5 claves para recenar con elegancia

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La recena. Por separado; «re», prefijo de repetición, y «cena», entendida generalmente como la última comida del día. Juntos, se alían para formar lo que se conoce como “¡LA RECENA!”, un concepto abstracto cargado de significado y rico en matices. Y en carbohidratos, también.

Recenar, para que nos entendamos, consiste fundamentalmente en cenar después de haber cenado. Hmmmsí, podríamos decir que esta sería la definición. Cenar es hermoso y, ¿qué hay más bonito que cenar? Pues cenar dos veces, evidentemente. Mentiría si dijera que nos hacen falta muchas excusas para comer varias veces en un periodo corto de tiempo. Como cuando llegas a casa habiendo cenado fuera pero recuerdas que ha sobrado lasaña del mediodía y le dices a tu madre que vienes sin comer.

No cabe duda de que si tuviéramos que redefinir los pecados capitales ajustándolos a nuestro tiempo, la recena sería uno de ellos. Justo ahí, entre el morderse las uñas, leer conversaciones ajenas, y mojar las patatas fritas en helado (una práctica que, para sorpresa de muchos, se extiende a una velocidad ciertamente preocupante). Aún así, como aquí todos somos muy de hacer lo que nos place sin importar qué podría pensar de nosotros la sociedad, nuestros amigos, ni nuestro endocrino, acabaremos por saltarnos en alguna ocasión los convencionalismos que dictaminan que sólo se cena una vez, y ya que lo vamos a hacer, qué menos que hacerlo bien. Con ganas, que se note que lo traemos preparado de casa. Veamos, entonces, cuáles serían las claves del éxito para una recena donde preservar un mínimo de estilazo sea imperativo:

La pre-recena

¿Qué puede llevar a un ser humano corriente a cenar después de haber cenado? Pues mira, un montón de cosas. No obstante, podríamos decir que el clásico entre clásicos es la cogorza común. La estándar, vaya. Tampoco nos vamos a poner especialicos. Para saborear bien una recena es necesario llegar a casa mínimamente perjudicado,  del mismo modo en que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Verdades impepinables, amigos.


Da rienda suelta a tu imaginación

¡Márcate un Master Chef! ¡Una fantasía gastronómica! ¿Por qué una lata de conservas no puede casar con eso otro que tienes en la nevera? ¿Y por qué la pasta unificadora de todo ello no puede ser el pelín de mantequilla de cacahuete que lleva semanas en la despensa esperando ser rematado? ¡CLARO QUE SÍ! Es tu momento. Permítete un freestyle.


Haz mucho ruido

Que no quede nadie durmiendo. Y si se levantan, les ofreces. Que se note que esta vez estás intentando hacer las cosas con elegancia y distinción.


Invierte la pirámide alimenticia

Nada puede tener sentido –como ya hemos visto– y la base del todo debe ser la guarrería. ¿Que la pasta por la noche no es buena? ¿Que quizá no es el mejor momento para freír unas croquetas? Nada de eso importa ahora. Ve a la cocina y haz lo que te dicte el corazón.


Presta atención a la escena

Ya sé que hemos dicho que esto iba precisamente de darle un toque chic al acto indigno de cenar por segunda vez, pero tampoco se puede ir contra natura. Al final y al cabo la recena pasa por dar penica a cualquiera que pudiera estar viéndote en ese instante. Entonces, asumido este precepto, si puedes mirar a un punto fijo en silencio y estar en algo así como un pijama o un conjunto que pudiera comprometerte en caso de usarlo para aparecer en público, será señal de que estás haciéndolo correctamente.


Poco más queda por decir. Sed sabios, actuad con cautela, sed prudentes a la hora de recenar y, sobre todo, cantad el bacon pancakes mientras os la estéis haciendo. Sea lo que sea que os estéis haciendo. A excepción de una ensalada, claro. Eso no es una recena ni es ná. ¡Hasta prontorl! 🙂

¿No puedes dormir?

Hola, hola, hola, hermano. Sé exactamente cómo te sientes. Es muy probable que estés leyendo este artí­culo a altas horas de la madrugada, ojiplático. Puede que hayas puesto en pausa el cuarto o quinto último capí­tulo de una serie que ibas a ver antes de ir a dormir porque ya no entiendes lo que quieren decir los subtí­tulos, y te has topado con este enlace en alguna red social. Haces click porque, qué sé yo, tampoco pinta especialemente interesante la noche. Ahora estás leyendo, pero te da un pelí­n de pereza –has pasado de no entender los subtí­tulos a no entender absolutamente nada– así­ que a veces alzas la vista, sólo para observar el reloj y contar cuántas horas te quedan hasta tener que despertarte. ¿4 horas y media de plácido sueño por delante? Entonces sé bienvenido, pasa, pasa.

En esta caverna nos encontramos el resto de insomnes, jugando al Candy Crush, o revisando Instagram. A veces incluso las dos cosas a la vez. Parece que el nivel 187 se te está resistiendo y, ¡VAYA! Contra todo pronóstico, el gato de L.A. (Quelefernie) del millón de seguidores acaba de subir una foto en la que lleva un gorro gracioso. Jeje. «¿Qué haces que no estás durmiendo?», te preguntarás. Pues cualquier otra cosa. Seguramente bastante menos productiva que dormir, pero con más gracia. Todo son risas hasta que suena el despertador, entonces se te pasa. ¿No habí­a otro momento para escuchar ese disco? ¿Ni para ver ese videoclip? ¿Es que acaso Manny Delgado no estará ahí­ mañana a una hora más prudente para sacarte una sonrisa? La respuesta es NO.

Por lo tonto, queridos hormonas, queremos que sepas que no estás solo en esto. Nos pongamos como nos pongamos no te vas a ir a la cama, así­ que vamos, pues, a trazar un plan maestro para ocupar nuestras noches en vela con tontadas de toda í­ndole:


 – Uno, el breikindans –

Es una coreografí­a que consta, fundamentalmente, de dar vueltas sobre ti mismo en la cama e intentar contactar con entes del espacio exterior mirando fijamente al techo de tu habitación en los descansos.


– Ponte un capí­tulo que ya hayas visto –

Pese a que tu cerebro crea que sí­, no es momento de intentar recordar cómo se dividí­a cuando habí­a decimales en el divisor. Para desconectarte debes tratar de engañar a tu mente, distrayéndola pero sin que preste atención. Uno de los métodos más efectivos es ponerte algo que ya hayas visto, como mi remedio favorito, que tiene un nombre y es ‘Aquí­ No Hay Quien Viva’.


– Safarrancho –

Muchos dicen que lo mejor cuando no puedes dormir es leer un libro. Yo discrepo. Lo mejor para cuando no puedes dormir es echar mano del escobillón y ponerte a limpiar. Con un par. Te ve mi abuela diciendo que «pobre yo, que no puedo dormir» teniendo la casa como la tienes y te deja inconsciente de la somanta de palos que te cae. Somantapalos, quicir.


– Abre el Campus Virtual de tu universidad –

Allí­ siempre hallarás sorpresas que pueden mantenerte ocupado durante horas, o dí­as. Quizás lustros.


 – Cuenta ovejitas –

Esto no sirve para absolutamente nada, pero ni que tuvieras otra cosa mejor que hacer. Si vais a probar esta técnica tened cuidado de que, en vuestra cabeza, una de las pequeñas ovejas se escape del recorrido y decida abandonar Utah, su estado natal –¿habrá ovejas en Utah?– para irse a la gran ciudad y allí­, bajo las miradas recelosas de otros animales de ganado, emprenda su carrera artí­stica con la que lleva soñando desde que era un joven cordero y que en algún momento, espera, la lanzará al estrellato. Pueden empezar a sucederse una serie de acontecimientos en tu mente perversa que te insten a levantarte de la cama y escribir un guión. Si esto ocurriera, no te coartes, da rienda suelta a tu imaginación.


– Desarrolla alguna vacuna que pueda salvar a la humanidad de futuras epidemias –

í‰sta es mi favorita.


– Hazte un nescuí­ –

O un Cola Cao, ahí­ ya cada uno como lo prefiera. Es bien sabido que las bebidas calientes tienen propiedades somní­feras. Eso y que está rico, claro.


– Teletiendatime –

Puedes interiorizar las virtudes de los aparatos de gimnasia pasiva o despertar al chef que hay en tu interior con los juegos de cuchillos más sofisticados. Déjate hipnotizar y con un poco de suerte caerás rendido cuando menos te lo esperes. Si no funciona recuerda que puedes pagar con tarjeta de crédito, a contrareembolso, o con la tarjeta de compras de El Corte Inglés.


– Trastea con el móvil hasta que se te caiga en la cara –

Esta técnica tiene aún alguna que otra laguna que estamos tratando de solucionar, sobre todo la del momento en el que el aparato impacta contra el rostro, que si eres especialmente sensible a los golpes puede volver a despertarte y no habremos avanzado demasiado.


 – Piensa en cosas que den mucho miedo –

Es más tí­pico en niños tener un pensamiento terrorí­fico recurrente cuando no tienes otra cosa mejor que hacer mientras coges el sueño, pero nunca es mal momento para volver a la infancia. Pensar que de repente un brazo cadavérico saldrá de debajo de la cama y te agarrará un pie contribuirá de alguna forma inexplicable a que concilies el sueño. O a que te pongas nerviosete.

(El gif del mal rollito)

 – Dale la vuelta a la almohada –

Sencilla y eficaz a partes iguales. Después de dar vueltas y vueltas sobre ti mismo (al punto 1 de este artí­culo me remito), la almohada empieza a coger textura, forma –e incluso olor– de antigua, de experta. En muchas ocasiones es justo eso lo que nos incomoda. Como todo lo demás, esto no tiene ningún tipo de base cientí­fica pero, como todo lo demás (insisto), ni que tuvieras otra cosa mejor que hacer.


 – Relax, take it easy –

Si ya estás cansado de la teletienda, ya te has terminado todas las temporadas de Juego de Tronos y ya no te quedan ovejitas que contar, siempre puedes tomarte una Dormidina y soñar con los angelitos.


 Y si nada de esto te devolviera el sueño…

Bueno, ya tendrás tiempo de lamentarte mañana por la mañana cuando, aún con los ojos pegados y entre un mar de legañas, lances al aire la frase menos honesta de todos los tiempos: «esta noche me acuesto PRONTITO».


Como decí­a al principio, es muy probable que ahora mismo sea tarde y no puedas dormir, pero también es posible que finalmente hayas dormido 3 horas y estés al dí­a siguiente leyendo esto con los ojos entrecerrados. En cualquier caso, si has llegado al final del artí­culo, significa que es el momento de irse dormir. Da igual donde estés y la hora que sea. Si te pilla en el metro, acurrúcate entre los bolsos de dos señoras y echa una cabezadita. Las autoridades sanitarias advierten que no dormir te hace estar despierto. Y sabe papa Dios que no hay nada más peligroso. ¡Descansen!

10 consejos para petarlo en Halloween

En efecto, este viernes es Halloween. Terror, desenfreno, disfraces. Treinta y uno de octubre, San Quintí­n, mártir. Pese a que llevamos ya unos cuantos años celebrando la pintoresca tradición que cogimos prestada a los americanos (que a su vez cogieron prestada a los celtas, y así­ sucesivamente), parece que no terminamos de pillarle el truco. Nos falta ese toque final, esto que ves a alguien y dices, «eeeso es, ¿ves?, así­ sí­. Tome usted su diploma». Podemos escudarnos en que no es un festivo de aquí­ de siempre (como también nos pasa con el Oktober Fest, que se nos da FATAL), pero la realidad es que no nos estamos esforzando lo suficiente. Y por eso estamos aquí­.

El caso, amigos del telecupón, es que hemos decidido que este año toca triunfar. Ya está bien de hacer el canelo. No lo digo yo, lo dicen los expertos en festivos extranjeros y otros enseres de vital importancia. ¿Fuiste vestido de dálmata a tu última fiesta de disfraces? ¿pronuncias «˜halloween’ con tilde en la «í­»? ¿crees que «Scary Movie» es el culmen del cine de humor? Yo sí­ y, si tú también, í‰STE es tu manual para darlo todo en Halloween, paso por paso:

1. Aprende a distinguir Halloween del carnaval estándar.

El objetivo de Halloween es dar miedo, de ahí­ que las calabazas estén enfadadas.


2. No te quedes en casa.

Eres joven, es viernes, es Halloween, esta semana te has comido mil marrones en la oficina donde eres becario y debes gastarte los catorce eurazos que te quedan en la cuenta a dí­a 31 con estilo. Levántese de ahí­.


3. Cúrrate el disfraz.

No seas sosaina. Siempre hay un graciosete en el grupo al que preguntan, «¿de qué te vas a disfrazar?» y responde: «¿yo? de agente secreto». Y todaví­a espera que ALGUIEN se rí­a. í‰se soy yo, y con uno tenemos suficiente. Habí­amos acordado que lo í­bamos a petar este viernes, así­ que escoge algo original y divertido. Que dé miedo pero que tampoco incite a la gente a emprender acciones legales contra ti.


4. Escoge una fiesta o lugar fetén donde celebrarlo.

Llevas una semana escuchando a tus amigos hablar sobre una fiesta fantástica a la que por supuesto no estás invitado por la que liaste la vez pasada. Tu misión empezará por cambiar el curso de las cosas, y prometer fervientemente que no volverás a vomitar en los pies de nadie, ni te subirás a la mesa camilla mientras cantas «que el ritmo no pare no pare, no». Aunque no deberí­as prometer cosas que no vayas a poder cumplir.


5. Pasa vergí¼enza en el caminito de tu casa a la fiesta.

í‰ste sin duda es el mejor momento de la celebración. Sales de tu casa y piensas que todo el mundo tendrá la misma pinta que tú ¡PORQUE ES HALLOWEEN! ¡Y HALLOWEEN VA DE ESO! Pero no. Todos han decidido desempolvar sus smokings y van de punta en blanco por la calle y, claro, te miran. Que no te afecten sus comentarios ni miradas inquisitivas, eres el que más está triunfando de todo el autobús. Demuéstrales que no necesitas su aprobación mirándoles con desprecio, o bajándote en la siguiente parada y haciendo vaquita para pillar un taxi con tus amigos. O la dos.


6. Haz tu entrada triunfal.

Ya has pasado de puntillas el corredor de la muerte, estás frente a la puerta de la casa de no sé quién o de no sé qué discoteca. No lo olvides, debes dejar clara tu intención en todos tus gestos. Cada paso cuenta. Pon cara de winner y cruza la puerta. 


7. Baila. Bueno espera, bebe un poquito. Ahora sí­ que sí­, baila.

Si has seguido correctamente todos los pasos, ahora mismo estás en un lugar molón, con un disfraz adecuado, y tu entrada ha derrochado tanta elegancia que habrás captado todas las miradas. AHORA es tu momento. Debes demostrar lo que vales, como cuando el ave fusil magní­fica se marca unos pasitos para impresionar a la parienta. Se hace más o menos así­:

Te propongo una coreografí­a:


8. Ten un plan B. Y también uno C, y D, y E.

Puede pasar cualquier cosa y debes estar preparado/a para ello, lo estás haciendo muy bien y nada puede estropearte la fiesta. ¿Que se te rompe el disfraz? Dices que vas de lo que sea que vayas, pero zombie. ¿Que ves a quien llevas toda la noche intentándote ligar besuqueándose con otro/a? Pones esta cara (y luego sigues con la fiesta, que no decaiga el ánimo):


9. Comenta la jugada con tus amigos/as.

La fiesta empieza a decaer porque nada es para siempre, el reloj ronda las 6 de la mañana y quedáis muy pocos supervivientes. Empiezan a bajar la música y a encender las luces. Ahí­ estás tú, con un disfraz etéreo que a estas alturas ya nadie se atreverí­a a adivinar, y te da la risa floja. í‰ste es también uno de los momentos álgidos de la noche. Ahí­ estarán tus amigos para echar unas risicas, y tendréis más o menos esta pinta:


10. Vuelve a la normalidad.

Llegas a casa. Te ha costado lo suyo, pero el caso es que has llegado al hogar, y eres una caricatura de ti mismo. Es aquí­ cuando te arrepientes de haberle propuesto a tu hermana o compañero de piso que te hiciera una fantasí­a de Halloween, porque el maquillaje se te ha incrustado a la cara y no parece que vaya a irse de ahí­ fácilmente. Pásate una toallita reiteradas veces y prométete a ti mismo/a que no vuelves a beber y todo esto. En este momento puedes hacer freestyle, cada uno que se compadezca de sí­ mismo como quiera :_ )


Bueno, muchachos, ahora sólo queda que os vayáis a dormir, aunque puede que ya hayáis empezado con este último paso en el vehí­culo que hayáis escogido para volver a casa. ¡Felicidades, lo habéis hecho fenomenal! :_ ) Espero que os lo paséis estupendamente dondequiera que vayáis el viernes y, sobre todo, que recojáis muchos caramelos por las casas de vuestros vecinos. ¡Aió!

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