8 evidencias de que tu móvil te ha poseído

¿Hay vida sin móvil? Este es -obvia y rotundamente- uno de los grandes enigmas de nuestros tiempos. Tanto tanto que es casi más sencillo y da menos miedo tratar temas como el de padecer una posesión demoníaca ‘smartphónica’. Hemos recopilado una serie de evidencias que te ayudaran a comprenderte, que no a sanar…

1. Si te olvidas el móvil, no te enfadas, sufres espasmos

Sí, nuestra cabeza y costumbre nos hacen creer que pasamos por un episodio transitorio de enfado e ira y que responde a razones coherentes. Pero no. Son espasmos de posesión: aumenta la sudoración y la salivación, baja la tensión, se agolpan las palabras -en lenguas muertas incluso- y se apodera de nuestro ser síntomas del mono más feroz.

2. Consultas tu smartphone tres veces por minuto

¡Como mínimo! ¿Sabéis lo que esto supone? Que, imaginemos que estamos despiertos unas 15 horas al día, se pueden llegar a mirar el móvil unas 2.880 veces… Giramos tantas veces la cabeza que, aunque no lo sepáis, estamos preparando el cuello para despertar cualquier noche haciendo rotar la cabeza a la voz de «mira lo que hace el guarro de tu móvil» sin rompernos una uña.

3. Nunca apagas el móvil y de noche carga a tu lado…

¿A que hace mucho que no recuerdas lo que has soñado? Es el móvil. Chupa tus sueños y estos alimentan tus aplicaciones más adictivas. Pero no temas, te desvelamos lo que ocurre en tu fase REM: los temas centrales de tus conversaciones de Whatsapp se vinculan a las fotografías a las que has dado like en Facebook e Instagram y acabas volando junto a cientos de pajarillos azules tuiteros sorteando joyas y caramelos del Candy Crush. No hay más. Y así todos los días.

4. Vistes y tratas a tu móvil como a un perrete de Paris Hilton

Le tratas como a un ser vivo. Eso sí, indefenso y muy kitchs. Eres capaz de combinar carcasas con color de calcetín o plantarle brillos y gomas de tamaños inhumanos que te obligan a llevarlos en la mano porque no hay bolso que los resista. ¡Un objeto que decide por ti y no te das ni cuenta!

5. Has intentado pasar un fin de semana sin él y te ha convencido de que vuelvas

No le hace falta hablar. Al menos con palabras en voz alta. Pero ha entrado (sueño a sueño, noche a noche) en tu cabeza y dirige tus pasos. Se hace indispensable y siempre tiene una excusa para su uso: consultar el clima, ver alguna dirección, localizar el restaurante de moda… ¡Pero si cuenta hasta tus latidos, alma de cántaro! ¡Inconsciente!

6. Te despierta, te alerta de tus citas y las horas de la pastilla

Vale. Estamos perdidos. Es autosuficiente, se alimenta de la información que le damos a diestro y siniestro, lo sincroniza todo, hasta los pensamientos con los calendarios y alarmas… Cualquier día hace que te retrases, te cambia la hora de la cita con el hombre o la mujer de tu vida para que nunca le abandones o te confunde hasta que dejas de tomarte la píldora y das al mundo un nuevo humano que, por cierto, recibirá ya en la babyboom en su honor un móvil… ¡Nuestra perpetuación es la suya!

7. Estar a solas ya no es a solas

Si esperas, si estudias, si viajas, si discutes, si te ausentas, si respiras, si buscas, si encuentras, si vas, si vuelves, si corres, si compras, si vendes, si fotografías, si escuchas música… Hagas lo que hagas ahí está él.

8. Piensas que pones cara de emoticono

Te identificas con los emoticonos. Crees realmente que tú pones esas caras cuando hablas con alguien. Estás realmente fatal.

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Inteligencia por los suelos

El mundo nunca deja de sorprendernos. Hay inventos que te facilitan la vida y otros que te darí­an ganas de quitártela. Pero es que ni bajando la mirada es posible evadirte… Hoy nos fijamos en los pies y en las rarezas que se producen en ellos a cuenta de las nuevas tecnologí­as. De lo más torpe y absurdo que hemos encontrado, hasta lo más inteligente -tanto tanto, que da miedo-.

Una empresa estadounidense, Miz Mooz, se sacó de la manga el pasado dí­a 1 de abril un nuevo calzado que bautizó como Selfie Shoe. Quisimos creer que era una broma, ya que se trataba del fools’ day, lo que serí­a el dí­a de los inocentes para el nosotros, y así­ lo tomó medio mundo. Pero conforme pasaron las horas y los dí­as, ahí­ ha persistido la iniciativa y la comercialización del producto. Se trata de un zapato bastante poco agraciado incluso sin tener en cuenta que han convertido la puntera en una especie de boca de pato donde insertar el dispositivo móvil.

Selfie Shoes

Si la idea fuera fotografiar tomas del cielo desde los suelos o contrapicados de grupos de amigos haciendo alarde de su amor mutuo en un abrazo grupal mirando hacia abajo, aún tendrí­a un pase como concepto. Por aquello de no dejar el móvil tirado y con serias posibilidades de ser pateado, pisado u olvidado. Pero no, la genial idea se basa en utilizar el zapato de soporte, sí­, pero la pierna de palo. Sí­, sí­. Abandonad vuestro buen gusto, entrenad vuestra elasticidad y soléis llevar falda, poneros una bragas bonitas. Porque es lo que hay y por el momento no se conoce modelo masculino.

En el extremo contrario nos topamos con esto otro: Ducere Technologies, empresa de India, ha desarrollado unos zapatos inteligentes. La primera prenda que asociada a una app, y compatibles con Android, iOS y Windows, vibra para indicar al usuario qué dirección ha de tomar. Se llaman Lechal (pronunciado «lay-ch-al») y viene con un cargador como accesorio. El producto se ha planteado como hábil para todo tipo de experiencias, personas y actividades aunque inicialmente fue concebido para facilitar la movilidad a personas con deficiencias visuales. Así­, parece adaptable al pie y cómodo para andar, jugar a fútbol o ir en bicicleta.

Lechal

No obstante, también se plantea como tipo plantilla, para adaptar a otros calzados y seguir teniendo la misma funcionalidad. El dispositivo se conecta con el móvil con un sistema de localización y dirige los pasos. Pero también permite diseñar tablas de entrenamiento, hacer check-in allá donde nos lleven nuestros pies e incluso apagarlos o encenderlos con -dice- unos sencillos movimientos de talón.

Cargador de Lechal

Total, que llegará el dí­a en que el mundo se divida entre los que vayan andando como la guardia real con las piernas, avanzando con las piernas formando una L con el cuerpo, y lanzando fotos mientras enseñan cacha o se rompen las costuras de los pantalones; y los que vayan con los pies por delante saludando con rapidez a los conocidos o juntando los tobillitos al estilo Dorothy en el Mago de Oz para frenar ante un cajero o dar un beso. Los primeros quizá liguen más, pero al menos los segundos tendrán más claro hacia dónde vamos…

Selfies vaginales (donde el palo no llega)

Deja de buscar los tres pies al gato. Lo han encontrado y está en la vagina. Sí­, la gente está muy loca y haciendo un salto mortal ha hecho que el mundo de los selfies llegue a lo más profundo del ser. Y a falta de palos -claro está que de esos que la gran mayorí­a habréis recibido por Reyes-, se han sacado de la manga un vibrador que además de lo propio hace fotos. ¿Para qué? No lo tenemos muy claro pero puestos a elucubrar, podrí­a servir de una especie de guí­a ilustrada del orgasmo femenino y, de paso, de cómo hacer felices a las mujeres. Selfies del placer…

Vibrador con cámara

 

El aparatito ha nacido con fines médicos en primera instancia, como el hermano caprichoso de la endoscopia. Pero pronto se diseñó con una forma, una textura y unos colores atractivos para su comercialización, de silicona, con baterí­a y cinco posibles tipos de vibración… Está a la venta en Lovelyhoney (sex shop de ReinoUnido) por unas 120 libras y, dicen, hay que hacer cola, literal y virtualmente, para hacerse con uno de ellos.

Vibrador

Vibrador con cámara y luz

 

No se quedan cortos los dildos para impresoras 3D. Vibradores personalizables no sólo en formas, también en adaptables a fisionomí­as y gustos í­ntimos, ya que a través de software de código abierto permite programar sensores e intensidades… El claro ejemplo de esta propuesta es el llamado The Mod. A falta de cámara tiene videochat y monitoriza las pulsaciones para que el compañero de juegos o uno mismo sepa cuán excitado se encuentra, por no hablar de que se pueden vincular dispositivos en la distancia para que la experiencia sea, aunque remota, intensa…

¿Os atrevéis?

 

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7 evidencias para dejar de buscar pareja en apps, amiga

Dejar de busar el amor en la red.

Habla la voz de la experiencia. La que viste y calza -o sufre y escribe- ha pasado por una veintena de aplicaciones buscando el amor que, sumadas a las otras tantas de cada una de sus amigas, hacen una totalidad de más o menos 350.000 y me han ofrecido conocimientos y certezas, como si de una tesis doctoral se tratara, sobre tener pareja y las relaciones en y a partir de apps.

Debes dejar si…:

1. Te encuentras a los mismos chicos.

Es el momento en que los mensajes y reclamos que te convencieron a descargarte esa aplicación, la que permite chatear directamente, la que te deja enviar flechazos, la que te invita a puntuar al otro o la que detecta al más afí­n a ti paseando por la calle o cogiendo el metro, caen el descrédito total. «¿Buscas una relación de verdad? Aquí­ hay personas reales que te están buscando. Encuentra tu media naranja«… ¡Tururú!

2. Te has liado ya con varios…

¡Y has tenido el mismo resultado! Por tu parte o por la suya un «adiós muy buenas» que supone bloqueo en la propia aplicación y cualquier red o ví­a de contacto a la que le hayas permitido o te haya permitido el acceso. Recuerda que también están en el resto de apps y el porcentaje de éxito que ello supone… ¡Qué pereza!

3. Encuentras a tus ex.

Lo grave de esto es que la app o web te va a ofrecer resultados de test de compatibilidad favorables a pasados muy muertos y eso no es que deprima, es que cabrea y mucho. Además, del mismo modo que tú lo/s has visto y aprovechas para ponerle/s a caer de un burro con tus amigas compadeciendo a las posibles insensatas que quedarán con él/ellos, él puede estar haciendo exactamente lo mismo.

Esta reflexión, si se prolonga durante varias horas de conversación con tus confidentes, suele derivar en una verdad verdadera ulterior: el resto de chicos probablemente sean ex de otras tí­as que pueden estar compadeciéndose de ti por cruzarte en el camino de aquellos otros… ¡Un bucle sin fin!

4. Consultas las app como si fuera el whatsapp.

A ver, estás enganchada. Igual no te gusta nadie, pero te gusta gustar. Te encanta tener mensajitos, estrellitas, propuestas y, cómo no, rechazarlas.

5. No conversas, interrogas.

Tienes un ranking de respuestas correctas a preguntas, algunas de ellas capciosas. Qué te contesten, la rapidez con que lo hagan y con cuántas faltas, hacen el todo. Estas enferma, cari.

6. Si ya pasas de las fotos y vas directamente al texto.

Obvio que cuando empiezas en una aplicación o web lo haces con tanto entusiasmo que haces repasos ágiles a la primera presentación, fotos y señas principales (edad, ciudad, gustos básicos…). Cuando ya te vale cualquier fí­sico y priorizas en la descripción, perdonas rasgos que sabes que en persona jamás lo harí­as, es momento de dejarlo, amiga.

7. Realmente quieres una relación sentimental o pareja.

Al menos si la deseas y no estás dispuesta a pegarte una media de cinco hostias tortas por el camino.

 

Cambiad la técnica, amigas. De nada.

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Los 7 males de convivir con el móvil

Adicción al móvil.

¡Ahora sí­ que tiene sentido decir aquello de «me entran los siete males»! Y más que deberí­a de entrarte (entrarnos), como mí­nimo algo de vergí¼enza… Porque la cosa tiene delito. Ahí­ van algunas de las enfermedades o dolencias que vienen aparejadas con nuestra dependencia, en una u otra medida, de vivir pegados a nuestros móviles:

1. FOMO

Siglas de Fear of Missing Out, o lo que es lo mismo, el miedo atroz a perderte algo. «¿Qué estará pasando? ¿Me habrán llamado? ¿Me habrán escrito?». Seguro que todos habéis sentido el vértigo que se ha transformado inmediatamente en mala leche por haber despistado el móvil. Y no se trata tanto de la sensación de haber perdido un bien preciado o necesario (como tantas otras cosas, como el monedero, el DNI, las llaves…). No, se trata de ese matiz añadido, de miedo real porque se rompa el hilo invisible que nos une a nuestros dispositivos móviles y nos mantienen en contacto con el mundo a través de nuestras identidades virtuales, como si el mundo real no existiera sin ellos y no estuviera precisamente allá donde vamos con o sin móvil. Esta es una cuestión preocupante llevada al extremo y que ya tiene nombre entre los psicoterapeutas.

2. NOMOFOBIA

Ahora sí­, de esta forma se denomina a la ansiedad provocada por la ausencia del móvil en sí­ mismo por los trastornos que provoca a nivel personal o laboral y que repercute en el estado de ánimo generalizado. Esta rareza con vinculaciones psicológicas, como en el caso anterior, proviene de la expresión inglesa No mobile phone phobia.

 

3. PHUBBING

Permitir que el móvil sea un comensal más, parte de una pareja, uno más en el grupo de amigos… Es decir, la inercia cada vez más incontrolable de hacer partí­cipe de cualquier situación social de nuestros móviles, en cualquier tipo de reunión que no tenga su presencia justificada. Sí­ la tendrí­a en una comida de trabajo, pero no deberí­a tenerla en una tarde de café con amigos.

El problema, derivado de las ventajas que aportan la evolución de la tecnologí­a -curiosa ironí­a-, es que en el móvil lo llevamos todo: teléfono, agenda, correo electrónico, juegos, cámara de fotos, alarmas, bloc de notas, reloj… Con todos estos elementos que nos facilitan la vida en tan pequeño espacio y peso, mirar cada pocos minutos la pantalla es una constante, haya o no más personas delante, con o sin la certeza de estar siendo maleducados.

De hecho, cuando no existe una necesidad por cuestiones laborales, familiares o de mantenerse informado de algo de real importancia, se recomienda espaciar la consulta del móvil. Y no sólo por una cuestión social y psicológica, también fí­sica (para evitar sequedad ocular, visión doble, irritación, dolores de cuello y cabeza…).

4. VIBRANXIETY O RINGXIETY

¿Te ha parecido alguna vez que sonaba el teléfono, vibraba o tení­as alguna notificación en forma de luz? Pues estos son los nombres que se le da a esa invención de nuestros cerebros que suele acabar en una sensación de desconcierto y también de nerviosismo. Y no tanto porque uno no comprenda cómo ha podido ver o sentir lo que no ha ocurrido, sino porque le despierta la necesidad de que aquello que espera ocurra y puede que nunca llegue.

5. WHATSAPPITIS O SíNDROME DEL TíšNEL CARPIANO

Tirones, rampas, dedos dormidos, agarrotamiento de las falanges, insensibilidad y propiamente el sí­ndrome del túnel carpiano. Son efectos de estar todo el dí­a dándole a la tecla, más bien ya a la pantalla. Dominar los gestos asociados a escribir en nuestros móviles no significa estar a salvo de dolores que en según que casos pueden llegar a traducirse en verdaderas dolencias que requieren tratamiento, como ingesta de medicamentos e inmovilización de los dedos. Ojocuidao a pasarnos de activos.

6. PORTALITIS

Lo necesites o no, allá vas con tu móvil, tu tablet, tu portátil… Nunca se sabe, ¿verdad? Pues esto también tiene una denominación, portalitis. Y no sólo esto, sino todo lo que lo complementa: cargadores, el dichoso palo de selfie, fundas, cables y un sinfí­n de posibilidades que convierten bolsillos y bolsos en moles. Muy buenas para la espalda, por cierto.

7. CIBERADICCIí“N

La necesidad de conectarse a internet constantemente, a un paso de poder abrir el cerebro a las redes wifi y conectarnos directamente a las redes sociales, la información que circula en ellas y medios de comunicación a tiempo real. También si está relacionado con actividades de ocio, como puede ser el uso de videojuegos, visualización de series o ví­deos o escuchar música dependientes de la conexión a la red. ¿Eres capaz de pasar más de tres dí­as sin hacer algo de esto o si te falta te pones como estos tres?

¿De verdad os creéis aquello que nos decimos tanto de «cuando quiera lo dejo»? ¿Que podéis controlar la magnitud de la incursión de las nuevas tecnologí­as en nuestras vidas? Es un contrasentido que los avances en un terreno nos generen retrocesos en otros, pero así­ está resultando. ¿Sufres de algunos de estos males? Yo creo que de todos.

Protocolo en la mesa: la mala educación del adicto al móvil

Sepan ustedes que hay algo peor que hablar con la boca llena. Sepan que están atentando contra las reglas de protocolo cuando utilizan sus teléfonos móviles en la mesa. Hacer fotografí­as, enviar o leer mails y mensajes, compartir información en redes sociales, recibir o realizar llamadas… Cualquier interactuación con su dispositivo móvil es de mala educación, una falta de respeto hacia el resto de comensales y, por extensión, a los presentes en la sala o restaurante donde se hallen. 

Posar el móvil sobre la mesa, con o sin volumen, se asemeja según las claves de urbanidad a depositar cualquier otro objeto más o menos privado que portemos con nosotros. Serí­a como colocar compresas junto a los cubiertos, un pañuelo usado flanqueando el plato, una lentilla en la cuchara de postre o la prótesis dental en la copa de vino. Cometer tal insensatez deja al descubierto que es un adicto al móvil…

Familia con móviles y tablets en la mesa.

Hombres, mujeres y los de la otra mesa

Rizando el rizo, los hombres deberán colocar sus teléfonos en vibración en el bolsillo interno de sus chaquetas y las mujeres en el bolso. Y solo cabe una excepción para tenerlo cerca (y con vibración o volumen a medio gas): explicando a los compañeros de mesa que se espera una llamada muy importante y, además, pidiendo permiso para atenderla. ¡Ojo! Tampoco se emocionen contando de qué se trata esa urgencia porque tampoco está especialmente bien considerada la indiscreción.

Cuando se produzca esa llamada, por cierto, el protagonista de la incómoda escena debe ausentarse pidiendo disculpas nuevamente y mantener la conversación en un lugar donde no interfiera la conversación del grupo ni sea escuchada la propia por el resto de presentes en el entorno. Según reza el protocolo, a nadie le incumbe ni le tiene por qué resultar interesante la vida de otro -mucho menos si es un maleducado, por supuesto-.

No hay costumbre que valga

Lo lamentamos, esta no es una cuestión que difiera según paí­ses como así­ ocurre con algunas costumbres en la mesa (como sorber en Japón, no usar tenedor en Tailandia más que para arrastrar alimentos, no tocar la comida basura con las manos en Chile, eructar y dejar restos en el plato en China o no pedir sal o pimienta en Portugal si no están previamente expuestas…).

¡Eso sí­! Si el entorno que nos ocupa es una reunión de negocios y el momento de la comida o cena es una excusa (aprovechamiento de la única hora que era posible la cita, por ejemplo), los elementos estarán al servicio de la misma. En este caso no es una falta de respeto ni se considera que sea un adicto al móvil.

Bien, llegados a este punto, nos asalta una duda: si existen contextos en que todos los reunidos se permiten utilizar los smartphones y otros dispositivos, ¿no serí­a aceptable en otros casos? ¿no serí­a el caso de los negocios extrapolable a una reunión desenfadada entre amigos? Es decir, si todos los presentes usan móvil para todo, hacer fotos de lo que comen para subirlas a Instagram, hacen checking en un local y lo cuentan por Twitter, enví­an whatsapps a los que faltan o con alguien con quien tengan un tonteo… ¿tampoco se puede? Pues bien, solo con que a uno de los presentes le molestara, la respuesta es no.

Enfermos de phubbing y nomofobia

A estas alturas del texto casi todos estarán con sus manos en la cabeza (especialmente ese más del 81% de usuarios que lo mantiene encendido durante todo el dí­a, según un estudio de OfCom). Pues sepan ustedes también que están gravemente enfermos de phubbing y muy probablemente de nomofobia.

El phubbing (palabra surgida de la suma de phone y snubbing) se traduce directamente en menospreciar a las personas que nos hacen compañí­a usando el smartphone. Es más, la corriente que ha acuñado el término apela a aquello de «el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento». Si alguien no es consciente de la falta o no conoce el protocolo, no le libera de resultar maleducado.

El movimiento en contra del uso de móviles en la mesa y otros entornos (como teatros, cines, restaurantes y hasta autobuses) culminó hace hace algo más de dos años en la web stopphubbing.com con cerca de 29.000 seguidores en la fanpage de Facebook y con 38.000 votos a favor de cortar las alas a la mala educación… La web, incluso, brinda la posibilidad de personalizar una carta y enviarla directamente a aquellos amigos y conocidos con el propósito de concienciarles.

Muchos restaurantes a lo largo del mundo han apostado por diseñar manteles con bolsillos o dibujos delineados donde depositar los móviles durante los ágapes. Pero lo cierto es que la inmensa mayorí­a apuesta por el cliente con larga y productiva vida virtual, aquel que compagina su vida social con su vida en las redes sociales. Así­, wifi gratuito y público y puertos usb y enchufes para la recarga de baterí­a están a la orden del dí­a. Cada vez más.

Pero esta permisividad, esta condescendencia a saltarnos el protocolo con total impunidad, ¿dónde nos lleva? ¿A este bol anti-soledad?:

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A priori nos lleva a la nomofobia. Esto es, a sufrir de desasosiego, ansiedad, jaqueca, enfado, bloqueo mental, social y laboral y hasta desarrollo de sentimiento de culpa y pérdida de autoestima en caso de quedarnos sin móvil. Si lo dejamos en casa por descuido y estamos obligados a desenvolvernos durante el resto del dí­a sin él, si lo perdemos, si nos quedamos sin baterí­a y sin opción de recarga a la vista, si se estropea… ¡Es un adicto al móvil!

Si lo analizamos, asusta. Así­ que por protocolo o por salud, ¿no intentarí­an ustedes al menos una vez al mes a probar aparcar el móvil? ¡No lo dejen en casa, no lo apaguen, no hace falta ser tan radicales! Probemos a dejarlo en el bolsillo o bolso y, quién sabe, igual descubren sabores nuevos o que aquel chico nuevo en el grupo tiene los ojos bonitos o aquella chica sonrí­e cuando le mira.

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Pecados cAPPitales

La vanidad del selfie, pecado cAPPital.

No somos tan diferentes desde que el mundo es mundo. Ocho pecados capitales hasta el siglo VI y siete a partir de entonces, arriba o abajo, con uno u otro matiz, lo cierto es que no hemos dejado de caer en los mismos vicios (cegados de posesión y hambrientos por frustración). Ahora y siempre la cosa está en que cuando se te va la olla, te ves abocado a un tormento de infierno eterno. La diferencia está en que ahora pecamos con aparatitos, marcas blancas y comida basura y que no hace falta irse al otro barrio para saber qué es eso del diablo.

Es lo que toca. Así­ que repasad con nosotros cuántas veces caéis en lo que sigue y encomendaos a lo que bien os consuele:

Gula

Las marcas nos estimulan por los ojos y los oí­dos para que pequemos con la boca. Es así­. Y tenemos hambre de todo, de probar lo último, de comprar lo más sano y lo más nocivo, de estar en el restaurante de moda, de ser comensales, clientes, jurados y chefs. Comemos comentarios, amigos, marcas, juegos, apps, ocio y moda. Y nunca tenemos suficiente.

Avaricia

¿No queréis el mejor móvil? ¿Las mejores tecnologí­as? ¿Las últimas novedades? ¿No queréis saberlo todo, conocerles a todos y ser amado por cualquiera? Queremos más likes, más followers, más redes sociales, más popularidad, más caché, más exposición, más, más, más.

Lujuria

¿En cuántas páginas de citas y búsqueda de relaciones estáis y por cuántas habéis pasado? ¿A cuántos creéis que engañáis diciendo no haber enviado ni recibido una foto subida de tono nunca? ¿Por qué existen aplicaciones para guardar con candado material sensible y comprometedor? ¿Por qué de las app de mensajerí­a saltamos a las de visionado temporal de adjuntos? ¿Porqué queremos vernos más guapos, poner más filtros? Nos gusta gustar, nos pone poner.

Ira

Trolleo, stalkeo, unfollows. ¿No te gusto y te vas? Me enfado, despotrico, te dejo de seguir pero no te pierdo de vista y hago como que no respiro. Amigos, un consejo, ‘Don’t feed the troll’ y, sobre todo, no te conviertas en uno.

Pereza

Para qué llevar libreta si tenemos un móvil. Y lo mismo con comprarnos un libro, con recordar una fecha, hacer determinadas compras, ir al cine, medir las pulsaciones, contar los pasos, hacer una llamada, reservar mesa en un restaurante, quedar con alguien, ligar, cortar… Por vagancia incluso, ¿para qué estirar el brazo si podemos enganchar el móvil a un palito? ¿Y para qué expresar cómo estamos o qué necesitamos teniendo emoticonos que nos interpretan y describen?

Envidia

Queremos parecernos a quien seguimos. Consultamos comparativas de productos, reviews de todo lo posible, copiamos prendas, estilos, formas de ser, de vivir, ángulos, enfoques, comentarios, hashtags…

Soberbia

Estamos tan subidos, sabemos tanto, que ojo con quien nos escupa y especialmente si nos salpica el móvil. Rozamos la vanagloria, la alimentamos. Selfies a mansalva, autobombo por doquier, retuits, reposts, follows para conseguirlos de vuelta… Somos carne de pecado, este -dicen- de los peores.


Sí­, todas las tecnologí­as a nuestro alcance nacieron con el fin de facilitarnos la vida pero si perdemos la perspectiva, somos perezosos, envidiosos, soberbios, iracundos, lujuriosos y glotones. Menos mal que los antiguos ya presuponí­an una genérica capacidad de arrepentimiento y buscaron un ctrl+z para cada uno de nuestros desbarres: la soberbia se comparte con humildad, la avaricia con generosidad, la ira con paciencia, la gula con templanza, la envidia con caridad, la pereza con el esmero y la lujuria con castidad.

¿A que también en vuestros dí­as encontráis momentos de todo ello? Bueno, está bien, obviemos lo de la castidad (muchos no pueden elegir no practicarla y seguro que Dios alguna vez mira para otro lado). ¡Tenemos el secreto para ganarnos un cachito de cielo! Apaga el móvil un rato, atrévete a que la baterí­a acabe. Y por un dí­a, no te hagas un selfie. Tú puedes.

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Gente que no es de fiar en la era digital

Era digital.

Nunca estaremos a salvo de la mala gente. Esa tóxica de fondo negro -con pelos en el corazón, que dice mi madre-. Al menos, no parece que ningún robot o app vaya a señalarnos por la calle tipo Sims con quién no hablar, ante quién echar a correr o de quién no enamorarnos (más allá de la lectura de rasgos y muecas con ciertas gafas futuristas, que también pueden fallar). Pero molarí­a y lo sabes…

No obstante, hay otro ranking de bondad, de idoneidad. El del «no es posible que esto  pase en el siglo XXI«. Cosas, actitudes, pistas, que te hacen pensar que alguien tiene algo que esconder y eso, en general, es para no fiarse en la era digital. Y eso se lee en su forma de proceder y en sus carencias tecnológicas. Así­, no es de fiar quien:

No tiene WhatsApp

Nos sirve en sustitución cualquier aplicación de mensajerí­a (Line, Telegram, Kik, Viber, Skype, messengers…). ¡Pero qué es esto de no tener ninguna! ¿Por qué? No hay explicación de recibo en la era digital. «Si alguien quiere algo de mí­, que me llame», «No lo necesito para nada», «Que te puedan localizar en todo momento, te quita libertad»… Pero, pero, pero, ¿qué me estás contando? Págate unos céntimos y no obligues a quien cuenta contigo a gastar mucho más en localizarte y gestiona tu privacidad para, precisamente, ser más libre.

Te pide «el número de WhatsApp» en un bar

Los hay, los hay. ¿Qué tipo de persona te dice esto? Después del «estudias o trabajas» es lo más feo y ridí­culo que te pueden decir para pillar cacho. Todaví­a peor, pretende alargar el bochorno dí­as después de conoceros escribiéndote mensajitos. Para aquellos y aquellas que crean que pedir «el número de WhatsApp» es una forma poco invasiva de atacar, sepan que como poco les deja en fantasmas. No es habitual tener dos números, uno con y otro sin aplicación. Y si lo encontráis, desconfiad también.

No está en ninguna red social

«A la gente que conozco la quiero en persona», «A saber dónde van a parar las fotos», «A mí­ no me encontrarán haciendo el ridí­culo», «¿De qué me sirve que me vea gente que no conozco o de la otra punta del mundo?», «Eso es para exhibicionistas». Desde luego si el resumen es este, definitivamente no entiende la razón de ser de las redes sociales ni sus posibles utilidades. Hoy por hoy estar en las redes sociales es parte de la proyección personal, incluso profesional. Es, hasta dirí­a yo, una responsabilidad con el presente y el futuro.

Sí­, se dan perversiones incontrolables y deslices, mostrando más de lo deseable, pero para eso está la privacidad, el bloqueo, una aplicación para cada perfil personal y finalidad…

Es un huevo

O sí­ tiene perfil en cualquier red social pero no tiene seguidores ni amigos (o es un huevo en Twitter). ¿Qué razón de ser es esta? Lo más probable es la de cotillear, stalkear. Suelen ser las mismas personas que dicen no estar en redes sociales o confiesan que sí­ con un «pero no las uso». WTF? ¡Desesperante!

No tiene ni una foto pí­cara en el móvil

¡Ja! Poco más que añadir. No te hace mejor persona no enviar o no recibir imágenes subidas de tono. ¡Estás vivo, no te justifiques!

No se hace selfies

Si es porque no sabe utilizar la cámara interna en esta era digital nuestra, no es que no sea de fiar, es que es para matarle directamente. Aquellas personas que sí­ se hacen y te incluyen en ellos, de hecho, pero abusan del dichoso palito extensible, también tienen sus puntos para morir lentamente…

Se geolocaliza donde ya no está o nunca estuvo

Hay quien vive obsesionado por lograr badges de unas y otras aplicaciones con el fin de superar a algún fulano conocido o desconocido comiendo hamburguesas o hasta pasando por las puertas de un centro de salud (a veces incluso sin bajar del bus…). Este tipo de práctica, además, suele llevar aparejada una insana intención de ser localizado o gritar su paso por ciertos lugares. Las personas que así­ lo pretenden son las que después, cuando les comentas que las viste checkearse o les preguntas si le gustó la experiencia en cuestión, te acusan de metomentodo. ¡Anda y… háztelo mirar, cari!

No pregunta si hay wifi en un local

A ver, nuestros móviles no consumen baterí­a y datos, engullen, devoran. Alguna que otra llamada, venga mensajes, realización de fotos a punta pala y subidas y bajadas de archivos todo el dí­a es lo que tiene. «Mi casa es donde hay wifi» es un lema ya extendido mundialmente y por algo es. Quien trabaja con el móvil bien lo sabe y quien simplemente es un fiel usuario de los smartphones y les saca aunque sea el partido mí­nimo que permiten, también. Por tanto, quien no pregunta por el wifi, ¿qué hace con su vida?

No lleva cargador

En su defecto, baterí­a de repuesto (algo desfasado), fundas cargadoras o el propio cable (que te obliga a mirar desesperadamente las paredes de cualquier local para, en primer lugar, enchufarte. Luego, ya si eso, te pides un café). ¿Qué clase de persona se arriesga a quedarse desconectado del mundo, virtual y real? Pues eso, la de no fiar en la era digital, la que prefiere decir eso de: «Me quedé sin baterí­a y…».

 

Lleva el móvil a todas partes

Esconde mucha información o no se fí­a de quien le rodea. En definitiva, «se cree el ladrón…». ¿Y qué falta de respeto es esa de ser capaz de escribir a alguien en pleno proceso en el trono? Hay cosas que pueden esperar. ¡Ay si ya hubieran llegado las app que reproducen aromas, ay!

Dice no hacer pantallazos

Los pantallazos son un peligro absoluto, en especial si nacen con el objetivo de ser enviados a un tercero. Pero todaví­a lo es más quien dice no hacerlos y estar llenando la red de confidencias. Id con cuidado con estas cosas, con hacerlas y con ser ví­ctima de ellas. Al final, como en todo, es cuestión de ser responsables y consecuentes. Ajo y agua.

No usa emoticonos

¡Pero si nos ayudan a expresarnos! Con las caritas y dibujitos podemos completar lo que queremos decir o, más bien, decir sin usar palabra. Nos ahorran esfuerzos y nos salvan de algún apuro (especialmente aquellos momentos en que no puedes o no quieres hablar y sustituyen a las palabras y ¡que cada uno interprete lo que quiera!).

A estas alturas es muy raro que alguien no los use. Hay quien dice que son ridí­culos, que no los entiende o que no se identifican. Pues si no encuentras sentido a una mierda, una media sonrisa o unos ojos como platos, eres raro.

 

Si encuentras a alguien con todas estas lindezas, corre. Si no ha pasado por ninguna, también. Y, bueno, como en la vida carnal, nadie es al 100% de fiar a cada minuto del dí­a. Y es que serlo también da qué pensar,  los angelitos solo están en emoji… Confieso caer en alguna de estas premisas de vez en cuando. Quien esté libre de pecado, que tire el móvil al suelo (y bien fuerte).

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Apps que te salvarán en Navidad

Apps para sobrevivir a Navidades.

¿Qué me pongo? ¿Qué le compro? ¿Qué menú les hago? ¿A qué juego? ¿Cuántos dí­as quedan? ¿Qué mensaje le enví­o? En Navidad surgen dudas especiales que, lejos de ser blancas y dulces, se pueden convertir en oscuras y amargas si no das con la respuesta correcta… Y en esta época en que se presupone de todos debemos ser más originales que el año anterior, las nuevas tecnologí­as salen al rescate. Más bien, las empresas agudizan su ingenio:

Ofertones para tu móvil

No está el horno para bollos y la cuesta de enero se repite cada mes. Así­ que es de interés popular aprovechar las ofertas de aplicaciones que llegan casi con Papá Noel, aunque necesariamente no tengan que ver con Navidad pero sí­ con darse un caprichito. Una gran opción es explorar App Santa, que vuelve en 2014 tras el éxito del año pasado. Encontraremos más de 40 aplicaciones para android y Apple con alrededor de un 60% de descuento en apps en la mayorí­a de los casos y no solo puedes adquirirlas de forma económica, también las puedes regalar.

Descuentos en regalos

Es importante también echar mano de todas esas páginas y/o aplicaciones que nos pueden salvar de algún apuro a la hora de hacer regalos. Solo hace falta un poco de tiempo, para navegar por las ofertas y para encargar y recibir paquetes. No dejéis de consultar Wallapop, Ofertia, Amazon, Wish, Fanzy, Privalia o Amazon. Moda, tecnologí­a, literatura y experiencias de todo tipo con descuentos de hasta el 70% en algunos casos.

Una opción más que rentable es visitar Idealo, una web que ha mejorado e incrementado sus servicios y posibilidades este año y tiene infinidad de ofertas en diferentes paí­ses.

Queridos Reyes Magos…

La tradicional carta a los Reyes Magos o la lista de deseos para Papá Noel sigue siendo un clásico. Hace años que la opción de escribir un mail dio el salto a app. Apostamos por utilizar iCarta Reyes Magos para tener lí­nea directa con los tres amigos de Oriente, aunque las opciones estos dí­as son infinitas.

 

Nicolás conoce a Baltasar.

 

Lista de compras especiales

Otra popularizada ocasión para quedar bien con los amigos es el amigo invisible y una útil práctica, utilizar una app que nos haga el dichoso sorteito. Especialmente para aquellas personas que tienen muchos grupos o para aquellos en que hay muchos miembros y coincidir para repartir papelitos al azar es un auténtico imposible. Hay que introducir estas dos palabras clave («amigo invisible») en la tienda según cada smartphone y encontraremos diversidad de opciones interesantes.

Para organizar estos y otros tantos regalos que están por venir podemos utilizar apps como Christmas Gift List, para no olvidar cualquier idea o ir tachando aquellas con las que vayamos cumpliendo. Muy muy práctico.

¿Dónde está Santa?

Si todaví­a creemos en la fantasí­a y no nos fiamos de que nuestros sueños sean cumplidos, podemos monitorizar los movimientos de Santa Claus gracias a los satélites intergalácticos… Y lo decimos así­, en ‘extranjero’ una vez más porque es como se apellida una aplicación que utiliza satélites para localizar al personaje, en su trineo y en sus viajes alrededor del mundo. Se llama Norad Santa, sirve para android y Apple, y nos avisa de cuándo estamos a punto de ser visitados.

Muy graciosa es la propuesta de Google, con su Santa Tracker, también en español. Puedes ver una cuenta atrás a la espera de Papá Noel y jugar con infinidad de juegos y tontunas que se van desbloqueando dí­a a dí­a en una especie de aldea con muñequitos adorables (confeccionar postales y mensajes para enviar por mail a amigos y familiares, jugar con la nieve y los renos…).

Felicitación ¿original?

¿Para qué seguir haciendo hablar a gatetes si Papá Noel tiene ganas de palique? Apostamos por la app Talking Santa. Es muy sencilla de usar y básica, grabamos la voz y nos la transforma y pone en boca del gordo barbudo vestido de rojo. Hay varias versiones de este ejemplo de aplicación que podemos probar.

Pero si al final queremos hacer algo gracioso, siempre podemos acudir a la tí­pica aplicación a la que le prestamos fotos de nuestras caras y hacemos que dancen en cuerpos gráciles. Es el caso de Elfyourself, que ya hace unos años que nos acompaña pero que siempre logra arrancarnos una sonrisa añadiendo nuevas músicas o lanzándonos a sumar al grupo de artistas a alguien nuevo.

También podemos acudir a la verbigracia de otros para buscar esa frase tí­pica que no se nos ocurre. Introduciendo las palabras «frases navideñas», por ejemplo, la store nos ofrece diversas opciones. Eso sí­, no esperéis a Neruda. Lo más probable es que después de un rápido vistazo os decidáis por acudir al tí­pico «Feliz año nuevo» o inventar algún chiste propio que, aunque no tenga gran chispa, siempre podéis decir que es vuestro…

Pasa el rato con los peques

Y no tan peques. Hay apps tan cuquis que apetece trastear con ellas aunque no tengamos a pequeños correteando alrededor de nuestros móviles o tablets. Un par de ejemplos divertidos son My Santa Claus Game o Avokiddo emotions (ví­deos).

La ropa ideal

Muchas veces -por no decir todas- no sabemos cómo vestir. No hemos renovado mucho el vestuario y siempre relacionamos los dí­as de Navidad con prendas que probablemente el resto del año, o el invierno, no vestirí­amos. Hay muchas aplicaciones y webs que, además de la infinidad de blogs existentes, pueden servirnos de inspiración y consejo. Por ejemplo, los hombres pueden probar con Cool Guy que, además de sugerir looks, colores, prendas y estilos según el interesado, ayuda a ordenar en el calendario las elecciones. Hay muchas parecidas también para mujeres. Un ejemplo es Stylish Girl.

Parece también que en estas fechas apetece ponerse pajarita o corbata para todo y podemos probar, da igual hombres que mujeres, con app para aprender a anudarlas o ir cambiando de nudo.

Dinerito sin lí­mites

Bueno, no es que vayamos a descubrir una fuente inagotable de dinero… Hablamos de apps que sirven para ahorrarnos llevar a todas partes monedas y billetes o poder salir del paso en caso de que nos hayamos quedados sin cash de fiesta o en cenas y cenas. Podemos contar con la buena voluntad de los amigos que quieran hacernos un préstamo rápido y seguro de móvil a móvil. Es el caso de Yaap money.

Por su parte, EysaMobile es otra app digna de conocer que sirve para pagar parkí­metros y cancelar o abonar multas. Es práctico si es que funciona en aquella ciudad donde te encuentres (son pocas las capitales en España que la han puesto en marcha) ya que son fechas de aparcar difí­cilmente y mal…

Respecto a los menús, hay infinidad de blogs, webs y app que podemos consultar. Al final, en este caso, la novedad no es tanto las aplicaciones que encontremos sino las recetas en sí­ mismas. Para eso, lo recomendable es navegar y buscar conforme a ingredientes compatibles con el paladar de los comensales para dar con la receta navideña ideal.

Jesusito o meditación

Y, finalmente, si queremos alejarnos de un perfil consumista, tenemos dos opciones: optar por el espí­ritu religiosos (dejando invadir belenes y jesusitos en nuestros fondos de pantalla) o descargando app como la que el Arzobispado de Valencia ha lanzado sobre el Adviento; o dejarnos de tanto villancico y buenas intenciones y lanzarnos al Yoga y los libros de autoayuda para superar estos dí­as de tintineos, luces y sonrisas por castigo en cada rincón, aunque sea acompañada de codazos para poder andar por la calle.

 

Santa Claus.

 

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Ventajas e inconvenientes de tenerla grande

Cuando eres el objetivo de todas las miradas.

Las grandes producen atracción. Como poco, a la vista y a las manos. Es un hecho y lo he comprobado empí­ricamente, con sus ventajas e inconvenientes. Llaman la atención marcadas en el pantalón y, cómo no, cuando alguien decide exhibir la suya en público. Lamento que llegados a este momento deba romper la magia: me refiero a las pantallas de móvil.

Yo me muevo por el mundo con un Samsung Galaxy Note 3 y por más que pasen los meses colgada de él, no hay un dí­a que no reciba un comentario. «¿Con eso te asas también la carne y te planchas la ropa, no? ¿Por qué te has dejado el móvil en casa, chica? ¿Dónde metes eso?». Pues pronto podremos cocinar con los móviles, no lo dudéis. Y sí­, hago tantas cosas con él que casi lo que tiene de teléfono es lo de menos. Y, bueno, caber me cabe, señora.

Mi truco está en que soy de bolso grande pero, como también suelo decir, uno escoge el móvil en función del tamaño de su bolsillo trasero. Y los mí­os son casi modelo Kardashian  -soy muy fina cuando quiero, como comprobaréis-. En este grupo podrí­amos incluir muchos otros smartphones, como el Hisense X2, el Galaxy Mega 6.3, el Sony Xperia Z Ultra o el CoolPad Halo, por ejemplo. Es decir, lo que se viene llamando phablets, entre teléfonos y tablets, con más de 6 pulgadas de pantalla.

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Pero esta tendencia de comercializar teléfonos cada vez más grande crece junto a la vuelta a lo minimalista de algunas marcas como HTC, Samsung, LG, Nokia y propiamente Apple. Y esta dualidad lleva a cierto debate interno cuando uno se ve obligado a cambiar de terminal. Al fin y al cabo el modelo de móvil que escogemos nos describe (y las carcasas y las fundas y los accesorios y…), como lo hacen los zapatos, como ya decí­a la madre de Forrest Gump. De este modo, el tamaño no puede serlo menos y sí­, importa.

Ventajas e inconvenientes de las medidas son múltiples e iguales al mismo tiempo:

Gran resolución, pura indiscreción

Si al gran tamaño le sumas la alta resolución, sacar tu phablet en el trabajo, casa, trasporte público o la calle es como el agua con azúcar para las moscas. Y aunque los viandantes, pasajeros, familiares o compañeros pretendan en algún lugar recóndito de su ser no invadir tu intimidad, lo cierto es que la inercia les puede. Esconderse al escribir un whatsapp, ver fotos, leer o escribir mails, utilizar aplicaciones diversas… es imposible.

Pero también es cierto que gracias a estas caracterí­sticas poder trabajar on the road y no dejarte la vista es un privilegio. Puedes escribir o dibujar sin grandes esfuerzos, leer sin dolor de cabeza y mostrar el contenido a quien sí­ procede con total tranquilidad de una visualización aceptable y útil.

Hay quien, obsesionado, compra y coloca esos protectores de pantalla opacos para ojos ajenos. Solo si los miras de frente y en el ángulo adecuado ves y lees correctamente. Es una rayada que marea y genera tendencia a quedarse bizco, incluso si no eres un curioso. Resulta que con este tipo de inventos solo puede ver bien la pantalla una persona o dos a lo sumo colocados estratégicamente. Una protección y un contrasentido.

En tu fiesta me colé

A gran parte de las mujeres nos encanta llevar bolsos grandes. Pero por el dí­a. Un móvil grande es un buen compañero en un habitáculo acorde pero para ir de cena, de fiesta o a una boda llega a ser un estorbo. Solemos reducir al máximo el bolso en este tipo de eventos y normalmente nos vemos obligadas a aceptar que nunca cerrarán y aprender a disimularlo o bien a llevar los móviles fuera. ¿Tiene sentido? Ninguno, pero es lo que hay.

En el caso de los hombres, o cualquier persona que acostumbre a usar los bolsillos para transportar sus móviles de gran cilindrada, el tema de los looks y outfits según eventos pueden afectar también. Pero el principal inconveniente es la capacidad de maniobra fí­sica, además de las marcas que sea acaban produciendo de forma sistemática. Uno ha de saber manejarse a la hora de sentarse, levantarse, sacarlo o introducirlo. No resulta cómodo en primera instancia. Luego, como con tantas otras cosas, te acostumbras.

¡Róbame!

Usar un móvil grande en plena oscuridad y soledad en la ví­a pública, para iluminar el camino, llamar, consultar mensajes o redes sociales, como entretenimiento o necesidad, puede ser un revulsivo para cacos. «Está enviando su localización o llamando a la poli». Pero también es como quedarse desnudo. «Tengo un móvil que mola, se ve un montón, no hay nadie más aquí­, ¿te lo llevas?». He vivido estas dos situaciones en varias ocasiones casi al uní­sono y -lo confieso- me puede el miedo.

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Captar tanta profundidad y tanta amplitud con cámaras cada vez más potentes insertas en nuestros teléfonos móviles XXL hacen que no tengamos punto de retorno. Nos sentimos -y podemos serlos, de hecho- auténticos profesionales de la imagen. Cortamos, enderezamos, retocamos, escribimos, dibujamos, adornamos, limpiamos, subimos a la red, enviamos y mostramos escenas desde nuestro terminal. Son álbumes móviles a todo color que llevamos con nosotros y una vez nos atrapa no podemos ni queremos perder ni una foto o rebajar ni en un pixel. ¿Ir a menos? Ya imposible. A más tamaño queremos más capacidad, más calidad, más espectacularidad, más profesionalidad.

Tamaño mental

Hay que educar la mente y el espacio para dejar entrar en nuestra vida un móvil de este tipo y volver a hacerlo si hemos de cambiar de modelo. Esto también entra en las ventajas e inconvenientes del tamaño. Nos pasó con la aparición misma de los teléfonos móviles, después de los smartphones, del botón al mundo táctil, y así­, suma y sigue con cada extra y aplicación que llega. Llegará el momento en que resulte conveniente reducir espacio pero quien entra en el mundo maxi lo tiene crudo para aceptar un nuevo mini. Será cuestión de atender a las modas y exigencias del futuro.

A mí­ me pueden los pro de las grandes… ¿Y a ti?

 

Julio Iglesias te recomienda cambiar de móvil.
Julio Iglesias te recomienda cambiar de móvil.

 

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