6 razones por las que ‘Pieles’ te conquistará

Tras realizar su debut en el pasado Festival de Berlín, Pieles, la opera prima de Eduardo Casanova, llega al territorio nacional dentro de la sección oficial del festival de Málaga. Rodada durante el pasado verano, las noticias sobre la película nos han llegado con cuentagotas, aumentando la expectación de un público que ansía ver (por fin) algo diferente.

La película relata 5 historias entrelazadas entre sí con un mismo denominador común: todos son personas que poseen diferentes malformaciones físicas, que no pueden evitar sentirse recluidas socialmente. La búsqueda de la felicidad en un mundo lleno de incomprensión marca la crudeza de esta historia que, aunque contada de forma extravagante, es el pan de cada día de muchas personas.

Bface Magazine ha podido disfrutar de la película antes de su estreno en Málaga y no ha podido evitar sorprendernos. Por este motivo nos proponemos aumentar vuestro hype exponiendo nuestras impresiones sobre la cinta.

Las pieles cambian.  Las pieles se operan. La apariencia física no es nada.

1. La consagración de Eduardo como artista: 

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Conocido públicamente por su trabajo como actor, también se ha puesto tras la cámara para realizar campañas de publicidad, videoclips y 7 cortos a sus espaldas. Ahora cumple su mayor sueño, lanzarse al largo. Una nueva faceta que le viene por esa ansia de querer expresarse de una forma más profunda. Es necesario destacar la valentía de un creador que realmente habla en primera persona, expresándose con un lenguaje propio con total libertad. Algo difícil de ver en los tiempos que corren, donde los refritos comerciales priman sobre lo original.

2. Un reparto en estado de gracia:

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El germen de Pieles, nació con el cortometraje Eat my Sit. En el que Ana Polvorosa interpretaba a una joven con el aparato digestivo a la inversa. Una fascinante idea, plasmada en una genial crítica a la sociedad que enseguida se convirtió en viral. Polvorosa vuelve a ponerse en la piel de dicho personaje uniéndose a un reparto lleno de caras conocidas en potencia: Carmen Machi (ojito a su personaje), Candela Peña, Secun de la Rosa, Jon Kortajarena, Joaquín Climent, Itziar Castro o Macarena Gómez. Estando algunos de ellos totalmente irreconocibles, dan vida a las diferentes anomalías físicas que quería plasmar el cineasta. Es de agradecer que para crear dichas malformaciones se opte por el uso de moldes protésicos (y no de los trillados y reiterativos efectos especiales), llegando a alcanzar un apabullante realismo. Además abre la puerta a caras no tan conocidas de nuestro panorama interpretativo con malformaciones reales como las de Mikel Godoy, Vanessa Redondo o Ana María Ayala. Aportan fuerza al discurso entre un reparto tan conocido.

3. Eloi Costa: ¡Ha nacido una estrella!

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Ocasionalmente el cine nos ofrece la llegada de nuevas caras. En Pieles no puede evitar llamarme la atención el personaje interpretado por el barcelonés Eloi Costa. Y eso que con el trascurso de las tramas su historia me parece que se convierte en la más descafeinada. Pero según mi criterio, creo que tiene las mejores escenas de la película, donde se refleja la fragilidad palpable de un personaje lleno de sueños que no se siente cómodo consigo mismo, en un mundo lleno de odio, con una gran carencia de estructura familiar. Momentos extravagantes que nos llevan instantáneamente desde la deliciosa carcajada por puras situaciones absurdas, hasta encogernos el corazón por la empatía que genera el personaje. La luz que proyecta en su interpretación y su cabello violeta se convierten en un emblema de la película que nos deja completamente enamorados.

4.  Su diseño de producción:

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El propio director se ha encargado de este aspecto de la cinta. Obsesionado por el color rosa, acaba llevando esta pasión a su máximo apogeo escenográfico. El diseño está lleno de habitaciones espaciosas donde cada objeto parece puesto a medida con un fin propio. Al igual que su cuidada fotografía, donde la precisión ayuda a expresar la dureza de la obra y aumenta el interés por el diálogo de las interpretaciones actorales. Una estética que se deja influenciar por artistas como Todd Solondz, John Waters o David Cronenberg. Llama la atención que en el aspecto musical haya rescatado el tema de Matt Monro Alguien canto. Una melodía que se graba en nuestra cabeza y da una esencia especial a la película. Realmente, el diseño se ha convertido en un personaje propio e imprescindible para relatar la obra.

5. Prima la tolerancia:

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Las historias de Pieles relatan las vidas de minorías sociales con malformaciones físicas. La idea de relatar la historia de forma coral ya marca el hecho de concienciar de que existen personas diferentes. Personas que para muchos son invisibles (o se empeñan en intentar que lo sean). Casanova consigue analizar las profundas carencias que se anhelan en el ser humano: la búsqueda del amor propio, aceptarse a sí mismo, superar nuestros miedos… Sentimientos que son iguales para todos. Rompiendo totalmente con las conductas sociales actuales. Donde las redes sociales nos venden una propaganda constante de lo que es un cuerpo ideal o cómo debemos ser. Cada día tenemos una conciencia donde creemos que la igualdad es más palpable, pero aún nos queda mucho por recorrer.

6. No hay tabúes: 

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Aunque inicialmente sus imágenes no puedan evitar dejarnos algo petrificados sin saber bien qué nos cuentan o nos van contar, rápidamente entramos en la historia. Viendo como ese choque visual que producen las malformaciones simplemente es algo pasajero. Lo importante es conocer a los personajes y no juzgarlos por esa primera impresión. Una empatía con el prójimo de la que nos olvidamos muy ocasionalmente. Entrando rápidamente en un código donde prima lo natural, sin filtros. Todo lo políticamente incorrecto: el sexo, los desnudos integrales (incluyendo masculinos, algo que siempre ha costado ver en el cine), las conversaciones sobre excrementos o el consumo de drogas… y que son reales como la vida misma. Se agradece contar con un lenguaje limpio y sin censura.


Un sabor nuevo y fresco nos deja este largometraje. Lamentablemente aún no cuenta con fecha de estreno oficial en nuestro país.  Probablemente no pase la aprobación de los más escépticos. Y aunque no hay duda de que aún le quedan aspectos por pulir, Casanova marca con Pieles un brillante estreno como director, con marca propia y que no pasará desapercibido. Atentos, porque este año se llevarán las pieles.

Las 5 mejores películas de Álex de la Iglesia

El viernes se estrena en nuestros cines Mi gran noche, la nueva comedia negra de Álex de la Iglesia, uno de los cineastas españoles más relevantes de los últimos 20 años. La carrera del director vasco aúna, como pocas, éxito taquillero con autoría total. Principal baluarte del cine de género, vuelve a cargar contra la telebasura en particular y contra la deriva moral del país en general, en una película que levantó pasiones enfrentadas en su estreno en el Festival de Donostia. Aprovechamos la ocasión para reflexionar brevemente sobre las cinco mejores obras de un autor excesivo y brillante a partes iguales. El cine de Álex de la Iglesia está lejos de ser perfecto, pero ¿cómo podía serlo si bucea una y otra vez en nuestro reverso más tenebroso?


5. Crimen Ferpecto (2004)

¿Quién no soñó cuando era pequeño con quedarse encerrado en un centro comercial y pasarse la noche jugando? En la descacharrante Crimen Ferpecto, Álex de la Iglesia torna ese sueño infantil en pesadilla adulta al dibujarnos el micro-cosmos de unos grandes almacenes como una selva llena de peligros, dónde rige la ley del más fuerte y en la que tienes que pisar muchas cabezas para medrar profesionalmente. El centro comercial como símbolo del lado más oscuro de la sociedad de consumo. Crimen Ferpecto persigue a Willy Toledo entre estantes y ascensores, en su tortuoso camino para convertirse en Jefe de planta de los grandes almacenes dónde trabaja (y prácticamente vive). De las rivalidades a los chantajes. De la felicidad al sufrimiento. Como en gran parte de la filmografía de De la Iglesia, en esta terrorífica comedia podremos ver sangre, risas, grandes interpretaciones (Toledo, Cervera y Varela están sensacionales) y una soberbia puesta en escena.

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4. Las brujas de Zugarramurdi (2013)

Las historias del cineasta bilbaíno suelen tender hacia el exceso. Son casi siempre narraciones con forma de espiral. Un camino a la perdición de sus protagonistas. Por ello mismo, en ocasiones ese exceso se apodera de sus películas, que a veces pasan de la ironía a la caricatura, de lo descacharrante a lo grotesco. Eso es lo que le pasa a Las brujas de Zugarramurdi, que tiene una primera hora sensacional y una segunda, que se entrega a los delirios de un aquelarre que juega al gato y al ratón con unos pobres atracadores. A pesar de ese desequilibrio, Las brujas de Zugarramurdi es una película divertidísima, bien interpretada y llena de alardes técnicos, aunque es verdad que el monstruo no  es uno de ellos. Una obra personalísima de un autor de culto que exprime hasta el máximo los recursos con los que cuenta. Si Zugarramurdi fuera una peli de Hollywood valdría 10 veces más y sería 10 veces menos salvaje. El film ganó hasta 8 premios Goya, aunque sólo uno más allá de los apartados técnicos, mejor actriz de reparto para un incombustible Terele Pávez, cuyo “a mí lo que me da miedo son los hijos de puta” ya ha quedado para la historia.

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3. El día de la bestia (1995)

Aunque se había estrenado en la dirección con la Acción mutante (1993), un sci-fi de guerrilla producido por El Deseo, fue El día de la bestia el film que situó a Álex de la Iglesia en el mapa de nuestro cine. Su Madrid al borde del Apocalipsis es lúgubre e hipnótico. Un pobre cura, interpretado por un sensacional Álex Angulo, descifra la llegada del Diablo, el fin de los días, y hace lo imposible por evitarlo. Aunque ello implique emprender un endemoniado camino a contrarreloj con la única ayuda de un torpe vendedor de discos de heavy metal interpretado por Santiago Segura. El día de la bestia es una experiencia subyugante, divertidísimamente surrealista. Una película de culto instantáneo que se ganó a pulso un prominente lugar en el cine español de género. El demonio había alumbrado a un cineasta osado y con una personalidad desbordante. El día de la bestia le reportó a Álex de la Iglesia su único Goya al mejor director hasta la fecha.

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2. Balada triste de trompeta (2010)

Si La Isla Mínima nos recordó el año pasado que el cine español ha buceado poco en las miserias de la España de la Transición, Balada triste de trompeta nos había dicho antes que los estertores del franquismo son una época a la que debemos volver si queremos saber por qué nuestro país es como es. Dos payasos que traumatizados, interpretados por Antonio de la Torre y Carlos Areces, se entregan a una bacanal de muerte y destrucción, con el Caudillo de por medio, que termina en una secuencia prodigiosa en el Valle de los Caídos. El film toma su nombre de una canción que canta Raphael en un film del tardofranquismo, Sin un adiós (Escrivá, 1970), formando así un extraño díptico con la  última película del autor, Mi gran noche, protagonizada por el cantante. Balada triste de trompeta es quizás la obra más salvaje, desmedida y retorcida de Álex de la Iglesia. Una película desagradable y enfermiza plagada de imágenes para la posteridad, con altibajos narrativos, pero aún así fascinante. El film ganó los premios a la mejor dirección y al mejor guion en el Festival de Venecia, consagrando a De la Iglesia como un autor de prestigio internacional. Balada triste de trompeta, por un pasado que murió, y que llora, y que gime, como yo.

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1. La comunidad (2000)

En su película más célebre, Álex de la Iglesia se disfrazó de Polanski para pintarnos un edificio como si fuera un laberinto del que es imposible escapar. Así, en cada esquina hay una amenaza. Y en cada vecino, un enemigo. Una agente inmobiliaria, interpretada por Carmen Maura, se enfrenta a todo un edificio por un tesoro que encuentra en uno de los pisos del bloque. Enferma de codicia está decidida a darlo todo por la pasta. Incluso la muerte. La comunidad es una metáfora lúcida y cruel de la sociedad en la que vivimos. Un thriller que se mueve con astucia entre la comedia y el horror. Una película divertidísima y frenética. Carme Maura firma una de las mejores interpretaciones de su carrera, o lo que es lo mismo, del cine español. Rodeada de un reparto descomunal, parece una fiera acorralada por hienas hambrientas. Álex de la Iglesia fotografía el lado más oscuro de la ambición humana y nos lo vomita a la cara. Para ello se apodera del espacio, deja libres a los actores y pulsa los resortes adecuados. El gran mérito de La comunidad, con respecto al resto de su obra es que jamás se fatiga, es un mecanismo perfecto. Aquí el guion está a la altura de la puesta en escena. Y debajo de ambos, la ciudad, impasible, inalterable.

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