Wallapop, el recreo de tus peores trapos

¿Qué vas a hacer con eso si no lo usas? Si no te gusta, súbelo. Así es el eslogan de Wallapop, esa maravillosa app que hace feliz a millones de personas día tras día. Y maravillosa se queda corto, porque nos brinda la magnífica oportunidad de matar nuestras tardes de aburrimiento y de marcarnos un buen procrastinating cuando las ganas de estudiar son más ausentes que la estabilidad política en este país.

Pero lo más importante: Wallapop nos permite deshacernos de toda la bazofia surgida a raíz de nuestro preocupante síndrome de Diógenes. De verdad, y me incluyo, los humanos o los que intentamos serlo tenemos un serio problema con guardar más artilugios que Ariel. Ni el mismísimo Wall-E (stop a las referencias a Disney-Pixar) sería capaz de despejar la semejante selva que es nuestra jaula habitación, o incluso nuestra propia casa.

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Gracias a este artilugio divino, no solo podemos hacernos de oro y timar a los usuarios vendiendo nuestro peor arsenal, sino que comprobamos que no somos los únicos en guardar o haber comprado según qué malditos artículos. A decir verdad, somos demasiado valientes en vender todo tipo de artilugios, incluso nuestra lencería más traviesa. Chiquillo mío, que no vas a venderlo. Antes ganas la lotería que te deshaces de tu gran pesadilla.

Hoy, en BFace, te traigo los peores trapos que puedes comprar en tu ciudad más cercana. Prepárate ya una tila, porque no vas a poder echar ojo sabiendo que estás tan cerca de tal monstruo. Por el contrario, si tu vida está al borde del precipicio y te enamoras raramente de algo de lo que te espera, ¡no dudes en hacer clic a las imágenes y hacerte con ello!

Madrid

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En la capital del reino, podrás hacerte con algunas de las reliquias de la muerte que Harry Potter olvidó recopilar. Madre de Dios bendita, qué vestido. Ni Dulceida se lo pondría para ir del baño a la habitación en el más desastroso de los naufragios. En cuanto al ‘pearsing’ (así lo escribe el anuncio), es la joya de la corona, y nunca mejor dicho. La mejor elección para cantar a los cuatro vientos que prinsesa se hase, no se nase. Y por último, ¡cómo es ese vestido de rombos! Ideal para disfrazarse de arlequín.

Barcelona

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Convecinos y convecinas de la ciudad de Barcelona, si estáis buscando el accesorio perfecto para vuestra graduación, no sufráis. Os traigo la solución infalible para dar el cante, que para algo se va a estos sitios, para destacar. Da igual que sepas andar o no en tacones: no hay mejor ocasión para sacar la folklórica que llevas dentro con esos zapatos cápsula Lola Flores. Si no te sientes a gusto sobre las alturas y quieres seguir mirando por encima del hombro con glamour, créete la imagen de Paloma Urban Fashion y apuesta por los pompones. Di-vi-na.

Málaga

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¿Cansada de los outfits de las bloggers? ¿Con ganas de sacar la monstrua que llevas dentro y comerte el mundo sin gastarte una millonada? Tu Esperanza Gracia de la moda low cost te trae el remedio perfecto. Un look total print de inspiraciones españolas con volúmenes; en otras palabras, el vestido de la flamenca de WhatsApp. Y el mejor complemento no podía ser otro que un bolso floreao’ para rendirle homenaje a Audrey Hepburn. ¿Qué me decís de esos pendientes coloridos y con formas varias? Si tienes pocos agujeros, siempre te los puedes clavar para mimetizar con el vestido. ¡Olé!

Valencia

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Para soportar el caloret faller y darlo todo en la tarima al son de Pégate, no podrás resistirte ante la tentación de llevar una camiseta de flecos para derribar a cualquier cuerpoescombro que se te ponga por delante y para azotarte cuando te quedas sol@ en la pista. Por supuesto, no podía faltar un buen leopardo fucsia que, sumado al chándal, se convertirá en tu must, vayas donde vayas. Y para acabar, ¡bien de manicura! Si hay que arañar, que sea con estilo.


Si tú tampoco quieres perderte terrores de la talla de los anteriores, ¡entra en Wallapop y comprueba qué se vende en tu ciudad más cercana! Y sobre todo, ¡deja en los comentarios las perlitas que te has encontrado!

Decimos NO al despilfarro

Llevamos todo el año pensando en nuestras vacaciones de verano y (¡SORPRESA!) nos hemos quedado sin ellas. Mira que ya nos lo repetían nuestras madres ‘ahorra hijo, ahorra y no despilfarres tanto’ y, aunque sabíamos que tenían razón, no lo hemos hecho y ahora nos vemos con un verano muy largo por delante y sin dinero. DRAMA.

Ya nos hemos resignado, pero no queremos que el año que viene nos pase lo mismo, por lo que nos hemos hecho con Mooverang, una app que tiene como propósito mejorar nuestra economía personal. Desde ella, podemos controlar todas nuestras cuentas y tarjetas, lo cual nos ayudará a controlarnos y no despilfarrar nuestro dinero de las vacaciones. Y seguro que si apuntamos todo lo que gastamos al siguiente mes tenemos más en cuenta en que nos gastamos el dinero.

Además, para ayudarnos digerir mejor esta época económica tan complicada, Mooverang ha creado ‘El Chorizo bueno’, una especie de guardián de nuestros ingresos y gastos que viene para alejarnos del camino del despilfarro y la malversación, práctica muy extendida entre nuestros políticos.

Este divertido personaje tiene características poco comunes en nuestros políticos actuales como son la integridad, honradez, sabiduría y mucho flow, todo ello perfectamente aderezado con ingenio y diversión, aspectos que se podéis comprobar en la web de la campaña www.combateeldespilfarro.com. ¡Cuidado Podemos que este chorizo viene con fuerzas!

MOOVERANG CONCEPT

Si quieres llevar una buena gestión de tu economía, no te lo pienses ponte a descargar desde ya la app ¡Nosostros ya estamos preparando nuestras vacaciones del próximo año!

8 evidencias de que tu móvil te ha poseído

¿Hay vida sin móvil? Este es -obvia y rotundamente- uno de los grandes enigmas de nuestros tiempos. Tanto tanto que es casi más sencillo y da menos miedo tratar temas como el de padecer una posesión demoníaca ‘smartphónica’. Hemos recopilado una serie de evidencias que te ayudaran a comprenderte, que no a sanar…

1. Si te olvidas el móvil, no te enfadas, sufres espasmos

Sí, nuestra cabeza y costumbre nos hacen creer que pasamos por un episodio transitorio de enfado e ira y que responde a razones coherentes. Pero no. Son espasmos de posesión: aumenta la sudoración y la salivación, baja la tensión, se agolpan las palabras -en lenguas muertas incluso- y se apodera de nuestro ser síntomas del mono más feroz.

2. Consultas tu smartphone tres veces por minuto

¡Como mínimo! ¿Sabéis lo que esto supone? Que, imaginemos que estamos despiertos unas 15 horas al día, se pueden llegar a mirar el móvil unas 2.880 veces… Giramos tantas veces la cabeza que, aunque no lo sepáis, estamos preparando el cuello para despertar cualquier noche haciendo rotar la cabeza a la voz de «mira lo que hace el guarro de tu móvil» sin rompernos una uña.

3. Nunca apagas el móvil y de noche carga a tu lado…

¿A que hace mucho que no recuerdas lo que has soñado? Es el móvil. Chupa tus sueños y estos alimentan tus aplicaciones más adictivas. Pero no temas, te desvelamos lo que ocurre en tu fase REM: los temas centrales de tus conversaciones de Whatsapp se vinculan a las fotografías a las que has dado like en Facebook e Instagram y acabas volando junto a cientos de pajarillos azules tuiteros sorteando joyas y caramelos del Candy Crush. No hay más. Y así todos los días.

4. Vistes y tratas a tu móvil como a un perrete de Paris Hilton

Le tratas como a un ser vivo. Eso sí, indefenso y muy kitchs. Eres capaz de combinar carcasas con color de calcetín o plantarle brillos y gomas de tamaños inhumanos que te obligan a llevarlos en la mano porque no hay bolso que los resista. ¡Un objeto que decide por ti y no te das ni cuenta!

5. Has intentado pasar un fin de semana sin él y te ha convencido de que vuelvas

No le hace falta hablar. Al menos con palabras en voz alta. Pero ha entrado (sueño a sueño, noche a noche) en tu cabeza y dirige tus pasos. Se hace indispensable y siempre tiene una excusa para su uso: consultar el clima, ver alguna dirección, localizar el restaurante de moda… ¡Pero si cuenta hasta tus latidos, alma de cántaro! ¡Inconsciente!

6. Te despierta, te alerta de tus citas y las horas de la pastilla

Vale. Estamos perdidos. Es autosuficiente, se alimenta de la información que le damos a diestro y siniestro, lo sincroniza todo, hasta los pensamientos con los calendarios y alarmas… Cualquier día hace que te retrases, te cambia la hora de la cita con el hombre o la mujer de tu vida para que nunca le abandones o te confunde hasta que dejas de tomarte la píldora y das al mundo un nuevo humano que, por cierto, recibirá ya en la babyboom en su honor un móvil… ¡Nuestra perpetuación es la suya!

7. Estar a solas ya no es a solas

Si esperas, si estudias, si viajas, si discutes, si te ausentas, si respiras, si buscas, si encuentras, si vas, si vuelves, si corres, si compras, si vendes, si fotografías, si escuchas música… Hagas lo que hagas ahí está él.

8. Piensas que pones cara de emoticono

Te identificas con los emoticonos. Crees realmente que tú pones esas caras cuando hablas con alguien. Estás realmente fatal.

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Lo que aprendí­ en mis 21 dí­as en Tinder

Llega un día en tu vida en que te das cuenta de que tienes demasiado tiempo libre. Es domingo, estás tirado en la cama mientras la vida pasa y has terminado cerrando la nevera con candado para no caer en la tentación por encima de tus posibilidades. Estudiar es la mejor opción, pero no eres quién para torturarte, así que decides, por primera vez en toda tu vida, probar una aplicación para ligar…

Badoo es mucha seriedad, pero Grindr no se ajusta a tu forma de ser. Entonces, recuerdas el consejo de tus más allegados: «¡Deberías probar Tinder! Está bien, porque es muy light y la gente no va tan a saco». Y tú, inocente, que estás muy perdido a las diez de la noche, tomas la valiente decisión de vivir la experiencia durante 21 días. ¿Y qué aprende uno en Tinder?


Ser un ignorante es sinónimo de darle la lata a tus amigos

Perdido


Hay un radar para localizar hombres y sientes que coleccionas Pokémons

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Experimentas más felicidad al descubrir cómo va la aplicación que al aprobar un examen

Ya sabe cómo va


Hay quienes recurren a fotos de animales o de bebés y otros, directamente, ni lo intentan

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No hay dinero que pague la risa que te entra cuando encuentras conocidos

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Mucho más cuando no sabías que uno de ellos es gay

Conocidos


No hay nada más doloroso que rechazar por error a quien te gustaIMG_4567


Llega tu primer match y te acuerdas del desgraciado que un día te mandó a la cueva por feo

Jeje


Y vuelves a sentir que juegas a Pokémon

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Claro, que ser tímido es un gran problema a la hora de abrir conversación

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Y, cuando consigues una, no es lo que esperabas

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Y te das cuenta de que eres exigente cuando no estás en condiciones de serlo

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Además, Tinder te recuerda los inconvenientes de ser homosexual

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(Nota: me llamo Gabriel)


Y, a veces, te ofrece distintas opciones por si decides cambiar de opinión

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No siempre acertadas

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Nada acertadas

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Al final, cansado, decides que Tinder no es lo tuyo…

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Hasta que llega el próximo domingo

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Tinder es un mundo de fauna extensa y basta. Hay de todo y no hay nada. Puede que tenga escondido al amor de tu vida y tú no lo sepas porque estás, mientras tanto, hablando con ocho más. Puede que sea un simple entretenimiento hasta que llegue la persona indicada. O puede que no sea nada importante y, realmente, estás por estar. Sea como sea, hay algo importante que he aprendido durante estos 21 días: odio Tinder, pero me encanta; mi guilty pleasure.


Inteligencia por los suelos

El mundo nunca deja de sorprendernos. Hay inventos que te facilitan la vida y otros que te darí­an ganas de quitártela. Pero es que ni bajando la mirada es posible evadirte… Hoy nos fijamos en los pies y en las rarezas que se producen en ellos a cuenta de las nuevas tecnologí­as. De lo más torpe y absurdo que hemos encontrado, hasta lo más inteligente -tanto tanto, que da miedo-.

Una empresa estadounidense, Miz Mooz, se sacó de la manga el pasado dí­a 1 de abril un nuevo calzado que bautizó como Selfie Shoe. Quisimos creer que era una broma, ya que se trataba del fools’ day, lo que serí­a el dí­a de los inocentes para el nosotros, y así­ lo tomó medio mundo. Pero conforme pasaron las horas y los dí­as, ahí­ ha persistido la iniciativa y la comercialización del producto. Se trata de un zapato bastante poco agraciado incluso sin tener en cuenta que han convertido la puntera en una especie de boca de pato donde insertar el dispositivo móvil.

Selfie Shoes

Si la idea fuera fotografiar tomas del cielo desde los suelos o contrapicados de grupos de amigos haciendo alarde de su amor mutuo en un abrazo grupal mirando hacia abajo, aún tendrí­a un pase como concepto. Por aquello de no dejar el móvil tirado y con serias posibilidades de ser pateado, pisado u olvidado. Pero no, la genial idea se basa en utilizar el zapato de soporte, sí­, pero la pierna de palo. Sí­, sí­. Abandonad vuestro buen gusto, entrenad vuestra elasticidad y soléis llevar falda, poneros una bragas bonitas. Porque es lo que hay y por el momento no se conoce modelo masculino.

En el extremo contrario nos topamos con esto otro: Ducere Technologies, empresa de India, ha desarrollado unos zapatos inteligentes. La primera prenda que asociada a una app, y compatibles con Android, iOS y Windows, vibra para indicar al usuario qué dirección ha de tomar. Se llaman Lechal (pronunciado «lay-ch-al») y viene con un cargador como accesorio. El producto se ha planteado como hábil para todo tipo de experiencias, personas y actividades aunque inicialmente fue concebido para facilitar la movilidad a personas con deficiencias visuales. Así­, parece adaptable al pie y cómodo para andar, jugar a fútbol o ir en bicicleta.

Lechal

No obstante, también se plantea como tipo plantilla, para adaptar a otros calzados y seguir teniendo la misma funcionalidad. El dispositivo se conecta con el móvil con un sistema de localización y dirige los pasos. Pero también permite diseñar tablas de entrenamiento, hacer check-in allá donde nos lleven nuestros pies e incluso apagarlos o encenderlos con -dice- unos sencillos movimientos de talón.

Cargador de Lechal

Total, que llegará el dí­a en que el mundo se divida entre los que vayan andando como la guardia real con las piernas, avanzando con las piernas formando una L con el cuerpo, y lanzando fotos mientras enseñan cacha o se rompen las costuras de los pantalones; y los que vayan con los pies por delante saludando con rapidez a los conocidos o juntando los tobillitos al estilo Dorothy en el Mago de Oz para frenar ante un cajero o dar un beso. Los primeros quizá liguen más, pero al menos los segundos tendrán más claro hacia dónde vamos…

Pecados cAPPitales

La vanidad del selfie, pecado cAPPital.

No somos tan diferentes desde que el mundo es mundo. Ocho pecados capitales hasta el siglo VI y siete a partir de entonces, arriba o abajo, con uno u otro matiz, lo cierto es que no hemos dejado de caer en los mismos vicios (cegados de posesión y hambrientos por frustración). Ahora y siempre la cosa está en que cuando se te va la olla, te ves abocado a un tormento de infierno eterno. La diferencia está en que ahora pecamos con aparatitos, marcas blancas y comida basura y que no hace falta irse al otro barrio para saber qué es eso del diablo.

Es lo que toca. Así­ que repasad con nosotros cuántas veces caéis en lo que sigue y encomendaos a lo que bien os consuele:

Gula

Las marcas nos estimulan por los ojos y los oí­dos para que pequemos con la boca. Es así­. Y tenemos hambre de todo, de probar lo último, de comprar lo más sano y lo más nocivo, de estar en el restaurante de moda, de ser comensales, clientes, jurados y chefs. Comemos comentarios, amigos, marcas, juegos, apps, ocio y moda. Y nunca tenemos suficiente.

Avaricia

¿No queréis el mejor móvil? ¿Las mejores tecnologí­as? ¿Las últimas novedades? ¿No queréis saberlo todo, conocerles a todos y ser amado por cualquiera? Queremos más likes, más followers, más redes sociales, más popularidad, más caché, más exposición, más, más, más.

Lujuria

¿En cuántas páginas de citas y búsqueda de relaciones estáis y por cuántas habéis pasado? ¿A cuántos creéis que engañáis diciendo no haber enviado ni recibido una foto subida de tono nunca? ¿Por qué existen aplicaciones para guardar con candado material sensible y comprometedor? ¿Por qué de las app de mensajerí­a saltamos a las de visionado temporal de adjuntos? ¿Porqué queremos vernos más guapos, poner más filtros? Nos gusta gustar, nos pone poner.

Ira

Trolleo, stalkeo, unfollows. ¿No te gusto y te vas? Me enfado, despotrico, te dejo de seguir pero no te pierdo de vista y hago como que no respiro. Amigos, un consejo, ‘Don’t feed the troll’ y, sobre todo, no te conviertas en uno.

Pereza

Para qué llevar libreta si tenemos un móvil. Y lo mismo con comprarnos un libro, con recordar una fecha, hacer determinadas compras, ir al cine, medir las pulsaciones, contar los pasos, hacer una llamada, reservar mesa en un restaurante, quedar con alguien, ligar, cortar… Por vagancia incluso, ¿para qué estirar el brazo si podemos enganchar el móvil a un palito? ¿Y para qué expresar cómo estamos o qué necesitamos teniendo emoticonos que nos interpretan y describen?

Envidia

Queremos parecernos a quien seguimos. Consultamos comparativas de productos, reviews de todo lo posible, copiamos prendas, estilos, formas de ser, de vivir, ángulos, enfoques, comentarios, hashtags…

Soberbia

Estamos tan subidos, sabemos tanto, que ojo con quien nos escupa y especialmente si nos salpica el móvil. Rozamos la vanagloria, la alimentamos. Selfies a mansalva, autobombo por doquier, retuits, reposts, follows para conseguirlos de vuelta… Somos carne de pecado, este -dicen- de los peores.


Sí­, todas las tecnologí­as a nuestro alcance nacieron con el fin de facilitarnos la vida pero si perdemos la perspectiva, somos perezosos, envidiosos, soberbios, iracundos, lujuriosos y glotones. Menos mal que los antiguos ya presuponí­an una genérica capacidad de arrepentimiento y buscaron un ctrl+z para cada uno de nuestros desbarres: la soberbia se comparte con humildad, la avaricia con generosidad, la ira con paciencia, la gula con templanza, la envidia con caridad, la pereza con el esmero y la lujuria con castidad.

¿A que también en vuestros dí­as encontráis momentos de todo ello? Bueno, está bien, obviemos lo de la castidad (muchos no pueden elegir no practicarla y seguro que Dios alguna vez mira para otro lado). ¡Tenemos el secreto para ganarnos un cachito de cielo! Apaga el móvil un rato, atrévete a que la baterí­a acabe. Y por un dí­a, no te hagas un selfie. Tú puedes.

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7 apps que deberí­an existir

App que nos harí­an la vida más fácil. Foto de Jonathan Velasquez

Infinidad de personas se comen cada dí­a la cabeza para dar con ideas viables que convertir en apps móvil para hacernos la vida más fácil y, obvio, hacer negocio. Pero tantas otras nos echamos las manos a la cabeza porque pese a tanta tecnologí­a hay cosas que parece que jamás tendrán solución ni respuesta.

Como pedir es gratis y criticar, también, sobre todo cuando uno -como yo- no tiene ni medios ni luces para desarrollar las ideas, ahí­ va una retahí­la de necesidades eternas que me persiguen y que sueño solucionar con apps:

1. Medidor de emociones. Pero de verdad.

Ansí­o hacerme con unas Google glass y lo que ellas y su evolución pueden prometer y prometen, lo reconozco. Pero voy más lejos. Con unas gafas que no serán exclusivas para unos pocos en su dí­a, el interlocutor será consciente de que puedes estudiar cada uno de sus gestos y tú estarás en igualdad de condiciones. Aunque podrí­amos comenzar un debate sobre la idoneidad o el trasfondo ético de quedarnos desnudos emocionalmente, con la posibilidad de escudriñar entre cada ángulo de ceja, movimiento de labios o número de pestañeos, hoy no entraremos en materia…

Hablo de un tabú para el consciente mucho más básico: ¿cuándo nos están mintiendo? Estarí­a bien que WhatsApp desarrollara un nuevo tipo de doble check, color rojo si te la están clavando, amarillo si tuvieras que ponerlo en cuarentena y con destellos glitter en caso de que fueran completamente sinceros con nosotros. Vamos, un plus en la app que funcione de verdad, no como el azul con el que nos pretenden hacer creer no solo que nos han leí­do, sino que nos han entendido.

También me  interesarí­a que las app de mensajerí­a, incluso en la vertiente de grabación y enví­o de notas de voz, midieran el grado de ironí­a y la capacidad de comprensión del remite. No sé, que vibrara el móvil y la intensidad fuera directamente proporcional a la asimilación del mensaje y también te permitiera saber cuándo están siendo sarcásticos contigo.

Y cómo no, serí­a muy interesante saber cuándo esas personas que te pinzan el corazón cada vez que invaden tu móvil con una foto en Instagram están subiendo una imagen ficticia. Es decir, que no corresponden al tiempo real en que se produjo la estampa y que esa o esas personas que salen no son más que una estrategia para hacerte perder la cabeza.

2. «¿Eso ha sido un orgasmo?»

Esto es un arma de doble filo, lo sé. Puede que quieras disimular y pasar palabra. Pero, ¿qué hay de esas veces que no atinas o no te atinan? Serí­a una gran guí­a, ¿no? Estoy pensando en una app que mida gemidos, calores y sudores e ilumine la habitación o la pared a la que cada implicado esté mirando. Claro, la cosa se complica si la pareja es muy movida e intrépida o si acaso no está rodeada de paredes precisamente o, simplemente, no sea una pareja (de dos). En este caso la aplicación podrí­a iluminar el móvil o vibrar, obligando a tener al alcance el móvil de la piel y el cuerpo… ¡Serí­a cuestión de acostumbrarse! Quizá con esto, además, nos fijáramos menos en los calcetines.

3. «¿Tiene los pies feos? No, pero sí­ lleva relleno»

Cada uno tiene sus maní­as. Pongamos por caso que una amiga de una amiga de una amiga no soporta que le pongan los pies encima y mucho menos si son feos -no hablo de mí­…-. Y si tu época estrella del año es la temporada otoño-invierno, lo tienes complicado para descubrir a priori detalles como estos. Puede cuadrar el exterior y también la conversación pero… ¡Ay unos pinrreles chungos!

Pues bien, serí­a maravilloso que hubiera apps que nos permitieran hacer un pequeño escaner para detectar esas cosas que los ojos no ven. ¿Lleva cuñas ocultas en los zapatos, relleno en el sujetador o el calzoncillo, se ha depilado, lleva la ropa interior conjuntada, usa peluquí­n, ese es su color de pelo real, lleva lentillas o tiene tatuajes?

4. Lo que esperan oí­r

Aplicable en miles de casos posibles, pero yo pienso ahora en una entrevista de trabajo, por ejemplo. ¡Cuántas ocasiones hemos salido de una reunión pensando que hemos metido la pata o teniendo una genial idea para haber convencido! Parto de que seamos aptos para un empleo y confí­o en una app que neutralice nuestros nervios. Abrirla y dejar que unas ondas mágicas detecten en el aire el ambiente que se respira en la oficina, que lea en las voces lejanas, que analice la pose del entrevistador y nos vibre cuándo nos suelten una pregunta trampa.

5. De gracioso a desgraciado

Todos conocemos a alguien que empezó siendo una persona muy maja, con la que te reí­as mucho en esas reuniones de vez en cuando y que un dí­a se convirtió en una pesadilla, sin gracia y que no calla ni debajo del agua. Esta serí­a una aplicación que sirviera a esa gente que se cree con chispa y le preocupe no perder a las personas que un dí­a se echaban unas risas con sus comentarios. ¡Un medidor de oportunidad! 

Podrí­a grabar una conversación y medir tanto la intensidad como la sinceridad de las risas y enviar un informe con los resultados, personalizados, a ser posible.

6. Involución sentimental

En la mayor parte de casos cuando rompemos una relación nos hacemos muchas preguntas. ¿Qué hice mal? ¿Y si no hubiera hecho o dicho tal o cual? ¿Qué me falta y qué me sobra?

Imagino una app que nos dibuje un timeline con nuestros momentos álgidos y nuestros graves errores, incluso que sea capaz de rescatar ví­deos y conversaciones tipo Hermano Mayor

7. Cerebro off

Y molarí­a que pudiéramos conectar nuestro coco por bluetooth con otras apps (hasta que no nos instalen un chip en el cerebro y alguien apriete el interruptor en la distancia) que nos obligara a parar de pensar. A falta de ello, simplemente, apagad el móvil. Es posible que si tenemos menos, menos esperemos. Y a más tranquilidad, menos quebraderos de cabeza.

Voy a intentarlo. Ya os cuento.

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Hora de desconectar.
Hora de desconectar.

Cuando el móvil no te deja cortar

Cuando el móvil no te ayuda a cortar una relación. Foto de VolkanOlmez

Móviles de última generación, conexión a todas horas y en todas partes para ver, decir y saber, capacidad superlativa de almacenaje de recuerdos, apps que cada dí­a hilan más fino y cubren toda carencia… ¿Pero qué podemos hacer cuando simplemente queremos que ese aparato, cada vez más grande y cada vez más plano, tan sólo sea un teléfono o una cámara o una radio? Nadie nos dio a leer la letra pequeña…

¿Qué hacer cuando cada gesto te recuerda a quien no te queda otro remedio que olvidar? La clave de desbloqueo es vuestra fecha de aniversarioel fondo de pantalla la última sonrisa juntos, la galerí­a de imágenes es un saco de momentos que ahora queman, la aplicación donde quizá le conociste parece palpitar entre el resto, las redes sociales en que todaví­a sois amigos son enemigas voraces… ¿Qué hacer cuando tus sentimientos se prolongan en el móvil y te da tirones en el alma? ¿Cuando sabes que has de cortar con todo y no puedes apagar el teléfono porque trabajas con él o hay más personas a las que no puedes hacer callar? ¿Dónde hay que reclamar cuando tu móvil no te deja cortar?

Nos habrá pasado a todos en mayor o menor medida y, doy fe, es una auténtica pesadilla. Quien dijo que la tecnologí­a anularí­a los sentimientos se equivocaba de lleno. Cuando el corazón se te desgarra, es cuando de verdad desearí­as que ese listillo agorero tuviera razón y fuéramos máquinas sin emoción para empezar de cero.

Consejos infalibles de ‘wikiabuelas’

Tengo una buena noticia, la solución no estaba muy lejos. Cuando estás perdido, por mucho que nos rodee e invada la tecnologí­a, las respuestas están en la versión antigua de la sabidurí­a, la wikipedia de nuestras abuelas con traducción actualizada:

  • «Respira hondo»

Esto no lo puede hacer un móvil por ti, es universal y mecánico.

  • «¡Aléjate!»

O sea, no llames, no mires, no busques. Necesitamos distancia y si en el plano fí­sico hay que desaparecer, en el plano virtual, también. No puedes anular su existencia pero sí­ intentar saber llevarla. En un futuro, aunque tarde, tendrás que poder ver que sonrí­e, que comparte un selfie con su nuevo amor o le dedica un estado en clave como hizo contigo.

  • «No es tu amigo, cariño». No es tu friend, no te follow más

Si para ti no es tu amigo/a, permitir que siga formando parte de tu cí­rculo o permanecer tú en el suyo no es sano. El dí­a que por fin sientas que ya no sientes, ya hablaremos. Así­ que sal, borra, cancela, elimina, deja de ser visible y entiende de una vez que el desamor es parte de lo que ha de pasarte y hace años, no tantos, habí­a quien simplemente desaparecí­a y la desesperación radicaba en la desinformación. Ahora morir de amor es todo lo contrario, el exceso de información. Pero podemos caparla. Aunque cueste dar el paso, cuando sabes que no puedes esperar un mensaje o ser etiquetado en una foto, algo se apacigua por dentro. Y no, no es la pena, es la ansiedad.

  • «No te engañes» 

Dejáos de cábalas, de creer que si le bloqueas o desapareces, esa persona lo notará, lo pasará mal, te echará de menos. No pensemos más en hacer las cosas para provocar reacciones. Sólo debe importarnos avanzar. No busques más excusas ni planees más estrategias. Lo demás es ficción tecnológica y autoengaño mental. Ayer y hoy, en la calle y en un móvil, con o sin novedosas tecnologí­as eso tiene un nombre y es despecho.

  • «Ya vendrá, ya». O no.

Pero un dí­a dejará de importarte. Es tan posible encontrar a esa persona al girar la esquina un dí­a, quién sabe si lejano, como mencionado en un tuit o en una foto de un contacto común. De alguna manera aparecerá, puede que hasta como un recuerdo amable y sin hacer nada.

  • «¿De qué te sirve que fulanita sepa?»

Las redes sociales nos lo ponen difí­cil para decir adiós, de acuerdo, pero el masoquismo de cada quien viene de fábrica. Quien hoy stalkea ayer sólo espiaba, quien guarda fotos en un pen maldito antaño las guardaba impresas en cajas en un altillo y quien las borra, las quemaba.Pedir que te cuenten o te enseñen lo que otros sí­ ven antes era cotillear sin más.

  • «Hay más peces»

Te obligas a pensar cuando no tienes ni ganas de oí­r hablar de pescar. Pero es sabidurí­a popular y verdad verdadera.

  • «Todos somos iguales»

En realidad nada ha cambiado, tan sólo nos hemos permitido creernos más fuertes con máquinas en los bolsillos. Pero la verdad es que si alguien quiere recuperarte sabrá llegar a tu portal y si acepta caer en el olvido, es que no estamos tan lejos de la máquina de escribir de Benedetti o siquiera la pluma a la luz de la vela de Bécquer, quienes, por cierto, nunca imaginaron que llegarí­amos a derramar lágrimas por wifi.

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