento cuando el presentador entonaba taurinamente el nombre del astado ante su nerviosa salida al redondel de pruebas, con la mirada de los pueblos como graderí­o.

Pero, sin duda, uno de los números que mayor fanatismo y repercusión experimentaba era la prueba de Los Bolos, además de ser la favorita de Ramón Garcí­a, todo sea dicho. Los participantes, atrapados en enormes e incómodos trajes, tení­an que burlar una gigantesca bola que el pueblo opuesto tiraba bajo las órdenes de su respectivo alcalde, cuyo desacierto a la hora de guiar al concursante era desesperante. Como su mandato polí­tico fuera igual, iban apañados.

Rampas, aguantar la respiración bajo el agua, prueba de insectos, construcción de arcos… pero tampoco quiero dejar pasar a Los Carteros sobre la cinta transportadora, o el momento tirones de pelo en el público en busca y captura de unas cuantas pelucas. O la prueba más seria (y algo aburrida) como El Diccionario, momento ‘Pasapalabra’ de aquellos tiempos, pero al revés, ya que se nombraban palabras que no existí­an en la RAE.

Estas son la decena de pruebas que más se repetí­an en el exitoso programa de la cadena pública, que después se ha traspasado a canales autonómicos con muy buenos resultados. ¿Cuál era tu favorita? Cuéntanos en nuestras redes, o te explota la patata…

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¿Y si rescatasen Médico de familia?

Vista la complicada consecución de la fidelidad en la televisión de hoy, series de corte tan familiar como era la protagonizada por Emilio Aragón y Lydia Bosh, no encajarí­an en la parrilla actual. La serie de Globomedia se mantuvo cuatro años en Telecinco como una de las series más potentes del prime time, y de las primeras en atreverse con el descaro publicitario del Product Placement.

Es inevitable no acordarse de un solo acorde de la melodí­a que amenizaba la cabecera de «Médico de familia», así­ como tampoco es fácil mandar al olvido alguna escena de las que interpretaban Emilio Aragón, Lydia Bosh, Luisa Martí­n o Pedro Peña, como algunos de los responsables del éxito que logró Globomedia con una de sus pioneras producciones para una televisión comercial muy novata aún. Decidió sacar a la luz una dramedia cada martes amarrando a más del 40% de la familia, o lo que es lo mismo, más de 7 millones de fieles pendientes del dí­a a dí­a de la familia Martí­n.

Los expertos televisivos y de productos audiovisuales de ficción focalizan el éxito de dicha ficción en varios factores; uno de los principales, fue la estudiada estrategia de abarcar a todos los sectores de la sociedad, y con ellos a un target general, cuya fidelidad se mantení­a semanalmente por delante de una ya asentada ficción internacional. Perfiles bien representados como la empleada del hogar con aires andaluces y de clase media-baja, como era ‘la Juani’ (Luisa Martí­n); la tercera edad con el Señor Manolo (Pedro Peña); el Doctor Nacho Martí­n y su cuñada, posteriormente esposa, Alicia (Lydia Bosh) como representantes de la clase pudiente; un buscavidas como era ‘El Poli’ (Antonio Molero); o los peques de la casa con ‘Chechu’ (Aaron Garcí­a) o Marí­a (Isabel Aboy).

Otro de los factores que ayudaron a «Médico de familia» a mantenerse como uno de los productos más revolucionarios e innovadores del momento, fue la integración del conocido Product Placement; una estrategia publicitaria donde sin mención ninguna en guión, pero integrada dentro de la trama de la escena, se paseaban un sinfí­n de productos de marcas reconocidas ante la mí­tica mesa de la cocina de la casa más deseada de la España de los ’90.

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Reparto protagonista de «Médico de familia»

Tampoco hay que dejar escapar que la ficción de Telecinco fue pionera en fichar como personaje fijo a una persona con sí­ndrome de Down, con Alberto Domí­nguez-Sol en el papel de Ernesto en el ambulatorio del Dr. Martí­n. Todos estos factores, unidos a la revolucionaria audiencia que ya hemos comentado, colocó a «Médico de familia» como una de las mejores series de la época, y como una de las más importantes de la historia de la tele desde su finalización en el invierno de 1999 tras casi 120 capí­tulos.

Además, esta serie inspiró a otras que llegarí­an más tarde como «Los Serrano«, cambiando el centro de salud y las consultas por tabernas y jamones de pata negra; «Doctor Mateo« en Antena 3; o «La familia Mata«. En la actualidad, «Vive Cantando« podrí­a asimilarse a este tipo de ficciones ya que comparte parte de las estrategias de enganche de target que hemos comentado.

La ficción de Emilio Aragón ha sido adaptada ya en Alemania, Bélgica, Finlandia, Portugal, Rusia, o Italia, ésta última superando a la española en número de capí­tulos y manteniéndose en la actualidad en emisión.

Pero, realmente, en nuestra televisión actual no tendrí­a ni hueco ni viabilidad una serie de tal calibre debido a la creciente fragmentación de targets comerciales y de géneros televisivos con la implantación de la TDT, o el consumo diario de productos online. La misión de Telecinco con «Médico de familia» era lograr sentar a toda la familia cada semana a las diez de la noche ante su producto, cosa que hoy en dí­a ninguna serie consigue.

 

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